CAPÍTULO UNO
"Todo fue tan fluido, tan espontáneo, tan natural, que a ninguno de los dos nos pareció nada raro que de pronto mi mano estuviera en su mano, que nos miráramos a los ojos como dos adolescentes o dos tontos."
-Mario Benedetti
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Era una noche helada.
No sabía cuánto tiempo llevaba corriendo sin rumbo. Ya estaba demasiado cansada para continuar, y la tormenta de nieve que se desató en ese momento tampoco ayudó.
Lamentablemente, siento que mis fuerzas poco a poco van cesando. Estoy demasiado cansada para continuar, siento que mi cuerpo se hunde en la espesa nieve.
Ya no tengo fuerzas para levantarme, ¿y por qué seguir? ¿A dónde iría? Ya no tengo un hogar al cual regresar. Lo mejor sería quedarme y esperar hasta que la nieve cubra todo mi cuerpo y ponga fin a mi miserable vida.
Poco a poco la nieve la fue cubriendo por completo.
…………………………………………………………
Me desperté desorientada, sin tener la menor idea de dónde me encontraba. Por un momento pensé que esos tipos me habían encontrado.
Entonces, un hombre entró a la habitación.
Era alto, de aproximadamente 1,80 metros, con el cabello castaño largo recogido en un moño y tez morena. No parecía tener más de treinta años. Vestía de manera sencilla y traía comida en un cuenco. Se acercó a mí.
—Come esto. — dijo, entregándome el cuenco y sentándose.
Me miraba fijamente con una expresión sombría; a simple vista, daba miedo. Sin embargo, tenía unos hermosos ojos verdes, como dos esmeraldas. La profundidad de su mirada me hacía sentir incómoda; no estaba segura de si debía comer la comida o no.
— Puedes comer.— dijo, sin dejar de mirarme.
— Gracias. — Empecé a tomar la sopa que me trajo.
—¿Cuál es tu nombre?
—Mikasa Ackerman. ¿Y usted?
—Eren Jaeger.
—Eren, muchas gracias por haberme salvado. No sé cómo agradecerte…
—Mikasa, cuando te encontré estabas gravemente enferma. Pasaste una semana en cama, y tuve que darte de mi comida y agua.
—Yo no tengo dinero para pagarte.
—Mikasa, no hablo de dinero. Te propongo un trato: te ofrezco un lugar donde quedarte durante el invierno y comida a cambio de que tú pases la noche conmigo.
Además, necesitas medio día para llegar al pueblo más cercano y no creo que tengas un lugar a dónde ir.
Mis manos empezaron a sudar. No podía creer lo que me estaba sugiriendo. Por un momento pensé que era una broma, pero al ver su rostro tan serio no parecía ninguna broma.
— Te agradezco lo que hiciste, pero no soy ese tipo de mujer, Eren.— dije, dejando en claro que no soy esa clase de mujer.
—Piénsalo Mikasa; no es necesario que me respondas ahora.
Después de decir eso, se levantó de la cama y agarró el cuenco.
— Descansa, Mikasa.— dijo, y luego se retiró de la habitación, dejando a una Mikasa pensativa.
……………………………………………………..
No podía conciliar el sueño pensando en la propuesta de Eren. Por un lado, tendría un lugar donde quedarme durante el invierno y comida, pero a cambio tendría que entregarle mi cuerpo.
La idea de entregar mi cuerpo a un desconocido me resultaba terrible; además, jamás había tenido relaciones con un hombre.
Tan solo pensar en aquello me hace recordar lo que sucedió hace muchos años.
Aquella noche me di cuenta de que lo que alguna vez fue una familia feliz ahora ya no es nada. Solo quedaban resentimiento y odio hacia el otro. A causa de mentiras, mi familia se destruyó..
Recuerdo que cuando tenía 9 años, me desperté asustada por una pesadilla y decidí ir al cuarto de mis padres para buscar consuelo. Cuando me acerqué, vi que la puerta estaba entreabierta. Al intentar entrar, me encontré con una imagen inquietante: mi padre estaba encima de mi madre.
No entendía lo que estaba pasando y me sentía completamente confundida. Cuando vi a mi madre, temí que estuviera enojada por mi presencia, pero me sorprendió ver que no era así. En lugar de enojo, su mirada estaba llena de tristeza, como si me estuviera pidiendo ayuda. Aún recuerdo el dolor en sus ojos.
