SINOPSIS
Pasado
JIMIN ( 9 Años )
9 años.
Parece extraño que tanta gente, incluso cuando no está hablando, pueda hacer tanto ruido.
Tacones resonando sobre los suelos de madera pulida. Los lo siento susurrados. El wosh de las faldas.
Mis dedos se enredan en mi pantalón negro.
Mamá dijo que me lo compró nuevo, pero sé que no es cierto. Tiene ese olor, el que tiene la ropa cuando viene de esa gran tienda llena de cosas viejas de otras personas, pero la sacudí un montón, y creo que saqué el olor, al menos en su mayor parte.
Aprieto la tela con más fuerza.
La mayoría de las personas aquí son adultos y sé que se visten de manera diferente a los niños, pero aún me siento... fuera de lugar. Como si no perteneciera aquí, pero eso es estúpido porque...
― Jimin ―sisea mamá, manteniendo la voz baja.
Miro hacia abajo y me doy cuenta de que accidentalmente me subí el pantalón más arriba de los calcetines. Puedo sentir su movimiento antes de verlo y logro apartar mi brazo justo a tiempo para evitar uno de sus pellizcos.
No me atrevo a mirarla. Sé que me mirará entrecerrando los ojos de esa manera, así que rápidamente pongo mi pantalón en su lugar y me siento más
erguido, cruzando las manos sobre el regazo.
El banco está duro debajo de mi trasero y tengo que luchar contra la necesidad de moverme.
Este es mi primer funeral.
La iglesia es enorme. Es mucho más grande que cualquier lugar en el que haya estado, y luce tal como se ve en las películas. El techo súper alto y las ventanas coloridas. La gente vestida toda de negro con sus voces murmuradas. Los elegantes arreglos florales a ambos lados del brillante ataúd, y el retrato gigante de papá enmarcado en oro.
Soy lo suficientemente mayor para entender lo que está pasando, qué
es la muerte, y luce tal como lo imaginé. Excepto que no sé por qué mi mamá y yo estamos sentados aquí atrás. ¿No deberíamos estar al frente en la primera fila? ¿No es ahí donde se supone que debe sentarse la familia? Y aunque papá no vivía con nosotros porque era un hombre de negocios muy ocupado, seguimos siendo familia. Siempre me dijo que éramos familia.
Se me hace un nudo en la garganta y aparto los ojos del rostro sonriente de papá y me veo las manos. Mis nudillos se vuelven de un color blanquecino mientras aprieto los dedos.
Quiero preguntarle a mamá si podemos ir algunas filas adelante, pero los lugares ya están llenos, y ha sido muy mala últimamente, por lo que
hacerle preguntas ahora parece una mala idea.
Recuerdo que uno de mis profesores nos dijo que cada uno maneja las emociones de diferentes maneras, pero no sé si está triste por papá, porque no ha llorado en absoluto.
No como yo.
Extraño a papá. Han pasado meses desde que lo vi, y la última vez...
Algo en mi pecho se retuerce cuando pienso en eso.
La última vez, cuando mamá todavía dormía, él me preparó un sándwich de mantequilla de maní para desayunar. Estuvo bien, y se hizo uno y se sentó conmigo en la mesita, y cuando estábamos a mitad de camino, le pregunté a papá si podía vivir con él. Mamá se hubiera molestado si me escuchaba decirlo, así que lo susurré.
Tomó todo mi coraje, pero papá me amaba. Él siempre lo dijo.
Excepto que, cuando le pregunté, la sonrisa de su boca se desvaneció.
La expresión de su rostro hizo que me doliera el corazón, así que acerqué mi silla a la suya y, aún más silenciosamente susurré: “Por favor”.
Un pequeño gemido se atasca en mi pecho cuando recuerdo la forma en que negó con la cabeza.
Tenía tantas ganas de que dijera que sí.
Estaba seguro de que si encontraba tiempo para preguntarle, diría que sí.
Porque él dijo que me amaba.
Pero él no dijo que sí.
Él solo negó con la cabeza.
Las lágrimas comienzan a llenar mis ojos de nuevo, y estoy demasiado ocupado parpadeándolas para notar el siguiente pellizco dirigido al punto blando en la parte posterior de mi brazo.
Salto y aprieto los labios con fuerza, atrapado en el grito que quiere escapar.
Hago que el dolor punzante desaparezca y miro al frente, a la foto de papá.
Tenemos el mismo color de cabello. El suyo tenía canas, pero siempre me decía que el mío era igual al suyo cuando era más joven. Los diferentes
tonos de marrón. La forma en que es grueso y lacio. Incluso me dio una foto suya de cuando estaba en la preparatoria. Todavía no soy tan mayor, pero tenía razón. Nuestro cabello es el mismo.
Me pregunto si puedo conservar esa foto grande. Sé que está impresa en ese tamaño solo para el funeral, pero el marco se ve muy bonito y me gustaría tenerlo.
Se oye un fuerte ruido cuando alguien cierra las pesadas puertas de la iglesia detrás de nosotros y un hombre vestido con una túnica larga camina hacia el frente de la sala.
Yo trago.
Mamá me explicó que el corazón de papá dejó de funcionar. Que todo terminó en un instante, y que él estaba vivo en un momento y muerto al siguiente, pero no puedo decidir si eso es bueno o malo. ¿Es realmente mejor simplemente irse? Estoy feliz de que no haya sufrido, no me hubiera gustado eso. ¿Pero no hubiera sido mejor saberlo? Tal vez si lo hubiera sabido, podría haber regresado a casa por última vez. Tal vez me hubiera dejado quedarme con él, solo por un tiempo.
