Our Forever: A short story

Summary

¿Pueden ellos curar sus heridas antes de embarcarse en la paternidad? ¿Puede Jeonhe confiar en su esposo? ¿Mingi será capaz de asumir la responsabilidad emocional que necesita Jeonhe? Te invito, querido lector, a esta historia corta de resiliencia. De sanación. De empezar otra vez.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El anillo dorado rodeaba su dedo anular como una pieza de joyería cara. El traje blanco se ajustaba a la figura de sus cinco meses de embarazo dejandole respirar de cierta manera aunque se veía etéreo a los ojos de los demás. Él se veía horrible. Se sentía como si fuera un criminal directo a su juicio por asesinar a la mascota de alguien.

-- ¿Princesa?

Alzó la vista hacia la voz de su prometido. Mingi le miró con ojos tan tristes que supo instantáneamente que así se veía. Triste y desolado. Escuchó los pasos de sus padres acercarse junto a sus suegros y su corazón cayó mucho más de lo que podía. Estaba casado. Había cumplido su propósito en los últimos años de su vida y, ahora, se sentía completamente vacío. Veinte años preparandose para ser el esposo de un hombre Kim. Mingi se arrodilló frente a él tomando sus manos sudorosas y acarició su rostro tratando de enviarle la tranquilidad que no sentía.

-- Hemos hecho lo correcto, princesa – dijo Mingi – Estamos juntos ahora.

-- ¿Ella también formará parte de nuestras vidas o serás monogamo?

Mingi tragó saliva ampliando los ojos en pánico. Él lo sabía desde el principio. Se lo dijo a Mingyu y a Wonwoo pero, ni ellos ni sus suegros le habían creído. Pero, él lo sabía. Mingi tenía a otra persona, una mujer que calentaba sus sábanas mientras su esposo embarazado esperaba un simple abrazo. Quería llorar pero no podía arruinar el día más feliz de su vida.

-- Jeonhe..

-- No te preocupes que no estorbaré más – prometió en una sonrisa dolorosa – Me quedaré en mi habitación hasta que nube nazca y después me mudaré a Incheon. No hay necesidad de que vivamos como una pareja casada.

-- No es el momento para hablar de esto, Jeonhe – sentenció Mingi alejandose de él – Vamos a casa.

El viaje hasta la mansión Kim fue tan doloroso como él había previsto que sería. Era diciembre y, mientras el mundo celebraba la llegada de la época navideña, su interior estaba deprimido. Llevaban varios días de fría nieve y verla desde la ventana de la casa era reconfortante.

Antes de todo el desastre que había cambiado su vida, esta era su época favorita del año. Mientras la nieve enfriaba el mundo la calidez en su pecho siempre estaba ahí presente. Recordó la sensación de sentir los copos de nieve en sus palmas, el frío colándose por sus mejillas y sonrió por primera vez desde esa mañana. Sus recuerdos más felices siempre estaban mezclados con la fría época del año.

El auto dobló por el camino de roca llevandolos a la imponente casa que lo albergaría los próximos meses. Suspiró enterrando sus nervios bajo una fría máscara de indiferencia mas la sensación inquieta no se aparto de su pecho. Pocos segundos después entendió el porqué.

El cabello negro le caía hasta los hombros. Llevaba un polo rojo burdeos que acentuaba su estrecha cintura cubierta también por un largo abrigo de piel. La falda y medias negras iban a juego junto a las botas ugg negras. Pero fue su mirada la que la delató. Era ella y era hermosa. Su pecho se estrujó y su corazón sangró profundo. Lo supo en sus huesos con una sensación horrible que agüo sus ojos azules.

Mingi salió primero y le abrió la puerta quedandose a su lado. Tomó su mano con dedos entrelazados y juntos caminaron a la casa. Por un momento pensó que Mingi los presentaría pero, entraron huyendo del frío que parecía endurecerse más. Él bajó la vista con las alas caídas.

-- ¿Qué pasa, cariño? -- preguntó Wendy frunciendo el ceño -- ¿No te sientes bien?

-- ¿Puedes llamar a Wonu? -- solicitó en un murmullo que sorprendió a todos los presentes – Por favor.