Solamente me fui corriendo a mi cuarto, quería olvidar lo que acababa de ver.
Después de años, finalmente comprendí lo que había pasado aquella noche y por qué mi madre cambió. Dejó de ser esa madre cariñosa que alguna vez fue y se convirtió en una persona que siempre estaba tan triste, que resentía a mi padre.
La desconfianza que tenía hacia los hombres y el temor de sufrir como ella sufrió me aterra.
Quería tener su primera vez con la persona que amará y la amará, no por beneficios.
A la mañana siguiente
Desearía que todo lo que estaba sucediendo fuera un terrible sueño, pero al darme cuenta en dónde estaba, no era un sueño, era su realidad.
Al parecer ya era tarde decidí bajar al comedor.
Cuando llegué al comedor vi un plato tapado en la mesa y encima una nota que decía.
“Mikasa:
Salí a cazar con oso, volveré más tarde, aquí te dejo tu desayuno y tu medicina tómala, también no toques nada, solamente descansa”.
Eren.
Solo me dediqué a comer mi desayuno y tomar la medicina, lavó su plato y se fue al cuarto a descansar.
Aunque no se sentía muy bien en quedarme sin hacer nada, pero él no quería que tocará sus cosas y no podía hacer nada al respecto.
Me recosté e intenté recuperar el sueño, ya que no pude dormir la noche anterior. Por más que lo intentaba, no podía; solo daba vueltas en la cama intentando poder conciliar el sueño.
Sabía que la razón por la cual no podía dormir era la propuesta de Eren. Una parte de mí decía que lo mejor sería aceptar; sin embargo, también tenía la opción de huir, pero era muy probable que no sobreviviría allá afuera. Por otro lado, podría ser encontrada por aquellos tipos y tendría que trabajar para ellos como prostituta, y mucho menos regresar a dónde sus padres, eso sería peligroso.
Había perdido la noción del tiempo pensando sobre qué debía hacer. Salí de mi trance cuando escuché que alguien tocaba la puerta.
Era obvio quién estaba detrás de la puerta, pero no quería abrirla. ¿Qué le diría? Seguramente vino a buscar una respuesta, y si fingía estar dormida, fácilmente se daría cuenta. Me armé de valor y decidí abrir la puerta. Todo el coraje que había reunido se desvaneció en un instante al verlo ahí, parado frente a mí. Llevaba un gran abrigo de piel de oso y sostenía una vela en la mano.
—¿Puedo pasar?
—S-sí.— dije titubeando, estaba muy nerviosa.
Puso la vela encima de la mesita de noche que estaba al lado de la cama. Luego se sentó en la cama y me indico que me sentará al lado suyo, cuando me senté solo pude mirar hacia el suelo, estaba nerviosa sobre lo que diría.
—Mikasa, pensaste en lo que te dije anoche.
— Sí.
—Entonces, ¿Cuál es tu respuesta?
No le quedaba más opción que aceptar, a pesar de que no se amaban. No tenía opción, prefería esto en vez de volver con mis padres. Solamente sería hasta que acabará el invierno y luego se iría.
— Sí, acepto tu propuesta Eren. — a partir de ahora ya no había vuelta atrás.
— Bésame, Mikasa.— dijo agarrando mi barbilla y haciendo que volteara a verlo.
— No puedo, yo no sé besar.— estaba muy sonrojada por su repentina petición.
—Entonces tendré que enseñarte.
Eren acercó su rostro al mío, nuestras respiraciones se mezclaban, y poco a poco sentí sus labios sobre los míos. Fue un beso lento, suave. Sentí sus manos en mi cintura, acercándome más a él. Mi corazón latía con fuerza y no sabía qué hacer con mis manos. Nunca antes había besado a alguien, y me sentía torpe e insegura. Me siguió besando hasta quedarme debajo de él.
Se apartó de mí mirándome con esos ojos verdes llenos de intensidad.
Eren volvió a besarme, esta vez más profundamente. Sentí cómo su lengua rozaba mis labios, pidiendo permiso para entrar. Abrí ligeramente la boca, y su lengua comenzó a explorar la mía en un lento y sensual baile. El calor subía por mi cuerpo, y una sensación desconocida se apoderaba de mí.
