Don´t Touch Him, OS Omegaverse Larry Stylinson

Summary

Harry está casado con un alfa que lo buscó solo para tener hijos y poder heredar su fortuna y sus negocios. Louis ama el olor a menta de su omega, pero le duele que no puedan ser libres. No todavía. OS Omegaverse, Harry Omega, Louis Alfa. Sin smut. OS participante del Blood's Killer Fic Fest Prompt 17, por @LoveLouisBlue

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¿Cambio de Planes?



Era lunes por la mañana y en el lujoso comedor de una hermosa casona en Londres, desayunaba el matrimonio Baxter Styles. Como cada día, el alfa estaba molesto.

—Llevamos un mes de casados Harry y aún no te embarazas, —reclamó.

—Lo siento Weston, no sé qué está mal conmigo, —respondió Harry. con temor. Era la misma respuesta de siempre.

—Estoy seguro de que tiene que ver con tus estudios. Te prohibí que siguieras con eso, pero parece que quieres que te castigue.

—No, no es eso, pero Weston, me falta solo mi práctica.

—Mira omega, primero que todo, deja de llamarme Weston, ¡soy tu alfa! Segundo, no necesitas ni estudiar ni trabajar, para eso te mantengo. ¿No te das cuenta de que solo consigues avergonzarme frente a mis amigos?

—Lo lamento tanto de verdad... al-fa... —Contestó sumiso, agachando la cabeza.

—Esta noche quiero que uses la lencería fina que te compré. Báñate bien, usa supresores para tu aroma, hoy quiero que huelas a café. Te voy a anudar tantas veces que tendrás que preñarte sí o sí, ¿entendiste?

—Sí Weston... Alfa, —se corrigió.

Esa misma conversación se repetía casi todos los días. Harry había usado muchos perfumes de distintos aromas, porque el suyo a suave menta, no le gustaba a su esposo. ¿Cómo era eso posible?

Weston lo había elegido porque se le acababa el tiempo para tener hijos. Tenía casi cincuenta años y Harry era un omega bonito, joven y pobre. No fue difícil que lo aceptara, era de los alfas más ricos de la ciudad y estaba seguro de que eso lo encandiló. Con él tendría muchos hijos, y debido a la belleza del omega, estaba seguro de que serían hermosos y buenos herederos de su fortuna y para sus empresas.

Pero pasaba el tiempo y no lograba preñarlo, a pesar de intentarlo cada noche.

Para Harry era una tortura. Durante el día estaba solo, no lo dejaban ni siquiera servirse un vaso con agua, Weston quería que prácticamente fuera un mueble. Lo peor llegaba en la noche cuando se ponía en riesgo de ser descubierto. Tenía un hermoso prendedor de plata, con forma de llave y una piedra azul, regalo de su verdadero alfa, en el que cada día dejaba una pequeña dosis de una droga que ponía a dormir a su esposo, cuando lo mezclaba con cualquiera de sus bebidas.

El efecto era casi inmediato, alcanzaba a recibir algunos besos torpes en el cuello y unas pocas caricias bruscas. Luego de eso, el alfa entraba en una somnolencia tranquila, y en la que, para mayor convencimiento de su actuación, Harry se desnudaba y se ponía encima del cuerpo de su esposo y se movía como si lo estuviera montando.

Una vez que el alfa estaba completamente dormido, le quitaba la ropa y luego, comenzaba a lubricar, imaginando al dueño de su amor tocándolo. En cosa de minutos el viscoso líquido mojaba la cama y con sus manos lo esparcía sobre el triste miembro de su esposo y también sobre sus muslos. Luego podía dormir sin temor a que el alfa despertara.

Era la misma rutina hace un mes.

Un día sábado, en que el alfa tuvo una cena de negocios y no quiso que Harry lo acompañara, llegó tomado y muy molesto. Uno de sus enemigos más antiguos, mostraba orgulloso a su omega con una abultada panza de seis meses de embarazo. Esperaban mellizos y no perdió la oportunidad para restregárselo en la cara, hiriendo profundamente su amor propio y su hombría. Además, y debido a que había bebido demasiado, insultó a varios alfas importantes e incluso trató de sobrepasarse con varias omegas que estaban atendiendo, provocando el disgusto del dueño de casa que no dudó en sacarlo de la reunión.

Su frustración era monumental, porque a pesar de su edad, no era capaz de asumir su sexualidad. Los y las omegas le daban asco, todo de ellos, sus aromas, su fragilidad y sus lubricantes le provocaban arcadas. A él lo prendían los alfas dominantes que lo ponían de rodillas y le follaban la boca, lo escupían y humillaban.

¿El problema? Quería y necesitaba hijos, no para cuidarlos ni protegerlos, si no que para que aprendieran a mantener su patrimonio.

Esa noche en particular, la furia lo quemaba. Había visto al alfa de sus sueños en la reunión, aquel que le había cumplido cada deseo en la cama y le enseñó lo que era sentirse deseado y, tal vez, un poco amado. Aquel que perdió por no atreverse a mostrar en público su relación, por ser de su misma casta. Estaba de la mano con otro alfa, mayor, de aspecto degenerado. Solo obtuvo una mirada de indiferencia que caló en su pecho. Necesitaba descargarse y bueno, para eso tenía a un omega esperando en casa.

Entró azotando la puerta y su aroma a almizcle inundó toda la casona, así de fuerte estaba. Harry despertó sobresaltado y apenas sintió el espantoso olor, supo que estaba en peligro.

—Alfa, ¿qué sucede? ¿Por qué estás tan molesto?

—Porque eres un inútil, ¿tienes miedo que estás apestando con esa mierda de olor? Desvístete, —ordenó.

La mirada de Harry era de completo terror. —Weston, estás borracho, ¿por qué no duermes un poco? Te puedo preparar un té o darte un mensaje para que te relajes, —intentó convencerlo con su voz más suave.

—¡Qué te desvistas maldito infeliz! —Gritó descontrolado.

—¡Pues no pienso acostarme contigo así! —Le contestó, también furioso.

Salió de la cama y fue a encerrarse a otra habitación. Puso un pesado mueble en la puerta y corrió al baño. Vomitó hasta que le dolió la garganta, nunca había sentido tanto miedo en su vida.

