Prólogo
Se siente como una parálisis del sueño.
Lo veo parado frente a mi sin hacer absolutamente nada; su cuerpo extremadamente duro y quieto me hace sentir inquietud; con su cabeza levemente inclinada hacia la derecha para intimidar mis emociones, aunque para este punto creo que voy a morir de un ataque al corazón.
Siento terror, sus ojos no dejan de mirarme, y aún cuando tenga esa horrible máscara negra cubriendo todo su rostro, puedo ver sus fugaces órbitas y sentirlas como si fueran flechas que pegan a través de mi pecho. Toda su ropa es complemente negra, todo en él es negro, exceptuando por sus manos blancas que se encuentran juntas a la altura de su entrepierna, como si estuviera esperando a que pasara algo.
¿Debería gritar? ¿Tendría que pedir ayuda? Posiblemente termine muerto antes de siquiera poder abrir mi puta boca.
Observo alrededor de la habitación, la unica luz que alumbra este oscuro dormitorio es la que proviene del baño hacia mi izquierda, la misma que siempre dejo encendida todas las noches porque de alguna manera me hace sentir tranquilo y en paz. La puerta está abierta, claro está, dejándome apreciar el cuerpo que sigue parado sin hacer nada, absolutamente nada y sin moverse ni un centímetro.
Pero eso termina cuando comienzo a mover mis piernas, atrayendolas hacia mi pecho en el mismo tiempo en que la cabeza del monstruo frente a mi se coloca recta, ya no inclinada, sino derecha ante mi. Es entonces donde maldigo por haberme movido, porque cuando juego con mis dedos sobre las sábanas naranjas, sus piernas finalmente se mueven y camina hacia mi de forma tan lenta que sentí que los segundos, e incluso los minutos, se detenían en el espacio.
—Por favor, no me mates.-susurro aterrado, rogando con mis cuerdas vocales y suplicando.
Sin embargo, todo lo que recibo de él en una seña con su dedo índice al apoyarse lentamente en su labio, por encima de la máscara, claramente diciéndome que haga silencio.
Y sus pasos se detienen una vez que llega a un costado de mi cuerpo, su dedo índice sigue sobre su labio en el momento que inclina su cuerpo para quedar cara a cara conmigo. Lo observo con lagrimas en los ojos, quiero seguir rogándole que no me mate, que puede robar todo lo que hay dentro de esta casa y que se vaya, que no daré detalles de quien es la persona que nos robó, como estaba vestido, como se veía, nada de nada. Pero simplemente me mantengo callado, más cuando su maldito dedo indice no se aleja de su labio.
Mi respiración queda atrapada en el pecho cuando su mano derecha baja hacia mi cuello, simplemente apoyando sus dedos sobre mi piel y sintiendo los latidos desastrosos de mi corazón bajo su tacto. Es frío, como el hielo, no llevo nada puesto sobre mi pecho porque no me gusta dormir con remera, lo mismo ocasiona que pueda sentir su frialdad por todo mi ombligo una vez que su mano fué descendiendo desde mi cuello.
Escalofríos, incontrolables escalosfrios recorren por todo mi cuerpo ante su toque lento y sin apuro. Escalosfrios de miedo surgen desde mis poros ante la idea de que quiera abusar de mi, de que quiera violarme, matarme, y luego robar lo que hay dentro de esta enorme casa.
—Por favor... no me hagas daño, por favor... por favor...
Me sobresalto en mi lugar cuando su mano viajó nuevamente hacia mi cuello, pero esta vez ejerciendo fuerza sobre mi piel e impidiendo que el oxígeno circule por mis vías respiratorias. Mis ojos se abren ante la desesperación y tomo sus manos con las mías, tratando de alejarlas de mi, pero es imposible, no cuando su simple mano tiene más fuerza que las dos mías juntas.
Y entonces, vuelve a hacer la misma seña con su dedo índice, indicando que debo hacer silencio porque viendo el panorama, él se enoja cada vez que no hago caso.
Asiento con mi cabeza, y luego de unos segundos, su agarre se afloja, dejándome respirar como se debe y tratando de volver mi respiración a la normalidad, incluso tosí un poco, pero solo un poco porque no quiero hacer tanto ruido. Lo observo a los ojos de nuevo, apreciando los colores de sus órbitas. Negros, oscuros, como cuando estas en una habitación a oscuras y sientes que estás en el mismo abismo, o en un pozo sin final.
Me siento mal, muy mal, la bilis quiere subir por mi garganta y soltarse sin más, pero me obligo a mantenerme quieto, cuerdo, despierto, alerta ante cualquier movimiento de este monstruo.
Monstruo porque su mascara es horriblemente aterradora, es en forma de calavera y con un extraño aura como si la misma muerte estuviese a solo centímetros de mi cara, como si fuese un alma sin corazón que a esta punto de llevarse mi vida, mi cuerpo, mi mente en sus manos.
Dolor, vacío, soledad, tristeza, hay muchas cosas que me transmite su mirada, como también la lujuria, pasión, posesión. Sus acciones gritan que quiere poseerme, atarme a sus manos y hacerme suyo como si fuese un objeto, como si fuese de su propiedad para luego matarme y robarse los objetos más valiosos de esta casa.
Su mano vuelve a hacer contacto con mi piel, esta vez recorriendo mi mandíbula con su dedo índice hasta llegar a mis labios, en este espacio donde su dedo pulgar hizo contacto conmigo, acariciando la forma de mi boca y ejerciendo fuerza sobre mi labio inferior, arrastrándolo un poco hacia abajo hasta dejar ver mis dientes, incluso lo escucho tragar saliva, tal como si estuviese hambriento ante lo que ve frente a él.
Pero cierro mis ojos con fuerza una vez que su rostro se coloca cerca de mi oreja derecha, pensando en que iba a golpearme o simplemente a matarme, terminando con todo este escenario que se está montando solo para robar las cosas de aquí, sin embargo, ninguna parte de su cuerpo me tocó, más que su penetrante voz.
—Bonne nuit.
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