Prólogo
Jeon Jungkook siempre había sido egoísta, celoso, posesivo, pero sobre todo cabezota. Jungkook rara vez se rendía cuando algo se le metía en la cabeza y nunca paraba hasta conseguirlo.
Mucha gente diría que no es malo eso último, al fin y al cabo cuando se quiere algo está bien luchar por eso ¿no es así? Bueno, Jungkook daba todo de sí cuando quería algo.
Los padres de Jungkook siempre lo halagaban cuando se esforzaba en conseguir algo, ya fuera sacar una buena nota, prepararse un plato de diez para cenar, o conseguir entrar a la universidad con una gran nota.
Pero quizá ser cabezota y esforzarse siempre en conseguir algo no era siempre bueno.
Mucha gente ve ser cabezota como algo malo, al fin y al cabo no cambias de opinión y te mantienes con tu pensamiento te digan lo que te digan.
Y Jungkook desde que tenía uso de razón, siempre había sido el cabezota número uno.
Cabezota número uno que iba detrás de Park Jimin desde que entró al instituto.
¿Era eso normal? Según sus padres no, pues al fin y al cabo en vez de parecer que no se rendía parecía obsesionado. Aunque al menos ahora que tenía veinticuatro años lo manejaba de otra manera.
Cuando apenas tenía trece, se la pasaba llorando cuando Jimin no le hacía caso, cuando era adolescente intentó no llorar cuando fue rechazado y ahora…
—¡Pero Jimin! —exclamó en medio de la calle.
El rubio iba caminando por delante de él, probablemente había acelerado el paso para evitarlo, pero bueno, Jungkook no tardó mucho en acelerar su paso también.
—¡Deja de seguirme! —exclamó Jimin al darse cuenta de que Jungkook iba justo detrás.
Sí, bueno, quizá Jungkook debía de haber parado con eso de intentar conquistar a Jimin desde que el chico le rechazó como ¿Nueve veces? Y bueno, la décima vez Jimin accedió a darle una oportunidad.
Pero claro, no todo es tan perfecto aún cuando era exactamente lo que querías, pues Jimin lo había dejado y él parecía un loco rogandole para volver.








