PRÓLOGO
Dentro de unas semanas, una de mis mejores amigas contraería matrimonio con el chico más perfecto ante sus ojos y aunque siempre tuve muchas dudas respecto a Edward, la única opinión que importaba era la de ella y mientras ella fuese feliz, yo también lo sería.
Al igual que para Amber la boda representaba uno de sus mayores sueños, era una excelente campaña política para Edward, quien competía por la gobernatura de Texas, desconocía las razones, pero la gente se inclinaba por votar por aquellos candidatos que expusieran un poco de su vida personal.
La política no era uno de mis fuertes «en realidad era buena para muy pocas cosas». Sin embargo, suponía que a los ciudadanos les brindaba más seguridad votar por quien tuviese a alguien que lo guiara y apoyara en todas las decisiones en lugar de arriesgarse a brindarle su voto a alguien solitario que fácilmente olvidaría las propuestas realizadas o tal vez la gente era demasiado estúpida y se dejaba embelesar por el típico cuento de hadas que representaba un gobernador y la primera dama.
Independientemente de cuál suposición fuese la correcta, gran parte del condado estaba a la expectativa de la boda y en un mundo en el que todo se regía por redes sociales, los hashtags y tendencias respecto a la boda, no dejaban de aparecer, las teorías respecto a lo ostentosa que sería el evento se quedaban cortas a comparación de todo lo que sucedería ese día; ninguna de las familias de los novios escatimaban, menos cuando analizaban a futuro todos los beneficios que les traería políticamente, en especial al prometido de mi amiga.
No me emocionaba la idea de tener una boda a la que asistirían personas a las que ni siquiera conocía, tampoco me generaba felicidad saber que más de una televisora estaría grabando hasta el más mínimo detalle de uno de los momentos más felices de mi vida y ni hablar del desagrado que me generaba imaginar la vida que tendría a lado de mi esposo en caso de que él ganara la candidatura, no obstante, me olvidaba que todo eso lo experimentaría Amber, no yo, por lo que mis opiniones no importaban en lo absoluto.
Amber y yo éramos polos opuestos y suponía que a eso se debía nuestra larga y leal amistad; éramos el balance y complemento de la otra y no podía estar más feliz con eso.
Claro que al llevar tanto tiempo siendo amigas, sería una de sus damas de honor y no satisfecha con eso, Amber me otorgó la difícil tarea de organizar su despedida de soltera, si por mí fuera haría las orgias más masivas de la historia, pero teniendo en cuenta lo mucho que eso mancharía la reputación de la futura primera dama del condado, tuve que ingeniármelas para realizar algo divertido y sutil, algo que no levantara sospechas ni fuese digno de notas amarillistas y lo más sensato que se me ocurrió, fue que todos los invitados, asistieran con antifaz, ¿así o más ingeniosa?
La despedida de soltera no tendría temática como tal, el único requisito para asistir, era cubrirse el rostro y escanear el código QR que sólo se le brindaría a aquellas personas confiables de nuestro círculo social.
Al contrario de lo que creí, me agradó y me entretuvo organizar la despedida, haríamos muchos juegos y dinámicas, creía que la diversión estaba garantizada y ni hablar de la excitación, ya que sin duda alguna mi parte favorita de esos eventos, eran los strippers.
Mientras navegaba por una plataforma de entretenimiento, me encontré con un vídeo en el que varios chicos recreaban un exitoso trend que consistía en una coreografía con un cinturón, por mera curiosidad ingresé a su perfil y fue fácil identificar a lo que se dedicaban y la calidad de trabajo que otorgaban, no lo pensé mucho y me contacté con ellos para contratarlos y darles las instrucciones que debían de seguir y contratos de confidencialidad que firmarían; estábamos en Texas, pero al igual que en Las Vegas, todo lo que sucediera en la despedida, se quedaría ahí.
Admitía que invertía mucho tiempo organizando la fiesta, pero no era nada en comparación de las horas que Amber le dedicaba a los detalles de la boda y mucho menos se asociaba con todo lo que ella había hecho por mí a lo largo de nuestra amistad, así que al final del día, cada pequeño sacrificio, valía la pena.