Sin darme cuenta, mis brazos se entrelazaron en su nuca profundizando el besó. Nuestras lenguas se entrelazan en una danza lenta, explorando cada rincón. Siento su respiración acelerada y veo como sus mejillas comienzan a teñirse de rojo.
Sus labios recorrieron por toda la parte de mi cuello, clavícula donde besaba, succionaba y mordía, dejando varios chupetones y mordiscos. Sacándome uno que otro suspiro.
Sus manos comenzaron a recorrer todo mi cuerpo. No podía creer que el roce de sus manos con mi piel fuera tan placentero.
Se apartó de mí y empezó a desvestir, quedando únicamente con su ropa interior. Pude ver que tenía muchas cicatrices por todo su torso, pero aún así no dejaba de ser hermoso. Deseaba poder tocarlo, pero era demasiado tímida para atreverme.
Él se colocó sobre mí, su peso cálido y la proximidad de su cuerpo me llenaron de una mezcla de nerviosismo y curiosidad mientras comenzaba a acercarse.
—Espera.
—¿Qué pasa? ¿Quieres parar?
— No es eso, es que hay demasiada luz. Apágalo, por favor.
— Está bien.
Fue y apagó la vela, luego se acercó a mí y bajó lentamente las tiras del camisón. Dejando la parte superior descubierta, quedándose mirando el lugar dónde estaban mis senos.
Por la vergüenza que sentía tapé mis pechos con mis brazos y aparte la vista estaba muy sonrojada por la forma en que me estaba mirando. Sabía que no eran muy grandes como de otras mujeres, pero tampoco eran tan pequeños.
— ¿Por qué los escondes?.— dijo apartando mis brazos de mis pechos.
—Porque a ti te parecen pequeños.
—¿En qué momento dije eso?
—Por la forma en que lo miras te delata.
—Te equivocas para mí son perfectas.— dijo tomando unos de mis senos con su mano y con su boca empezó a succionar el otro.
No pude evitar gemir, me gustaba lo que estaba haciendo, puso una mano en mi intimidad estimulando mi clítoris, estaba tan mojada y eran tantas sensaciones placenteras que no podía pensar bien.
Llevó sus manos a mi camisón, terminando de despojarlo por completo de mi cuerpo. La yema de sus dedos se deslizaba con suavidad, dibujando líneas por mi piel. Sentía la calidez de su toque provocando que todo mi ser ardiera.
Sus dedos siguieron deslizándose hasta llegar a mi feminidad. Traté de cerrar mi piernas, pero él no dejó que lo hiciera, sus dedos empezaron a frotarse provocando que todo mi cuerpo se estremeciera de placer.
Luego introdujo uno de sus dedos, dolió al inicio, pero poco a poco el dolor se fue disipando. Después metió otro más, era demasiado, sentía como en esa parte empezaba a humedecerse.
Eren no dejo de hacer ese vaivén con sus dedos, sentía un cosquilleo en mi vientre, no podía aguantar más, tuve mi primer orgasmo y fue la mejor sensación que pude tener.
—Eres deliciosa .— dijo, lamiéndose sus dedos, disfrutando el sabor que quedaba en ellos. No le parecía repulsivo, al contrario era muy excitante.
Dejó un rastro de besos que comenzaba en sus pechos, continuaba por su abdomen, y descendía en un sendero de besos hasta perderse en su feminidad.
—Espera ¿Qué haces?—dije, deteniéndolo.
—Tranquila, no te dolerá.
No era eso, es que sentía vergüenza de que me lamiera en esa parte. Podía sentir su respiración y su lengua explorando cada rincón, succionando. Sin dejar ninguna parte sin atención, mientras mis piernas temblaban.
Chilló por la intromisión de su lengua, sus nudillos estaban pálidos por la fuerza que apretaba las sábanas.
Mi cuerpo se retorcía por el placer provocado por él. No podía pensar en otra cosa, que no fuera su lengua profanándola.
Estaba al borde de la liberación, incapaz de seguir conteniéndome más . Me corrí una vez más, arqueando mi espalda mientras él bebía con ferocidad cada gota de mi orgasmo.
