Esclavo [ChanBaek]

Summary

Lord Chanyeol Park se adentró en el bosque para relajarse, golpearse en el pecho y celebrar su masculinidad en un ambiente libre de las mujeres. En el parpadeo de un ojo se encontró en Galis, un planeta alienígena dónde son los omegas los que gobiernan. Hermosos y vistosos chicos, de una libido insaciable. Desnudo y encadenado, Chanyeol está furioso y su humillante condición no mejora cuando es subastado como un esclavo sexual y ganado por El Alto Místico: Baekhyun Gy'at Li. Pero Chanyeol no es esclavo de ningún hermoso omega. Ni ahora. Ni nunca.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

1


La selva fuera de Valor City. 6049 A.Y. (Años Yessat)



¡Jesucristo, menuda jodida semana!


Fue suficientemente malo ser el único cliente que pagaba en el retiro "Caras Sonrientes y Corazones Pacíficos" y además se las había arreglado para fallar y reprobar en encontrar su miserable paz interior. Fue bastante malo conocer, tras su retorno a Corea del Sur, que Rosseane, su esposa durante cinco años, había decidido que era lesbiana y lo abandonaba por una camarera apodada La Lengua. Fue peor todavía descubrir que Rosseane se había llevado con ella, no solo su orgullo, sino también a su perro Toben. De entre los dos, habría escogido a Toben como compañero cualquier día de la semana, por lo menos el perro era fiel.


Pero esto…


Lord Chanyeol Park frunció el ceño a nada en particular mientras corría a través de la jungla color rosado y purpura de… donde quiera que infiernos estuviera. Sus sudorosos y marcados músculos abultándose, el bronceado y desnudo torso brillando, y decidió que nada, pero nada podía ser peor que esto.

No tenía ninguna noción acerca de dónde estaba y ni la menor idea de cómo había conseguido llegar aquí. Estaba bastante seguro que ya no estaba   -aunque sonara increíble- en la Tierra. Si las cinco lunas violeta que brillaban encima del horizonte no le hubieran indicado esta circunstancia, lo habría hecho entonces el armamento tecnológicamente avanzado que había visto lucir a los hermosos chicos de por aquí.

Durante siete días y siete noches completas Chanyeol había estado huyendo de los hermosos chicos. 

Los chicos, estaba bastante seguro de ello, querían convertirlo en alguna especie de esclavo sexual. Tan increíble como parecía, incluso a él mismo —saber que un chico no quería comprometerse en absoluto en una relación, sino quererlo sólo para tener sexo como único propósito en la vida— le había llevado una valiosa hora de espiar a hurtadillas en el último y diminuto pueblo que había atravesado, determinar que, de hecho, el sexo y la servidumbre eran para lo único que los machos humanos servían en este lugar. La ironía, claro, no se le había escapado.

La vida sexual de Chanyeol estaba en ese punto cuya mejor descripción era, inexistente. Suponía que era un hombre guapo de aspecto bronceado, alto, musculoso, con pelo rubio y ojos castaños, hoyuelos que aparecían en sus mejillas en las raras ocasiones en que sonreía. Había sido descrito, más de una vez, como un estudio de contrastes. Cosas de poca importancia, cuando te casabas con una mujer que no quería tener nada que ver contigo.

Durante un tiempo, pensó que Rosseane sería la esposa perfecta. Era bonita, lista y había pretendido estar locamente enamorada de él. No había perdido tiempo en lanzarle señales de matrimonio, ya que, no sólo sería la vizcondesa ideal que sus padres aprobarían, sino también, una amante fantástica. 

Chanyeol había, comprendido ahora, fallado estrepitosamente en todos sus cálculos.

Había cortejado a Rosseane durante un año antes de casarse. Durante ese año había querido llevarla a la cama, saber lo que se sentía al hundirse en su carne exquisita y follar como una liebre salvaje. Había pensado que Rosseane deseaba lo mismo. Pero como La Lengua podía ciertamente afirmar, ése nunca fue el caso.

