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El titiritero y la muñeca Jess

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Summary

Una simple amistad puede ayudarte en muchas cosas y más si esa persona es tu mejor y única amiga. Esta historia narra la vida de dos mejores amigos, ambos con sueños grandes pero solo por un incidente pudo cambiarlo todo.

Genre
Fantasy
Author
Aster Cos
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El titiritero y la muñeca Jess


Todo pasó hace muchos años; dos niños se conocieron en el orfanato: un chico de seis años llamado Ehtyan; a él le encantaba jugar con muñecas. Las apreciaba tanto que siempre estaban cuidadas. Se hizo amigo de Jessica, una niña de cinco años que era muy amable, pero ella recibió muchas burlas por su cabello rojizo y sus pecas; todas esas burlas la hicieron muy tímida. Ambos eran solitarios y solo se tenían el uno al otro; muchos les decían que eran una pareja de raros, pero de eso se trata, buscar consuelo en alguien que te trate como un igual y pertenecer a un lugar, no de alguien que te vuelva uno más del montón.

Cuando ambos niños cumplieron 18, Ehtyan construyó una pequeña tienda de juguetes, donde todo lo que imaginaras estaba en aquel lugar. Jessica era bailarina en obras de teatro y, en su tiempo libre, atendía la caja registradora. Aquel lugar era muy reconocido en su pueblo natal y en los cercanos. Ehtyan viajaba en un carruaje de pueblo en pueblo; los niños los querían mucho y los precios no eran tan altos, así que los padres los esperaban.

Era un día tranquilo, el cielo estaba despejado y se escuchaban los pájaros cantar. Nunca pasaba nada malo en el pueblo de Ceres; era un hermoso pueblo donde todos eran felices.

Entró a la tienda una hermosa mujer; Ehtyan la había conocido en un pueblo cercano, cuando fue por trabajo, y aquella chica se había enamorado profundamente de él.

—Buenas tardes, ¿le puedo ayudar en algo? —saludo Jessica amablemente al verla entrar.

—Hola. —La mujer no dijo más, su expresión era bastante seria. —¿Se encuentra “El titiritero”?

—Disculpe, ¿a quién busca?

—Ah… ya sabes, el muchacho lindo que construye esos muñecos, no te hagas la tonta —dijo con indiferencia mientras apuntaba con su dedo a varios juguetes de madera.

—¿Me busca a mí? —interrumpió un chico con cabello castaño y ligeramente ondulado que apenas le llegaba al hombro, quien acababa de llegar.

La mujer, al verlo, le cambió la expresión a sonrisa radiante y empezó a jugar con un mechón de cabello.

—Por supuesto, me gustaría hablar con usted —dijo acercándose a Ehtyan, abrazando el brazo del chico, arrastrándolo fuera de la tienda—. Tenemos mucho de qué hablar.

Jessica se quedó quieta sin saber cómo reaccionar. “Supongo que tardará en llegar”, pensó. Era la primera vez que su mejor amigo se iba sin despedirse de ella; fue a empaquetar unos juguetes que irían a otro pueblo; había muchos pedidos porque ya casi se acercaba fin de año.

Pasaron horas y llegó la hora de cerrar; Ehtyan aún no volvía. “Creo que me toca cerrar sola”, pensó, sintiéndose un poco sola; ellos dos siempre cerraban juntos. Cuando terminó de acomodar todo, salió de la tienda, encontró un ramo de flores de funeral en el piso; eso le causó un escalofrío. Ella se quedó pensando en una explicación.

—¡Señorita, buenas noches! —se escuchó la voz de un muchacho que corría hacia ella.

—Buenas noches, Xavier, ¿se te ofrece algo? —dijo calmada, pero dejó caer el ramo sin querer.

—Usted fue aceptada en el teatro del pueblo vecino, como protagonista —dijo el chico; él se agachó para darle el ramo y un guion a Jessica; en cuanto lo hizo, la mirada de ella se iluminó.

—¿Lo dice en serio? —dijo emocionada agarrando el libreto con ambas manos.

—Lo digo en serio, señorita. La obra será dentro de un tiempo; los días de ensayo están marcados en el folleto —le explico a Jessica —.Bueno, yo ya me tengo que ir. Que pase buena noche, señorita.

—Buenas noches. —Ella devolvió su atención a las flores y fue a dejarlas en otro lugar, específicamente donde había visto a un animal muerto.

