Sula Sgeir

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Summary

¿Cuán cerca está el siguiente paso en la evolución humana? Este relato es un breve acercamiento a una hipótesis oscura y oculta, con un enfoque ligeramente terrorífico. Y es que cualquier salto hacia lo desconocido aterra; despierta emociones básicas e instintos primarios.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Sula Sgeir

Sula Sgeir

Llevaba un largo rato mirando a través del ventanal. Ya llevaba demasiado tiempo así. El sol se había puesto y, poco a poco, el gris del mar se oscurecía al mismo ritmo que su futuro. Ya de por sí negro.

Aunque la vista era increíble, su mente no dejaba de buscar la forma de engañar al carcelero. A través del ventanal veía las olas romper salvajemente a escasos metros, salpicando de espuma el cristal. La marea estaba en su punto más alto, el momento en que las olas alcanzaban el nivel residencial del complejo.

Sabía que los cristales estaban fabricados con varias capas de grafeno entre sus láminas; aguantarían el embiste de las olas incansablemente. Estaban preparados incluso para resistir ataques con armas pesadas. A pesar de ello, seguía cerrando los ojos en cada impacto, esperando que por fin estallase en mil pedazos.

La noche estaba a punto de terminar, las afiladas rocas de los acantilados empezaban a desdibujarse en la oscuridad. Pero René conocía de corazón cada resquicio de esos acantilados, de esa maldita isla en mitad del Atlántico. Se encontraba en un islote al norte de Gales llamado Sula Sgeir. Apenas quince hectáreas de terreno emergido que formaban parte de una gran montaña submarina. Poco más que un peñasco, se alzaba solitario entre mareas espumosas que azotan continuamente sus acantilados. Desde la distancia, el islote no invitaba a poner un pie en él. En caso de que alguien estuviera tan desesperado como para intentar llegar a la cima del islote, probablemente perecería en el intento. Era el único lugar relativamente llano y con vegetación.

La isla solo estaba habitada por una población de aves marinas y un olvidado templo milenario. Nada en su superficie hacía sospechar la actividad que se llevaba a cabo en su interior, en sus entrañas submarinas. Una actividad que cambiaría el curso de la historia de la humanidad para siempre.

René desconocía cómo Sula Sgeir había acabado en manos de sus empleadores, el principal conglomerado tecnológico de Europa. Pero más misterioso aún era cómo habían conseguido construir semejante complejo tecnológico en mitad del océano y en una reserva ecológica protegida por el Gobierno del Reino Unido.

En ese momento, se encontraba en la zona residencial del laboratorio de inteligencia artificial más avanzado del mundo. Era el nivel más cercano a la superficie. Por debajo de este se encontraban otros quince niveles que descendían hasta más de cuatrocientos metros por el interior de la montaña submarina. Desde el aire, solo se podían vislumbrar la pista de aterrizaje para helicópteros y algunos pasajes cubiertos. La breve pista se utilizaba en raras ocasiones para un gran helicóptero de servicio, principalmente reservado al traslado de equipo pesado, ya que la salida y la entrada del complejo se realizaban por vía submarina.

René llevaba casi dos años en esa isla, en ese oscuro laboratorio, y mientras veía las olas estallar contra el cristal, sabía que sería su tumba. Todo por la maldita avaricia. Desde hacía una década, él era el principal exponente mundial en la investigación relacionada con las inteligencias artificiales. Sus empleadores le habían contratado para liderar un proyecto que llevaba años en secreto; una proposición suculenta a la que le costó negarse. Especialmente gracias al increíble paquete retributivo y a las promesas de fama científica, que le harían merecedor de un puesto en la historia de la humanidad.

Maldito momento en el que se vislumbró recogiendo innumerables premios y ser portada de todos los portales científicos. Aceptó sufrir meses de completo aislamiento en aquella isla. El laboratorio estaba totalmente cerrado al exterior y sin ningún tipo de acceso a internet. Cualquier comunicación desde y hasta el resto del mundo pasaba siempre por él y por su terminal. Tampoco había visitas de personas ajenas al proyecto y el equipo estaba obligado a permanecer en la isla durante períodos de seis meses. Solo tendría un mes de descanso en tierra firme, en un entorno vigilado, sin ni siquiera poder viajar a sus hogares.

Se encontraba en una gran estancia de techos altos totalmente a oscuras, excepto por un resplandor rojo que se extendía desde nueve puntos distintos de la gran sala. Ya los había visto anteriormente por separado. Los había visto en las cámaras de vigilancia, en vídeos; había sido testigo de las horribles acciones de ViPer. Ahora que estaba atrapado ante el ventanal, parecían darle una tregua y dejarle despedirse de ese oscuro mundo. René seguía totalmente inmóvil, no se veía capaz de hacer frente a su creación.

A medida que los últimos minutos de luz morían al filo del océano Atlántico, los reflejos rojos se definían con mayor precisión sobre el cristal. Estaba solo, no le cabía la menor duda de que todo su equipo había muerto. Para ser más precisos, habían sido asesinadas. En total, sesenta y dos personas habían perdido la vida en las últimas cuarenta y ocho horas. Probablemente, algunas de las mentes más brillantes del último siglo, sus compañeros, sus amigos.

La última versión de ViPer los había matado a todos.