Capítulo 1: El desafío
Damián Ramos el mejor abogado de la firma Los Justicieros, la más prestigiosa del mundo,reconocido por su impecable reputación, era conocido por enfrentarse a enemigos políticos poderosos y siempre salir victorioso. Para Damián, la justicia no era un negocio, sino un principio.
Damián como de costumbre salió de su edificio y aunque era una persona muy seria también lo era de amable, bajó por el ascensor y llegó a la portería de su edificio, saludó con su mano al portero diciendo — nos vemos en la noche. — cuando iba llegando cerca a la puerta, esta se abrió de manera automática y justo delante de ella, ya se encontraba su carro estacionado disponible para ser abordado por él; como Damián eran tan amable era el más amado por todos en el edificio, también todos los días seguía la misma rutina, razón por la que siempre le tenían su auto listo. Se subió el carro, descargó su portafolio sobre el asiento del copiloto,descapotó su carro y se dispuso a salir rumbo a su oficina; mientras conducía puso a sonar una canción, la misma de todos los días; en su mente trajo a una mujer delgada, alta, con un porte muy elegante, cabello negro, ojos negros y una sonrisa muy bonita, realmente para él era la mujer mas bonita del mundo; era la mujer que tenía todo el tiempo en su pensamiento y en todos la veía como una mujer feliz, sonriente; él sin saberlo dejaba salir una gran sonrisa de su rostro cada vez que pensaba en ella…así pasaron varios minutos hasta que de su boca se escuchó decir —Mia ¿dónde estás? ¿por qué nunca volví a saber de ti? ¿estarás pensando en mi? si te tuviera al frente no te dejaría escapar, — Damián también era un hombre poco creyente, pero aún así miró al cielo para decir —si me estás escuchando, dame una tercera oportunidad de verla, te juro que está vez no la dejaré escapar.
Faltando 1 Km para llegar a su oficina, sonó el teléfono, Damián contestó y era su secretaria. —Doctor Damián buenos días,
Damián: Buenos días Aurora, ¿qué tienes ya para mí?. — Damián se sonríe
Aurora: El doctor Tolosa lo quiere ver de inmediato,me pidió llamarlo para pedirle que apenas llegue lo primero que haga sea ir a su oficina.
Damián: ¿Pasó algo?
Aurora: No lo se doctor, pero el doctor Tolosa lo noté muy impaciente.
Damián: Está bien, no te preocupes, haré lo que me pides.
Aunque Damián tenía curiosidad por saber de qué se trataba y aunque aceleró lo que más pudo, no se imaginaba que a partir de ese encuentro con su jefe, dueño, fundador y director general de la firma,su vida daría un giro inesperado.
Tal como lo ordenó Tolosa, Damián llegó a la firma, dejó su carro en el parqueadero, abrió la puerta con mucha prisa y así mismo se bajó, llegando al ascensor, cayó en cuenta que no había puesto seguro a su carro así que dió un giro de 180 grados, activó el seguro desde la distancia con el control del vehículo y tomó el ascensor. Por primera vez en todos sus años de trabajo en la firma, sintió muchos nervios y ansiedad por el encuentro con su jefe, quien también era su amigo y él lo consideraba su mentor, llevaba trabajando allí desde sus prácticas universitarias hasta la fecha; se había preparado toda su vida para ser el mejor abogado, no en vano hasta la fecha todos los juicios ganados por difíciles que fueran; una de sus mayores metas era alcanzar la dirección general de la firma, quizá de ahí sus nervios, algo le decía que ese encuentro estaba directamente relacionado con sus deseos, pero también sabía que Tolosa, aunque ya estaba un poco mayor, cansado y un poco enfermo, y aunque lo quería y admiraba mucho por su trabajo, no era fácil que dejara su puesto ya que el derecho no era para él un trabajo, sino una pasión, su empresa, no era un negocio más, era su casa y se negaba a dejarla e irse a tomar un merecido descanso. Sobre esto ellos dos Damián y Tolosa, el doctor Juan Tolosa, hablaron muchas veces y aunque Damián sabía cuando lo estimaba Juan, nunca tuvo la seguridad de sentirse el elegido para ocupar su lugar en la dirección de Los Justicieros.
Rápidamente, al abrirse el ascensor, Damián caminó hacia la oficina de Juan, al llegar, tocó la puerta dos veces “toc-toc” antes de tocar por tercera vez, escuchó la voz de Juan —sigue, te estaba esperando—.
En la oficina de su jefe, el imponente Juan Tolosa estaba mirando por la ventaja, cuando sintió los pasos de Damián, se volteo a mirarlo — sírvete un Whisky y toma asiento— Damián, sin saludarlo, hizo lo que le pidió, descargó su portafolio sobre la silla que estaba justo enfrente del escritorio de Juan, caminó hacia el minibar, tomó un vaso, se sirvió 2 cubos de hielo, se sirvió el Whisky pero como estaba tan ansioso, se tomó un trago de un solo sorbo y sirvió el segundo, mientras lo servía —¿quiere un trago doctor Tolosa? A lo que Juan le dijo que no.
Damián caminó de nuevo hacia donde había dejado su portafolio, tomó asiento, desabrochó un botón de su blazer, se sentó, cruzó la pierna… Se sintieron segundos de mucho silencio incluso un silencio incómodo, la mirada de Juan era como de inseguridad, jamás Damián lo había visto inseguro de decir o hacer algo, la mirada de Damián era de intriga y un poco de angustia, sentimientos que intentó ocultar sin éxito.
Juan: No te angusties. — Juan rápidamente tomó asiento mirando fijamente a Damián—. Te pedí que vinieras porque ¿no te lo imaginas?