Ella regresó primero a casa, pero aún Ehtyan no regresaba. Se preocupó; su mente estaba dando vueltas: la noticia de la obra, que aún no llegaba su mejor amigo y en esas flores, aunque pensaba que solo era coincidencia. Intento bailar un poco para despejar su mente. Jess se había inscrito a varios papeles protagónicos, pero siempre le daban los secundarios. Al pasar un tiempo, el reloj marcó la 1 de la madrugada y al fin llegó Ehtyan a la casa.

—Jess, ¿aún estás despierta?, pensé que estabas dormida. —La voz del muchacho hizo que Jessica saliera de sus pensamientos.

—...No podía dormir… Además, me aceptaron como protagonista en mi obra favorita —dijo jugando con sus manos, olvidando por completo el tema de las flores.

—Me alegra, seguro que estarás tan hermosa. Me verás ahí como siempre, en el mismo lugar.

Ehtyan acarició la cabeza de su amiga; ella solo se le quedó viendo, tenía curiosidad de saber por qué él había tardado tanto. El chico se dio cuenta de la razón de esa mirada y soltó un suspiro.

—Ella hizo un pedido muy grande. Buenas noches —dijo con un tono seco, pero dándole un beso en la frente a Jessica antes de irse.

—Buenas noches... —apenas pudo decir; en su cara tenía un pequeño sonrojo en sus mejillas, contrastando con las pecas de su rostro.

Jessica fue a su propio cuarto, pero no durmió; era del tipo de personas que no dormían al estar emocionadas; dio varias vueltas en la cama. Pero solo pudo ver el techo por horas.

Al despertar, Ehtyan no estaba; pensó que estaría por el taller. Al salir, se percató de otro ramo de flores funerales; eran puras rosas blancas esta vez; en esta ocasión se sentía como si fuera para ella; al voltear, no miraba a nadie por las calles, estaba todo vacío, sintió una inquietud, no sabía qué hacer, no las quería tirar, regresó a la casa y las puso en agua; al menos las rosas eran más lindas que las anteriores.

Pasaron los días; cada uno era igual al anterior. Aquella dama llegaba al taller, trataba mal a Jessica mientras Ehtyan no estaba y, cuando él llegaba, era todo diferente; la mujer, al verlo, se lo llevaba a otros lugares y lo distraía del trabajo. Con Jessica era igual; cada día encontraba un ramo de flores para funerales o flores blancas; unos en su casa, ventana, la entrada de la tienda y el mostrador; la pelirroja no sabía qué hacer al respecto. La pareja de mejores amigos ya no se veía por más de media hora y en ese corto tiempo solo se la pasaban discutiendo o tal vez solo había tiempo para un “Hola”, pero nunca para un “adios”. Día tras día, semana tras semana, hasta llegar a los meses, solo falta una noche para el día de la obra, pero un problema se estaba por descubrir.

—Ehm... Eht —dijo buscando un poco de atención de su amigo—. Si vas a ir a verme en la obra, ¿verdad? —preguntó con preocupación. Aún llevaba el peso de todas esas discusiones no terminadas.

—Uhm... Mira, Jesica, ella me pidió que la entrega de su pedido sea mañana y el lugar está lejos; no creo llegar temprano —dijo sin preocupación; ni siquiera la estaba viendo al rostro.

—Oh… —La pelirroja sintió un vuelco en el corazón; ella, al ser huérfana, solo tenía a su mejor amigo, así que no iba a tener a nadie que la viera en el evento más importante de su vida—. Eso es un no… —dijo con tristeza. Él había cancelado todo por aquella dama en los últimos meses. Y esta vez Ehtyan la llamó por su nombre; sintió muchas ganas de llorar, pero intentó no hacerlo.

—Jesica, entiende, necesito esto, los dos lo necesitamos —dijo viendo sus ojos y agarrando la mano de su amiga, sabiendo que ella jamás le podría decir que no.

—Está bien, lo necesitas, has estado trabajando por meses… —dijo, mirando hacia otro lado. “Al igual que yo lo he hecho”, pensó.

—Gracias, sabía que lo entenderías —dijo, dándole un beso en la frente—. Sé que estarás increíble, como siempre lo estás —acarició la mejilla de ella—. La próxima vez iré, te lo juro. Buenas noches.

—Sí... Buenas noches —dijo decaída, se fue a su cuarto y, al cerrar su puerta, para poder llorar.

Se sentó en el piso; quería gritarle a Ehtyan, pero jamás podría. Empezó a sentir un nudo en la garganta; se estaba sintiendo sola, había olvidado ese sentimiento. Algo golpeó la ventana, sacándola de sus pensamientos; al asomarse, pudo notar una paloma muerta. Se asustó, pero ella amaba a los animales, así que salió solo para enterrarlo. Al pasar por la puerta se sintió observada, pero pensó que era su imaginación.

