2. Pierce
Una fotografía en bikini. Una decisión arriesgada, atrevida. Levanto una ceja, convenciéndome a mí mismo de que aquella chica no parece sacada de una revista, pero creo fallar en el intento, sobre todo cuando dos minutos pasan en los que yo sigo allí embobado mirando la foto.
Es una joven de complexión media, de cabello hasta los hombros, oscuro, peinado de manera sencilla pero elegante. Sus ojos son grandes y expresivos, de un color celeste profundo que parece haber sido utilizado para pintar el cielo de la Toscana.
En la fotografía aparece sentada en una toalla redonda en la playa, desprevenida, mientras sostiene en su mano un libro abierto, casi como si se la hubieran tomado en el momento exacto en el que la interrumpieron.
Dejo salir un suspiro por lo bajo, intentando calmarme. Hasta donde sé, la chica podría ser un tío de cuarenta años desesperado por estafar tipos por internet.
Le doy un mejor vistazo a su perfil. Isla Everly, diecinueve años, estudiante de literatura. Además de eso y de su rostro perfecto, no hay mucha más información de ella en el sitio— a diferencia de mí, que he informado hasta de mi signo zodiacal.
Es virgo, por cierto.
“Te gusta Orgullo y Prejuicio?”pregunta ella. El mensaje me llega de manera tan abrupta que el teléfono se me resbala de las manos y cae directamente en mi cara.
— Auch— mascullo por lo bajo, y luego mis dedos desesperados intentan coger el teléfono con rapidez.
¿Me gusta orgullo y prejuicio?
No. Pero a ella parece gustarle. Este es el momento en el que debo decidir si fingir que soy algo que en realidad no, o seguir adelante con la verdad.
Finalmente, me voy por la segunda opción.
“Tengo una hermana mayor que me obligó a verla quince veces. Me guste o no, no puedo evitar saberme el diálogo de memoria.”
A diferencia de la vez anterior, esta se demora más tiempo en responder. Pasan tantos minutos entre su mensaje y el mío que, por un momento, tengo la sensación de dejará de hablarme y de que debí haberle dicho una mentirilla piadosa.
Afortunadamente, el mensaje llega.
“Ya se me hacía raro ver a un chico fanático de una peli romántica.”
Suelto una risita y me muerdo el labio inferior.
“Eso no es justo. Hasta donde sabes, mi película favorita podría ser El Diario de Noah”.
“Está en un buen segundo lugar.”
“¿Cuál sería el primero?”
Me quedo pensativo.
“Shrek.”
“¿Tu película favorita es Shrek? ¿Y tú segunda película favorita es El Diario de Noah?”
“¿Estás juzgando mis gustos en pelis?”
“No, no. Sólo me llama la atención.”
“¿El qué?”
“Que Shrek también es una pelí romántica. Eso quiere decir que tus dos pelis favoritas son pelis románticas.”
— ¿Por qué estás sonriendo como el imbécil que eres?—la abrupta interrupción de Oliver hace que de un enorme respingo encima de la cama, otra vez provocando que el teléfono me caiga en el rostro. Esta vez, cuando lo vuelvo a coger, lo bloqueo de inmediato.
— Joder, Oli. Qué grano en el culo eres— mascullo, pero para esas alturas, mi mejor amigo ya ha entrado en la habitación y se está paseando por el lugar mientras me observa con una ceja enarcada.
— ¿Con quién hablabas, Pierce?
— Bueno, ¿qué te importa?
Oliver se sienta en la silla al lado de la cama y me observa con ojos divertidos.
— Déjame adivinar.
No adivinará.
— Adelante.
— Era Valentine, ¿no?
Tengo que aguantar las ganas de soltar una pequeña carcajada cuando mi mejor amigo menciona el nombre de mi ex novia. Durante las últimas semanas, ha estado obsesionado con la idea de que vamos a volver, después de que le dije que volver con ella sería lo último que haría en mi vida.