El alfa había caído al piso después de escuchar el grito del omega. Su corazón se contrajo con dolor, dejándolo sin respiración. Como pudo llegó a la cama y analizó la situación: se había empezado a sentir mal desde el mismo día del matrimonio y no podía culpar a Harry, sabía que era su responsabilidad. No lograba calmar su frustración y no lo haría tampoco, pero su salud empezaba a deteriorarse, no solo por los malos ratos, también porque había empezado a fumar y bebía demasiado. Por esa noche le perdonaría al omega su atrevimiento.

Al día siguiente desayunaron en silencio. El alfa pronto se fue a trabajar y Harry se preparó para su primer día de práctica en un hospital, estaba a dos meses de titularse de enfermero.

Antes de llegar al centro de salud, se desvió ligeramente de su camino y entró a una galería donde había muchos locales de venta de diversos artículos. Caminó hasta el fondo, dobló a la derecha y luego tomó un ascensor. Marcó todos los pisos de números pares, solo para bajarse en el número ocho. Miró hasta asegurarse de que nadie lo veía y entró rápidamente en el departamento número 82B.

De inmediato se relajó al sentir el aroma inconfundible de su hermoso y perfecto hombre. No pasó ni un segundo antes de ser tomado en brazos y llevado a un suave y agradable sofá. Se acomodó hasta sentarse sobre las fuertes piernas y envolvió sus brazos en el cuello del alfa. Los primeros minutos al reencontrarse siempre eran así: necesitaban embriagarse del aroma del otro con urgencia. Harry liberaba todo su olor, marcando al alfa que solo así volvía a ser él mismo.

—Te he extrañado tanto amor, —murmuró Louis enterrado en el cuello del omega.

—Y yo a ti, mucho.

Se besaron, intentando contenerse, pero fracasaron después del primer beso. Harry se levantó y en cosa de segundos quedó desnudo desde la cintura hacia abajo. Con desesperación desabrochó el jeans de su alfa y lo bajó hasta el piso, junto con su ropa interior. Volvió a acomodarse y tomando el gran y duro miembro, lo guio hasta su mojada entrada y de una sola vez se sentó sobre él.

Por unos minutos se sentían solo pequeños gemidos que intentaban callar, porque no debían ser escuchados. Mientras Harry se movía sensualmente, pudo hablar:

—Tengo que contarte algo Lou, —sollozó de placer. —Anoche X llegó borracho y enojado, quería que me acostara con él.

Louis detuvo el movimiento del omega. Sus ojos se oscurecieron, su presión en las caderas de Harry aumentó y su voz muy ronca, hicieron palidecer al omega al mismo tiempo que su lubricante había llegado hasta el suelo.

—¿Te tocó?

—No alfa, le grité y salí de la habitación. Primero muerto antes que dejar que me ponga un dedo encima.

Louis empujó suavemente el cuerpo de Harry y se puso de pie. Subió su ropa y limpió a Harry en el más completo silencio, pero su olor lo delataba. Estaba celoso a morir.

—Deberías salir de esa casa en este mismo momento, —fue lo único que logró decir.

—Sabes que no puedo, no te enojes y no me hables así Louis.

Al escuchar su nombre en labios del omega, su cuerpo reclamó por tomarlo fuertemente contra la pared, pero se contuvo. —Esto me está superando, no creo que pueda resistir más tiempo, — explicó.

—Soy yo el que se pone en peligro cada día, no vengas otra vez con tu estúpido discurso de alfa celoso.

Se acercó a su mochila, y buscó en uno de sus bolsillos hasta encontrar lo que necesitaba. Se lo tiró a Louis en el pecho y salió del departamento muy molesto.

El alfa esta pasmado, completamente sin palabras, y sintiendo una extraña mezcla de enojo, tristeza y orgullo: ese omega era jodidamente especial, siempre lo supo, pero aún le costaban estas escenas donde simplemente lo dejaba con la palabra en la boca y sin derecho a réplica.

Tomó entre sus manos el pequeño frasco de vidrio y lo miró. No sabía muy bien qué era, pero viniendo de Harry podría ser cualquier cosa. Lo abrió y el inigualable aroma a menta, ahora intenso y fresco llenó sus fosas nasales, era el lubricante del omega. Le dolió su erección que apareció al mismo tiempo que probaba un poco en sus dedos, pero más le dolió haber perdido la oportunidad de estar con su omega; pero es que nadie, jamás, podría entender cómo le quemaba y le provocaba agonía el saber que su amor no solo estaba casado con otro, sino que, además podría ser abusado. Sabía que Harry se defendería con uñas y dientes, pero ¡Dios! Él era su alfa, solo él debería tener derecho a tocarlo y poseerlo. Su lado más posesivo se disparaba hasta el infinito frente a la presencia del omega, su aroma a menta era el paraíso, podría pasar sin dudas y durante días, enterrado en el cuello de Harry o entre sus piernas.

Estaba definitivamente enamorado y entregado, pero el omega no era suyo.

Era tan desgraciado que no podía ofrecerle un presente decente y menos un futuro próspero, a pesar de todos sus esfuerzos, de trabajar a veces hasta por 18 horas al día, parecía que nunca sería suficiente. Suspiraba pesadamente mientras guardaba el frasco en uno de sus bolsillos. Tendría que irse y esperar hasta el día siguiente a la misma hora para ver al amor de su vida y bueno, si es que el omega aparecía, porque una vez ya lo había dejado plantado.

Efectivamente, Harry no apareció y le dio mucha pena, porque su próxima cita sería en una semana más.

O eso creía.

Tres días después de su fallida cita, fue invitado a una cena en un lujoso pent-house. No era asiduo a esas reuniones, pero sabía que era por interés de algunos alfas que habían sido amigos de sus padres y que intentaban devolverle un poco de credibilidad a su apellido, después del escándalo hace seis meses.

Lo recuerda como si fuera ayer: estaba estudiando en su habitación para su examen final de medicina, cuando una de las señoras que ayudaban con la limpieza de la casa entró llorando al dormitorio, gritando que sus padres habían muerto de manera horrible: iban de vuelta a su hogar después de un almuerzo de negocios y de pronto el auto fue detenido en medio de la carretera por tres hombres armados. Los mataron, al igual que al chofer, y no contentos con eso, les cortaron las cabezas y se las llevaron. Todo fue grabado por uno de los asesinos, quien envió el video a la familia, con un mensaje de advertencia donde exigían transferir toda su fortuna a cierta cuenta en un banco internacional antes de 48 horas.

Louis por primera vez en su vida sintió dolor, uno horrible. Habían matado a lo más importante de su vida, sus amados padres que eran solo luz en su mundo. Le costó varias horas salir del shock que fue recibir esa espantosa noticia, pero debía moverse.

