Joven
Con un salto se echa hacia atrás dejando que los dos chicos con cadenas en los pantalones troten apresurados en cuanto un hombre pretende robar algo de la tienda de variedades perteneciente a la vieja señora Feih. El ladrón no llega a ir muy lejos cuando los dos chicos ponen sus manos sobre él para empujarlo contra la pared, no pierden tiempo en escuchar sus excusas simplemente recuperan lo que sea que tomó y el más alto da un paso atrás mientras hurga en uno de sus bolsillos, no alcanza a divisar bien qué es pero parece incomodar al ladrón dada su expresión notoria incluso siendo noche.
El chico que hasta ahora no había interferido sostiene al hombre de la muñeca, mientras el otro se acerca agitando aquello que consiguió de su pantalón; algo que con el movimiento brilló...
— Ya deberías irte.
Jimin gira el rostro espantado. Pero solo es Jeongguk.
El chico carga las mismas cadenas en su pantalón, todos con un pañuelo blanco como símbolo de que pertenecen a la misma pandilla. Alza una ceja inquisitivo al ver que no responde, pero Jimin sigue algo distraído así que regresa su vista a los dos chicos con el ladrón... nada, se han esfumado.
— ¿Qué le hicieron?
— ¿A quién?
— Al ladrón.
— No deberías preguntar por esas cosas. Alguien más ya te habría cortado la lengua o sacado los ojos.
— ¿Alguien más? ¿Por qué no lo haces tú? Eres uno de ellos.
Jimin hace una reverencia y comienza a caminar en dirección contraria, rumbo a casa. Solo había salido a comprar un par de snacks porque no podía dormir, apenas daban las once así que lo vio fácil; no imaginó que vería a esos dos darle una lección a alguien sin llevarlo al menos más lejos.
— Ve rápido. Sabes que no es seguro de noche.
— Gureom dijo que si te veía, te dijera que está libre mañana otra vez.
— Dile a tu hermana qu...
— No soy su mensajero – Jimin se detiene y voltea a verlo — Díselo tú mismo, no vives tan lejos.
Jeongguk arruga la frente exageradamente mientras juegan un duelo de miradas infantil. Jimin quiere ganar, aunque sea en este tonto juego pero lo necesita. Había apostado su amor por alguien que ponía los ojos en otro lado, muy cerca suyo pero sin llegar a él.
Al final desiste porque en realidad no vale la pena.
Se gira y sigue adelante con el pecho oprimido por el llanto que ha estado reprimiendo durante muchos días. Quizá hubiera sido mejor escuchar a Jeongguk decirle que jamás saldría con él que oír a su odiosa hermana alardear sobre cómo se había acostado con el mayor.
Tal para cual parece.
(...)
Eran pasadas las nueve de un sábado.
Normalmente suele ir junto a soobin a la playa cuando está casi vacía para hacer un poco de surf y disfrutar la noche. Soobin estaba de viaje así que por eso le tocaba estar sentado en la piscina aburrido y con el corazón roto.
Sólo él puede rompérselo más.
¿Por qué tuvo que ir y verificar que Jeongguk se acostó con su hermana?
" — Te dije que no vinieras solo por la noche.
— ¿Te estás acostando con mi hermana?
Silencio. Silencio. Silencio. Y un gruñido.
— ¿Por qué siempre te entrometes en cosas que no debes? Solo eres un estupido niñato fisgón."
— Un niñato fisgón. Claro. — Dice Jimin al aire.
Nunca antes se había sentido tan triste y agotado por pensar en una persona. Intentaba ignorar la emoción y los nervios cuando lo miraba, también deseaba amarrarse la lengua para tragarse todas las preguntas imprudentes que pudieran avergonzar a Jeongguk frente a sus amigos. Lo hizo algunas veces pero es que, ¿cómo controlarse?
La tristeza de repente se transforma en ira, cegado por tantas emociones juntas toma en sus manos lo primero que alcanza y lo lanza lejos; muy tarde se da cuenta que el objeto cruza la cerca hacia el patio vecino y luego, un murmullo de voces lo pone nervioso.
Rápidamente sale de la piscina para alcanzar la toalla y secarse lo más rápido posible, sin embargo justo cuando pretende correr una voz rompe el silencio.