Sin embargo, tengo que darle un poco de crédito al chico. Hace dos semanas atrás que instalé la aplicación de Querido Cupido en mi teléfono, y desde entonces, he estado enviándome mensajes con chicas aleatorias, intentando entablar alguna conversación, olvidando el hecho de que hace dos meses mi ex novia me engañó con otro chico.
— No es Valentine.
— ¿Entonces?
Me siento en la cama y dejo salir un enorme suspiro por lo bajo. Sé que, en cuanto Oliver se entere de que estoy hablando con chicas por una aplicación de citas, comenzará a comportarse como un idiota, a animarme que me acueste con la primera chica guapa que se me cruce por el camino.
— Vale— exhalo, después de un rato.— ¿Recuerdas aquella aplicación...?— Oliver comienza a reírse a carcajadas antes de que yo pueda siquiera terminar de hablar.
— ¡No jodas, Pierce! ¡Te has bajado Querido Cupido!
— ¿Te puedes dejar de chillar?
Lo deja de hacer, para mi fortuna. Para mi pesar, sin embargo, Oliver me quita el teléfono de las manos.
Le lanzo una mirada de advertencia para que me lo devuelva, pero Oliver hace caso omiso y comienza a leer la conversación que acabo de tener con Isla en voz alta, haciendo que mis mejillas cojan un color rojizo.
— ¿Te puedes callar?— le pido, intentando arrebatarle el teléfono de las manos. Sin embargo, Oliver no sólo sigue leyendo la conversación, sino que ahora se ha metido al perfil de Isla para leer la misma información que he leído yo hace unos minutos atrás.
— ¡Joder, Pierce, pero si tiene diecinueve años! ¡Es una cría!
— No seas exagerado— mascullo.— Sólo tenemos cuatro años más.
— Es muy guapa, ¿eh?
Aquel comentario hace que mi paciencia llegue a su límite, así que cojo el teléfono con fuerza para guardarlo en mi bolsillo trasero. Oliver suelta una risita de burla, y luego levanta las manos en el aire para defenderse.
— ¡Estoy bromeando!— me asegura, y luego se deja caer en mi cama.— Pero eres un tipo guapo. Lo sabías, ¿no?
— Mmm..
— No necesitas una aplicación de citas para ligar.
— No quiero ligar.
— ¿Y entonces? ¿Es que te quieres olvidar de Valentine? No me digas que sigues enamorado...
— No estoy enamorado de Valentine.
— ¿Entonces?
— ¿Cuál es el problema de que haya instalado una aplicación de citas?
— Ninguno— me asegura, metiéndose él en su propio teléfono mientras me habla.— Si quieres follar, por mí bien.
Ruedo los ojos,
— No quiero follar— o al menos, no con cualquier chica.
— ¿Quieres una cita? ¿Un beso? ¿El amor verdadero?
— Tenía curiosidad por la aplicación. Ya está. No es tan profundo, Oliver.
Mi mejor amigo levanta una ceja en mi dirección y luego vuelve a fijar su atención en su teléfono.
— Esa chica está fuera de tu liga.
— ¿Valentine?
— No. La morena del bikini. Está fuera de tu liga. Vas a tener que decirle que eres fanático de la literatura o algo así si te la quieres follar.
— No busco follar— insisto.
No en este momento, al menos.
Sin embargo, las palabras de mi amigo resuenan en mi cabeza una y otra vez antes de que sea capaz de caer en la cuenta.— Pero...¿por qué lo dices?
— ¿El qué?— pregunta, despreocupado.
— Que está fuera de mi liga.
Oliver suelta una enorme carcajada y deja el teléfono a un lado.— Me estoy quedando contigo. Tú ve a por ella. Fóllatela— se pone de pie y comienza a mover la pelvis con entusiasmo. Yo cojo uno de mis cojines y se lo lanzo en el rostro, ofuscado.
— Joder, ¿puedes dejar de decir la palabrafollar?
Sé lo que están pensando. Oliver es un idiota.
Honestamente, no podría estar más de acuerdo. Si no fuera porque nos conocemos desde que teníamos cinco años, probablemente ni siquiera seríamos amigos.