Siempre estuvo ajeno a los negocios de sus padres, pero pondría las manos al fuego por ellos. Se comunicó con el abogado de la familia, también con la policía. Tenía dos hermanas pequeñas que estaban de vacaciones con su tía en un pequeño pueblo de Italia, y esa era su mayor preocupación.

Reunió el dinero en una sola cuenta. Se vendieron de manera urgente casas, automóviles, empresas, y todo fue al mismo fondo. Lo único que dejó fue esa casa y lo que había en ella: las joyas, la vajilla, los cuadros. Guardó lo más importante en una maleta, junto a su ropa y sus cosas personales, la casa y su propio auto fueron puestos en venta. De ese dinero, transfirió la mitad a su tía, para sus hermanas. De lo que quedó, sacó para pagar a quienes sirvieron en su casa, y que eran como su familia. El resto lo guardó para poder arrendar una pieza y vivir uno o dos meses mientras encontraba trabajo.

Dejó de recordar, y terminó de arreglarse. Al llegar a la reunión, algo le llamó la atención de inmediato, podía sentir el delicioso aroma de su omega, lo que le extrañó. Apenas se acercó a la mesa de licores, lo vio: hermoso, radiante, elegante, sonriente. Sus miradas se cruzaron solo por dos segundos y fue suficiente para gritarse que se amaban y se extrañaban.

Pronto su alegría se transformó en odio al notar como el esposo de Harry le daba un pellizco en el brazo, haciendo que el omega dejara de sonreír y bajara la cabeza.

Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no matar ahí mismo a ese remedo de alfa, pero tenía que ser más inteligente, por lo que sin temor se acercó a la pareja.

—Buenas noches, creo que no tengo el honor de conocerlo, —dijo saludando al alfa.

—Estoy seguro de que no, jamás olvidaría a alguien con esos ojos, —coqueteó.

Louis sonrió satisfecho, entendiendo el lenguaje corporal del alfa. —Soy Liam Malik, —mintió con su mejor sonrisa y logrando que el hombre frente a él lo mirara como un idiota.

—Soy Weston, encantado.

Estuvieron conversando de cosas triviales, junto a varios tragos, hasta que llegó la hora de la cena y tuvieron que sentarse en sitios diferentes, Por lo menos había logrado quitar la tensión del alfa y Harry estaba más tranquilo. El tiempo que duró la comida, intentó hacerse invisible, no quería que lo llamaran por su nombre verdadero, era demasiado riesgoso.

Aprovechó un momento en el que su omega fue al baño, para seguirlo y robarle un beso en medio de la oscuridad. Después volvió al lado del alfa, que sin problema le dio su número de teléfono y la dirección de su casa. Luego de eso se despidió, con una ligera inclinación de cabeza, la mejor de sus sonrisas y un pequeño guiño de su ojo, enloqueciendo a Weston, que ya se había visto desnudo en una cama, sometido a la voluntad de Liam Malik.

Cuatro días más tarde, mientras esperaba a Harry, Louis le envió un mensaje al alfa solo para mantener su atención. Apenas lo había enviado, corrió hacia la puerta para recibir a su amor.

—Harry, por fin... —Dijo envolviéndolo entre sus brazos y perdiéndose en su cuello. Sin embargo, el olor a menta casi no se sentía. Se separó, lo miró, pero lo que vio no le gustó.

El rostro del omega mostraba algunos moretones que había intentado cubrir con maquillaje, sin lograrlo, y además su aroma era opacado por uno horrible que reconoció al instante: almizcle, el olor de Weston.

La mirada de Harry mostraba tristeza, pero en el fondo, pudo ver rabia y deseos de venganza.

—Amor, ¿puedes decirme qué pasó? —No era lo que iba a preguntar, pero en ese momento lo más importante era no alterar al omega.

—¿Puedes abrazarme primero? —Rogó. Louis con delicadeza lo tomó en brazos, como a una novia y lo llevó al sofá, acostándolo y abrazándolo con todo su amor. —Esta mañana, Weston recibió una noticia, al parecer muy mala para sus negocios. Se enojó mucho y fue a buscarme a la habitación. Cuando lo vi, supe de inmediato que estaba en peligro, pero no tenía muchas opciones para defenderme, —comenzó a contar despacio. —Me dijo que quería anudarme de día, porque nunca lo había hecho y le dije que no, que se me hacía tarde...

—Supongo que no le gustó tu respuesta. —Intentó no imaginar lo que venía.

—No. Como no le presté atención, me tomó del brazo y con más rabia de lo habitual me gritó que era la peor mierda del mundo y que tenía que obedecerlo. Intenté razonar, hablarle calmadamente, pero parece que cada vez se enojaba más. Finalmente me dio varias cachetadas y algunos golpes y se restregó contra mí, marcándome porque odia mi olor, para después obligarme a ponerme de rodillas...

—¿Lo hizo? ¿Ese infeliz te folló la boca?

—Sí... —Contestó suspirando con rabia.

—Maldito desgraciado, ¡lo voy a matar! —Gritó, poniéndose de pie, dispuesto a salir.

—Cálmate, no necesito que además te descontroles tú. Suficiente es que yo haya tenido que pasar por eso... No dejé de vomitar hasta que no me quedó una gota de saliva en la boca, —habló molesto.

—No me puedo calmar, esto tiene que terminar, de alguna manera lograré darte lo que te mereces, pero sales de ahí ahora mismo.

—No empieces otra vez, solo quería pasar mi poco tiempo libre contigo y lo único que obtengo son escenas de celos y malos ratos. Definitivamente creo que lo de nosotros no puede seguir. —Intentó levantarse para salir de ahí, pero los brazos de Louis no le dieron espacio.

—Harry, no puedes pedirme que no me ponga celoso, es... tan difícil estar separado de ti, ser tan poco que no puedo ver por ti ni por nosotros, lo siento...

—Suéltame, voy atrasado.

—Harry hablemos, ¿sí?

—No Louis, ya no puedo con estas escenas, estoy aburrido. Déjame en paz, no me vuelvas a buscar y que todo se vaya a la mierda. —Tomó su mochila y salió azotando la puerta.

El alfa se quedó mudo, sentado en el sofá, sintiendo como su corazón se desgarraba lentamente y sus ojos se nublaban de dolor y lágrimas. Perder a su omega era literalmente una agonía letal.

