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Jungkook
HACE CINCO AÑOS
—Mamá?
En lugar de una respuesta, lo único que obtengo es una sensación nauseabunda en la boca del estómago.
—Mamá, tengo que irme —intento de nuevo, esta vez dando un paso hacia la habitación a oscuras. Me aseguro de decirle que tengo que irme, de insistir en que no es decisión mía dejarla.
Por lo que parece ser la centésima vez en lo que va del día, pienso en mi padre y siento asco por él.
—Mamá... —Me trago la súplica, las palabras que sé que realmente no escuchará.
Cuando me empieza a arder la garganta, enderezo la columna y doy un paso atrás. Ella no necesita la carga de mis emociones. Ya tiene bastante con las suyas. Así que me conformo con terminar de despedirme.
—Te amo. Te veré en unos días, ¿está bien? Te llamaré. Intenta contestar... —Miro su mesita de noche para asegurarme de que su teléfono está enchufado. No quiero que se apague—. Hay comida en el congelador —Sin respuesta, sin ninguna garantía de que se molestará en levantarse y comer algo. Lina, nuestra vecina de al lado, ha dicho que vendrá una vez al día, y aunque pedir ayuda me pone enfermo, es un alivio.
Ella se asegurará de que coma algo. Y una parte demente de mí piensa que estará aquí si mi madre...
Ni siquiera debería irme. Ella me necesita aquí. Mi padre no lo entiende. Me hace dejarla porque no sabe lo mal que se han puesto las cosas, el tipo de daño que él ha causado. Probablemente ni siquiera le importe.
Todavía no sé si estoy haciendo lo correcto callándome. Pero entonces pienso en decírselo a él, la única persona que conozco y que se supone que debería ayudarme, y sé que no sería bueno. Me llevarían, sólo tengo dieciséis. Simplemente tengo que aguantarme y esperar un par de años más.
Pero Dios... Estoy tan cansado.
—Está bien, mamá —suspiro—. Estaré en casa pronto.
No se mueve. Se queda allí, un bulto sin vida bajo las sábanas en su oscura habitación, y simplemente no se mueve.
Puedo escucharlo tocar el claxon mientras entro en la sala de estar, y eso disuelve cualquier pena que estuviera sintiendo. Algo feo y visceral ocupa su lugar, algo duro y afilado. Algo más fácil. Jodidamente lo odio. Y los odio a ellos tanto como a él. A mi madrastra y a su hijo.
Sé que es culpa de mi padre, y no debería culparlos a ellos, a la familia a la que tanto se esfuerza por imponerme. Él era el que tenía una obligación con mi madre. Pero ella sabía que estaba casado. Hay que ser una mierda de persona para romper una familia así, para sólo quitarle a alguien su esposo y su padre. Y Jimin... simplemente me enfurece.
Ya ni siquiera quiero a mi padre, pero aún me molesta que Jimin lo tenga todos los días. Que pueda ver las partes de él que no son una mierda. Que vea a mi padre hacer feliz a su madre.
Yo solía tener eso. Ahora, estoy obligado a ver lo que queda, el después. Después de que él la rompiera.
Vuelve a tocar el claxon, lo hace durante un tiempo insoportablemente largo y mi mano se detiene en el pomo de la puerta. No me siento del todo bien, pero no sé si es un resfriado o la sensación de pavor que suele provocar marcharme. Pero tengo frío y calor a la vez, estoy tan cansado mientras permanezco aquí en la miseria, la puerta principal es lo único que me impide verlos. La nueva y mejor familia de mi padre.
Inhalo profundamente, aspirando mientras me limpio una gota de sudor de la frente antes de finalmente abrir la puerta. Mi padre está sonriendo, pero no sé por qué.
Quizá porque ha ganado. Soy lo suficientemente mayor como para poder decidir con qué padre quiero pasar el tiempo, pero él me ha amenazado más de una vez con llevar a mi madre a los tribunales si no voy con él, y sé que ella no podría soportarlo. Probablemente ni siquiera se presentaría.
Así que aquí estoy, caminando hacia él y sintiendo cómo mi sangre se espesa hasta convertirse en algo sólido, algo que me pesa cada vez más a cada paso que doy. Me cuesta respirar. Siempre me cuesta respirar, como si mis pulmones estuvieran operando en modo manual y si no tomo la decisión consciente de hacerlo, simplemente no lo haré.
Tengo que apartar la mirada de su rostro, no quiero que vea lo mucho que me repugna toda esta situación. Llevamos tres años así y no se ha vuelto nada fácil. Ni para mí ni para mi madre.