Wendy asintió tomando su teléfono inmediatamente llamando a su yerno. Jeonhe tomó la mano de Mingi y se fundió entre sus brazos como había hecho durante tantas noches en su vida. El corazón de su esposo latía apresurado mientras le estrechaba hundiendo su nariz en su cabello. Era un gesto más allá de lo romántico que siempre lograba ahuyentar las inseguridades en su interior.

-- ¿Mejor? -- preguntó Mingi con dulzura buscando su mano con el brillante anillo dorado – Ahora eres mío.

-- Siempre lo he sido – afirmó buscando sus ojos marrones como quién busca el sol en invierno -- ¿Tú eres mío?

-- Por el resto de mi vida.

Fue Mingi quien unió sus labios en un beso que le robó el aire. Enredó sus brazos en su cuello atrayendolo más cerca y abriendose para él como la flor más hermosa se abre para su dueño. Sus lenguas danzaron juntas unidas en un baile celestial que tenía a Jeonhe sonrojado.

Un carraspeó detrás de ambos interrumpió el beso pero, separarse fue lo más dificil. Para él, Mingi era como la fuente de agua en medio del desierto. Era dulce, suave, amable y el hombre más hermoso que sus ojos habían visto. Su corazón latía por el hombre moreno y su cuerpo anhelaba que este lo tocara, lo explorase y lo mirase con el mismo deseo ahora que llevaba a su hija en su vientre.

-- Espérame despierto esta noche – susurró en sus labios hinchados y húmedos – Tenemos que celebrar nuestra noche de bodas.

Jeonhe asintió sonrojado y Mingi depositó un beso en su frente antes de mirar a su hermano y cuñado detrás de ellos sonriendoles. Jeonhe se giró y alzando la mano con alegría abrazó a Wonwoo lo mejor que su barriga le permitía.

-- ¡Felicidades hyung! -- chilló Wonwoo abrazandolo también – ¿Cómo te sientes ahora?

-- Soy más feliz de lo que era hace unos meses – confesó en voz baja -- ¿Me acompañarías a tomar el té?

-- ¡Claro que sí! -- asintió Wonwoo – También te tengo un regalo.

Aquello le sorprendió pero sonrió. Su relación con Wonwoo había cambiado muchísimo en todos los buenos sentidos. Después de que este lo acompañase en el hospital, secara sus lágrimas y sostuviera sus manos juntas, él le dió una sincera disculpa por como le había tratado. No era que él estuviera celoso de su relación con Mingyu, simplemente estaba muy dolido. Wonwoo le había perdonado y se había convertido en su mejor amigo, compitiendo incluso contra Jeonghan. Aunque de una forma diferente, ambos habían compartido la misma historia y, a pesar de que eso no quitaba lo bastante malo que fue el rubio, habían hecho las paces y estaban con la persona que querían en realidad.

Al final, él tenía que agradecer a Wonwoo por aparecer en su vida y lo había hecho. Wonwoo era su confidente, la única persona que veía más allá de su tristeza y él único que le creía cuando decía que Mingi tenía a alguien más.

Tomando sus manos besó a su esposo en la mejilla y subió a su habitación con Wonwoo contandole acerca de una nueva cafetería a la que deberían ir pronto. Él aceptó realmente emocionado por salir de casa y respirar aire fresco.

-- Entonces... -- comenzó Wonwoo una vez que entraron y cerraron la puerta de la habitación -- ¿Qué sucede?

-- ¿Viste a la chica? ¿La del polo burdeos? -- Wonwoo asintió y su sonrisa cayó cuando se dió cuenta de lo que él quería decir – Sí, es ella.

-- ¿Cómo se atreve a traerla aqui? ¡Es el día de su boda! -- gruñó el pelinegro y él se encogió de hombros – Espera, yo sé quien es ella. ¡Ella es la nueva pasante de la empresa!.

-- Ah.. Eso explica su presencia aquí.

-- ¿Quieres que la saque de aquí?