La despedida de soltera sería mañana, a escasas dos semanas de la boda, por lo que hoy tenía que afinar todos los detalles, ¡me esperaba un día de locos!, pero antes, tenía que ir a trabajar, pues detestaba posponer citas.
Y no, no era doctora como a papá le hubiese fascinado, sino tatuadora, un trabajo que ni siquiera sabía si entraba dentro de los oficios, aunque tampoco era como que me importase, lo único a lo que le daba relevancia, era a lo que me llenase mi corazón y vaya que la tinta lo hacía.
Durante toda mi vida había buscado aquello que me apasionara y cada que lo intentaba, fracasaba en el intento; mi papá era un reconocido neurólogo y tanto nuestros familiares como su círculo social esperaban que siguiera sus pasos, pero no me apasionaba la medicina, lo traté hacer y nunca lo logré, tenía la edad a la que se suponía que los jóvenes terminasen su carrera y yo ni siquiera era capaz de terminar un semestre de todas las carreras a las que entré; medicina, veterinaria, arte, ciencias de la educación y arquitectura, todas tenían aspectos que me llamaban la atención, aunque no lo suficiente como para dedicar el resto de mi vida a eso.
Tanta inestabilidad en todos los aspectos generaría molestia, decepción e incluso desilusión en la mayoría de los padres, pero yo tenía al mejor del mundo; a uno que no me juzgaba, sino que siempre me apoyaba y aunque para todos los que nos conocían eso representaba un error y lo culpaban del desastre que yo era, nadie entendería el nivel de amor que nos teníamos.
Por supuesto que las cosas no eran perfectas entre nosotros, pese a que aceptaba el desastre que era, constantemente me incitaba a seguir los pasos de Darío; el hijo de Tonya «su esposa», el hijastro de papá y para mi mala suerte, ¡mi hermanastro!
Darío era la digna representación de perfección, mientras que yo era la del caos, él era todo lo que una madre buscaba para su hija y yo era todo lo que las madres evitaban para sus hijos, ¿así o más distintos?
Desde pequeña fui feliz de ser hija única; toda la atención y regalos eran para mí, no estaba obligada a compartir mis cosas con alguien más, tampoco era un modelo a seguir en caso de haber sido la hermana mayor ni tenía que seguir los pasos de alguien más en caso de haber sido la hermana menor. Sin embargo, todo cambió cuando Darío ingresó a nuestras vidas, pues tanta perfección era digna de replicar según las mismas palabras de papá «ni siquiera imaginaba el secretito oscuro que su hijastro tenía, mismo que yo descubriría de la peor jodida manera».
Dejé de pensar en el idiota y perfecto de Darío y me enfoqué en la cantidad de cosas que aún me faltaba por hacer para la despedida de soltera de Amber y peor aún, en que las tendría que hacer en la noche, ya que el trabajo no podía esperar.
🤍🧨
Arribé en el estudio de tatuajes y lo primero que hice, fue desinfectarlo para matar cualquier tipo de bacterias que hubiera, desde pequeña crecí con una especie de TOC respecto a la limpieza por la profesión de papá y mi obsesión creció cuando decidí dedicarme a tatuar, como persona podía ser un reverendo caos, pero nadie cuerdo se atrevería a juzgar la dedicación, limpieza y perfección de mi trabajo.
Tener un papá adinerado implicaba haber acudido a varios cursos extracurriculares en la infancia, dibujo fue una de mis clases favoritas, tan fue así que adquirí el hábito de dibujar a mano alzada la mayoría de mis días, suponía que debido a eso mi mano era tan ligera al plasmar tinta sobre la piel de mis clientes.
Tatuar debería ser considerado un arte al igual que el dibujo y la pintura, es más, me atrevía a decir que era mucho más complicado tatuar sobre la piel que sobre una hoja o un lienzo, ya que algunos errores eran más difíciles de corregir, en el mundo de los tatuajes aún no existía algo tan práctico como un borrador o la posibilidad de utilizar un nuevo lienzo, creía que ahí radicaba la importancia y dificultad de nuestro trabajo.