El hombre de la túnica hace un gesto con las manos mientras empieza a hablar. Debe tener un micrófono puesto porque las palabras suenan fuertes en la sala, y me alegro porque estamos muy lejos, pero quiero escucharlo.
Comienza saludando a todos y hablando de que algo a lo que llaman casa. Realmente no lo entiendo todo, pero luego dice algo que está mal.
―Le sobreviven su esposa, Donna, y sus dos hijos, Seokjin y Lisa. ―Su voz llena la iglesia mientras señala a un trío de personas en la primera fila.
Eso está mal.
Papá no...
Nosotros somos su familia.
Yo soy su hijo.
Veo a mamá, pero sus ojos miran al frente y su mandíbula se mueve mientras aprieta los dientes.
La habitación todavía se está llenando con las palabras del hombre, pero no puedo entenderlas.
Me siento más erguido, estiro el cuello y me esfuerzo por ver a las personas de las que habla el hombre.
Ha habido un error.
Pero luego lo veo. La parte posterior de la cabeza de un hombre sentado en la primera fila. Es más alto que los que lo rodean y su cabello es exactamente del mismo tono que el mío.
Exactamente el mismo tono que el de mi papá.
¿Cómo?
Me inclino hacia adelante, tratando de ver a la otra persona, la niña, pero la mano de mi mamá aterriza en mi pierna, y sus dedos se clavan en mi muslo, un mensaje silencioso y doloroso para que me quede quieto.
¿Esposa? ¿Papá tiene esposa?
Pero ¿qué significa eso?
Me arriesgo a mirar otra vez a mamá. Esta vez ella me está viendo, desafiándome a hacer un ruido.
No.
No digo nada.
Simplemente me rodeo con mis brazos tratando de mantener mi corazón dentro de mi cuerpo.
¿Qué está pasando?
Mis ojos miran hacia adelante, pero estoy atrapado en otro lugar. La expresión del rostro de papá cuando le pregunté si podía vivir con él. La
forma en que negó con la cabeza. Cómo él solo iba cada pocos meses.
Parpadeo y finalmente me doy cuenta de la cantidad de personas que hay aquí.
Él vivía aquí.
Mi papá tuvo que haber vivido aquí, en la ciudad.
Hoy solo nos ha llevado veinte minutos llegar hasta aquí.
Estuvo así de cerca todo el tiempo.
Estuvo así de cerca y solo lo visitaba cada pocos meses.
Mi garganta comienza a arder.
Él me llamaba su pequeño Minie. Su niño perfecto. Me decía que me amaba.
Y yo lo amaba tanto.
Pero él mintió.
Él me engañó.
Las lágrimas ruedan por mis mejillas, y no sé si lloro por papá o por mí.
¿Por qué me mintió?
Mamá también me mintió, pero ese pensamiento va y viene, sin apenas dejar impacto. Ella siempre ha sido una mentirosa, siempre ha sido mala. Ella siempre era más amable cuando papá estaba cerca, pero ya no estará por aquí nunca más.
Me limpio la nariz con la manga.
Mamá puede pellizcarme todo lo que quiera por hacerlo. No tengo ningún Kleenex.
El hombre que está delante dice algo y todos se ponen de pie.
También he visto esto en películas.
Me paro, me siento, me arrodillo y me quedo en silencio cuando todos cantan cosas que han memorizado pero que yo no sé, y lo hago todo con lágrimas en las mejillas.
Esta mañana le pregunté a mamá si podía usar su maquillaje. Ella me espetó, diciendo que no. Quería lucir lo mejor posible para papá, pero ahora me alegro de que ella no me dejara, lo habría arruinado. Al menos de esta manera las mangas de mi camisa negra de manga larga (que me queda demasiado apretada ya que crecí otros cinco centímetros este año) solo están húmedas, no manchadas de maquillaje.
Nos paramos por última vez, y el hombre de la túnica nos dice que vayamos con Dios, y si mi cara no estuviera tan entumecida, arrugaría la nariz.
¿No dijo antes que papá ahora estaba con Dios? Entonces, ¿decirnos que vayamos con Dios no es como decirnos que todos muramos?
Un dedo afilado en mi costado me hace concentrarme y veo que todos están empezando a irse, así que me giro y veo hacia el pasillo, esperando nuestro turno para salir.
Las primeras filas son las primeras en retirarse y se me hace un nudo en la garganta cuando una mujer con un velo negro cubriendo su cabello camina por el pasillo hacia las grandes puertas que se han vuelto a abrir.
Ella debe ser la esposa de papá.
Pienso en las palabras y, un segundo después, sus ojos se encuentran con los míos.
Doy un paso atrás. Reconozco la expresión de su rostro. Es una que he
visto en casa.
Ella me odia.
Hay una niña, una mujer, detrás de ella. No sé cuántos años tiene, pero parece que podría tener la edad de mi vecina y ella terminó la preparatoria hace unos años. La niña (¿el hombre dijo que se llamaba Lisa?) tiene su espeso cabello castaño recogido en un moño.
Ella no me mira, quizás no sepa que estoy aquí.
Pero creo…
Creo que ella es mi hermana.
Tengo una hermana.
Justo cuando está a punto de pasar, me lanza una mirada. ¿Iba eso para mí? ¿O para mi mamá? A cualquiera de los dos que esté viendo, tiene la misma expresión en su rostro que tenía su mamá.
El otro es el siguiente, pero no me atrevo a considerarlo mi hermano, y bajo los ojos antes de que pueda mirarme porque no creo que pueda soportarlo. No creo que pueda soportar que una persona más me mire con disgusto.
Mi papá es un mentiroso.
Mi mamá es una mentirosa.
Creo que tengo hermanos, pero creo que me odian.
Y no quiero que me odien.
Solo quiero que me quieran.