La chispa que empezó todo

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Summary

La perfección es un ideal intangible y en constante movimiento, algo que sin duda Arza Aydın entiende poco, pero trabaja en ello. Presión... Protección... Dos palabras que pesan más que dos montañas de acero en una báscula. Dos palabras que a simple vista parecen insignificantes, pero al sentir su peso en tus hombros sentirás miedo al pensar que puedes fallar en la tarea de llevarlas. ¿Es fácil? Por supuesto que no. Miedo... Recuerdos... Una palabra suena más aterradora que la otra, pero que sin duda son de la misma magnitud, algo que mantiene a la mente de Serkan Akdeniz en constante desequilibrio por los ecos resonantes que produce su memoria. ¿Quién dijo que los recuerdos siempre son buenos? Nadie, porque no lo son. Sus caminos se cruzan al fingir estar en una relación para proteger a sus empresas de caer en el abismo del fracaso. Dos personas. Dos pasados. Dos historias. • • • Si la chispa que empezó todo es más fuerte que quien quiere apagarla ¿Qué podría salir mal?

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1


                       Azra


«Debes ser perfecta, Azra».


Perfección, ha sido algo que las personas se acostumbraron a ver en mí o que mayormente querían que estuviera en mí.


«Eres perfecta, Azra».


«Una Aydın debe siempre ser impecable, lo que es igual a ser perfecta».


«Mira a tu hermano, Azra, sigue su ejemplo para que seas perfecta».


—Muchas veces creíste que la perfección era lo único que debía definir tu vida, lo que eres y lo que serás, Azra —miro mi reflejo en el espejo y me hablo como a una vieja amiga, tal y como mi psicóloga me ha dicho—. Pero en realidad, la perfección es un ideal intangible y siempre en movimiento, una ilusión que no siempre es fácil de alcanzar. Lo importante es ser auténtico y vivir de una manera sincera y genuina, aceptando nuestras imperfecciones y el proceso de crecimiento. Tal vez la auténtica perfección está en aceptar nuestra imperfección.


Siempre repito las mismas palabras frente al espejo, quiero convencerme de ello, quiero hacerme entender que la perfección no debe definirme y que no es algo en lo que deba enfocarme. Y creo que lo estoy logrando.


Retoco el labial rojo en mis labios y acomodo mi vestido en un intento por verme más segura. Tengo semanas sin ir a la empresa y la verdad es que volver después de mis vacaciones me pone nerviosa, aunque no entiendo por qué.


Bajo las escaleras una vez me encuentro lista, tengo una reunión con algunos inversionistas esta tarde y antes debo arreglar algunos detalles de los cuales no estuve al tanto por mi ausencia.


Esto de ser la única a cargo de la empresa… es tedioso.


Mi hermano se hace cargo de la parte de nuestro negocio en Europa, mientras que a mí me toca hacerlo aquí en Estambul. Recibo ayuda de mi padre, pero no es suficiente.


CEO. Un término que según este mundo machista en el que habitamos debería ser solo para hombres, que ellos son los únicos que pueden y deben dirigir empresas porque una mujer no puede estar capacitada para ello.


«Las mujeres no son más que una simple compañía que puedes desechar y volver a tomar cuando se te antoje, son débiles, sentimentales, fáciles de manipular. Por ello no pueden considerarse CEO’s, cuando están a cargo de una empresa, no sirven para eso».


Esas fueron las palabras de uno de los inversionistas más fieles a la empresa, un viejo amargado que cuando se enteró de mi ascenso casi se moría en la sala de juntas, su cara estaba de mil colores, parecía que iba a desfigurarse sola. Según sus predicciones machistas y anticuadas la empresa en unos meses se iría a la quiebra.


Pero como buena muestra de que las mujeres somos mucho más de lo que piensan, le restregué en la cara los reportes de cada mes, donde mostraba todo lo que nuestras ganancias elevaban mensualmente y dejó de atacarme, y empezó a rogarme cuando le dije que ya sus estrategias no eran beneficiosas.