— Ah, Jimin. Creo que tus... guggles bucearon muy lejos y llegaron a mi patio. — Dice Baekho, intentando bromear mientras se asoma por la cerca que divide nuestras casas.
— No fue mi intención.— Susurra Jimin nervioso.
— Estamos todos bien acá. Tu qué haces solo.
— Oh, y-yo solo... uhm estoy algo aburrido porque Soobin no está.
— ¿Qué hay de Jeon?
Haya un ligero cambio de tono cuando menciona a Jeongguk que confunde a Jimin.
— ¿Que pasa con Hyung?
— Vamos Jimin, todos sabemos que eres su sombra: donde está él, estás tú.
Algo dentro de Jimin se oprimió ante las palabras de su vecino. Se oía como un insulto.
— No quiero ver a Hyung ahora.
— Entonces ven conmigo.
— ¿Qué? ¿Y tus amigos?
— Estarán fascinados por conocerte. Les he hablado tanto de ti Jimin.
La situación utópica lo marea unos segundos. Jeongguk siempre le decía que se marchara porque era un niño que no debía estar con él; que solo lo avergonzaría frente a sus amigos, ha estado evadiéndolo tanto tiempo que Jimin se acostumbró a eso sin notarlo.
— Está bien.
En veinte minutos ya estaba montado sobre la motocicleta de Baekho, abrazándolo quizá un poco más fuerte de lo debido. Esperaba una reacción arisca como con Jeongguk pero solo obtuvo una risa del mayor que incluso le dijo que podía aferrarse más si quería después de explicarle la postura correcta.
Al arrancar agradeció traer un suéter o se estaría congelando por el viento agresivo. Su hermana incluso le había ayudado a vestirse lo cual fue algo extraño, solo que no quiso negar su ayuda, el momento era incómodo no quiso intensificarlo.
El viaje es corto hacia el centro de la ciudad donde la mayoría de clubes estaban. La aglomeración de personas es tremenda, Jimin se siente fascinado mientras se escabullen hasta la entrada; Baekho intercambia palabras con un hombre en la puerta durante varios segundos y luego por fin los lleva dentro.
Todo se ve intenso a su alrededor mientras avanzan. Están bailando, saltando y bebiendo bajo todo ese humo y calor sin importarles chocar entre ellos o sentir el sudor ajeno.
— ¡Eh chicos! ¡Miren a quien traje conmigo!
***
— Quedan dos paquetes más. Vayan ustedes y no dejen que Tao suelte la bolsa hasta que todo esté completo – Ordena Jeongguk subiéndose a su motocicleta — Tengo que irme.
Había estado cargando paquetes en los camiones de su jefe todo el maldito día. Tenían que salir mañana de Seúl en un barco y más de la mitad no estaban registrados, así que tuvo que encargarse otra vez de buscar a los receptores.
Así que está cansado y sudado como el infierno, solo necesita llegar a casa para darse un largo y profundo baño que borre la suciedad y refresque su piel del llameante sol, ya después buscaría a Gureom para pedir algunas explicaciones sobre su lengua larga.
Ah. Los Park sin duda ponían su mundo de cabeza; es como si se turnaran para volverlo loco. Es decir, claro que jodio con la chica no lo iba a negar, ella misma se vio interesada y Jeongguk es un caballero que no puede rechazar a una dama que tan noble llega para satisfacerlo.
Pero la cosa fue de una vez y ya. El encanto del primer encuentro acabo esa misma noche, y lo que más odia es cuando alguien no respeta su libertad.
Incluso se lo dijo a su hermano pequeño, Jimin.
Ambos Park parecían competir, aunque si Jeongguk debe decidir quien lo sacó más de sus Casillas ese mes; iría directamente con Gureom. Demasiado arrogante para su gusto, mientras que Jimin era solo un niño en plena pubertad lleno de hormonas y demasiado inocente como para controlarlas.
Su rostro explotaba en colores rojizos si le veía, hablaba mucho y se excitaba si Jeongguk le acomodaba el cabello tras las orejas; las reacciones tan ligeras alborotaron a Jeongguk, es verdad, le encanta la parte visual del sexo y sobre todo, le fascina complacer.
