Pesadilla (Sasusaku)

Summary

El padre de Sakura Haruno pidió un favor a un mafioso el día de la boda de la hija. Con el paso del tiempo se arrepentirá haberlo hecho. Madara Uchiha, aceptó salvar a la hija secuestrada a manos de otro nuevo mafioso a cambio de un favor del mismo valor, sin embargo, el favor será cobrado a las malas por su primogénito que se enamora de la hija del embalsamador de la familia Haruno. Sasuke Uchiha hará todo lo que esté en sus manos para quedarse con Sakura a las buenas o a las malas, aunque se convierta en su peor pesadilla. Primer libro

Status
Complete
Chapters
32
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18+

Prólogo


Un padre angustiado aguardaba en la fila de aquellos que deseaban hablar con el miembro más influyente de la familia Uchiha. Hoy era un día especial, ya que su única hija se había casado y estaban celebrando a lo grande.


La tradición de los padrinos dentro de las mafias debía ser respetada para preservar la reputación del apellido. Negarse a cumplir con un favor podría comprometer la imagen que han cuidado a lo largo de los años. Sin embargo, al recibir un favor de familiares, amigos, camaradas o conocidos, existía la obligación de retribuirlo, sin importar las posibles consecuencias. Así, se establecía un intercambio de favores de igual valor.


Kizashi Haruno conoció al jefe de la familia Uchiha en su juventud. Por esta razón, llevaba más de una hora esperando su turno para dialogar con Madara Uchiha, mientras los demás invitados disfrutaban de la celebración de la boda de su única hija. Los hombres a su lado parecían tener un aire de mafiosos, y algunos eran reconocidos propietarios de negocios, tanto legales como ilegales. Todos estaban reunidos en este lugar con un propósito común: obtener un favor del jefe de la familia Uchiha.


Algunos mantenían una actitud seria mientras aguardaban su turno, mientras que otros mostraban signos de nerviosismo y ensayaban la manera de ofrecer un saludo respetuoso a la figura de autoridad que se encontraba en su oficina, custodiada por escoltas armados con rifles de alto calibre.


Cuando finalmente llegó el momento de encontrarse cara a cara con Madara Uchiha, Kizashi exhaló un profundo suspiro y se adentró en la oficina. Lo primero que llamó su atención fue el escritorio desprovisto de documentos, una caja de puros y un vaso con hielo que contenía un licor de alta gama. El poderoso hombre, sentado con los brazos cruzados sobre la superficie de madera, esperaba continuar con la reunión de manera rápida para poder celebrar con su querida hija y el resto de su familia.


Uchiha Madara no era el único presente en aquella oficina elegantemente decorada con muebles refinados. A su lado derecho, su asistente sostenía una lista con los nombres de los hombres que aguardaban su turno afuera del despacho.


—Kizashi Haruno, por favor, tome asiento —solicitó Obito Uchiha, el ahijado de Madara.

—¿Qué motivo te trae a la boda de mi hija sin haber recibido invitación? —inquirió Madara, reclinándose hacia atrás para descansar la espalda. A sus cincuenta y cinco años, su único deseo es encontrar un momento de tranquilidad antes de sacar a su hija a bailar con su padre. Hasta ese momento, el día ha resultado ser bastante agotador.


—Lamento la osadía, Madara Uchiha. Sin embargo, considerando que se encuentra celebrando la boda de su única hija, tuve el valor de acercarme, con la esperanza de que no se me negara la entrada a su territorio, y solicitar una reunión privada —expresó Kizashi de la manera más cortés posible, sin revelar la desesperación que sentía por obtener ayuda.


Madara no apartaba la mirada de Haruno. La última vez que se encontraron fue durante una partida de dados en las peligrosas calles de su juventud. No habían sido amigos, pero sí compañeros en juegos clandestinos y jaranas. Desde aquel día, nunca volvió a cruzarse con Kizashi. Intentaba descifrar las verdaderas razones que lo habían llevado a su oficina después de varios años de ausencia. En sus ojos, pudo percibir un destello de desesperación.


—Adelante, comunícame lo que necesites —instruyó, indicando que prosiguieran con lo que fuera que lo había llevado a ese estado. Madara supuso que se trataba de una deuda urgente que debía saldarse o que un familiar podría estar en riesgo.


—Le solicito encarecidamente su ayuda para rescatar a mi única hija, quien fue secuestrada hace dos meses. A pesar de mis múltiples esfuerzos por llegar a un acuerdo con su captor, este se niega a liberarla. He vendido todos mis bienes para poder cubrir una cantidad de dinero que nunca se solicitó. A pesar de mis esfuerzos por llegar a un acuerdo, se niega a devolverme a mi querida hija. Ella ha estado en contacto telefónico, afirmando que es feliz con él y pidiéndome que no la busque más. Sin embargo, tengo la fuerte sospecha de que está recibiendo amenazas de muerte, ya que parece que su bienestar está condicionado por esa relación.


Mantenerse sereno no duró mucho tiempo; en cuanto empezó a detallar lo que estaba ocurriendo con su hija, Kizashi comenzó a llorar de manera significativa.


—¿Aseguras que crees que ha sido amenazada de muerte para hacer esas afirmaciones? ¿Conoces realmente a tu hija para poder afirmar que no está mintiendo? —Madara comprendió que había dos posibles versiones: Kizashi decía la verdad o su hija había decidido estar con ese hombre por su propia voluntad, ya que no se trataba de un secuestro, sino de un rapto.