Claro que para tatuar no bastaba con ser bueno dibujando, era importante conocer diferentes técnicas y adquirir conocimientos necesarios para evitar que la piel se infectara o fuera lastimada con la aguja, por lo que incluso con mis pocas ganas de estudiar, tomé cortas capacitaciones para que mi trabajo fuese lo más impecable posible.
Mientras esperaba a la primera chica del día, degusté un café y una crepa salada que compré de camino al trabajo, me encantaba desayunar con esa sensación de limpieza a mi alrededor.
Terminé mi último bocado justo cuando la puerta se abrió indicándome que la primera clienta había llegada y no lo hizo sola, sino con Darío, ¿qué carajo? ¿Mi “hermanito” ya tenía novia? Me carcajeé al imaginarlo, aquello era imposible, hasta la fecha no le había conocido a ninguna pareja, a veces me cuestionaba si mantenía su situación amorosa privada o si era gay y por eso nunca había llevado a ninguna chica a casa.
—Buenos días —saludó sonriente.
—Hola, bienvenida.
—Yo también estoy aquí, Kendra —mencionó juguetón y sonriente, lo que me hizo rodar los ojos, no era posible que alguien fuese tan dulce.
—Lamentablemente estás aquí —farfullé, no era suficiente verlo en las comidas familiares, ¡ahora también lo veía en el estudio!
—Es aún más preciosa de lo que mencionaste —en lo absoluto me sorprendía que Darío hablase bien de mí, irradiaba mucha perfección como para no halagar mi belleza.
—Es linda pese a lo oscura que es —gruñí.
—¿Son novios? —pregunté sin rodeos.
—¡No! —se carcajearon.
—Es residente en el hospital, en una ocasión me comentó sus deseos de tatuarse y le hablé de ti —explicó con tranquilidad.
—Ahora resulta que tendré que agradecerte por mis nuevos clientes, ¡eres odioso! —acusé —. En fin, ya la trajiste, ya puedes irte.
—No lo haré, estaré con ella durante la sesión.
—No si te lo prohíbo.
—Todos tienen derecho a pasar con alguien de su entera confianza —recordó mis propios protocolos y reprimí mis ganas de patalear.
—Haré como que no estás —advertí —. Y dime, chica, ¿en qué área será el tatuaje?
—Aquí —señaló su clavícula.
—Es un área dolorosa —anuncié para no tomarla por sorpresa.
—Estoy dispuesta a tolerar el dolor.
—Perfecto, pasemos —le hice un ademán y el caballero de Darío nos permitió pasar primero al cubículo, ¡me incomodaba lo lindo que era!
Desinfecté una vez más el área de trabajo, coloqué mis guantes y me dispuse a tomar las medidas del tatuaje, desinfecté la piel, imprimí el diseño y me basé en él para iniciar a dibujar.
—¿Lo haces sin referencia? —indagó Darío sorprendido.
—Sí, así de segura estoy de que haré un buen trabajo —guiñé el ojo con egocentrismo y él sonrío tontamente.
Tenía el ego muy elevado, pero también tenía una regla de “garantía”, si al cliente no le gustaba el resultado, no le cobraría en lo absoluto, además de que me comprometía a pagar el tratamiento de borrado láser, hasta la fecha nadie había recurrido a eso, motivo que elevaba mi narcicismo laboral.
Detallé lo necesario y al paso de casi 3hrs, el diseño quedó listo y hermoso, con una de mis manos apliqué espuma limpiadora y con la otra grabé el resultado final para postearlo en mis redes sociales, en la actualidad no había nada más efectivo que la publicidad digital.
—¡Amé el resultado! —exclamó poniéndose de pie y estirándose, pasó varias horas acostada.
—Me alegra escucharlo —dije sin ningún tipo de expresión en la cara.
—¿Realmente te alegras? —asentí.
—Ni te sorprendas, ella así es, es como una especie de ser oscuro.
—Es como conocer a una bruja en la vida real —logró hacerme reír.