¿Por qué tenía que ser todo tan difícil? Desde el asesinato de sus padres todo había ido de mal en peor, solo conocer a Harry le había entregado un bálsamo a su vida, y ahora lo había perdido por ser un alfa celoso, posesivo e incapaz de ser un buen proveedor para una familia. Una idea apareció en su mente, y con ella rondando, salió discretamente del lugar.

Harry por su parte, con una voluntad de hierro hacía su práctica de manera impecable. Sabía que esa carrera le daría independencia y libertad. Era un omega que soñaba con una bonita familia, con un alfa posesivo y amante, pero al mismo tiempo, deseaba mantener su espacio, y poder moverse con tranquilidad en el mundo. Era más que consciente que no podía fallar en esta etapa de su carrera, tenía una beca y no podía perderla.

Había una razón para soportar a su esposo, y tenía más claro que nadie que estaba en peligro constante, pero él podía hacerlo, estaba dispuesto a sacrificarse. Dejar a Louis fue la peor pesadilla del universo, ese alfa era su mundo, su amor, el hombre perfecto, el más lindo y dulce. Pero no podía tolerar sus reclamos, los sentía como si fuera mirado en menos. Era un omega, sí, pero no por eso se iba a dejar humillar o iba a ser frágil, la vida le había dado suficientes razones para ser fuerte. Ya tendría tiempo de llorar aferrado a su almohada por su relación fallida, porque quizás no era su momento, tal vez nunca lo sería.

Una semana pasó en relativa tranquilidad. Weston estaba más calmado, a pesar de que sus negocios no iban bien. Tomó una decisión con respecto a su patrimonio y puso todo a nombre de su esposo. Era un riesgo, pero lo prefería a que sus enemigos se quedaran con lo que le ha costado tanto conseguir, había estado recibiendo muchas amenazas por carta, mensajes y llamadas telefónicas. En el peor de los casos, pensaba, podía matar a Harry y así recuperaría su fortuna.

Su mejor humor tenía un solo nombre: Liam Malik. Había estado recibiendo varios mensajes al día de parte del alfa, bastante sugerentes y se sentía como un adolescente enamorado. Esa noche, iban a cenar en su casa, con él y su omega de anfitriones. Era una situación incómoda tal vez, pero lo encendía casi hasta la locura saber que el alfa estaría a su lado y que no podrían hacer nada.

La llegada de la noche encontró a Harry molesto, no sabía quién era el gran invitado de esa noche, pero su esposo le había ordenado vestirse muy bien, y usar un espantoso perfume con olor a sándalo, que le provocaba arcadas.

Cuando estaba de pie frente a la mesa finamente puesta, con Weston demasiado sonriente a su lado y vio llegar a su alfa, tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano por no mostrar alguna reacción. Louis estaba hermoso, el traje se ajustaba en cada una de sus curvas, realzaba su porte y la profundidad de sus ojos.

—Bienvenido señor Malik, —saludó Harry, con una inclinación de cabeza. Tenía prohibido acercarse o tocar al invitado.

—Muchas gracias, —contestó frío y distante. —Buenas noches Weston, que placer verte, —dijo ahora sonriendo, provocando que el dueño de casa se sintiera en las nubes.

—Por favor, siéntate, la comida ya está lista, ¿quieres vino? —Preguntó amablemente.

—Me encantaría.

—Muévete idiota, —masculló hacia su esposo. —Por favor perdona al omega, no tiene modales.

—No te preocupes, siempre es lo mismo con los de esa casta, —respondió casi con asco.

Justo en ese momento sonó el teléfono de Weston, quien se disculpó antes de salir apresurado.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Preguntó Harry.

—Sígueme la corriente. Inventa cualquier excusa, que te sientes mal o algo y déjanos solos.

—Como ordene mi señor, —dijo un Harry profundamente enojado.

—Amor, no...

—Yo no soy su amor señor Malik, no tengo uno. —No volvió a hablar, causándole un gran dolor a Louis.

El alfa no pudo insistir, porque Weston ya estaba de vuelta. —Lo lamento tanto, pero ya sabes, los negocios hay que atenderlos, —contó. —Por favor, comencemos.

Los primeros cinco minutos comieron en silencio.

—Cuéntame en qué negocios estás ahora, —pidió Louis mirándolo fijamente mientras bebía el líquido rojo.

—Me están ofreciendo participación en una sociedad agrícola, tierras, ganado, hortalizas. Lo estoy pensando, no es un área que me interese demasiado.

—En mi opinión es un sector difícil y muy inestable, depende siempre de las condiciones meteorológicas, no te ofrece una seguridad económica.

—Tienes toda la razón, creo que declinaré ese tipo de ofertas, —sonrió coqueto.

—Perdón la interrupción, —dijo muy bajito Harry, —me siento muy mal, ¿podría retirarme?

—Siempre molestando, lárgate a la habitación.

—Por favor, dispénseme, —pidió a Louis, sin mirarlo y saliendo.

—Estas plastas son unos débiles, —exclamó Weston.

—No te preocupes por él, déjalo, mejor para nosotros, —murmuró con su voz más sensual. —Quiero proponerte algo.

—Te escucho, —contestó el alfa temblando de deseo.

—¿Qué te parece si mañana me invitas a tu cama? ¿Te gustaría convertirte en una hermosa gatita? —Su voz caló hasta la médula de Weston, que estaba duro como una roca.

—Lo que quieras alfa... —Gimió.

—Entonces mañana vendré, pero voy a entrar por la puerta de servicio para que nadie me vea. Vas a darle la noche libres a tus sirvientes y me vas a esperar a las diez en tu habitación. Quiero que te vistas con una ropa hermosa que te enviaré durante el día, ¿entiendes gatita traviesa?

—Sí...

—Llámame tigre, —exigió con la voz dura.

—Sí mi tigre.

—Me voy, nos vemos mañana... ¿me das un ronroneo bebé?

—Prrrr, prrrr... —Contestó con una mirada sumisa y brillante.

Louis se acercó y le dio una fuerte nalgada. Weston se corrió en sus pantalones.

Esa noche, los tres durmieron mal y poco.

Harry intentaba imaginar qué pasaba por la cabeza de su ex alfa, y no lograba llegar a ninguna conclusión. ¿Sería posible que lo hubiera olvidado y quisiera intentar algo con su esposo?

Louis le daba los últimos toques a su plan, estaba nervioso, no podía fallar. Necesitaba vengarse, iba a humillarlo dentro de esas cuatro paredes, lo grabaría y luego lo amenazaría. Se sentía seguro de querer hacerlo, pero el amanecer le mostró que estaba actuando igual a los asesinos de sus padres.

