Prólogo
En una casa antigua, donde las sombras parecían tener vida propia, habitaba un hombre peculiar. Su aspecto imponente y su mirada intimidante hacían que cualquier intruso se detuviera en el umbral de la puerta. Sus ojos parecían haber visto secretos que nadie más podía imaginar, y su presencia era como una niebla que se cernía sobre todo lo que lo rodeaba.
El hombre se movía con un propósito, preparándose para algo que solo él sabía. Su habitación era un reflejo de su personalidad: oscura, misteriosa y llena de secretos. Pero había algo que llamaba la atención, algo que parecía fuera de lugar en ese entorno sombrío.
En una esquina de la habitación, sobre una mesa cubierta de polvo, había una foto. Era una foto de una familia peculiar, pero algo había sido rayado, como si alguien hubiera intentado borrar a los que estaban en la imagen. La tinta había corrido, dejando un rastro de destrucción.
El hombre miró la foto, su mirada se detuvo en los rostros rayados, y por un momento, pareció que una sombra de ira cruzaba por su rostro. Luego, se dio la vuelta y continuó con sus preparativos, dejando atrás la foto y el misterio que rodeaba a la familia que había sido borrada. ¿Qué había sucedido con ellos? ¿Y para que se estaba preparando el hombre? Solo el tiempo lo diría.