-- Solo le daría más razones a Wendy para decir que estoy viendo fantasmas donde no los hay y, por primera vez, no quiero eso para hoy – suspiró sentandose en el rellano de su ventana – Me dijo que le esperase hoy despierto porque celebraremos la noche de bodas. Y me besó, Wonu. Como mi Mingi y eso me ha encantado y herido al mismo tiempo. Dijo que era mío por el resto de su vida pero, ¿él lo es? No quiero desconfiar de mi propio esposo, ya no más.

-- Tienes razón. Lo siento, mi pregunta estuvo fuera de lugar – se disculpó sentándose junto a él -- ¿Qué quieres hacer?

-- Darle una oportunidad a mi matrimonio. -- aseguró perdiendose entre la nieve que había caído – Mingi es... es el amor de mi vida. Llevo años deseando con todas mis fuerzas poder gritarle al mundo que él era mío, que encendía mi piel con solo un simple toque. Años, Wonu. Y sé que, si es cierto que me engaña me dolerá en el alma pero, no quiero preguntarme toda la vida si es mi inseguridad la que habla y no me permite ser completamente feliz.

-- Hyung... ¿Cómo se conocieron tú y Mingi? -- curioseó Wonwoo y supo que sus ojos brillaban de la emoción – Cuentame.

Una sonrisa se pintó en su cara con el recuerdo y sus mejillas se sonrojaron al recordar con alegria la primera vez que Mingi y él se habían visto.

Tenía quince años cuando toda la familia Kim se había reunido con su familia en Finlandia. Era primavera por lo que aún había frío pero, eso no le quitaba el atractivo a la nueva estación. Siempre supo que se casaría con Mingyu pero, aquel año, los dos hermanos habían cambiado. Mingyu siempre fue más atractivo que Mingi. Su piel brillaba, su sonrisa era arrebatadora y sus rasgos masculinos se habían acentuado muchísimo más.

¡Incluso había crecido unos centímetros!

Sin embargo, aún tenían una altura similar. Mas fue aquel año en el que sus ojos se desviaron por primera vez hacia su cuñado. Mingi era mucho más alto de lo que debería para sus diecisiete años. Su cuerpo comenzaba a tonificarse por los ejercicios físicos que hacía y, oh su mirada se había vuelto más dura. Sus hombros se habían anchado y él mismo se preguntó si algún día Mongyu se vería como su hermano. Él había intentado no recorrerlo con la mirada descaradamente pero había sido imposible.

Le había llamado la atención más que su propio prometido y aquello era inaceptable. Solo era un adolescente pero, su cuerpo parecía el de un adulto. “Él es mi hermano mayor Mingi” había dicho Mingyu y el mayor le había estrechado la mano. Sus mejillas se encendieron tímidas y sus ojos brillaron contra los marrones. Oh, le había gustado tocarlo. El calor de su mano había erizado su piel pero Mingi no le había sonreído y eso le había herido en el orgullo un poquito.

¿Significaba que no le gustaba para su hermano? Él lo descubrió años más tarde por supuesto.

Recordar esa primera vez siempre le ponía de un humor agradable. Tantos que habían pasado escondiendo lo que sentía que, ahora que podía vivirlo libremente, le sentaba duro.

Wonwoo suspiró encantado con la historia y empujó su hombro juguetón. Siempre le había gustado el mayor. Él sabía que estaba destinado a un Kim pero no al que sus padres querían.

-- Hyung, tengo que irme ahora – Wonwoo hizo un puchero triste levantandose – Dejé tu regalo encima de la cama así que, espero que esta pequeña te deje disfrutarlo esta noche.

Asintió con algo de vergüenza observando la caja azul encima de la cama. La abrió después de que Wonwoo prometiese visitarle nuevamente esa semana y un jadeo escapó de sus labios. Era un camisón de seda semitransparente. La tela se deslizó por sus dedos con suavidad y él supo que le encantaría usarlo esa noche y todas las que vinieran. Lo guardó en su closet escondido entre la ropa que ya no podía usar por el embarazo y salió hacia el despacho de su esposo. Tenía algo de hambre y quería saber si este le complacería en cenar con él.