Weston solo soñaba con la mirada intensa de su tigre... Desde el primer momento quiso llamarlo así, era realmente el alfa de sus sueños, todo lo demás dejaba de existir cuando lo pensaba. Le entregaría sin dudar todo lo que ha conseguido, le contaría todos sus secretos, incluso los que intentaba olvidar porque eran lisa y llanamente delitos, pero que volvería a cometer sin remordimientos.

Al omega le extrañó levantarse y tener que preparar el desayuno. No tenía problema con eso, pero su esposo no le había advertido de algún cambio. Preparó algo delicioso, y lo sirvió en la mesa. Espero a que el alfa se sentara para comenzar a comer.

—Les di libre hoy y mañana a todos, porque tengo una reunión muy importante en la noche y lo que menos necesito es tener omegas chismosos escuchando sobre mis negocios y mis socios. Tú puedes irte a algún lado o quedarte en una de las habitaciones pequeñas al fondo. Si te quedas, tienes prohibido salir, te tomarás una pastilla para dormir.

—Haré lo que me dices alfa, voy a dormir temprano en la habitación más alejada y no molestaré, —contestó extrañamente dócil.

—Vas a esperar hasta que te de la orden, quizás te folle apenas llegue, no sé por qué mierda sigues sin embarazarte, lo único que me falta es que seas una puta omega estéril, —escupió antes de levantarse y salir.

Harry suspiró y se preparó para ir a su práctica. Cuando iba en camino, se desvió casi por instinto, extrañaba el aroma de Louis, y estaba seguro de que el sofá donde se amaron cada día, tenía un poco aún de ese aroma a tabaco que lo volvía loco.

Apenas entró, tiró su mochila y se acostó buscando el delicioso olor. Enterró su cabeza y comenzó a llorar, necesitaba un poco de paz, un poco de mimos, pero se resistía a dar su brazo a torcer. Él era fuerte y suficiente, no necesitaba de un alfa para vivir... Excepto que ese alfa era Louis, su Louis, su amado Louis.

Louis, que estaba de pie en la puerta, con su alma muerta hasta ese momento en que todo pareció volver a tener sentido.

—Amor, —llamó despacio, de rodillas al lado del sofá, no quería asustarlo.

—¿Qué haces acá? —Preguntó Harry, levantándose rápidamente.

—Te extraño... No sé por qué vine, quizás solo tuve la idea de que podía encontrarte.

—Entonces me voy, —dijo recogiendo su mochila, pero no pudo avanzar.

Louis de pie, frente a él, con la mirada más triste que alguna vez vio en alguien. —No me dejes omega... Yo no sé vivir sin ti, —suplicó.

La respiración agitada de Harry se volvió dolorosa. —Créeme que se aprende.

—No quiero aprenderlo, me estoy muriendo.

—Aprenderás a vivir siendo un zombie, así como yo lo hago.

—¿Nunca podré recuperarte?

—¿Por qué querrías hacerlo? No soy un omega fácil, y tú eres posesivo al extremo, no somos buena combinación.

—Lo somos amor, lo somos... Solo déjame aprender a ser el alfa que necesitas y que quieres.

Harry había dejado caer otra vez su mochila y lo único que quería era ser abrazado por su hermoso alfa. En un par de minutos se cuestionó un mundo de realidades, y pudo entender que, si Louis era capaz de dejar de lado su orgullo de alfa solo por él y para él, ¿por qué no podía hacer lo mismo? ¿O es que acaso su amor no era verdadero?

Se acercó hasta Louis, y acarició su mejilla. —Debo irme, —dijo mientras veía la mirada del alfa apagarse más aún. —Eres el alfa perfecto, mi alfa perfecto... Lo siento, me cuesta mucho aceptar que dependo de ti...

Louis no perdió más tiempo y con toda su ternura, besó los labios de su omega. —No vuelvas a separarte de mí, —habló intensamente en su oído mientras sus manos apretaban sus caderas. —Eres mío, no lo olvides.

Harry solo pudo gemir. Le iba a costar dejarse llevar, pero ese primer intento fue mágico, se sintió realmente bien, nunca había demostrado todo lo que Louis le provocaba.

—Tengo que preguntarte qué estás tramando, —dijo mientras Louis mordía suavemente su cuello.

—Una travesura, confía en mí.

—Alfa... Por favor ten cuidado.

—Lo tendré amor, ahora vete, te quedan quince minutos para llegar.

Un beso atrevido, unas caricias torpes que los dejaron al borde y el momento en que Harry marcaba a Louis con su olor, fue su despedida.

Al llegar la tarde, se encontraba Weston con una preciosa caja en sus manos. La abrió temblando de la emoción, y no pudo evitar un pequeño gemido al mirar el contenido. Había un muy bonito disfraz de gatita: Orejas peludas, un plug anal con cola de color rosado, mallas de red, zapatos de taco y un suave vestido corto y sin mangas de un impecable blanco. Además, había una nota:

Gatita, acomoda el plug en tu preciosa entrada a las diez en punto, cuando termines de vestirte. A esa hora estaré llegando con un invitado, estoy seguro de que lo disfrutarás. Quiero ver cómo te diviertes con otro antes de castigarte, eres una gata traviesa y caliente. No dejes de pensarme, recuerda que soy tu tigre.

Weston no pudo evitar sonreír. Había tomado una decisión que no sabía por qué no pensó antes, si era muy fácil, y que le hubiese evitado tantos malos ratos. Mataría a Harry y adoptaría a un niño ya grande, para enseñarle sobre sus negocios junto a Louis, y serían una hermosa familia.

Después de almorzar en soledad, se dedicó a revisar varios documentos. Estaba más que arrepentido de haber puesto toda su fortuna a nombre del estúpido omega, por eso ahora tendría que matarlo. No era primera vez que se mancharía de sangre las manos, pero le daba mucha flojera tener que hacerlo en su casona tan bonita.

Apenas llegó Harry, pensó que era un tiempo ideal para cumplir su propósito, ya que no tendría testigos.

—Llegas tarde, —dijo molesto.

—A esta hora llego todos los días alfa, —contestó sonriendo.

—No volverás a salir de la casa, ya me harté de que andes de suelto por ahí, mis amigos me han comentado el ridículo que estoy haciendo. ¿Cuándo vas a entender que eres solo un omega, y uno bien poca cosa?

—Pero alfa, no sé qué está mal conmigo, solo quiero que seamos felices... —Intentó explicarse, pero a cambio recibió una cachetada.

