CAPITULO 1
Desperté por un pequeño ruido en la ventana. Me levanté y me dirigí hacia ella. La abrí y un pequeño viento rozó mis brazos, sintiendo un pequeño escalofrío. Mamá había muerto cuando tenía 10 años; mi padre me crió desde entonces. Crecí con mi hermano Ethan, un poco mayor que yo. Siempre fue muy protector conmigo, hasta que empecé mi relación con su mejor amigo, cuando solo tenía 15años. Ya habían pasado dos años desde entonces. Noah, mi novio, que era mayor, siempre me trató de la mejor manera posible y me demostró que necesitaba más y más de su amor.
—Hija, ya levántate,—exclamó mi padre desde las escaleras, a lo que respondí: —Ya me levanté— enseguida bajo.
Me cambié, me cepillé los dientes y bajé con el pelo desordenado. Afortunadamente era sábado y no tendría que ir al colegio, eso me daba completa felicidad. —Buenos días, papá— dije mientras le dejaba un beso en el cachete. —Huele muy bien—dije mientras revisaba qué era lo que había preparado.
—Vas a salir hoy con Ethan, —dijo papá, mientras yo lo miraba sonriendo.— Termina de comer y ve a cepillar ese cabello, que parece estropajo— agregó riendo.
—Hoy visitaremos a tu madre— continuó, y yo lo miré con tristeza.
—Está bien, papá— respondí.
Después de terminar de desayunar, subí a mi cuarto a arreglarme. Desenredé mi cabello y me puse un poco de maquillaje, solo lo básico para no parecer cansada. Suspiré y bajé a la sala, donde mi hermano ya estaba sentado en el sofá, entretenido en su celular.
—¿Vendrás con nosotros?— le pregunté. Él levantó la vista y asintió con la cabeza.
Un rato después, salimos de la casa y nos subimos al coche. Nuestro destino era el panteón, un lugar que siempre me entristecía, ya que era donde descansaban los restos de mi madre.
Al bajar del coche, mi padre sacó unas rosas rojas que había comprado el día anterior. Se dirigió a la tumba de mi madre, y su emoción se desbordó.— Helena, cuánto te extraño— sollozó mientras colocaba las flores y acariciaba la lápida.
Mi hermano y yo nos acercamos y abrazamos a nuestro padre, tratando de consolarlo. Una lágrima se escapó de mis ojos, y aunque intenté contenerme, pronto me encontré llorando desconsoladamente sobre la tumba. —Mi querida madre— susurré, dejando que mis emociones fluyeran libremente.
Mi padre me estrechó en un abrazo cálido y me dio un beso en la frente. —No llores hija —susurró, tratando de consolarme. Luego se volvió hacia Ethan, que también estaba deshecho en lágrimas, y lo abrazó con fuerza.
—Tenemos que ser fuertes, hijos —dijo, intentando sonreír a través de sus propias lágrimas. —Su madre nos cuida desde el cielo y no querría vernos así, tan tristes.
Después de un momento de silencio, agregó: —Creo que es hora de irnos. Ya hemos dicho nuestro adiós.— Y con eso, se despidió de mi madre con un último beso en la lápida.
Salimos del panteón y nos dirigimos a casa. Cuando llegamos, Ethan se fue a su cuarto. —Papá, hoy saldré con Noah— dije mientras lo miraba. —Iré a una fiesta, voy a arreglarme— Mi padre me miró y dijo: —Diviértete, hija— mientras se dirijia a su habitación.
Entré a mi cuarto y tomé una ducha. El agua que caía sobre mi cuerpo era tan refrescante que me hubiera quedado horas ahí dentro, si no hubiera sido por una llamada que entró a mi celular. Lo tomé mientras me enrollaba una toalla.
"Amor", dijo Noah a través de la llamada, con una voz un poco estresada. "En dos horas iré por ti. Ha surgido un pequeño problema". Y colgó, sin dar-me tiempo a responder. Solo dijo: "Te amo" antes de cortar la llamada.
Sonreí, típico de Noah, pensé. Tomé un vestido negro, no tan corto pero no tan largo, era perfecto. Me lo puse y me miré al espejo; en verdad me gustaba. No era habitual usar vestidos negros, pero Noah me lo compró y no podía negarme.
Me desenredé mi cabello y me maquillé, esta vez agregué un poco más de maquillaje; quería verme perfecta. Me puse unos tacones no tan grandes, ya que se me dificultaba caminar con ellos.
Fui a mi escritorio y encontré un collar, una mariposa morada. Entonces recordé a James, un amigo de la infancia. Él me la había regalado; la compró en un viaje que tuvo con sus padres, un año antes de la muerte de mi madre. De solo recordar, quería llorar.
Pero tanto James como mi madre no están aquí ahora. James no murió, solo se fue del país a Canadá y no supe nada más de él. Siempre decía que se casaría conmigo, pero éramos unos niños y no sabíamos lo que nos deparaba el futuro.
Después de mantener mi mente pensando en personas de mi pasado, escuché un coche afuera. —Sin duda, es Noah—dije mientras salía corriendo, sin antes tomar mi bolso y mi celular. Di una mirada al espejo y, sin duda, me veía bien.
Bajé a la parte de abajo y vi que Noah ya estaba en la sala con Ethan, hablando sobre fútbol. Noah me miró y me dio una sonrisa.—Te ves hermosa, amor— exclamó, dándome un beso en los labios. Lo amaba demasiado; era afortunada de tenerlo, sin duda alguna.