Debo admitir que disfruté verlo así, pero ya después de miles de estrategias que llevó a mi oficina para que pudiera quedarse, lo dejé. Al menos cinco de ellas han servido.


La nana Elif me ofrece el desayuno, pero le aviso que desayunaré en la empresa, así que una vez llego al estacionamiento de la casa de mis padres subo a mi auto.


Estoy segura de que hoy será un largo día…


                          •••


—¿Entonces saldremos este fin? —Aysel me mira inquisitiva, vuelvo la vista al papeleo sobre mi escritorio y niego con un movimiento de cabeza.


No podré, durante el tiempo que no estuve, los reportes que mi asistente ha traído muestran algunas pérdidas y eso no me gusta, no nos favorece para nada. Porque si hay pérdidas, hay bajas en los hoteles, lo que afectaría al servicio que se ofrece, la experiencia al cliente.


Y eso podría afectar el precio de la empresa, reducir el valor de las acciones, lo que podría afectar a nuestros accionistas, y que luego lo demanden al directorio. Además, tener esas bajas podría afectar la imagen de la empresa, que podría sufrir consecuencias como la disminución de nuestras reservaciones. Eso nos afectaría también…


¡Dios mío!


No puedo dejar que esto empeore, así sea poco, si la empresa se va en picada seré la responsable de acabar con el negocio familiar y…


«Serás una fracasada». Me asegura mi conciencia.


Calma Azra, Calma, todo estará bien, recuerda lo que dijo la psicóloga “Todo va a salir bien, mientras tengas el control del asunto y no te dejes llevar por la histeria colectiva”.


Todo. Estará. Bien.


Tomo una respiración profunda y un poco de mi capuchino. Debo mantener la calma y todo me será más fácil.


—Azra ¿Nos estás escuchando? —Halila mueve erráticamente su mano frente a mí.


—Ah, ¿Qué decían?


—Qué podríamos dejar la salida para cuando estés libre, ¿Te parece?


—Si quieren vayan sin mí está vez, para la próxima iremos todas juntas.


Aysel hace un puchero.


—Entonces tendré que tratar de disfrutar con esta fea, porque Derya y Defne tampoco irán —señala a su hermana y se cruza de brazos.


—Si yo soy fea tú también lo eres, porque somos iguales, Einstein —le contesta la otra.


Aysel acomoda su cabello rubio hacia atrás con parsimonia y luego la mira haciendo una mueca.


—Oh no, tú eres la copia barata aquí, pregúntale a mamá, yo nací minutos antes que tú.


Aysel y Halila son gemelas y mis amigas desde la secundaria. Nunca me fue difícil diferenciarlas, pues por la personalidad de cada una es fácil hacerlo. Aysel es muy extrovertida y risueña, alegre, optimista y siempre te dirá algo para alegrarte el día si estás triste. Halila también es extrovertida, pero amargada, y el lado optimista de su hermana no lo posee ni por los genes porque si te ve triste te dice algo que te pone más triste, aunque no lo hace a propósito, simplemente no sabe cómo alentar.


Por ejemplo, cuando estudiábamos en la secundaria me caí mientras bajaba las escaleras porque un chico me empujó por ir corriendo, me torcí el tobillo aquella vez —cabe recalcar que nunca me había pasado—, así que cuando estábamos en la enfermería y Aysel la dejo cuidándome, empezó a decirme que debía estar agradecida de que no fue peor que una torcedura y que de haber sido así no volvería a caminar bien, pero que debía estar agradecida.


Me eché a llorar, lo admito.


Después de que se han ido me encamino a la sala de juntas, mi asistente me informó que ya todos estaban esperándome, así que me apresuro.


—¿Y bien? ¿Para qué se supone que estamos aquí, señorita Aydın? —el señor Öztürk me mira desde el otro lado de la mesa con su mirada fría adornando sus arrugadas y pálidas facciones.


Es otro amargado socio de la empresa, aunque solo posee una parte no muy grande de las acciones, cree que puede tener todo el control y está muy equivocado.