—No quiero escucharte más, voy a matarte porque ni para preñarte sirves, —dijo tomándolo del brazo y arrastrándolo por el pasillo.

—Alfa, no alfa, hablemos, dime qué puedo hacer y te juro que lo hago... Alfa, por favor escúchame... —Rogaba llorando de miedo.

—Mira infeliz, puse toda mi fortuna a tu nombre y ahora estoy arrepentido, necesito mi dinero para otra cosa, y solo puedo matarte para recuperarla.

—Pero alfa... Te la devuelvo, vamos a la notaría mañana, yo no quiero tu fortuna... —Estaba a punto de desmayarse del pánico.

Weston lo tiró en el piso y lo miró. —Más te vale que me devuelvas todo maldito omega, o te mato. Ahora desnúdate, te voy a follar.

Harry comenzó a arrastrarse hacia atrás, con una palidez en su rostro que asustaba. —¿Puedo bañarme primero? Estoy todo sudado y huelo horrible, —suplicó.

—Que no idiota, sácate la ropa y déjate de joder, —habló acercándose y volviendo a arrastrarlo ahora hasta su habitación.

Harry sin poder evitarlo, comenzó a llorar, mientras se desvestía lo más lento que podía.

—Alfa, por favor, así no...

—¡Por una mierda!, —gritó, lanzándose a desgarrar la polera, el pantalón y la ropa interior del omega. —¿Por qué no lubricas baboso? Peor para ti si te desgarro, —habló con odio.

Se bajó los pantalones y trató de masturbarse un poco para endurecer, pero la visión de Harry solo le daba asco.

—Weston, conversemos, no quiero que estemos así... —Volvió a intentar calmar las cosas.

—Ni para calentarme sirves perra inmunda, —masculló mientras comenzaba a golpearlo, hasta que le dolieron los puños. Harry quedó inconsciente encima de la cama, desnudo, con su cara llena de sangre y su cuerpo con hematomas y contusiones. —Ojalá y te mueras, —dijo escupiéndolo.

Eran ya pasadas las nueve y media de la noche cuando Weston se metió a la ducha. Pasó el cremoso jabón por toda su piel, lavó su pelo con dedicación, incluso se afeitó las piernas. Se secó con cuidado, y se colocó el vestido, las medias y los tacones, y finalmente acomodó las orejas sobre su pelo. Así caminó por la casa, para ir a buscar una botella de vino o de champagne, hielo, quizás algunos bocadillos. Le costaba moverse, porque estaba excitado, intentaba con toda su voluntad no eyacular, pero le estaba costando demasiado. Preparó una bandeja con tres copas, esperaba que el acompañante de Liam, su tigre, fuera también atractivo y le hiciera sentir bien. Quería mostrarse como un buen amante, para encandilar al alfa de sus sueños.

Dos minutos antes de las diez, fue a buscar el plug, y con un poco de lubricante que encontró al fondo de uno de sus cajones, logró meterlo en su muy apretada entrada. Tuvo que bajar su ropa interior para desahogarse, y limpiar los retos de semen que se dispararon, así no podría dar una buena impresión, se puso nervioso y un poco angustiado.

Se sentó a esperar en el sofá del living, había olvidado las instrucciones, pero la película en la televisión estaba en su mejor parte.

Por la parte trasera de la casa, entraba Louis, con un gorro hasta las orejas, vestido de manera estrafalaria, con shorts a lunares rojos, sudadera blanca con rayas amarillas, y grandes zapatillas. Su acompañante, de discreto negro y una maleta, también con un gorro y anteojos.

Al llegar a la habitación del matrimonio, Louis estuvo a punto de romper todo y quemar la ciudad. Su amado Harry en condiciones horribles, sangre y desnudez, dolor y miedo en su rostro. Lo cubrió con una sábana y se aseguró de que estuviera respirando, esto cambiaba todos sus planes.

—¿Qué te parece usar el living? —Le preguntó a su invitado.

—Ya sabes, me da igual si es una cama o el suelo más duro y sucio, —contestó con la mirada perversa.

Aparecieron en la sala, y Louis tuvo que hacer el mayor esfuerzo de su vida para no darle un buen golpe a Weston, que estaba ridículo en su disfraz.

—Oh gatita, te ves tan sexy, —dijo con una voz grave y lenta. —Mira, él es Lucifer, estará encantado de ser parte de esto.

—Eres una hermosa gatita, —habló el invitado. —Quiero escucharte ronronear mientras te como el culo. —Era una voz aguardentosa, pero que para Weston era lujuria total.

El alfa disfrazado estaba mudo. Miro con dedicación al invitado y era un hombre muy atractivo, de piel morena y mirada más que intensa. Tenía un apretado conjunto de polera sin mangas y jeans. Se quitó los zapatos y se sentó en el sofá.

—Ven acá preciosa, —pidió tocando sus muslos, su aroma a albahaca inundaba el lugar.

Con dificultad, Weston lo hizo, sentándose apenas debido al plug en su ano que lo hizo gemir.

—Quiero solo escuchar ronroneos bebé, —exigió Louis, desesperado por ir a ayudar a su omega. Pero como no podía aún, se dedicó a tomar algunas fotos, mientras le sonreía coquetamente.

Pronto se escucharon las primeras nalgadas, y los fuertes maullidos, haciendo que Weston se corriera rápidamente. Volvió a hacerlo cuando Lucifer chupó todo el borde del plug y lo movió fuerte, abriéndolo y desesperándolo. Luego estuvo de rodillas, intentando meter en su boca el miembro impresionante del alfa dominante, pero resultó imposible, solo podía lamerlo y usar sus manos para masturbarlo. Hacer eso le dio otro orgasmo y su cuerpo estaba débil ya.

—¿Qué les parece si hacemos un brindis? —Interrumpió Louis, que había evitado mirar el espectáculo, por temor a vomitar. —Esta es una ocasión especial, —dijo entregándoles una copa de vino blanco para Weston, y una de coñac para Lucifer y para él.

Bebieron entre sonrisas sucias, pero el invitado tenía necesidad de más, así es que rápidamente acostó a su presa para devorarlo y llenarlo de marcas por todo su cuerpo, sin sacarle el vestido.

