Bajo el cielo de Dios | taekook/kookv

Summary

En los conservadores años 50, Jungkook, un joven serio y calculador, conoce a Taehyung, el elegante y reservado hijo del alcalde. Lo que comienza como una amistad inocente en la iglesia del pueblo, pronto se convierte en una conexión profunda y peligrosa, mientras ambos luchan contra los deseos prohibidos y la represión social de la época. Un romance de deseo reprimido, secretos y corazones rotos en una época que no perdona el amor prohibido. La portada no es mía,créditos al respectivo autor. Historia creada por mí. No adaptaciones. No copias.

Genre
Romance
Author
teasub
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

01

La iglesia, como cada domingo, era el punto de reunión para la misa vespertina, y los vecinos comenzaban a congregarse en sus alrededores.


Jungkook caminaba por las calles del mercado, saludando a algunos comerciantes conocidos. Su expresión seria y serena le daba un aire de madurez, y su postura erguida reflejaba su crianza en una familia con una fuerte tradición religiosa. Se detuvo en un puesto de frutas, examinando unas manzanas con detenimiento, cuando escuchó una voz familiar.


—¡Jungkook! —Mingyu, su amigo cercano, apareció con una amplia sonrisa. Iba acompañado de un par de conocidos del pueblo, todos charlando animadamente.


—Mingyu —respondió Jungkook con una ligera sonrisa, inclinando la cabeza a modo de saludo—. ¿Cómo estás? No te veía desde la última reunión del club.


Mingyu rió y pasó un brazo sobre los hombros de Jungkook, siempre más expresivo y cariñoso en sus gestos—. He estado ocupado, ya sabes cómo es mi familia, siempre hay algún evento o compromiso. Pero ahora estoy libre, así que pensé en pasar por el mercado.


Los dos amigos charlaron un rato, disfrutando de la calma del pueblo. Mientras caminaban juntos hacia la iglesia, sus conversaciones pasaron de temas triviales a cuestiones más serias sobre el futuro, el trabajo y la presión de sus familias.


—He oído que el hijo del alcalde ha vuelto —comentó Mingyu, cambiando de tema con un tono curioso.


Jungkook, con un aire de interés contenido, asintió—. Sí, lo he visto. Parece diferente, no como lo recordaba. Más... serio, supongo.


—¿Serio? —rió Mingyu—. No sé si será así cuando lo conozcamos bien. Tal vez la ciudad lo cambió.


En la iglesia, los feligreses se congregaban para la misa. Taehyung estaba sentado solo en uno de los bancos, observando el altar con una expresión pensativa. Desde su regreso, había evitado asistir a muchos eventos sociales, prefiriendo pasar el tiempo en soledad o con su familia directa. Sin embargo, aquella tarde había decidido ir a la iglesia, como si buscara un refugio en la calma del lugar.


Jungkook entró, acompañado por Mingyu y otros conocidos. Se dirigió hacia un banco cercano, pero no pudo evitar fijarse en la figura elegante de Taehyung, quien parecía abstraído en sus pensamientos. Mingyu notó su mirada y sonrió de forma pícara.


—¿Lo conoces? —preguntó en voz baja.


—Apenas —respondió Jungkook—. No hemos hablado desde su regreso.


—Deberías presentarte. Después de todo, eres el asistente del Padre Namjoon. Quizás le vendría bien alguien que le muestre lo que ha cambiado en el pueblo.


Jungkook asintió, pero no se acercó inmediatamente. Observó de reojo cómo Taehyung se levantaba del banco y salía de la iglesia antes de que comenzara la misa, como si la paz que buscaba no estuviera ahí. Fue entonces cuando decidió seguirlo.


Afuera, Taehyung se detuvo frente al pequeño jardín de la iglesia, donde crecían rosas de diferentes colores. Miró las flores con una expresión de melancolía. Cuando Jungkook se acercó, dudó por un momento, pero finalmente se atrevió a hablar.


—Son hermosas, ¿no? —comentó Jungkook, deteniéndose a su lado.


Taehyung giró la cabeza, sorprendido de verlo. Sus ojos se encontraron por un instante, y Jungkook sintió una especie de curiosidad, no necesariamente romántica, sino una fascinación por esa figura elegante y reservada.


—Sí, lo son. Me recuerda a los jardines de la universidad —dijo Taehyung, esbozando una pequeña sonrisa.


—Estudiaste fuera, ¿verdad? —Jungkook se arriesgó a preguntar, buscando iniciar una conversación que fuera más allá de lo superficial.


—Sí, en Nueva York. Columbia University. Decidí regresar por un tiempo, el bullicio de la ciudad puede ser abrumador —explicó Taehyung, manteniendo su tono sereno.


—Debe haber sido una experiencia fascinante —comentó Jungkook, con un matiz de admiración contenida en su voz—. Este pueblo debe parecer muy pequeño después de todo eso.


—Lo es —admitió Taehyung, mirando a su alrededor—. Pero a veces lo pequeño tiene su encanto. Hay cosas que uno no encuentra en una gran ciudad.


Jungkook asintió, sintiendo que la conversación fluía de manera natural. Hablaban de cosas sencillas, del pueblo, de los cambios que ambos habían notado. Taehyung mostraba una reserva en sus palabras, pero de vez en cuando dejaba escapar una sonrisa ligera, lo que revelaba un lado coqueto y despreocupado de su personalidad.


—Es curioso cómo cambian las cosas, ¿no? —dijo Taehyung, mirando una rosa en particular, de color rojo intenso—. A veces, las flores más bellas crecen en los lugares más inesperados.


Jungkook observó la rosa que Taehyung señalaba, reflexionando por un momento sobre la frase. El silencio que siguió no fue incómodo, sino contemplativo. Los dos hombres, cada uno con sus pensamientos, compartieron aquel instante de paz antes de que Taehyung diera un paso atrás.


—Nos vemos, Jungkook —se despidió Taehyung con una ligera inclinación de cabeza antes de alejarse.


Jungkook lo observó irse, sorprendido de que supiera su nombre y a la vez sintiendo que había algo intrigante en aquel hombre. No era atracción, no. Era la curiosidad por entender a alguien que parecía tan fuera de lugar y, al mismo tiempo, tan en paz consigo mismo.


Jungkook regresó al interior de la iglesia. La misa estaba por comenzar, y él se dirigió hacia el altar para ayudar al Padre Namjoon. Mientras organizaba los objetos sagrados, su mente seguía pensando en el breve encuentro con Taehyung. Había algo en sus ojos, en su forma de hablar, que despertaba preguntas en su interior.


—¿Todo bien, Jungkook? —preguntó el Padre Namjoon, notando su distracción.


—Sí, padre —respondió Jungkook, recuperando su compostura—. Solo estaba pensando.


—Pensar es bueno, pero asegúrate de estar presente aquí y ahora —le recordó Namjoon con una sonrisa tranquila.


Jungkook asintió, tomando una respiración profunda antes de concentrarse en sus tareas. A pesar de sus intentos por enfocarse, una pequeña semilla de curiosidad había sido plantada en su corazón, una semilla que, sin saberlo, crecería lentamente con el tiempo.