Oliver es la clase de tipos que se ríen cada vez que alguien dice la palabra “penetrar”, que dibuja aparatos reproductivos masculinos en los cuadernos y que se elogian a sí mismos cada vez que se miran en el espejo.
No estudia, trabaja en un pequeño bar, y todos los días llega con el cuello repleto de labiales de chicas.
Sin embargo, él, Andre y yo nos conocemos de toda la vida, y con el tiempo he aprendido a comprender que son para mí lo más parecido a un hermano que tengo.
Y los hermanos no tienen por qué caerte bien. Ni tienes que estar de acuerdo con lo que dicen.
A los hermanos no hay que entenderlos. Hay que quererlos. Y eso resume más o menos el sentimiento que tengo hacia Oliver.
Andre, por su parte, es un caso distinto. Está estudiando veterinaria porque ama a los animales, y siempre que salimos a algún lugar tenemos que contemplar dos o tres horas extras porque o se le ocurre salvar a algún gato o comienza a acariciar cada perro que se topa con nosotros.
Cuando Valentine y yo terminamos, Andre me dijo que era para lo mejor. Que la relación estaba demasiado tóxica, y que debía tomarme mi tiempo antes de entrar a otra. Después de todo, Valentine y yo estuvimos juntos durante cuatro años, y quedé destrozado cuando me enteré que se metió con otro chico mientras estaba conmigo.
Después de aquello, mis expectativas en el amor no están demasiado altas.
El consejo de Oliver, sin embargo, fue “Folla hasta que te olvides de su nombre.”
No sé cómo es que follar con otra chica podría hacerme olvidar el nombre de alguien, pero no dije nada. Simplemente sonreí, asentí, y me dije a mí mismo que debía contar hasta diez— como la mayoría de las veces en las que Oliver intentaba darme un consejo.
— ¿Sabes qué? Creo que instalarme esa aplicación no es tan mala idea—reflexiona Oliver, después de un rato.— ¿Cómo dijiste que se llamaba la chica? ¿Isla...?
Yo cojo una almohada y se la estampo en el rostro.
— Vete de aquí, joder.
Él suelta una enorme carcajada antes de darse la media vuelta y cerrar la puerta detrás de sí. Después de unos segundos, escucho la ducha de su habitación encenderse. Miro la hora. Probablemente ya va tarde para el trabajo.
Yo también debería estar durmiendo. Mañana tengo un examen de Seguridad Alimentaria, y la última vez que llegué tarde a un examen por quedarme dormido, no me dejaron darlo de nuevo.
Sin embargo, no puedo resistirme la tentación a seguirle a hablando a aquella chica.
Durante las últimas dos semanas, he hablado con un montón de chicas. Sin embargo, todas parecían querer meterse en mis pantalones después del segundo intercambio de palabras.
No es que no me guste acostarme con chicas guapas. Adoro la belleza femenina tanto como aprecio tener sexo. Aún así, no sé si sea la clase de hombre que puede acostarse con una mujer que no conoce.
La frialdad del momento me haría sentir como si hubiera hecho algo incorrecto.
No pretendo casarme, tampoco. Probablemente sólo un intercambio de frases, una invitación a tomar café, quizás un paseo por la ciudad, y después, si a ambos nos apetece...
Decido dejar el pensamiento hasta allí.
¿Por qué estoy pensando en esto, de todas maneras? No es como si aquella chica fuera a acostarse conmigo.
Joder, las palabras de Oliver han calado hondo en mí.
Chasqueo la lengua y decido responder a Isla.
“¿Qué tal tú? ¿Cuál es tu peli favorita?”
Envío.
Y espero.
Y espero.
Y espero.
Y nada llega.
Ni un sólo mensaje, ni una sola respuesta, nada.
Me convenzo a mí mismo de que probablemente la chica esté ocupada, y me quedo esperando durante un montón de rato más, pero la respuesta sigue sin llegar.
Decepcionado, me acuesto.
Probablemente responderá mañana.
De seguro responderá mañana.