Louis salió en silencio, sin avisar, para correr a la habitación. Harry seguía en la misma posición y no despertaba, por más que le habló. No podía tocarlo, aunque sus manos le quemaban por darle un poco de cariño y sacarlo de ahí, para cuidarlo y mimarlo. Fue inevitable llorar, pero debía terminar con sus planes, era ahora o nunca. Dejó un pequeño beso en las manos de Harry y volvió a la sala, donde escuchaba los, ahora, gritos de Weston que estaba siendo follado duramente en el piso.

Preparó una nueva copa de vino y se acercó. Miró fijamente al alfa siendo sometido, y le ordenó:

—Bebe gatita, eres una cosita preciosa, tan buena, tan sensual... Tengo ganas de metértela hasta que llores de placer.

En cosa de segundos Weston volvió a acabar, y tomó todo lo que Louis le ofreció, sollozando de tanta satisfacción. Sin dudar, ser un alfa pasivo era realmente maravilloso y lo que quería para toda su vida. Lentamente, y casi sin notarlo, su mente empezó a sentirse confundida y un delicioso letargo se fue apoderando de su cuerpo. Estaba seguro de que era el cansancio después de acabar cerca de diez veces, ya no podía más y Lucifer parecía no agotarse jamás. Pronto estaba completamente inconsciente.

Aún en ese estado, con su cuerpo como un cadáver, seguía siendo penetrado cada vez con más dureza, casi desgarrándolo.

—Termina tranquilo, ya vuelvo, —le dijo a su acalorado invitado que estaba cubierto en sudor.

Volvió a acompañar a su precioso omega. Faltaba cerca de una hora para poder llamar a la policía, pero se estaba volviendo más que una tortura.

—Amor, —llamó despacio. —¿Puedes escucharme?

—Alfa... Estás aquí..., —contestó apenas, se le entendía muy poco.

—Tranquilo amor, ya queda poco, aguanta por favor... —Pidió llorando una vez más.

—Lo haré, soy fuerte... ¿Me das un beso?

—Sí mi amor. —Y lo besó, con tanta dulzura, que en medio de la sangre y de los golpes, Harry sonrió. —Vete, sé que estás en algo y puede ser peligroso.

—Ya nos veremos mi vida, muy pronto, te lo juro.

Salió botando todo el aire que tenía y llegó a la sala otra vez. Vio el cuerpo de Weston en el piso, y a su invitado vistiéndose. —Gracias por la invitación, fue todo un placer, —dijo Lucifer.

—Gracias a ti, hiciste muy feliz a este alfa. Tu pago está listo, en efectivo en un sobre en tu departamento, y recuerda, no nos conocemos.

—No hay problema, ya sabes, soy una tumba, por eso tengo tanta clientela. Me voy, nos encontraremos por ahí, —dijo saliendo con su maleta.

Louis se arrodilló al lado del cuerpo. —Eres un maldito bastardo, una mierda de alfa, —decía mientras inyectaba una dosis doble de heroína cerca de los testículos de Weston. Ya en el vino le había dado dosis altas de bótox y ricina, y la heroína sería el golpe de gracia. —Me hubiese encantado darte una muerte más a tu altura, algo así como cortarte en pedazos, freírte, marcarte con hierro... pero no se pudo, y tú te lo buscaste por infeliz. Jamás debiste tocar a Harry, no mientras yo estuviera en este mundo, —terminó de decir inyectando una nueva dosis, ahora de morfina. Buscó en una bolsa que le dejó Lucifer y sacó un choker de cuero blanco y con ayuda de unos guantes, se lo colocó a Weston, demasiado apretado y amarró sus manos con unas esposas de terciopelo. Evitó tocar de más, ya estaba lleno de semen y de marcas, y llevaba varios minutos sin respirar.

Se levantó, y sacó una muda de ropa. Se cambió, y buscó el celular del alfa para borrar los mensajes que se había enviado con Liam Malik y también el número. Aprovechó de leer otras conversaciones que solo le confirmaron que era un maldito infeliz.

Salió de la casa veinte minutos después, con la bolsa en la mano, y unos jeans azules muy sueltos y una capucha negra, lentes y una bufanda. No había nadie alrededor, era de madrugada ya y caminó muy tranquilo. Desde la esquina, llamó a una ambulancia, con un número diferente y dijo que era un vecino que había escuchado golpes y llantos en la casona.

Quince minutos después llegaba el servicio de urgencias y también la policía. Algunas personas se reunieron en torno a los autos, incluido Louis, que vio salir el cadáver de Weston cubierto hasta la cabeza. Casi se descontroló cuando vio a su omega tan golpeado bajo la luz de las farolas, antes de ser trasladado a un hospital cercano.

Se abrió una investigación por la muerte de Weston, pero una semana después se cerró. Era claro para la policía que su muerte fue provocada por un exceso de drogas y alcohol, sumado a que se encontró el informe médico de la última revisión del alfa, que hablaba de un fuerte cuadro de estrés. No parecían haber cabos sueltos y eso, sumado a que el alfa tenía muchos enemigos, facilitó que el caso se cerrara para siempre. No hubo ni una sola persona que lo lamentara.

Harry estuvo una semana en el hospital. Louis no pudo verlo ni una sola vez, hasta que finalmente fue trasladado a la casona que compartía con su esposo para seguir con un estricto reposo. Esa primera noche, el alfa se deslizó en silencio y con cautela hasta la habitación de su omega.

—Amor, mi amor... —Dijo Louis llorando, abrazando el cuerpo hermoso de Harry y volviendo a sentir ese aroma a menta que lo enloquecía. Se sentía tan perfecto, debido a que por la situación no estaba usando supresores ni perfumes; era como la primera vez, cuando lo conoció en la parada del autobús y supo que ese chico enfrente de él era su destino. —Lo siento, perdóname, lo siento...

—Alfa, estoy bien, no te disculpes, —susurró Harry en su oído, sintiendo cómo se sentía mejor solo con la presencia de su amado Louis. —¿Te vas a quedar conmigo esta noche?

—No me vuelvo a separar de ti amor, nunca.

—No pudiste esperar, ¿verdad? —Preguntó acariciando el pecho de Louis. —No sé si pueda perdonártelo, me quitaste la oportunidad de ver su cadáver.

—Soporté demasiado amor, no lo iba a hacer, pero cuando te vi todo golpeado... yo... —No pudo terminar, la angustia estaba en su voz.

—Lo sé alfa, lo sé, por favor no te angusties más, mírame, —pidió.

Ese momento fue el más especial que compartieron en muchas semanas, no habían podido tener tiempo de verdad para ellos, sin miedo a ser descubiertos, mostrándose cuánto se amaban.