—Así es, las brujas modernas ya no hacen pociones, ahora tatúan —estallaron de risa y no pude evitar notar un tipo de admiración por parte de mi hermanastro —. ¿Qué? —lo observé con atención.
—Quedé muy asombrado con tu trabajo.
—Y yo quedé muy asombrada de verte aquí, ni creas que te daré las gracias por otorgarme una nueva clienta, porque estoy segura de que regresarás, ¿no es así? —le cuestioné a la chica.
—Tenlo por seguro —sonrió —. Y al contrario de ti —me miró —, yo si tengo que agradecerte —posó sus ojos sobre Darío —gracias por acompañarme.
—Por nada —se dieron un pequeño abrazo y quise vomitar.
—Dejen los romanticismos a un lado y pasemos a mi parte favorita; ¡la caja! —volvieron a reírse y me mantuve inexpresiva, ¿por qué creían que se trataba de una broma? Realmente amaba el dinero, probablemente en mi otra vida fui don Cangrejo y claro que tatuar me llenaba por completo, pero el dinero también lo hacía.
Luego de pagar, los tortolitos se retiraron y proseguí atendiendo el resto de las citas, pese a darle la atención necesaria a los tatuajes, no dejaba de pensar en la despedida de soltera de mi mejor amiga, ¡algo me decía que hoy no dormiría!
[…]
Desperté y bostecé, no importaba cuántas horas durmiera, siempre despertaba con más ganas de dormir, aunque en esa ocasión, fruncí el ceño por lo horrible que olía mi aliento a alcohol, ¿tan divertida estuvo la despedida de soltera? Sonreí con egocentrismo sabiendo que la respuesta era un sí, no pudo ser de otra manera cuando la organizadora fui yo.
El olor a alcohol no fue lo único que me descolocó, también fue la presión que sentía en mi rostro, específicamente en el área de los ojos y nariz, ¿qué carajos?
Torpemente llevé las manos a mi rostro, palmeé el área que me dolía y me di cuenta de que dormí con el antifaz puesto; o me emborraché a tal grado de no quitármelo o me tomé muy en serio aquello de guardar la privacidad de la novia e invitados, aunque conociéndome, apostaba más por la primera opción.
Me arranqué el antifaz sintiendo un gran alivio y maldiciendo por lo bajo, imaginaba que mi rostro estaría lleno de marcas causadas por la presión ejercida del duro antifaz, ya que no opté por uno de encaje como el de Amber, sino por uno estilo italiano y el material claramente no era apto para dormir con él.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, un inmenso terror me invadió al sentirme acorralada por unos brazos delgados, pero muy bien definidos, ay no, ¿qué clase de pesadilla era esa? ¿¡Acaso follé con un romántico de mierda?! Es que, ¿qué otra explicación había para que mi compañero de sexo estuviese abrazándome con tanta fuerza? Peor aún, ¡¿por qué nos dormimos juntos después de follar?! No, despertar a lado «¡y mucho menos abrazada!» de la persona con la que intimidaba no era común para mí.
Quise zafarme del agarre del hombre, pero al intentar hacerlo, me estrujó con más fuerza a su pecho, ocasionando que me sonrojara al sentir su gran erección, si lo tenía de ese tamaño estando entredormido, ¿cómo lo tendría estando consciente? Me carcajeé con desfachatez, ¡por algo follé con él!
La sensación cálida que estaba sintiendo no tenía punto de comparación, ¿cómo podría comparar algo que nunca antes había experimentado?
Me extrañaba haberme relacionado con un hombre cariñoso, no quería decir que los hombres con los que intimidaba carecían de corazón, me refería a que disfrutaba relacionarme con hombres que fueran directo al grano y no intentaran mezclar sentimientos, las cosas eran sencillas; follábamos y nunca más volvíamos a saber del otro, pero en esta ocasión todo era tan diferente que ni siquiera sabía de qué manera reaccionar o cómo afrontar la situación.
Podía sonar exagerada, pero incluso sentir la respiración de un hombre sobre mi cuello era nuevo para mí «¡nada bueno saldría de todo esto!».