Por lo que admite haberse aprovechado de eso un par de veces cuando iba a buscar a Gureom y Jimin lo recibía. Era lindo, verlo confundido por su polla dura sin entender qué cosa lo provocó.
***
— Así que tú eres Jimin.— Dice la chica de cabello rubio.
—Hola.— Responde Jimin tímido.
— Demonios Baekho, es un niño.
La chica se acerca sonriente tocándole el cabello, la nariz, las mejillas, los hombros y las manos.
— No soy un niño.— Dice Jimin dando un paso atrás.
— Oh Dios, mira su rostro – La chica se lleva una mano al pecho — Bien, Jimin no niño. Supongo que has probado el alcohol ¿cierto?
— Una vez probé una copa de vino.
— Recatado. Dios, quiero comerte. – La chica vuelve a acercarse para tocarle el rostro, como si realmente estuviera fascinada por él — Vamos, te buscaremos algo elegante para beber.
El entusiasmo lo pone nervioso y estar bajo la mirada de cuatro chicos desconocidos en un lugar tan revoltoso lo inquietaba, luego veía a Baekho sonreírle y sus nervios cesaban. El no había mentido, todos parecían contentos de tenerlo ahí, no les importaba su edad o que nunca hubiera visitado lugares como ese.
Les gustaba y quizá podrían gustarle también.
***
Había tocado la puerta por más de diez minutos, ¿al menos alguien le escuchaba?
— ¡Gureom! ¡Abre la maldita puerta!
Jeongguk golpea con el puño esta vez porque su paciencia es poca. Solo entonces escucha el ajetreo de una voz confusa desde adentro hasta que por fin abre.
— ¿¡Qué rayos sucede?! – Dice Gureom. Tallándose un ojo. Claramente estaba dormida. — Jeongguk, ¿qué haces aquí?
Su rostro se enciende rápidamente cuando sabe quién es. Se arregla el cabello con los dedos y bate las pestañas como coqueteo descarado.
— ¿Por qué diablos estás diciendo que salimos?
Directo al punto. Como dije, Jeongguk jamás ha tenido paciencia.
— Oppa, ¿a que viene tu pregunta?
— Le metiste ideas absurdas a tu hermano en la cabeza. Niñata tonta.
— No son absurdas, tú y yo lo pasamos bien. – Gureom sonríe malvada — ¿Acaso no quieres repetirlo?
— Deja de decir tonterías. Tu y yo no tenemos nada, y cuida a tu hermano.
Jeongguk se da la vuelta harto de ir en círculos en esta discusión estupida con una chica igualmente estupida.
— ¿Por qué debería? El puede hacer y salir con quien quiera. No soy su niñera.
Jeongguk se detiene.
— ¿A qué viene ese comentario? – Gira sobre sus pies de regreso — ¿Dónde está?
— ¿Cómo podría saberlo? Baekho se lo llevó hace como dos horas.— Responde Gureom cruzándose de brazos. — Solo lo ayudé a arreglarse pero no pregunté.
— ¿Baekho? Gureom en qué pensabas cuando lo dejaste ir.
— Deja de reñirme, ya no es un niño no tengo porque decirle con quien liarse. Ni tú tampoco, si no te agrada ¿por qué molestas tanto? – Jeongguk no puede evitar la mueca en sus facciones y la pronta comprensión de Gureom solo lo enfurece más — Demonios, él te gusta ¿cierto?
La chica se mofa de él mientras se aleja hacia su motocicleta.
Maldito Baekho.
***
— ¿Te gustaron los tragos, Jimin?
La chica, quien ahora sabe se llama Seungoo, sigue tocándole el cabello mientras está sentada en el pequeño banco del cuarto en la terraza donde se encontraban.
Lo tenía casi recostado con las piernas separadas mientras ella estaba inclinada muy cerca de su rostro diciendo un sin fin de cosas extrañas que llegaban a ponerlo nervioso.
— Seungoo, déjalo tranquilo.— Baekho habla por fin.
— ¿De donde sacaste a esta lindura? Tienes que compartirlo al menos.
— Lo siento, esta vez no habrá una pizca para nadie.
— Infeliz, pescaste un pececillo de oro inocente.