Se detuvo nervioso antes de girar el pomo de la puerta. Llenandose de seguridad y valor por primera vez desde esa mañana, giró la puerta y entró a la calida habitación. Tragó saliva escaneando la habitación hasta que su cuerpo se paralizó horrorizado. Todas sus sospechas se acababan de confirmar en ese momento y él solo estaba ahí de pie observando la grotesca escena.

Aclaró su garganta llamando la atención de la pareja y cuando Mingi se volteó sus esperanzas de tener un matrimonio feliz cayeron al suelo hecha pedazos. Los arañazos en su espalda eran la prueba del acto. La mujer trató de hacerse más pequeña y esconderse mas él con toda la dignidad que le quedaba la detuvo.

-- Mingi – pronunció con voz firme – Tenemos veinte minutos para que Wendy nos llame a cenar. Espero que te duches y abras la ventana para que circule el aire.

-- Jeonhe..

-- Ahorrátelo, cariño – bufó alejando las lágrimas de su rostro – Saca a tu amante de mi casa o juro por Dios que nunca en la vida verás a tu hija.

Salió hacia su habitación trancándose con llave. Miró a la caja del regalo y comenzó a llorar de la impotencia. Lo sabía, sus instintos se lo habían dicho y ahora le dolía más que antes. Había sido como quitar una venda a sangre fría en una herida que no había cicatrizado. Lloró. Porque ahora los recuerdos felices se habíam empañado para siempre. Porque el día más feliz de su vida había sido el más triste de todos.

Y finalmente, lo entendió.

Mingi no lo amaba a él, si no a la idea de tenerle mientras era de su hermano. Se sentía como un objeto que había pasado de un hombre a otro pero, mientras a uno lo queria como un buen amigo, al otro lo amaba como a nadie.

-- Jeonhe abre – la voz al otro lado de la puerta suplicó – Por favor. Debemos hablar.

En eso tenía razón. Pero él, se vengaría. Cambió su ropa por aquel camisón que Wonwoo le había regalado alejando las lágrimas de tristeza dió bienvenida a la ira dolorosa que ardía en su pecho. Abrió la puerta exponiendose ante su esposo y tomó asiento en el tocador cruzando las piernas lo mejor que pudo.

-- ¿Te has duchado? -- preguntó con voz firme y el hombre asintió – Entonces puedes sentarte en la cama.

Por primera vez, Mingi se veía desolado. Desprendía una tristeza que a él le rompió el corazón pero no podía olvidar el error grave que este había cometido el día de su jodida boda.

-- Lo siento.

-- Deberías – gruñó enojado – En nuestra noche de bodas, Mingi. En la casa en la que estamos viviendo. ¡Por el amor de Dios! ¿No podías terminarlo un día antes o elegir otro lugar al que ir a follartela? ¿Tan poco te importa tu hija o yo? ¡Firmaste para ser mi maldito esposo hoy y te comportarás como tal!

-- Yo..

-- Tienes cuatro meses para hacer las cosas diferentes, Mingi. Cuatro meses. Si en cuatro meses sigues siendo el niño inmaduro que eres, me iré de esta casa con tu hija y jamás la verás. Ni tú ni tus padres, juro por Dios que lo cumpliré esta vez. Te amo con todo mi corazón pero no voy a tener un marimonio infeliz ni voy a perdonar tus infidelidades – advirtió – Ni por un segundo pienses que le daré a mi hija una familia disfuncional solo porque las inseguridades de su padre son demasiado grandes que se refugia en una relación extramarital. Así que junta tu mierda y sal de mi habitación.

Mingi se levantó yendo hacia la salida pero se detuvo por sus últimas palabras.

-- Dijiste que eras mío por el resto de tu vida – dijo Jeonhe apartando sus lágrimas – Parece que nunca lo has sido de verdad. Si no me quieres a tu lado puedes decírmelo con sinceridad y me apartaré de tu camino pero, por favor, no traiciones mi confianza de nuevo. No te perdonaré dos veces el mismo error.

Se dejó caer en la silla cuando la puerta se cerró. Esta vez, él no detuvo sus lágrimas sino que dejó que estas lavaran el dolor y la traición de su garganta. Envió una plegaria al cielo para no equivocarse por segunda vez.