—Hijo, ayúdalo con sus bolsas.
Me confunde por una fracción de segundo antes de darme cuenta de que le está hablando a Jimin. Mis manos se aprietan en las correas de mis bolsas mientras él se apresura a escuchar, a ser el hijo obediente que mi padre siempre ha querido.
—Ya lo tengo, hermanito —digo mordazmente, usando las palabras que usó mi padre cuando nos presentó.
Se burla, su estúpida sonrisa que parece estar siempre presente en la compañía de mi padre desapareciendo, pero lo ignoro. Son sólo dos bolsas y soy más que capaz de meterlas yo mismo en el maletero.
—Tu cabello... —Es Yura quien habla cuando subo al auto—. La mancha blanca está creciendo. ¿Verdad, Sonwook? ¿No parece más grande? —Se gira en su asiento para mirarme, y yo hago lo que puedo para no mirarla con dagas en mis ojos. Pronto estallaré, pero evitar una pelea el mayor tiempo posible es lo mejor.
Muchas personas se fijan en mi piel y en lo que el vitíligo le hace a mi cabello, y ella no es una excepción. Saca el tema cada vez que la veo. Cada. Vez. Tengo dos parches de cabello blanco en la cabeza, uno justo en la línea de mi cabello para que todos lo vean en el instante en que me miran, y el otro en la nuca, y nadie me deja olvidarlo.
Extiende la mano como si fuera a tocarme y yo retrocedo. No puedo evitarlo, pero ¿qué demonios? ¿Qué le hace pensar que voy a dejar que me toque así?
—¡Lo siento! —Extiende la palma de la mano como si se hubiera acercado a un perro asustado o algo así, y eso sólo me molesta aún más.
—Jungkook —me advierte la voz de mi padre—. No empieces.
Abro la boca para decir algo, pero no sale nada. No le importa, no quiere oírlo.
—Borra esa expresión de tu cara —me dice, pero como aún no puedo hacer eso, giro la cabeza y miro hacia la ventana.
—Fue culpa mía —La voz de Yura es pequeña, me roe de una manera que pica. Es tan jodidamente falsa. Todos lo son.
—Ella ni siquiera hizo nada —defiende Jimin a su madre, y no me molesto en quitar la mirada sucia de mi rostro mientras lo miro. Ha expresado más de una vez que no le gusta cómo trato a su madre, pero no me importa. No sabe ni la mitad.
Simplemente sonríe todo el maldito tiempo mientras vive su feliz vida con su feliz mamá y mi padre. Entonces que se joda.
Mi padre intenta cambiar de tema. Suaviza su tono de voz mientras pregunta si quieren parar en algún lugar a comer. Jimin está aparentemente entusiasmado con eso, tiene todo tipo de opiniones.
—¿Jungkook?
—No me importa —Odia cuando digo eso, y antes de todo esto, no es algo que le hubiera dicho, al menos no en ese tono. Es una falta de respeto. Pero mi padre no es quien yo creía que era, y no se merece mi respeto.
—¡Vamos a Gino’s!
Me burlo, una vez más mirando a Jimin como si fuera un literal pedazo de mierda. Porque lo es.
—Ese lugar es asqueroso.
—Acabas de decir que no te importa dónde vayamos — resopla.
Aprieto los dientes. Acabo de decir eso.
—Eso no significa que quiera ganarme una intoxicación alimentaria.
—Tú no… nunca me he intoxicado allí. Kang y yo comemos allí todo el tiempo. Literalmente cada vez que venimos aquí.
Pongo los ojos en blanco. Está tan metido en el culo de su mejor amigo que es ridículo.
—Sí, bueno, tu novio no está aquí. Así que digo que comamos en otro lugar.
—Él no es mi... —cierra la boca de golpe, su cara poniéndose roja. Me hace sonreír, lo que sólo empeora su sonrojo—. No todo el mundo es gay, Jungkook.
—Eso es verdad —me encojo de hombros, ignorando la indirecta sobre mi sexualidad y el uso de mi nombre completo—. Pero tú lo eres. Por Kang —Vuelvo a girar mi cabeza hacia la carretera antes de que pueda responder.
Honestamente, lo digo en serio. Le gusta su mejor amigo un poco demasiado. Habla de él obsesivamente y lo mira con ojos de corazón total. Lo defiende a capa y espada cuando menciono al chico.
—Cierra la puta boca —me empuja, el impacto contundente y desconcertante.