—Duerme un rato más, bonita —asentí cerrando los ojos dejándome llevar por la paz que transmitía su voz, hasta que luego de unos segundos, me levanté de la cama a la velocidad de una bala al caer en cuenta de que aquella voz era idéntica a la de... ¡No, eso no podía pasar! Él no podía ser... ¡Jodida mierda!
Mi inesperada reacción ocasionó que él finalmente abriera los ojos, al igual que yo, durmió con el antifaz puesto, pero el antifaz no cubría el color verde de sus ojos ni tampoco ocultaban el lunar circular que tenía en su mejilla a la altura de su fosa nasal, ¡maldita sea!
—¡Aaaaah! —exclamé aterrorizada al caer en cuenta de todo —¿¡qué haces aquí?!
—¿Qué haces tú aquí, pequeña? —se quitó el antifaz para frotar sus ojos en señal de cansancio y detestaba lo tranquilo que reaccionaba ante situaciones tan estresantes como éstas, ¡¿no era humano o qué?!
—¡Asqueroso, abusaste de mí! —acusé.
—No pareces ser abusada, linda —respondió burlón mientras apuntaba mis endurecidos senos a causa de la excitación que me provocó sentir su miembro.
—¡No te estás dando cuenta de la gravedad del asunto, tonto! —demandé mientras tapaba mis pezones.
—No veo problema alguno —se encogió de hombros ocasionando que mis ojos se hicieran espirales, alguien con tan buena reputación como él lucía sin preocupaciones luego de follarse a su hermanastra, ¿qué estaba ocurriendo y dónde estaba el chico perfecto con el que papá constantemente me comparaba?
—¡Un momento! —apreté los ojos mientras me forzaba a recordar parte de lo que ocurrió a noche y caí en cuenta de que Darío formaba parte de los strippers que contraté —¡debe ser una broma! —estallé de risa.
—¿Qué te divierte? —sonrió con picardía, ¡parecía otra persona!
—¡No! —aplaudí mientras me carcajeaba con locura.
—¿Qué pasa, bebé? —seguí muriéndome de la risa, todo empeoró con su meloso y tan común apodo.
—¡No puede ser! —hice una pausa forzosa de mis carcajadas para poder hablar —eres todo un cliché; de día cardiólogo y de noche stripper.
—Supongo que todos tenemos una doble vida —le restó importancia.
—Es increíble —la malicia se apoderó de mí —¿qué pensará papá al enterarse que su adorado hijastro no es tan perfecto como nos ha hecho creer a todos? —por más que lo intentaba, no podía parar de reír, era como si me hubiesen contado el chiste más gracioso del universo —. Toda una vida incitándome a ser como tú y resulta que tú y yo no somos tan diferentes.
—No me parece justo que me juzgues sin saber todo lo que hay detrás —se puso de pie y caminó hacia mí, por inercia fui retrocediendo para alejarme de él.
—No sabré lo que hay detrás, pero si lo que hay enfrente —mis ojos no podían despegarse del miembro de mi hermanastro, ¡qué enfermo sonaba aquello!
—Sí, me gusta bailar, pero nunca había hecho el amor con ninguna de mis clientas —aclaró.
—¿Hacer el amor? —volví a reírme —. No hicimos el amor, follamos y eso es aún más enfermo, ¡¿no te das cuenta de la situación?! Tú y yo... —me interrumpió.
—¿De cuándo acá eres tan correcta, Kendra?
—¿Y tú de cuándo acá eres tan atrevido y descarado? —cada pregunta que nos hacíamos, era respondida por otra duda, ¡era un cuento de nunca acabar!
—¿Negarás que te gustó lo que ocurrió?
—¡No sé a ciencia cierta lo que pasó! —me petrifiqué al sentir su pecho rozando mi piel desnuda —es decir, no sé cómo o porqué ocurrió.
—Tengo muy presente lo que experimentamos ayer.
—¡No sabía que detrás de ese caliente stripper te encontrabas tú! —me defendí.
—Y yo no imaginaba que detrás de ese antifaz te encontrabas tú, pero no me arrepiento.