Mientras me recuperaba de mi orgasmo, aprovechó en quitarse toda la ropa quedando igual de desnudo que yo, se soltó el moño del cabello dejándolo suelto.
Eren volvió a colocar sus labios sobre los míos, y el sabor salado de mi propio cuerpo en su boca me provocó un escalofrío.
Él se acomodó entre mis piernas y, con una suavidad, comenzó a penetrarme lentamente. Al principio, sentí una punzada de dolor, pero él se detuvo, permitiéndole adaptarse a su tamaño.
— Duele.
Me besó tratando de distraerme del dolor, beso todo mi rostro, mi cuello, mi clavícula y también mis senos, con su mano estímulo mi clítoris. Cuando entró todo espero a que me acostumbrará y sin dejar de darme placer. Poco a poco, el dolor fue desapareciendo, dando paso a una sensación de llenura que jamás había experimentado.
Eren comenzó a moverse dentro de mí, primero despacio, como si temiera lastimarme, pero luego, al ver que respondía con gemidos de placer, sus movimientos se volvieron más firmes y seguros.
Nuestras manos estaban entrelazadas, cada vez iba intensificando el ritmo de sus embestidas me estaba volviendo loca, enrollé mis piernas en su cadera para que fuera más profundo.
— Mikasa, quiero que digas mi nombre.
—Eren… — dije entre gemidos.
El cuarto se llenó de nuestros jadeos y susurros. Cada embestida me acercaba más al borde, y mi cuerpo comenzó a tensarse por la inminente liberación. Sentía que iba a explotar.
Finalmente, un grito ahogado escapó de mis labios cuando el orgasmo me alcanzó. Todo mi ser se contrajo alrededor de él, y lo sentí correrse dentro de mí con un gemido bajo y profundo. Podría quedar embarazada, pero en ese instante no pensaba con claridad las consecuencias.
Se desplomó sobre mí, ambos jadeando por el esfuerzo, nuestras respiraciones entrelazadas.
—¿Te gustó?.— preguntó Eren.
—Sí, me gustó.
— Me alegra.— dijo, dándome un casto beso en la frente.
Besó mis mejillas, mis labios, cada vez se volvía más intenso.
No sé cuántas veces lo hicimos, pero en cada una de ellas me gustó y lo disfruté, fue todo lo contrario a lo que pensaba que sería rudo y tosco, pero fue muy cariñoso al hacerlo.
…………………………………………………………
Con el paso de los días, Eren comenzó a confiar más en mí, encargándome de realizar los quehaceres de la casa, remendar su ropa y cuidar de su perro, Oso. Y por las noches, nos dejábamos llevar por el deseo. Los días se volvieron semanas y las semanas en meses.
Un día, mientras limpiaba, noté que en el librero había juguetes de niños. Cuando iba a agarrar uno, su voz me sobresaltó.
—¿Qué haces?.— preguntó, con un tono que parecía molesto.
—Este… Me llamó la atención uno de los libros y quise aprender a leer.
—¿No sabes leer?
—No.
— Está bien, yo te enseñaré.
Después de hacer todos los quehaceres, él me enseñaba a leer. Aunque algunas palabras me resultaron difíciles, él era paciente y me volvía a explicar cómo se pronunciaban. Agradecí su paciencia, ya que cualquier otra persona habría perdido la calma.
Un día, me pidió que lo acompañara a recoger leña. Me dio un abrigo de mujer, lo que me sorprendió es que tuviera ropa de mujer, luego se lo preguntaría.
—Ya tenemos mucha leña, Mikasa. Será mejor que regresemos.
— Sí.
Mientras volvíamos, dos hombres nos detuvieron.
—Oigan, ¿ustedes no vieron a una chica asiática?
— No la hemos visto.— respondió Eren.
Eran ellos. El miedo me invadió, temiendo que me descubrieran, y traté de ocultar mi rostro con la capucha, esperando que funcionara.
— Tenemos que irnos.— dijo Eren, notando mi nerviosismo, y tomó mi mano para alejarnos.
—Esperen un momento. — uno de ellos se acercó.
Esperaba que no me hubiera descubierto.
— Sabía que eras tú, reconocería ese cabello azabache en cualquier lugar.— dijo mientras me agarraba el brazo con fuerza.