—¿Qué demonios? Guárdate las manos para ti —le digo con desprecio, frotándome el hombro como si realmente pudiera quitarme ese toque. Supongo que heredó ese rasgo de su madre.
—¡Chicos! —espeta mi padre, y Jimin se queda quieto—. Jungkook, no me hagas darle la vuelta a este auto. Te dejaré en la...
—¡Bien! Hazlo. Eso es lo que quiero —Pero él sabe eso.
—Es lo que todo el mundo quiere —añade Jimin, y ni siquiera siento la necesidad de responder.
Es lo que todo el mundo quiere. No sé por qué mi padre insiste en arrastrarme a su casa, pero lo único que hace es meterme a su nueva familia por la garganta. Los obliga a aguantarme. Me obliga a verlos ser el tipo de familia que la mía solía ser.
Es doloroso. Es sofocante. Puedo sentir mi ritmo cardíaco acelerándose, la sensación familiar de hormigas arrastrándose por mi cara. No quiero dejar atrás a mi madre como él hizo. Fría y sola y ahogándose porque eso es lo que está haciendo ahora mismo.
—No quiero ir, Sonwook —Mi voz es temblorosa. No quiero. No quiero que esta gente escuche eso. Así que me clavo los dedos en el muslo, dejando que el agudo ardor me ancle. Me despeja la cabeza casi al instante, una muleta que no debería sentirme tan aliviado de tener—. Quiero quedarme en casa —Cierro los ojos y no puedo evitar volver a preocuparme por mi madre, que ha estado sola por apenas unos minutos.
No ha sido mucho tiempo en absoluto, pero es difícil lidiar con eso porque yo la dejé sola.
—Si quiere quedarse en casa de su madre, no veo por qué...
—No hables de ella —Mi voz es baja mientras le hablo sólo a Jimin, y no me siento tan duro como sueno. Pero mantengo los dedos apretados con fuerza contra mi pierna, una gota de sudor en mi frente y una frialdad que cubre mi piel, enfatizando cuánto duele. Cuánto me duele. Pienso en lo mucho que me gustaría sentir ese dolor como antes mientras mi respiración se hace más rápida, menos profunda.
Yura sube el volumen de la radio, como si eso fuera a hacer que mi padre dejara de despotricar. Pero está enojado, ya no dispuesto a darse la vuelta. Porque, por supuesto, ahora que sabe que eso es lo que realmente quiero, se opone a la idea.
—Jungkook —susurra Jimin, pero lo ignoro. Miro fijamente hacia delante, al respaldo del asiento de su madre, esforzándome por ignorarlos a todos: a él, a su madre, a mi padre y sus reprimendas—. Jungkook —me agarra la mano, y me sacudo bruscamente de su agarre.
—Para. De tocarme —¿Qué diablos es eso?
—Estás sangrando —Sigue susurrando, y quizá por eso tardo un segundo en entenderlo, pero cuando lo hago, mis ojos caen sobre mi regazo.
Oh. Debería haberlo vendado, pero han pasado unos días. No debería haber tanta. Muchas veces, no sangran en absoluto. Esto es... es mucho.
—Jungkook, tal vez deberías...
—Tal vez deberías meterte en tus propios asuntos —Espero que parezca molesto. Tal vez enojado.
Pero se queda mirándome de una forma que nadie me ha mirado en mucho tiempo. Como si estuviera preocupado. Me siento incómodo. Como que quiero pegarle un poco, pero no quiero llamar la atención hasta aquí.
—Está bien —me apresuro a decir, pero él no parece convencido—. No hagas de esto una cosa.
Tarda un momento, sus pensamientos son ruidosos mientras considera la situación, tan altos que ahogan el sonido de los míos. No lo entiendo. ¿Por qué siquiera le importa?
Después de un rato, asiente, moviéndose lentamente y, de nuevo, estoy confundido. Me siento aliviado, pero también... algo cercano a la inquietud. Tal vez decepcionado.
Nadie nunca se preocupa por mí.
Vuelve a mirarme la pierna, donde tengo la palma plana sobre la sangre que sigue filtrándose por la tela, y esta vez, sacude la cabeza.
—Jungkook está sangrando —dice en voz alta, con voz firme mientras aparta la mirada de mí—. Mucho… es su pierna.
Quiero enfadarme, pero sólo estoy... cansado. Estoy tan cansado.
Y cuando mi padre gira la cabeza para mirarme, respiro hondo con más facilidad que en los últimos años.