Al día siguiente, Jessica se despertó primero e hizo su rutina de siempre. No se despidió de Ehtyan para evitar cualquier otra discusión y para no llorar al verlo. Salió de la casa en silencio, dirigiéndose al teatro para su gran debut, pero ella no notó que por la ventana había dejado más flores blancas.

—Mi señora, ella ya está en el escenario —anunció alguien.

—Muchas gracias, me imagino que él no se molestó en acompañarla, ¿verdad? —dijo con un tono burlón.

Horas más tarde, la obra ya iba por el intermedio; Jess se estaba preparando para su próximo acto. Mientras estaban preparando su próximo vestuario, pudo ver que en el asiento que siempre iba Ehtyan estaba una mujer muy parecida a la dama que siempre iba al taller.

En otro lugar, Ehtyan estaba en el punto de entrega, solo que esperaba a la clienta.

—Hola, buenas noches, aquí tienes el pedido —dijo, esperando al menos poder llegar al final de la obra.

La dama le puso una mano en su hombro para detenerlo. —Gracias, titiritero, hablemos un poco más sobre su trabajo.

Ehtyan suspiró, aunque mostró su impaciencia. Le prometió a Jessica que siempre estaría para ella, y acababa de faltar a su palabra.

Todo estaba yendo bien, faltaba poco más de media hora para terminar la obra, pero de repente, un grupo armado irrumpió la obra y comenzó un tiroteo. Había muchas personas en aquel lugar y el pánico se apoderó rápido y todos salieron corriendo. Jessica guio a un grupo de personas hacia una salida trasera, pero queriendo ayudar a unos niños pequeños que salieran primero, una bala la alcanzó.

Ehtyan llegó al teatro cuando ya se había calmado todo. Se llenó de tristeza al saber que su mejor amiga había fallecido. Aquella noche no pudo dormir; solo podía recordar que en los últimos momentos de su mejor amiga solo habían discutido, le había fallado a su única familia y a la persona que más amaba. Jamás había pensado que se separarían por siempre; la casa se sentía vacía; se había acostumbrado tanto a su presencia que solo quedaba su fantasma.

Al día siguiente, Ehtyan abrió la tienda con el rostro cansado. Mientras intentaba mantener la calma, el tintineo de la puerta rompió el silencio. La bella dama entró, quien al verlo sonrió con compasión.

—Buenos días, Ehtyan —esta vez usando su nombre por primera vez—. Me enteré de lo que pasó con Jessica. Lamento mucho tu pérdida.

Ehtyan sintió enojo al oír sus palabras. Apretó los puños, conteniendo sus emociones; nunca había defendido a Jess de los malos comentarios. Ella continuó hablando.

—Sé que es un momento difícil para ti, pero necesito otro encargo. Sería una muñeca de gran tamaño, digamos... de 1.69 metros, como un maniquí —le dijo bajo.

Ehtyan soltó una risa amarga, mirándola. Su aspecto estaba destrozado: el cabello desordenado y los ojos enrojecidos por la falta de sueño, ojeras.

Un escalofrío recorrió la espalda de la dama; retrocedió—. Está bien, sé que estás ocupado —dijo con voz temblorosa—. Lamento mucho lo sucedido; era tu amiga, yo estaría igual. —Ella llegó hasta la puerta—. No fue mi intención molestarte… —en eso salió de la tienda.

Él soltó un suspiro. “¿Una muñeca con tamaño real?, qué tontería…”, rio entre dientes.

Sacó de su bolso un pequeño camafeo que compartía con Jessica. “Si tan solo estuvieras aquí“, murmuró al ver la imagen.

Se fue al taller para intentar despejar su mente, pero seguía pensando: “una muñeca con tamaño real”. Su mente empezó a distorsionar esa frase, empezó a imaginar cómo sería recrear a Jessica en una muñeca; sabía en el fondo que estaba mal.

Ehtyan comenzó a hacer el plano de cómo se haría. Entró en donde estaban preparando el funeral; su ataúd estaba lleno de flores blancas de funeral, la agarró en brazos y se la llevó. Se encerró en el taller, trabajando sin descanso durante semanas. Finalmente, en su estudio, se encontraba la muñeca: una figura idéntica a Jessica, pero el cabello era más largo y en su brazo decía “Jess”, mientras en su frente tenía tallada una “T”.

—Mi querida Jess.

La muñeca lo miró, pronunciando con un tono frío: “Te odio”.

