EPILOGO
En la penumbra de una noche estrellada, una chica de aspecto frágil caminaba sobre un pasillo, que era tocado por la luz de la luna.
Sus pasos resonaban en el, la luna iluminaba su camino, al piso superior.
La joven, envuelta en la penumbra, avanzaba con cautela hasta llegar a unas escaleras que crujían bajo sus pies. Subió con determinación, guiada por la luz de la luna que se colaba por las ventanas.
Al llegar al piso superior, se encontró con un corredor que conducía al final de un cuarto.
Era casi audible su andar o tal vez era su corazón que ya estaba por salirse de su pecho, sentía que las piernas le temblaban, su manos se sentían como mantequilla derretida, podría decirse que la atmosfera no la ayudaba a calmar su pensamiento, a pesar de ser una noche tan pacifica, casi al llegar al final del interminable pasillo, tomo un momento para llegar a la puerta y lograr abrirla.
La alcoba estaba envuelta en sombras, pero la luz de la luna se asomaba tímidamente por las ventanas, revelando a un anciano en un sueño profundo.
El ambiente cálido anunciaba que ya era verano, y la escena se volvía más surrealista con cada paso que daba era casi como si la escena estuviera hecha para que la atraparan en el acto ya que el silencio podía delatar sus movimientos y pasos.
Ella examino el entorno, trataba de no moverse demasiado para no ser atrapada, era extraño que no hubiera alguien en la puerta, acaso ellos ya no tomaban en cuanta al anciano que yacía en cama enfermo, creo que ya todos sabían que el moriría en cualquier momento, ya daba igual si moría o si desaparecía, ya era solo una carga para todos.
Las criadas siempre se quejaban, queja tras queja, que el no podía ni ir a hacer del baño solo, que ahora les tocaba la peor carga, bañarlo todos los días me hace sentir sucia decían, por que solo las mucamas debían sufrir esto, también estaban los mayordomos, que? ellos solo están para decorar las puertas.
Esos recuerdos rancios iban y venían en su mente.
Regresando a su misión inicial recordó que una sirvienta había dejado una tijeras en los cajones grandes, pero era demasiado lejos de donde ella estaba era arriesgado, en donde ella podía ser atrapada.
Con mucho cuidado se escabullo hasta el cajón sentía que la adrenalina la hacia sentirse mas expuesta sentía que iba demasiado rápido que podía cometer un error , cada paso lo sentía mas pesado como si perdiera en el andar el equilibrio se sentía mas torpe su corazón no ayudaba, daba saltos de pánico cada que ella daba un paso y crujía la madera debajo de sus pies, al final logro llegar sin complicaciones, la dama abrió un cajón cercano, extrayendo unas tijeras puntiagudas.
Luego de este punto ya no abría marcha atrás, ella sabia que de esto podían salir muchos problemas.
Pero su odio también la comía por dentro ella ya no soportaba que el siguiera con vida sin pagar por todos los pecados que había cometido, como si el karma jamás le llegase, ella decidió tomar justicia por su propia mano.
La luna, testigo silente, pintaba la escena de blanco y negro mientras la chica se acercaba al anciano, cuyos rasgos se perfilaban en la oscuridad. Su sueño parecía tan apacible y eso irritaba a la joven que no conocía el descanso desde hacía noches.
Las ventanas enmarcadas por la noche, mostraban un panorama de estrellas titilantes.
La frágil señorita, movida por un deseo de liberación como si de una pluma sobre las duelas de madera se tratase, parecía volar justo al punto que ella ya había fijado, con rostro serio y sin mostrar piedad, desató su furia sobre el anciano, clavó las tijeras en su garganta , era la única manera que el anciano no gritara o emitiera algún sonido que no fuera ahogado por la sangre.
El carmesí de su sangre se mezclaba con la luz de la luna que se reflejaba en sus ojos asombrados.
La luna seguía su curso en el cielo, iluminando la escena macabra , llena de adrenalina, contemplaba su obra, tomando así las tijeras hundiendo las en el pecho del anciano dandole mas dolor, dejo las tijeras hay y solo decidió dejarlo sufrir hasta el final.
La sangre se extendió, tiñendo su rostro y pijamas de un rojo brillante y ardiente.
Con el anciano en su último aliento, la dama se dirigió al balcón.
La luna se alzaba majestuosa, y la joven saboreaba la libertad que tanto anhelaba solo por un ultimo momento antes de que todo descubrieran la escena en la mañana.
Dándose cuenta en su éxtasis, la realidad se esfumaba, empezando a temblar, por el terror de sus propios actos.
Estaba entrando en una crisis que la hacia temblar, tenia ganas de vomitar, le daban muchos mareos, no sabia como controlarse se decía a si misma que era una tonta que debía esperar a que ese maldito demonio muriera de enfermedad , que lo que hizo fue en vano.
cuando de repente como si de un susurro se tratara, escucho una voz tan profunda de alguna parte, salto del susto y miro hacia todos lados no sabia de donde provenía aquella voz que la llamaba cuando como si fuera un instinto miro hacia la luna y se dio cuenta que aquel susurro provenía de la luna, estaba sorprendida y no podía creer lo que escuchaba.
La luna habló, al notar que la chica le presto atención a su llamado le ofreciendo un trato en el que ella tendría la liberación que tanto anhela pero está tenía un precio.
La dama, en sus pensamientos confusos, aceptó el trato.
La luna, testigo de los hechos, le dijo que fuera a dormir que no debía preocuparse mas del futuro ya que seria un futuro prometedor y llenos de nuevos recuerdos hermosos.