No, no podía ser. Sentí tanto miedo que era incapaz de moverme.
—Ahora vendrás con nos—.
Antes de que pudiera terminar su oración, Eren ya le había dado un puñetazo en la cara, provocando que cayera sobre la nieve. Comenzó a golpearlo salvajemente, y cuando su compañero intentó acercarse, Oso lo atacó, acabando con su vida.
Cuando Eren terminó de golpear al hombre, tomó su cuerpo y lo arrojó por un barranco, haciendo lo mismo con el otro.
No podía creer lo que acababa de suceder. Eren me había protegido de esos hombres, aunque el modo en que asesinó a ese sujeto me asustó, pero también sentía gratitud por haberme salvado.
Cuando me acerqué, noté que su mano temblaba y su mirada parecía perdida. Tomé su mano, queriendo calmarlo. Dejó de temblar y su expresión cambió.
—Será mejor que regresemos.
El regreso a casa fue silencioso; ninguno de los dos se atrevía a decir una palabra.
…………………………………………………………
Una vez dentro, Eren dejó la leña a un lado y se quedó parado, pensativo.
Temía que me botará por haberle causado un gran problema, ya que, por mi culpa, tuvo que asesinar a esos hombres.
Cuando iba a decir algo, Eren se acercó hacia mí y me besó. Estaba sorprendida por su repentina acción, pero no me importó; sentí que era diferente de otros besos que me había dado, era más posesivo.
—Te necesito, Mikasa.
—Eren… — susurré.
No necesitábamos más palabras para volver a entregarnos el uno al otro.
— ¿Por qué te buscan esos hombres? — preguntó, acariciando la cicatriz que tenía en el pómulo derecho.
—Es una larga historia, no creo que quieras escuchar.
— No importa, voy a escuchar lo que quieras decirme.
— Está bien.
Cuando era pequeña, creía que tenía una familia feliz, pero al descubrir cómo mi padre maltrataba a mi madre, todo lo que creía se vino abajo. Mi padre comenzó a maltratar a mi madre y a mí, tratándome como si no fuera su hija. Todo cambió con el nacimiento de mi hermano; mi padre cambió, dejó de maltratar a mi madre y abandonó la bebida.
Cuando mi hermano tenía diez años, mi padre lo llevó a cazar. Un oso los atacó y, lamentablemente, mi hermano murió. Toda la paz que tuvimos durante esos diez años desapareció con su muerte.
Mi padre volvió a beber y a maltratar a mi madre, quien perdió la alegría que había recuperado. Una vez intenté protegerla y mi padre no dudó en golpearme, dejándome esta cicatriz.
Vivimos así durante mucho tiempo, sin poder hacer nada, hasta que mi padre se endeudó con el jefe de esos hombres. Para pagar sus deudas, decidió venderme, obligándome a trabajar en un burdel. Cuando mi madre se enteró de lo que había hecho,me lo contó. Pensé que no haría nada, pero me dijo que debía huir y me preparó algunas cosas. Por primera vez, vi que mi madre se preocupaba por mí.
Esa es la razón por la que esos hombres me buscan.
—A partir de ahora, nadie te hará daño, Mikasa.— dijo, acercando mi cuerpo al suyo y besándome en la frente.
¿Por qué eres tan bueno conmigo?
…………………………………………………………
Habíamos empacado lo indispensable para nuestro viaje. Eren no me dijo adónde iríamos exactamente, pero mencionó que era un lugar muy lejano.
Caminábamos sobre la espesa nieve, dirigiéndonos hacia el puerto.
— Espera.— dije, deteniéndome.
—¿Qué pasa?
—Eren, lo siento mucho. Por mi culpa, tienes que dejar tu casa, tu vida, y por causarte tantos problemas, cuando has hecho tanto por mí… de verdad, lo siento.— no supe en qué momento comencé a llorar.
Eren se acercó a mí y levantó mi rostro con sus manos; eran tan cálidas, y con su pulgar, limpió mis lágrimas.
—Hago esto porque me importas y no quiero que te pase nada malo.
Lo que escuchaba parecía un sueño.
Eren se quitó la bufanda roja que llevaba puesta y la enrolló alrededor de mi cuello.
—Vamos a casa, Mikasa.
🌹🌹🌹