— Oye, ¿no eres tú el chico de Jeon?— Alguien pregunta.
— ¡Es verdad! su lindo cachorro — Seungoo le sujeta la barbilla sonriente.
— No quiero hablar de Hyung, e-el me rechazó.— Responde Jimin triste al recordar sus duras palabras.
— ¿Lo hizo? Ese tonto se atrevió a rechazar a una cosa tan linda como tú, no puede ser. – Seungoo trepa en el sofá — Deja que yo me encargue.
La chica está cada vez más cerca de su boca mientras habla, sentir su aliento húmedo es tan extraño y hace cosquillas hasta cierto punto. Es obvio que quiere besarlo, Jimin solo había besado a un chico en la escuela a los trece años, un simple toque de labios.
¿Esto sería así?
El primer contacto es cálido, los labios de Seungoo son muy suaves pero sigue sintiéndose autoritario. Parece entusiasmada hasta que alguien entra llamándola para pedir ayuda sobre algo que no logra escuchar. La chica reniega pero se levanta alegando con el chico en la puerta.
Jimin se siente aturdido desde que bebió todos esos tragos lindos que Seungoo le ofrecía sin parar. El cuerpo se le entume y siente que todo se mueve, ni siquiera se da cuenta cuando Baekho se acerca a su lado, susurra algo en su oído provocándole cosquillas.
No puede enfocarlo bien, sus ojos oscuros están fijos en él pero todo parece tan disperso. Algo sucede entre segundos vagos y luego puede ser consciente unos momentos solo para darse cuenta de Baekho sobre su cuerpo sonriéndole.
— Me g-gusta ... tu sonrisa. — Dice Jimin llevando una mano al rostro del mayor.
Toquetea sus hombros fornidos deslizando la yema de los dedos a lo largo de los brazos gruesos hasta detenerse en las manos que descansaban sobre su cintura. Baekho se acerca a su rostro yendo directamente a sus labios, Jimin se estremece por el contacto y se sonroja de vergüenza.
Eso era más como succionarle la boca. El aire se agota demasiado rápido en sus pulmones pero su vecino parece estar bien. No hay indicios de que termine así que es Jimin quien lo aleja con golpes en el pecho.
— ¡N-No puedo... resp-pirar!— Dice alterado.
Baekho se ríe.
— Tienes que respirar por la nariz Jimin, eres pésimo en esto – Con una mano le sujeta la barbilla y la otra se escabulle bajo su camiseta — Pero yo te enseñaré.
La mano escurridiza llega hasta sus pezones para masajearlos, se siente extraño y no puede evitar hacer sonidos raros contra la boca de Baekho que sigue insistente en besuquearlo. Hay un cosquilleo que recorre su cuerpo sin cesar acumulándose en su vientre bajo y que aumenta las ganas de querer cerrar las piernas.
— Hyung — Pide Jimin sin aire.
Se aferra a los brazos de Baekho inquieto por el calor sudoroso en su cuerpo. Es demasiado caliente, como si su interior se incendiara poco a poco. Todo a su alrededor se distorsiona dejándolo casi sordo, sus sentidos activados y mezclados al mismo tiempo, así que no puede evitar sobresaltarse cuando azotan la puerta.
Baekho alza la vista sorprendido pero su semblante cae como si lo hubieran golpeado. Jimin ve a Jeongguk entrar en la pequeña habitación directo en su dirección, estira un brazo hacia él como si quisiera alcanzarlo pero Jimin esquiva el toque.
Baekho se enfrenta contra Jeongguk poniéndose a su par en cuanto intenta volver a acercarse.
— Oh Jeon, ¿qué haces aquí?
— Muévete de mi camino.
— ¿Hay algo tuyo por aquí? Porque de no ser así, esta terraza ya está ocupada – Dice Baekho con sorna, caminando alrededor del sofá y recargándose en el respaldo justo detrás de Jimin — ¿Cierto lindura?
Jimin se sonroja al sentir la mano cálida del chico contra su cuello.
— Ya basta Baekho. Es un niño.— Responde Jeongguk entre dientes.
— Él dijo lo contrario... – Baekho lo toma por la barbilla bajo la mirada fija de Jeongguk — Es así, verdad Jimin.
