Una semilla
Débora corría por los pasillos del edificio, cargando muchos papeles y documentos importantes, al parecer se dirigía a la oficina de Mateo, el presidente de la compañía, cuando llegó a la puerta un guardia la detuvo.
—Identificación, señorita.— Dijo el guardia con un tono serio.
—¿En serio? Tu me conoces ¿Para que necesitas la identificación?— Dijo Débora jadeando por haber corrido tanto.
—Políticas de la empresa.— Dijo el guardia aún con un tono serio.
—Pfff bien, aquí tienes.— Le da su identificación.
—Está bien, puede pasar.— Dice el guardia con el mismo tono frío y serio.
Cuando Débora pasó se encontró con Mateo, quien estaba viendo la gran ventana que tenía en su oficina.
—Aquí están los documentos señor.— Dice Débora todavía entre jadeos por el cansancio.
—Gracias Debbie.— Dice Mateo mientras voltea su silla para ver a Débora.
—De nada señor.— Dice Débora para después retirarse de la oficina.
Mateo mientras vé como Débora se retira de la habitación piensa en flores, principalmente por su olor, pensaba que no estaría mal para decorar su casa, el negro gris y blanco eran los colores que predominaban en su casa, ponerle un poco de colores vivos no estaría mal, tampoco es como que los colores lo mataran o le hicieran daño.
Horas después cuando salió de trabajar, Mateo se dirigió a una florería, la cual estaba atendida por un joven llamado Larry, quien era el que dirigía la mayor parte de la florería.
—Buenas tardes señor, ¿Qué se le ofrece?— Dijo Larry mientras terminaba de acomodar algunas flores.
—Buenas tardes, un amigo me recomendó esta florería, ¿Tienes flores de Loto? —Dijo Mateo mientras se acercaba a Larry.
—Claro, ven sigueme. —Dijo Larry para después dirigirse a las regaderas del establecimiento.
Mateo lo siguió, y encontró las flores que buscaba, aunque había muchas flores el había escogido las de loto por una razón, le recordaban a una amiga de la infancia, a ella siempre le habían gustado esas y a Mateo le gustaba recordar eso, así que se las llevó a su casa, eran bonitas, aunque claro, ese rosa-rosáceo de las flores de loto no combinaban mucho con los colores de su casa frios y vacíos, pero se veían bonitas, a algunos de sus vecinos les sorprendía porque Mateo no era alguien muy social o "vivo" por así decirlo, incluso algunos niños le decían "el muerto viviente" al no parecer tener emociones, como si fuera una piedra.
Un día, Rose, la madre de Mateo, fue a visitarlo. Ella también parecía estar sorprendida, ella conocía a su hijo más que a nadie, y sabia como era el.
—Ya llegué. —Grita Rose entrando y cerrando la puerta detrás suya.
Un silencio inundó la casa, parecía que Mateo todavía no regresaba del trabajo, así que Rose fue a explorar la casa, ya que cuando se veían normalmente era en su casa o en algún otro lado, así que era la primera vez que Rose visitaba la casa de su hijo. En eso, se escuchó como la puerta de la entrada se abría y se cerraba, Mateo había regresado al fin, un poco más tarde de lo normal, Cuando Rose fue a ver a su hijo, vió como este tenía muchos tipos de flores de colores diversos.
—Hola hijo, ¿Y esas flores? —
—Hola mamá, son para decorar. —Dice Mateo mientras deja las flores en un mueble.
—¿Y eso? —Pregunta Rose confundida.
—Pues no sé, solo me parecieron bonitas. —
—¿Seguro? —Dice Rose, cuestionando un poco la respuesta de su hijo.
—Si, más que seguro. —Responde Mateo firmemente.
—Ok, supongo. —Dice Rose aún con confusión. —Ah, y por cierto, invité a tu hermano. —
—¿Qué? —Dice Mateo con un tono fuerte.
—Invité a tu hermano, ¿Hay algún problema? —
—No, no, para nada. —
Algunas horas después llegó Ollie, el hermano de Mateo, quien también estaba sorprendido al ver que su hermano tenía flores.
—Así que no te resististe al final ¿Eh? —Dice Ollie de forma medio burlona
—Supongo. —Dice Mateo con un tono molesto.
Algunas horas más tarde Rose y Ollie estaban a punto de irse, ya era de noche por lo que era un poco tarde.
—Ten —Dice Ollie mientras le da una semilla a su hermano. —Es una semilla.
—¿Y para qué? —Pregunta Mateo confundido.
—¿Y para que crees que es? Obviamente para plantarla tontito. —Dice Ollie un poco extrañado de la pregunta tan obvia de hermano.
—¿Y de qué es? —Pregunta Mateo.
—De una flor muy bonita. —Responde Ollie.
Después de eso Rose y Ollie se retiraron, y Mateo fue a plantar aquella semilla que su hermano le había dado.
Mateo se había vuelto un cliente recurrente en la florería de Larry, eso convirtió en que Larry y Mateo se volvieron amigos, era común que se vieran en la semana.
—¿Y ahora cuáles serán? —Dice Larry a lo lejos de la florería.
—Jeje, bueno, ahora no vine por eso exactamente. —
—¿A no? —Pregunta Larry confundido. —¿Y entonces para que?
—Bueno, mi hermano me dió esta planta, y no se de qué es. —Responde Mateo
—¿Tienes un hermano? —
—Si, y me dio está planta, ¿Sabes de que es? —
—Bueno, apenas está creciendo, así que me es muy difícil saber de que es, hay que esperar a que crezca.
Mateo solo asintió y dejó la planta de la oficina de Larry. De cierta forma la amistad de Larry y Mateo era como una semilla, era incierta pero solo crecía y crecía