—La conozco lo suficiente para estar convencido de que está recibiendo amenazas. Sakura... —hizo una pausa— es una joven inteligente, de familia, y nunca me ha causado problemas.


—Los padres podemos afirmar conocer a nuestros hijos, aunque quizás no sea completamente cierto —comentó Madara, haciendo una señal a Obito para que le sirviera un vaso de whisky.


—Créame, Madara Uchiha, mi hija nunca ha sido una persona cualquiera. Siempre se ha hecho respetar. Ni siquiera tengo idea de cómo ese individuo la conoció.


—No sugiero que sea una persona irrelevante, sino que podría haber sido un novio en secreto que se la llevó por voluntad de tu hija.


—Sakura no se comportaría de esa manera. Somos una familia con principios y muy unida. Nunca se le ha permitido salir por su cuenta sin la supervisión de un adulto.


—¿Qué edad tiene?


—Veintiún años. Es una joven bien educada y sin malicia.


Madara creía que Kizashi exageraba, ya que su propia hija, que recibió una educación en las mejores instituciones y no careció de nada, no se asemejaba a la descripción que él hacía de la suya. En la actualidad, su única hija se había casado a los dieciocho años con un hombre de veintiuno. Después de varias escapadas nocturnas, un día fue sorprendida en compañía de un individuo considerado inadecuado, sin la menor referencia familiar dentro del círculo de las familias mafiosas o acomodadas. Como padre, presionó a su hija para que contrajera matrimonio con el fin de proteger la reputación de las mujeres Uchiha. A su yerno se le asignó un puesto sencillo dentro de la organización. No obstante, se trataba de la boda de su hija consentida, y no pudo negarse a lo que Kizashi le había solicitado respecto a la suya.


—Proporcióname el nombre del sujeto y su ubicación. También necesito una fotografía de tu hija.


El rostro de Kizashi experimentó un cambio instantáneo, reflejando una renovada esperanza. Se levantó y sacó una fotografía de Sakura junto a una nota con el nombre del secuestrador, y posteriormente se dirigió al escritorio, donde dejó ambos objetos próximos a un vaso de whisky.


—A cambio, deberás realizar cualquier favor de igual valor que te solicite, en el momento que yo determine —comentó Madara sin desviar la mirada de la fotografía, manteniendo su fría atención en el señor Haruno.


—Como usted ordene, solo le pido que traiga de vuelta a mi hija.


Kizashi Haruno hizo una reverencia respetuosa y se retiró de inmediato, dejando a Madara a solas con su ahijado.


—Llama a mi primogénito y pídeme que se presente en mi oficina.


Obito tomó el teléfono de una mesita y contactó a los escoltas del hijo mayor de su padrino. Cinco minutos más tarde, Sasuke Uchiha ingresó a la oficina de su padre. Al recibir las instrucciones de su progenitor, decidió dejar a su querida hermana en la pista de baile.


—Sarada ha preguntado por usted, padre. Si lo desea, puedo encargarme de los otros solicitantes que han aprovechado esta ocasión especial para pedirle favores —comentó Sasuke, mientras tomaba asiento en la silla que Kizashi había ocupado recientemente frente al escritorio. Con un traje elegante y un Rolex de oro, Sasuke refleja el buen gusto del único hijo varón de Madara.


—Es una tradición entre los miembros de la mafia en un día como este. Y no, no puedes asumir el puesto de tu padre a menos que seas nombrado jefe. Sabes bien cuándo ocurrirá eso —aclaró Obito.


Sasuke dirigió una mirada penetrante al ahijado de su padre antes de continuar:


—Me hablas como si fuera un ingenuo. No lo vuelvas a repetir; no olvides que algún día seré yo quien te dé órdenes. Tampoco pierdas de vista tu lugar.


Madara tuvo que intervenir antes de que esos dos olvidaran que él se encontraba en medio de la conversación.


—Obito, te encargo que busques a mi esposa y la traigas personalmente.


—En seguida —respondió, sin poder negarse a cumplir la orden, aunque supiera que era un pretexto para dejarlos a solas.


—Sasuke, te solicito que hagas las paces con Obito; después de mí, él será tu única mano derecha. Antes de que digas que tu hermano de diferente padre estará a tu lado, quiero que me informes sobre la ubicación de Itachi en este día tan especial para la hermana de ambos.


Madara no obtuvo respuesta de Sasuke. Itachi nunca confirmó su asistencia a la boda de Sarada, y para ese momento, era poco probable que se presentara.


—Deseo añadir un aspecto adicional a la misión que te encargué para mañana. Por casualidad, el último individuo que acaba de salir tiene vínculos con la misma persona a la que deberás eliminar. Además, quiero que localices a la chica de la foto de cartera y que la rescates, asegurándote de que regrese sana y salva, incluso si se opone.


Madara dirigió su mirada hacia su hijo, donde se encontraba el nombre del secuestrador y la imagen de una hermosa mujer con unos ojos divinos y un cabello de tono rosado.


—Naruto Uzumaki, mañana te dispararé en la cabeza, y, de paso, rescataré a esta bella mujer, quien podría desearse como una princesa cautiva en la torre del feroz dragón. ¿Padre, quién es su progenitor? —con una sonrisa altanera, guardó la fotografía en el bolsillo de su pantalón, junto con la nota que contenía el nombre de Sakura Haruno y el del supuesto secuestrador.


—Un embalsamador que anteriormente compartía momentos de ocio y diversión. No se trata de una persona de relevancia. Solo trae a su hija con la intención de devolverla viva y en perfectas condiciones...