Burning Fate. (yoonmin)

Summary

En un mundo gobernado por el Imperio y sus poderosos dragones, Jimin, un guerrero de las Montañas de Hielo, carga con una misión secreta: infiltrarse como aspirante en la academia de jinetes del Valle Negro y ganar un lugar entre las filas imperiales. Si logra superar las brutales pruebas, Jimin podría ser elegido por uno de los dragones y acercarse lo suficiente para destruir el Imperio desde dentro. Sin embargo, su plan se complica cuando conoce a Yoongi, el príncipe imperial y un jinete experimentado obligado a regresar a las pruebas. Con una rivalidad que crece en intensidad y un inesperado vínculo que desafía su odio, ambos quedan atrapados entre la lealtad y la traición. Enfrentados por sus pasados y unidos por una atracción que ninguno puede ignorar, Jimin y Yoongi deberán decidir si sus destinos están entrelazados o condenados a enfrentarse en una batalla que podría cambiarlo todo.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

El atardecer teñía de rojo las montañas cuando Jimin ajustó la empuñadura de su daga y levantó la mirada hacia la silueta del Valle Negro, donde la luz apenas penetraba entre las sombras de los picos.


Las leyendas hablaban de este lugar como la última morada de los dragones caídos, los que habían traicionado al Imperio y habían sido condenados al exilio y al olvido.


Para cualquiera de los suyos, los rebeldes, el Valle Negro era territorio prohibido de sus enemigos, pero para él era mucho más que eso. Representaba todo aquello contra lo que había jurado luchar y, al mismo tiempo, el sitio al que ahora estaba encadenado.


— Jimin –llamó la voz detrás de él. Era Dariel, su hermano mayor y el único miembro de su familia que aún estaba vivo.


Park no respondió al instante; en cambio, cerró los ojos y respiró hondo, concentrándose en el viento que traía el olor de las cenizas de las aldeas que los dragones imperiales habían devastado.


— Sabes qué no tienes que hacer esto –insistió Dariel al alcanzarlo–. Aún estamos a tiempo de huir. Podríamos regresar a las montañas, escondernos entre nuestra gente. El Imperio nunca nos encontrará allí.


Jimin abrió los ojos y miró a su hermano con una mezcla de amargura y determinación.


Dariel siempre había sido el protector, el cuidador. Cuando sus padres murieron a manos del Imperio hacía siete años, él fue quien lo sacó de entre las ruinas y le enseñó a sobrevivir.


Pero ahora era Jimin quien debía tomar las decisiones difíciles.


— No –respondió con voz firme–. No voy a esconderme mientras el Imperio sigue aplastando a los nuestros, sabes que esto es lo único que podemos hacer. Si me convierto en jinete, si logro infiltrarme.. Podré destruirlos desde dentro.


Dariel lo observó, sus ojos llenos de preocupación y miedo.


— Jimin, convertirte en jinete es aceptar su marca, seguir sus órdenes. ¿De verdad crees que puedes ser uno de ellos sin perder quién eres? ¿Sin que se enteren quiénes fueron tus padres?


El menor apretó la mandíbula, ignorando el frío que le recorría la espalda al imaginar lo que implicaba el juramento.


"La Marca de las Sombras", le llamaban.


Era un tatuaje grabado con fuego, el símbolo que todo jinete imperial llevaba como prueba de lealtad a los dragones y al Emperador. Al aceptar esa marca, Jimin renunciaría a todo lo que lo definía como rebelde y sería visto como traidor por su propia gente.


– Lo sé –murmuró, sin apartar la mirada del Valle Negro–. Pero es el único camino, Dariel. Si me convierto en jinete y ganó su confianza podré acercarme lo suficiente para descubrir sus planes. Y cuando el momento llegue.. –hizo una pausa momentánea y miró a su mayor con una chispa de ira contenida–. Haré que cada uno de ellos pague.


El castaño suspiró y asintió, aunque sus ojos seguían reflejando el dolor de la decisión.


– No puedo perderte a ti también, hermano –murmuró Dariel, sus manos tensas en los puños–. Pero prométeme qué pase lo que pase, recordarás quién eres. No dejes que ellos te quiebren.


Jimin se acercó a su hermano y puso su diestra en su hombro, aunque en sus ojos había una sombra de duda. No podría prometer algo que no estaba seguro que iba a cumplir. Sabía que el Imperio tenía sus formas de manipular a los jinetes, formas de borrar sus pasados y volverlos armas letales.


— Haré lo que deba de hacer –fue todo lo que se dignó a responder.


Con un último asentimiento, el castaño de alejo, dejándolo a solas con el peso de su elección.

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