Capítulo I: El Encuentro que Cambió Todo
La ciudad de Ireth era como cualquier otra. Los coches pasaban a toda velocidad por las avenidas principales, la gente se apresuraba a llegar a sus trabajos y los edificios de cristal reflejaban el sol de la mañana. No había nada extraordinario en ese paisaje, nada que sugiriera que, bajo la superficie, existían secretos que podrían destruir todo lo que creían conocer.
Evan caminaba entre la multitud, su mirada fija, buscando señales de lo que sabía que estaba por suceder. Su misión era clara: encontrar y neutralizar a un hechicero que, según los informes, estaba causando problemas en la ciudad. La Orden de los Guardianes, una facción secreta dedicada a proteger a los humanos de las amenazas sobrenaturales, lo había enviado. Su entrenamiento lo había preparado para todo, pero nada lo había preparado para lo que encontraría esa noche.
El viento soplaba suavemente mientras se dirigía hacia el callejón donde el contacto le había dicho que lo encontraría. Un lugar oscuro, fuera del alcance de las miradas curiosas. La tensión en su pecho aumentaba. Su espada, atada a su cintura, era su única compañera en esas misiones. Sabía que pronto estaría frente a alguien con poderes mucho más allá de cualquier ser humano.
De repente, escuchó un susurro, como un eco lejano, pero a la vez cercano. Se detuvo y echó un vistazo alrededor. Nada. Un paso más y el suelo crujió bajo sus botas. En un abrir y cerrar de ojos, una figura apareció ante él, tan repentina como la oscuridad que parecía envolverla.
Era un hombre, alto y de porte elegante, vestido con ropas negras que parecían brillar con una intensidad sobrenatural. Sus ojos, de un verde profundo, brillaban como si contuvieran siglos de secretos. Evan sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. No importaba lo que dijeran los informes, ese hombre no era humano.
—¿Evan? —dijo el hombre con una voz suave, pero que resonó en el aire como un eco que lo atravesaba todo.
—¿Quién eres? —respondió Evan, desenvainando su espada al instante, listo para atacar, pero sin perder de vista la figura misteriosa.
—Soy Luca —respondió, sin inmutarse.— Y, aunque no lo parezca, no vengo a luchar.
Evan frunció el ceño. Todo su instinto le decía que ese hombre era peligroso, pero las palabras no coincidían con lo que veía. Un hechicero. Inmortal. Poderoso. Y, sin embargo, algo en su mirada no era el de un enemigo. Algo en su voz despertaba una extraña calma en él, como si estuviera tratando con alguien más… humano.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Evan, manteniendo su espada levantada, pero sin avanzar.
Luca dio un paso hacia él, y la luz de las farolas iluminó su rostro, revelando una expresión serena, casi melancólica.
—Porque te necesito. —El tono de su voz era urgente, pero al mismo tiempo lleno de una calma desconcertante. —Porque tú también estás en peligro.
Evan lo miró fijamente, sin comprender. ¿Qué quería decir con eso? ¿Por qué alguien como él, un ser tan claramente fuera de lo común, necesitaría ayuda de un guerrero como él?
—¿De qué hablas? —su voz tembló, no de miedo, sino de una incertidumbre que no podía comprender.
Luca suspiró, como si las palabras que debía decir le pesaran más de lo que él mismo podía soportar. Luego, con una mirada que parecía más antigua de lo que Evan podía entender, dijo:
—Hay una fuerza que está por despertar, una que no conoce fronteras. Algo mucho más peligroso que cualquier hechicero. Y si no nos unimos, todos caeremos.
Evan vaciló. El temor a lo desconocido se entrelazaba con la curiosidad. Nunca había escuchado nada como eso. Sus juramentos como guerrero le decían que debía detenerlo, que debía eliminarlo, pero algo en el fondo de su ser le pedía que lo escuchara. Algo en sus palabras le hablaba, como si las sombras que lo rodeaban compartieran una verdad oculta.
Pero las reglas eran claras. Su deber era proteger a la humanidad. Y si Luca era una amenaza, debía ser detenido.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó Evan finalmente, sin bajar la espada.
Luca miró al horizonte por un momento antes de responder.
—Tu ayuda. Porque, si no lo hacemos, todo lo que amas… desaparecerá.