Había crecido en un ambiente sumamente conservador y con padres devotamente religiosos que lo obligaron a asistir a internados de chicos toda su vida, Chanyeol había llegado virgen a su noche de bodas. Esperar había sido más difícil de lo que las palabras podrían expresar, porque pensaba día y noche en sexo. Pero en esa época, había compartido el punto de vista religioso de sus padres y quiso esperar, pues sentía que era lo moralmente apropiado. Así que había esperado por Rosseane, tomando solaz en el pensamiento de que una vez casados ella le daría acceso libre y salvaje a su cuerpo, para hacer el amor con su esposa a su antojo.

Eso, desgraciadamente, no estaba destinado a ocurrir.

Chanyeol sabía que la gente se preguntaba a menudo por qué nunca sonreía. Pero es que esas mismas personas no estaban al tanto de que, una ceremonia de boda y cinco años de matrimonio después, Lord Chanyeol Park todavía era virgen. Un virgen treintañero, más caliente que todo el maldito infierno, que, por idiota que sonara, había permanecido fiel a una esposa que le negaba su cuerpo.

Frunció el ceño, mientras se preguntaba por primera vez en siete días si no debería, simplemente, terminar la mísera persecución, dejándose atrapar por los cazadores y acabar con todo, su virginidad incluida. Pero bueno, compartir un rato de sexo y sufrir la indignidad de la esclavitud sexual con un chico, eran dos cosas completamente diferentes.

Y aquí estaba, corriendo tan rápido como sus pies se lo permitían, mientras intentaba por todos los malditos medios evitar ser capturado como algún tipo de presa indigna. Las plantas de sus pies estaban encallecidas, sus pies heridos y ensangrentados de correr, pero no le importaba. No tenía ninguna intención de parar, ni ahora ni nunca, para averiguar lo que estos cazadores querían de él. 

Sexo, por lo que sabía, pero aparte de eso…

Chanyeol había escuchado a hurtadillas a los hermosos chicos que estaban cazándolo, la última vez que se habían detenido a armar campamento. Buscaba averiguar por qué querían capturarlo, pero había comprendido, a los cinco segundos, que no obtendría respuestas rápidas.

Desgraciadamente, pensó Chanyeol mientras hacía un giro cerrado a la izquierda y corría hacia un denso arbusto purpureo para usarlo como camuflaje, no hablaban ninguno de los tres idiomas que conocía. Pero tampoco necesitaba entender lo que los chicos decían para comprender el hecho que, estos chicos en particular, eran cazadores. Cazadores, que cazaban hombres humanos.

—¡My’at fena, mala ra! —gritó una voz.

El sonido lo congeló cuando llegó a sus oídos, el grito parecía casi victorioso. Sólo podría significar que…

-Oh, no.-

Chanyeol gruñó cuando un fuerte golpe de energía le dio de lleno en la espalda. Bramando se tambaleó y cayó al suelo, el barro granate manchó su torso y cara de un rojo oscuro mientras rodaba, ladera debajo, por la colina.

-¡Mierda!- Necesitaba levantarse y correr, pero había quedado inmovilizado por lo que sea que lo había golpeado. -Tengo que salir de aquí…- Fue el último pensamiento que tuvo como un hombre libre.

Chanyeol lanzó un lamento final de rabia antes de aterrizar, de boca, en un charco negro. Notó la fría sensación de una especie de esposas, que se cerraron sin compasión alrededor de sus muñecas mientras permanecía allí, en el lodo, incapaz de moverse. Una extraña fatiga lo abrumó.

-Se había acabado-, lo supo, el ritmo cardíaco golpeando como una piedra en su pecho, cortesía de algún tipo de rayo de energía que utilizaron para derrumbarlo. Su cuerpo se tensó automáticamente cuando sintió la mano de un cazador deslizándose por encima de sus musculosas nalgas.

Chanyeol cerró los ojos, cediendo ante la fatiga, y comprendiendo que la huida tendría que ser pospuesta, para cuando despertara.