—¿Cómo no te darías cuenta? ¿Eres ciego o qué? ¿¡No reconociste mis tatuajes?!
—¿Y tú no recordaste mis ojos?
—¿No inhalaste mi olor?
—¿No viste mis lunares?
—¡Muchas preguntas y pocas respuestas!
—Incluso si te hubiese reconocido, lo habría hecho, Kendra.
—¿¡Sigues ebrio?! —toqué su frente y en efecto estaba hirviendo, pero no por fiebre, ¡sino por la calentura del momento!
—Di que no sentiste todo lo que yo sentí —nuestra mirada se fundió en una sola, escarbé en mis nublados pensamientos a causa del alcohol y recordé lo bien que me la pasé, ¡lo delicioso que me folló!
—Sentí excitación, es obvio considerando lo que hicimos, pero es inmoral, es asqueroso, ¡nuestros papás son los que están destinados a follar, no nosotros!
—¿Sólo fue una noche de sexo para ti? —su voz se quebró y arrugué mi frente al no entender a qué se debía su dolor.
—¿Qué otra cosa debería ser? —interrogué —. No estás entendiendo ni un carajo; nuestros papás están casados, somos hermanastros y nada de esto debió ocurrir, ¿¡por qué luces tan tranquilo?!
—¡Porque fue lo mejor que pudo ocurrirme!
—¿Q-qué?
—Haber intimidado fue una coincidencia, Kendra, pero no lo es todo lo que siento y siempre he sentido por ti.
—¡Deja de decir tonterías!
—Te juro que no son tonterías —me acorraló contra la pared, provocando que un gemido escapara de mis labios —te quiero.
—Sería una estupidez que no lo hicieras, después de todo, somos hermanitos —le recordé —, y por eso mismo, todo esto es una locura.
—Pecar nunca se había sentido tan bien —escondió su cabeza en mi cuello para succionarlo e ir dejando un camino de besos por mi clavícula y senos.
—De-detente —tartamudeé con nervios, pude imaginarme la reencarnación de los dinosaurios, antes de todo lo que Darío estaba haciendo, ¿se golpeó la cabeza y olvidó sus modales? —. Da-Darío, ya —sonrió.
—Anoche no decías eso.
—¡Todo esto es indebido!
—Más indebido es fingir que no sientes lo mismo que yo —musitó contra mi oído.
—Y-ya —mi lívido era tanto, que no me permitía hablar, pasé saliva ruidosamente y mordí mis labios al sentir un par de dedos penetrando mi feminidad, ¡más que cardiólogo parecía sexólogo por lo bien que conocía los puntos de excitación de la mujer!
—Soy un caballero y lo sabes, pero los caballeros también tenemos necesidades.
—Si tan caballero fueras, te detendrías, un caballero no haría nada de esto, ¡un caballero no se follaría a su hermanastra de manera consciente! Dejemos pasar lo de anoche y olvidémoslo; estábamos ebrios, traíamos antifaz y...
—Olvidémoslo y construyamos nuevas memorias.
—No, no puedes estar diciendo ni haciendo nada de esto.
—De ser otra persona no lo haría, pero cuando se trata de ti, me olvido del bien y el mal —lamió mis tatuajes como si la tinta fuese de chocolate y el corazón me bombeó con fuerza, ¡por fortuna él era cardiólogo y me atendería en caso de que algo malo ocurriera!
—Deja de comportarte así.
—¿Y qué si no lo hago? —su voz retadora terminó por convencerme de pecar y estrujé entre mis manos su rostro para besarlo con suma agresividad y necesidad.
Nada de aquello terminaría bien, no era correcto follarte a tu hermanastro, no era sano dejarte penetrar por el hombre que tanto alagaba tu papá y tampoco era moral haber quedado... Indecorosamente enamorados.
NOTA:
¡AAAAAAH! *GRITOS DE PERRA LOCA*
Omg, bonitas, no saben lo emocionada que estoy por esta novela, espero que esta introducción les haya gustado tanto como a mí, desde ya les hago saber que se vienen cositas cursis y muy, muyyyy calientes
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