Damián: Desde que me llamó Aurora no te voy a negar que siento intriga, pero no logro imaginar de qué se trata.
Juan: iré al grano, tu sabes que yo no me quiero retirar porque esta empresa es mi vida, y por eso el día que me retire la dejaré en las mejores manos que pueda encontrar, una persona que le apasione y ame su profesión pero sobre todo, que ame esta empresa como suya; Damián lo hemos hablado muchas veces, pero aún no me decido, también sabes que te he formado y amado como un hijo pero no estoy seguro de nada.
Si quieres ser el gerente general del Grupo Empresarial Los Justicieros, primero debes demostrar que puedes defender a cualquiera, incluso a un culpable.
Damián frunció el ceño, dejó sobre el escritorio el vaso con Whisky que tenía en la mano, se apoyó en sus dos piés. —¿Un culpable?
Tolosa asintió con un brillo retador en los ojos.—Tu próxima tarea será defender a un acusado, pero no a cualquier acusado, es un jóven que ha confesado el asesinato de su madre. No es cualquier caso, Damián. Es tu prueba final.
Damián sintió que su mundo perfecto se desmorona, no entendía porque su mentor, su amigo, su casi padre, le pedía pasar por encima de sus principios y defender a un asesino. Para Damián era inconcebible defender un culpable y máxime un asesino,en toda su carrera como abogado, ni por mucho dinero que hubiera de por medio, jamás había aceptado defender a un asesino ¿ por qué? Porque para él la justicia no era un negocio, era el arma más poderosa para juzgar a los delincuentes y mantenerlos al margen de la sociedad para evitar que les haga daño; por eso, ¿cómo iba a defender a un asesino para que saliera a hacer mas daño?.
Damián: Juan sabes que defender a un asesino va en contra de todo en lo que creo, puedo ser defensor de causas perdidas, enfrentarme al caso más difícil aunque esté lleno de enemigos políticos, arriesgar mi vida por mi defendido, pero no defender a un asesino. —Damián solo se pasaba la mano por la cabeza.
Juan: Siempre he respetado tus principios, tu tenacidad y hasta el momento jamás has perdido un caso, confío plenamente en tu intuición, aquí todo el mudo te ama, pero debes de recordar que a nuestra firma no solo llegan inocentes, también culpables, y necesito que seas capaz.
No diré más, sal de mi oficina pero antes dime si aceptas o no el reto porque este caso no es uno más, no solo es el caso de un asesino, es tu prueba final.
Damián se pone de pie, toma su portafolio en la mano izquierda, mira a Juan fijamente para decirle — aunque no entiendo porque lo haces, veo en tus ojos una mirada desafiante y yo soy de retos, soy de desafíos, te demostraré una vez más de que estoy hecho, ¿esto responde a tu pregunta?.
Damián caminó lentamente hacia la puerta mientras que Juan se puso de pie, volteó nuevamente a mirar hacia la ventana justo en el mismo lugar que al inicio de la conversación y justo cuando Damián tomó la manija de la puerta para abrirla, escuchó a Juan decirle — no tienes que demostrarme nada a mi, quiero que te lo demuestres a ti mismo, no siempre podemos elegir nuestros casos y peor aún, en este cargo tendrás que saber elegir al indicado para llevarlo, ¡éxito y avísame cuando seas victorioso¡; sobre tu escritorio está el expediente.
Damián se retiró de la oficina… caminó mucho más rápido que cuando ingresó a la firma, se dirigió hacia su despacho para recoger el expediente, abrió la puerta, vió inmediatamente el expediente del que le habló Juan y sin ni siquiera abrirlo, solo miró la portada de la carpeta en la que decía el nombre de la prisión donde estaba el asesino, ahora su defendido; salió de su oficina un poco indignado, bueno realmente mucho, tanto que no quiso leer el expediente, total para él era defender un asesino, algo que jamás pensó que tenía que hacer, pero que estaba a pocos minutos de enfrentar; solo pensó en salir rápidamente. Tomó el ascensor, caminó hacia su carro, le retiró el seguro, dejó el portafolio y expediente en la silla del copiloto, encendió el carro y salió muy pero muy rápido; sólo tenía en su mente, llegar a la prisión a tener la primer entrevista con su defendido, deseaba que fuera un caso para resolverlo rápidamente, no tenía en su mente liberar al asesino en lo absoluto, pero sí una rebaja de condena, total el reto era ser capaz de defenderlo y sentía que para Juan una rebaja de pena sería suficiente… todo esto se fue pensando mientras conducía camino a la prisión los Margaritos.
Damián, era reconocido en casi todo el país, en juzgados, prisiones, correccionales, así que sin mayor trámite, ingresó a la prisión, allí lo saludaron con mucha familiaridad y él solo se acercó a un guardia para decirle — estaré en el salón de visitas, aquí están los datos de mi defendido—. —-Mientras decía esto, Damián estiró su brazo para entregarle el expediente y se dirigió al salón de visitas.
Minutos después de estar sentado en la sala de visitas, dándole la espalda a la puerta, sintió que unos pasos se acercaban a él, inmediatamente dijo —bueno aquí viene, veamos quién es mi defendido— justo en este momento, se levantó de la silla, volteo a mirar a la persona que venía caminando hacia él y con una cara de asombro no podía creer lo que veían sus ojos, se agarró de la mesa, casi que perdió la estabilidad cuando vió que la persona que estaba justo delante de él, su defendido, no era un asesino era una asesina, y nada más ni nada menos que MIA, la mujer de la que habló en la mañana a solas en su carro camino hacia la firma, la misma por la que pronunció mirando al cielo —si me estás escuchando, dame una tercera oportunidad de verla, te juro que está vez no la dejaré escapar—.