—Buenas tardes, señores, como sé que ya todos saben, estamos teniendo algunos percances en cuanto a las inversiones que se hicieron en las estrategias puestas en marcha hace unos meses —me levanto y comienzo a dejar una copia de los archivos frente a cada uno—, lo cual nos está afectando en una mínima parte, pero no quiere decir que hay que dejarlo aumentar. Así que estoy aquí para escuchar sus propuestas.


—Tengo entendido que usted es quien se encarga de elegir cuáles estrategias son rentables y favorables para la empresa —habla el señor Arslan, confundido.


—También sabe que en mi ausencia quien se encargaba de eso era el señor Öztürk, y no me era informado qué sucedía, algo que, por supuesto, fue una irresponsabilidad de su parte —el aludido me acribilla con la mirada, pero no dice nada—. Así que espero que todos pongamos de nuestra parte, porque lo que afecta a la empresa nos afecta a todos, y no me gustaría escuchar más cuestionarios, solo buenas propuestas. Y el que no esté de acuerdo puede retirarse.


Nadie se levanta, lo que me da pase a seguir dando informaciones y aparte, uno que otro regaño a cada uno.


En lo que va de día ha sido largo, y algo me dice que aún no se acaba.


                          •••


La reunión ha acabado, y los resultados son peores de lo que imaginé.


Recojo mis cosas y me levanto del asiento, voy directo a la cafetería para poder calmar mis nervios. Me angustia ver que los resultados son pésimos, no son graves, pero tampoco tan buenos como solía serlo cuando mi padre estaba a cargo.


¿Tan mal está la situación?


No quiero ni siquiera pensar en el trabajo que me costará explicarle a mis padres la situación, si es que aún no están al tanto. Intento ser positiva, como me ha enseñado la psicóloga, tengo que concentrar mi mente en pensamientos positivos e intentar no perder el control.


La mañana pasa rápido y aún no tengo ninguna idea de cómo solucionar esta situación. Estoy sentada en mi oficina contemplando el cielo, eso siempre me ha ayudado a pensar y a que se me ocurra algo.


Suspiro.


Si no hago algo rápido, acabaré siendo una decepción y no puedo permitirme eso. No después del esfuerzo que he puesto para que mi familia esté orgullosa de mí, para ganarme un lugar en esta empresa.


Algo tengo que hacer.


Me apoyo en la mesa, colocando mi frente en mis brazos y cierro los ojos, intentando relajarme y no desesperarme por todo. Finalmente, logro hacerlo durante unos minutos, pero dura poco al ver a mi secretaria abriendo la puerta de golpe.


—Perdón por molestarla, señorita, pero sus padres desean verla —levanto la mirada y la miro extrañada—. Desean verla.


—¿Cómo es posible que estén aquí? —pregunto frunciendo el ceño, completamente extrañada por la situación— Se suponía que ellos volvían de su viaje en dos semanas —ella me mira sin saber qué decir, suspiro— ¿Sabes cuánto tiempo llevan aquí?


—No, señorita.


Me levanto de mi asiento, preocupada


—¿Dónde me esperan? —digo mientras recojo mis cosas rápidamente.


—En la sala de reuniones —contesta.


Yo asiento y le agradezco que me avisara.


Salgo de mi oficina, yendo a una velocidad alta para llegar rápidamente, no sin antes comprobar que no hay ningún rastro de imperfección en mí. Llego a la sala de reuniones, coloco la mano en el pomo de la puerta, respiro hondo y la abro.


—Azra, hija mía, ven a mis brazos —veo a mi madre al lado de mi padre junto con dos personas y al otro lado de la sala está un hombre, bastante apuesto la verdad.


Me acerco feliz a mi madre y la abrazo, el olor maternal que emana es algo que amo de ella, se siente como estar en casa cuando la abrazo.


Miro a mi padre y sonrío.


—¿Teníamos una reunión hoy? —pregunto separándome un poco de mi madre.


Las personas que están aquí aún no han emitido palabra alguna, les miro con curiosidad y espero a que mi padre hable.


—Verás, hija mía, hemos visto que la situación en la empresa no está bastante bien —dice con un semblante preocupado.


Yo le miro intentando mantener la compostura y no mostrarme incómoda ante estas personas.