—Harry, te amo tanto... —Habló primero Louis, mirándolo con ternura.

—Y yo a ti alfa... pero por favor, ya no te sientas mal. Estamos juntos, es lo único importante.

—Solo puedo hablarte, acariciarte y darte pequeños besos. Aún no estás recuperado amor, pero tendré paciencia y estaré aquí a cada segundo.

—No es necesario alfa, no necesi...

—Basta, —interrumpió. —¿Cuándo me vas a dejar mimarte, quererte? —Interrumpió casi suplicando.

—Lo intento, pero aún es difícil. Creo que tengo miedo de entregarme por completo y que después te pueda perder.

—Amor, eso no va a pasar, no te voy a dejar nunca, —dijo perdido en el cuello de su omega. —Dios, cómo amo tu olor... Eres solo mío, no volveré a permitir que te expongas ni que alguien te mire, eres solo para mí...

—Lo soy desde la primera vez que nos vimos, aunque me costó y me cuesta a veces aceptarlo... No es porque no te ame, ¿lo sabes?

—Lo sé amor... Cuando me dejaste pensé que iba a morir, pero nunca más, no lo vuelvas a hacer... ¿Por favor?

—Te lo prometo mi alfa hermoso, —sonrió. —Tenemos que decidir algunas cosas... —Dijo un poco más serio. —Voy a vender esta casa y las empresas, y luego te pediré matrimonio.

Louis lo besó. —Amo que seas único, siempre tan lindo amor.

—¿Recuerdas cómo empezó todo? —Preguntó bajando la voz, haciéndola más cálida. —Fue un día lunes, ya era tarde, estaba en el paradero del bus. Un aroma a tabaco me inundó y te busqué... Nunca imaginé que te verías así, tan atractivo, varonil, todo precioso en esa sudadera verde, pero tu rostro reflejaba pena, igual que el mío. Sin saberlo en ese momento, nuestras familias habían sido asesinadas el mismo día, con dos horas de diferencia, —relató Harry. —Tus padres fueron decapitados, los míos mutilados y lanzados al mar, todo por dinero, a pesar de que nunca hicieron algo indebido.

—Apenas sentí tu aroma a menta me enamoré, y cuando nos miramos supe que tenías que ser mío y te convencí de aceptar un café. No nos volvimos a separar, y en medio de nuestras conversaciones, descubrimos que el asesino de nuestros padres era Weston, la policía lo sabía también, pero necesitaban más pruebas. Ideaste este plan para que le quitáramos el dinero que nos pertenecía...

—...Pero apareció el alfa dominante y posesivo y lo mataste solo en vez de hacerlo los dos. —Interrumpió el omega.

—No empecemos de nuevo amor, ¿sí? —Dejó un beso en su mejilla.

—Es que no es justo haberme expuesto y no poder ver su cadáver, —dijo molesto.

—Lo hice vestir de mujer, lo hice maullar, traje a alguien que le folló hasta los sesos... Tengo imágenes y videos, necesitaba un plan B en caso de que el infeliz no se muriera. Entiendo tu frustración de no verlo tieso en el suelo, lleno de semen y escupitajos y también sé, que nada, ninguna muerte podría equiparar el daño que nos hizo, no solo a nosotros, a tantas familias que eliminó y torturó para robarles sus fortunas...

—Fueron meses de apenas tener para comer, de no saber a de dónde echar mano. Se supone que íbamos a matarlo entre los dos una vez que lograra que me transfiriera su dinero, y así tendríamos la oportunidad de darnos un poco de tranquilidad, y de verdad me duele que no me hayas dejado verlo agonizar..., solo porque no aguantaste que las cosas se pusieran difíciles.

Louis se separó, y se sentó al lado de Harry y lo miró duramente. —Jamás debí aceptar ese plan ni permitir que te pusieras en riesgo así. Por Dios Harry, ¡casi te mata a golpes! ¿Entiendes eso? Estuvo a punto de violarte, te maltrataba... Recordarlo me hace querer acabar conmigo porque nunca debí acceder a esto... Me voy a arrepentir hasta el último día de mi vida. —Terminó ofuscado y desgarrado de pena.

El silencio los abrazó por varios minutos, cada uno tenía una pelea en su interior. Se amaban, se necesitaban, y era el momento de decidir si seguir anclados en ese pasado doloroso que marcó sus vidas, o empezar de nuevo, intentando recuperarse en los brazos del otro.

—Alfa, lo siento, solo necesito tiempo para procesar todo esto.

—Lo sé, lo sé... También necesito tiempo, —contestó abrazándolo de nuevo, siempre buscando su olor.

—Cuando pueda levantarme de esta cama, quisiera poder devolver el dinero a las otras familias, pero no sé cómo hacerlo.

—Yo sé cómo. Encontré una lista de víctimas de Weston, y por lo menos a la mitad los conozco, sin saber que también pasaron por una historia parecida. No me interesa volverme millonario con ese dinero, solo tomar lo que les pertenecía a mis padres.

—Pienso igual, —dijo sonriendo. —Me gustaría vivir en el lado opuesto de la ciudad, irme de acá.

—Hay un barrio hermoso por East Ham, sé que no es tan central, pero quizás, ¿te gustaría? Nos quedaría a una media hora del hospital...

—Me encantaría cambiar de aire alfa, sobre todo si vas a estar conmigo.

—Entonces eso haremos amor. Voy a empezar con los trámites y hablar con mi abogado para ordenar este enredo de plata y poner en venta esta casa. Quiero que nos vayamos lo más rápido posible. —Besó los afelpados labios de Harry con un poco más de intensidad, estaba embriagado con su olor.

De pronto, y sin saber my bien por qué, comenzó a buscar la ropa de Harry y la marcó. Pensó en un primer momento que era porque nunca pudo hacerlo, Weston no podía sentir el aroma a otro alfa, pero ahora era distinto. Por fin podría gritarle al mundo que ese omega era suyo.

Harry lo miraba con una tierna sonrisa, mientras sus manos acariciaban su vientre. —¿Qué haces alfa?

—No lo sé, solo quiero marcarte completamente con mi olor, toda tu ropa, todo tú... —Contestó mientras se movía de un lugar a otro. Cuando se calmó, se dio cuenta de que había hecho un nido y su corazón se detuvo. Miró a Harry que estaba más hermoso que nunca, con un brillo distinto y lo supo. —¿Es verdad? —Su voz sonó rota por completo.

—Lo es mi alfa hermoso, tendrás que aprender a compartirme, —y sonrió.