—Tú no te quedas atrás— dije mientras veía que llevaba puesto un pantalón negro pegado, una camisa de vestir color blanco y unos tenis de una marca que no conocía. Le sonreí.
—Iré a despedirme de mi padre, rápido —dije . —No te tardes —fue lo único que escuché que dijo.
Entré a la habitación de mi padre y miré que estaba dormido. No quise hablarle para no despertarlo, así que cerré la puerta con cuidado y bajé de nuevo.
Noah me dijo: —Ya vámonos— Ethan también vino con nosotros, ya que a él le encantaban las fiestas. Jamás había tenido novia; solo eran chicas que usaba para pasar el rato. Según él, no había llegado la indicada que pudiera tomar su corazón.
Me subí al coche mientras Noah y Ethan hablaban. Yo solo miraba las calles de noche, que eran bellísimas. Aunque la noche no era mi parte favorita, era sin duda hermosa, especialmente con la luna. Siempre preferí el día; la noche y los colores oscuros me daban sensación de tristeza.
Escuché que me hablaban hasta que reaccioné. —¿Qué pasó?— dije.
Noah me miró y dijo: —ya llegamos—Me abrió la puerta del coche y puso mi mano en su brazo para dirigirnos a la casa de Santiago, uno de los amigos de Ethan y Noah, el capitán del equipo de fútbol del colegio.
Santiago era un rubio con unos ojos azules, en comparación con Noah, que tenía el pelo negro y ojos color verdes, con su piel blanca. Me encantaba ese hombre, y por supuesto, mi hermano Ethan, con su pelo color café y ojos cafés, y su piel un poco morena clara.
Saludé a Santiago y él me dirigió una sonrisa. —Me alegra que vinieras, Hanna —dijo. Le sonreí devuelta. —¿Dónde está Melissa? —pregunté.
—Está adentro—respondió. —Vengan.
Melissa es mi mejor amiga. Siempre fuimos muy unidas, hasta que empezó a salir con Santiago. Estando con él, se olvidaba completamente de mí. Pero mientras sea feliz, no importa que no me hable. Santiago cambió mucho estando con ella; dejó su fama de infiel para convertirse en un romántico y amoroso.
Melissa, grite mientras corría a abrazarla. —Oh, Hanna, te he extrañado tanto— dijo, abrazándome fuertemente. —Me alegra que vinieras.
La miré y dije, haciendo un puchero: —No te abandonaría como tú lo hiciste conmigo.
Ella sonrió. —Ven, vamos a tomar un trago. Deja a Noah un rato con sus amigos — la seguí y me dio una cerveza. No me gusta tomar— dije —pero la tomaré solo por ti.
Ella se alegró. —Ya sabes lo de Noah— dijo, mirándome de manera significativa.
La miré confundida. —¿Qué es lo que tengo que saber de mi novio?—pregunté, un poco seria.
—Perdón, pensé que ya sabías— dijo Melissa, un poco nerviosa.
Suspiré. —Entonces, ¿qué debo saber?— Tomé otro trago de cerveza; ya no la sentía tan horrible como al principio.
Ella me miró. —Noah se irá a vivir a Roma, pero pensé que ya lo había hablado contigo.
—Escuché cómo Santiago hablaba con Noah por teléfono y se lo comentó— me miró con tristeza mientras yo procesaba que mi Noah se iría a Roma, pero ¿por qué motivo? Una mirada de tristeza se puso en mi cara, mientras Melissa me consolaba.
—No le digas a Noah que yo te lo conté— dijo preocupada.
—No te preocupes, no le diré nada— terminé de decir. Eso dicho, decidí ir al baño.
Quería llorar porque Noah me ocultaría algo como eso. Jamás hubo secretos entre nosotros; siempre hubo honestidad ante todo. Me miré en un espejo y vi mis ojos rojos. Intenté calmarme y salí del baño para dirigirme hacia Noah.
Él me miró y me besó. —Vamos a bailar— dijo. A lo que respondí: —Me siento mal.
Él me miró preocupado. —¿Quieres que vayamos a un lugar cómodo para hablar?.
Lo miré con tristeza. —Quiero regresar a casa.
Él me miró y dijo: —Espérame afuera, me despide de los chicos.
Salí de la casa y me paré a un lado del auto, esperando a que saliera.
Vi cómo salía de la casa, abrió la puerta del coche para que subiera. Después de eso, la cerró y él entró en el coche. Me miró y no dijo nada. Arrancó el coche y todo el camino fue en silencio, sin decir ninguna palabra.
Al llegar a casa, me miró y habló: —¿Qué te sucede, amor?
Lo miré. —¿Jamás me ocultarías algo, cierto?
A lo que él me miró y se puso un poco nervioso. No respondió, y sentí una puñalada en el pecho. Quería llorar ahí mismo, pero algo en mí me dijo que no lo hiciera. Entonces, le di un beso y me bajé del coche.
—Es mejor que ya te vayas. Nos vemos después— dije, sin dejar que me respondiera.
Entré a mi casa y subí a mi habitación, me puse mi pijama y me acosté. Empecé a llorar. Ya no quise desmaquillarme; solo sentí cómo me quedé profundamente dormida.