Ehtyan se estremeció por lo que dijo. —Lo siento, Jess. Para revivirte, tuve que cambiar algunas... piezas —intentó explicar.

La mayor parte de su piel era de madera: en sus articulaciones había hilos largos que conectaban con el techo.

—Te odio —repitió.

—Perdóname, Jess. Si pudiera hacer algo para compensarlo.

Un silencio de pocos segundos se apoderó del lugar; Jessica lo miraba fijamente.

Ehtyan sintió cómo sus palabras lo atravesaban. —Solo quiero que seas feliz...

—Solo buscabas tu propia felicidad.

Los días pasaban; Ehtyan vivía en dolor constante, atrapado en culpa. Colocó a la muñeca en el mostrador de la tienda, pensando que su presencia le haría compañía. Pero solo se lastimaba más. La dama intentaba hablar con Ehtyan, lo invitaba a salir, pero él cada vez era más agresivo con ella.

—Esa es toda la historia.

Dijo una anciana cerrando un libro y levantándose de la silla, dejando a unos adolescentes confundidos. En la hora de dormir, uno de ellos fue al cuarto para robar el libro y saber cómo continuó pero se dieron cuenta de que no era un cuento; era un diario. Uno de ellos siguió leyendo.

Un día aquella dama salió triste del lugar. “Pensé que esta vez me aceptaría”, pensó, mientras iba a su casa. Ese chico le había robado el corazón. Estaba tan acostumbrada a que todos se le acercaran solo por su belleza o por dinero; él le había hablado con amabilidad y sinceridad. Para ella, él era especial, diferente a los demás, y había empezado a pensar que él podría ser la persona que había estado buscando.

—¿Y bien? ¿Cómo te fue? —preguntó otra mujer con una voz fría, que la esperaba en la sala.

—Igual que siempre… como los últimos meses —dijo la bella dama con una expresión de resignación, sentándose en un sillón individual—. Ya sabía que él jamás se fijaría en mí —soltó un suspiro. —No puedo creer que seguí tu plan. ¿Qué culpa tenía Jess en todo esto? —preguntó con amargura, mirando a su hermana.

La mujer sonrió con desdén. —Mucha, querida. Con ella fuera, tenías más oportunidades con él. Yo solo te estaba ayudando.

—¡No era necesario asesinarla! —gritó la dama, levantándose del sillón—. Ella era su mejor amiga, y ahora ya no me quiere ver, no quiere ver a nadie. Yo no necesitaba tu ayuda. Podía lograrlo sola… —Se cruzó de brazos mirando a su hermana con desprecio—. No puedo creer que seas mi hermana.

—Oh, vamos, no fue tan malo —dijo la otra mujer, manteniendo su burla, jugando con una rosa blanca.

Ambas hermanas empezaron a discutir. Su relación se tornó cada vez más tensa, y lo que comenzó como un intercambio de palabras se convirtió en una discusión que revelaba la profundidad de sus resentimientos mutuos. Aquella noche ella salió de casa rompiendo los restos de lo que quedaba de esa familia.

—¿Nunca le dijeron que es igual a una muñeca?

Se escuchó la voz de Ehtyan antes de golpear a mi hermana. Lo había visto por la ventana; él también me miró y, al verlo, lo sabía; tarde o temprano iría por mí.

Al final de todo, un muñeco no hace una colección. Los otros no tenían tanta conciencia como Jess, pues no gastaría material en muñecos secundarios; intenta crear un show completo para su amada, y tal vez tú seas el siguiente.

Los adolescentes dejaron de leer sorprendidos, un ruido de afuera los asustó, uno de ellos se asomó, una carreta de vendedor tapada por una manta y un señor estaba parado enfrente de la casa.

—¿A ustedes les gustan los muñecos?

Uno de los adolescentes salió corriendo al cuarto de la anciana, pero la habitación estaba vacía; solo estaban varios ramos de flores de funerales en la cama. Uno de ellos gritó; al asomarse de nuevo por la ventana, la carreta estaba abierto, Jess estaba en una posición de baile y de su boca salía un líquido rojo y negro.La música empezó a sonar; la anciana ya estaba en cuerdas que sobresalen de la carreta mientras se alejaba.

Una nota se pasó por la puerta: “Cuidado con tus acciones, no sabrás cuándo la presa sea el cazador”. El grupo se quedó viendo entre sí; se dieron cuenta de que uno de ellos faltaba. Lo que no sabían es que ese chico solo los manipulaba, así que el titiritero decidió que sería parte de su colección.



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