El lugar más frío.

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Summary

Kim Rabini es una joven y brillante astronauta que participa en la misión JELAD I, cuyo objetivo es perforar la luna Europa de Júpiter para alcanzar el océano líquido que se encuentra bajo su superficie. Durante el descenso a la superficie, la nave sufre un fallo, lo que obliga a la tripulación a realizar un aterrizaje de emergencia.

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Fase 1

EL LUGAR MÁS FRÍO

No podía dejar de temblar.

A pesar de que hacía horas que tenía los dedos totalmente entumecidos, trataba de seguir analizando datos y salvando su investigación. Aguantaba el mordisco helado en el cuerpo hasta que este decidiera dejar de luchar. La misión lo era todo, aunque estuviese condenada desde hacía días.

Intentaba no pensar en su papel en ese escenario, pero en la pared de enfrente podía leer, en grandes letras de un color marrón oscuro: «No todo vale, Kim». Eran las últimas palabras de su compañera bióloga, cuyo cadáver congelado seguía al pie de esas palabras.

Esperaba que sus compañeros, de seguir con vida, comprendiesen que los objetivos de la misión, y por tanto de la humanidad, estaban por encima de sus vidas. Algo que habían olvidado en sus últimos momentos, pero ella, Kim Rabini, siempre había pensado en el bien común de la humanidad. Ese era su único fin.

Fase 1.

Siete días atrás habían aterrizado en el suelo helado de Europa, la sexta luna de Júpiter. Era un sueño para los seis tripulantes de la JELAD I, o Júpiter-Europa Lander Driller uno, la primera misión tripulada a Europa. Este satélite ya había sido explorado en misiones no tripuladas, con resultados muy prometedores. Estas misiones habían hecho soñar a toda la raza humana con un nuevo mundo acuático orbitando Júpiter. Estas misiones habían hecho soñar a toda la raza humana con un nuevo mundo acuático orbitando Júpiter.

Los drones de misiones anteriores, aparte de sobrevolar sus vastas llanuras de hielo, se habían adentrado en el manto de hielo a cientos de metros de profundidad. No habían llegado a tocar agua, por supuesto, pero se había demostrado que existía un océano de proporciones inimaginables a solo doce kilómetros de la superficie. Una última frontera ínfima, tras salvar los más de seiscientos millones de kilómetros que la separaban de la Tierra.

El mayor volumen de agua líquida en el sistema solar. Suficiente para saciar las necesidades de la raza humana en su expansión por el sistema solar. Suficiente para crear atmósferas viables en Venus, Marte e incluso en Io. Y aún quedaría suficiente agua para disfrutar de océanos de más de cincuenta kilómetros de profundidad. El tesoro de Europa, la amante de Zeus, era inimaginablemente valioso. Asegurar tal cantidad de agua supondría un brillante futuro para el mundo y la colonización más que probable de todo el sistema solar.

Kim y el resto de la tripulación habían salido en el año 2126 desde el espacio-puerto Neil Armstrong. Durante los siguientes trece meses, habían compartido los limitados setenta metros cuadrados del espacio de viviendas de la JELAD. El recibimiento de Júpiter fue de lo más embriagador. Nadie podía hacerse una idea de lo que era aquel gigante gaseoso hasta que no lo tenía a cuatrocientos mil kilómetros de distancia. El capitán de la misión, Niode de Soô, había conseguido, en un plácido trayecto, traerlos sanos y salvos a la distancia más grande que había estado nunca un ser humano de la Tierra. Eran la primera tripulación en dejar la cuna, la primera vez que la humanidad se adentraba más allá del cinturón de asteroides.

Ante ellos se encontraba un volumen titánico de materia y energía. Inimaginable a todas las escalas, un gigante que le devolvía la mirada desde lo más profundo de su ser. La esfera de Júpiter abarcaba buena parte del pequeño ventanuco de la bahía de observación de la JELAD. Sus sinuosas nubes de tonos ocres, naranjas y marfil se movían en una danza hipnótica. Las nubes se movían lentamente alrededor del planeta en lo que parecía una plácida corriente. A esa escala, era un espectáculo hipnótico. Pero a nivel planetario, eran capas de atmósfera de gases pesados que giraban a velocidades sónicas; un auténtico infierno de vientos y presión que destruirían cualquier nave que intentase penetrarlas.

Toda la tripulación había caído ante esa fascinante visión. Excepto el capitán. Niode le dedicó más que unos segundos. Kim le miró con recelo cuando rechazó su turno en el mirador, pues el capitán parecía más frío que la mismísima Europa.

Europa se proyectaba como una pequeña esfera negra ante el gigante Júpiter. Con un tamaño similar al de la Luna terrestre, a medida que se acercaban vislumbraban una pequeña esfera, casi lisa, ante el gigante por excelencia del sistema solar. Un lugar en apariencia inhóspito, frío y desolador.

Este sería su nuevo hogar durante los próximos tres meses.