Suavemente le alza el rostro hasta plantarle un beso, uno que dura solo unos segundos porque se separa de imprevisto. Jimin ahoga un quejido al ver como Jeongguk golpea a Baekho en el rostro y este solo se carcajea.
— ¡Hyung! — Jimin grita al verlos empezar una pelea.
Ni siquiera puede acercarse cuando Jeongguk lo sujeta del brazo y lo arrastra fuera del lugar con facilidad. Pasar entre la multitud resulta difícil, Jimin hace lo posible para liberarse pero bueno, está medio borracho y Jeongguk es un gigante bruto que no se tomaría la molestia en ser cuidadoso.
Cuando la gente comienza a ser de verdad un estorbo, la paciencia del chico lo lleva a levantarlo sobre su hombro a pesar de los gritos de Jimin.
Fuera del club Jeongguk apresura el paso haciendo que Jimin se tensara y se aferrara con miedo a las costillas del chico. Se estaba mareando al ir boca abajo, su estómago se revolvía una y otra vez.
— B-Bajame... voy a.. cre-eo..
El vomito sale de su boca de repente, justo a tiempo cuando sus pies están de nuevo en la acera.
— Carajo, Jimin.
— No me t-toques. – Jimin aleja la mano de Jeongguk — Alejat-te.
— Solo a ti se te ocurre salir con Baekho.
Otra ronda de bilis cae de su garganta provocándole ardor en la nariz. Tras terminar de escupir todo el alcohol abre la boca desesperado por una bocanada de oxígeno.
— ¿Cómo m-me encontraste? ¿Por qué me... encontraste? – Jimin pregunta. El sonido griposo de su voz hace que suelte una carcajada, luego otra porque las preguntas le parecen graciosas luego de escucharlas — Vomite tus botas.
— Estoy contando hasta cinco para no estrangularte, así que cierra la boca. — Gruñe Jeongguk.
— De verd-dad lo lamento Hyung... yo n-no quería. Pero mi est-tomago se sintió r-ar-ro – Jimin dice, sintiéndose muy avergonzado y triste por ensuciar las lindas botas de Jeongguk — M-Míralas... no puede ser...
Se echa a llorar en media calle, solloza fuertemente tratando de explicar otra vez con balbuceos torpes que no fue su intención vomitar en sus botas. De verdad que no, si Jeongguk no lo hubiera balanceado como costal sobre su hombro, quizá no se hubiera mareado.
— Vámonos de aquí, niñato llorón.
(...)
A la mañana siguiente Jimin se despierta totalmente confundido y con una migraña salvaje. Qué demonios hizo ayer no lo sabe y por ahora no le interesa recordarlo o siquiera intentar hacer memoria. Solo puede sentirse aliviado al ver unas pastillas y agua en la mesa de noche junto a la cama.
Una cama que claramente no es la suya.
Detiene sus acciones para inspeccionar la habitación, está solo y parece que vestido. Aunque la camiseta no era de su talla, ¿acaso se fue con alguien?
El lugar se veía bien, una cama grande y sábanas esponjosas; las persianas evitaban que la luz se filtrara y molestara en sus ojos. También había un espejo de pared donde seguramente estaba el closet.
¿Quién rayos vivía allí?
— Creí que dormirías hasta la tarde, viendo la borrachera que te pusiste anoche.
Jeongguk entra en la habitación vistiendo ropa casual, unos y pans y camiseta dejando olvidados los pantalones con cadenas.
— ¿Jeongguk hyung?
— Pareces muy sorprendido – Se sienta frente a él y le extiende un vaso con un líquido guinda — Aquí. Bébelo todo, te ayudará con la resaca.
Jimin no puede creer que sea real. Quizá se golpeó la cabeza y quedó atrapado en sus pensamientos tontos donde solo aparece Jeongguk.
— ¿P-Por qué estoy aquí?— Ptegunta Jimin.
Acepta el caso agradecido, pero no puede evitar sentirse inquieto, quizá hasta asustado por la situación. Jeon Jeongguk siendo amable con él, podría ser posible claro, que lo trajera a su posible casa es lo que no permite a Jimin convencerse de estar despierto.
— ¿No me escuchaste? Te emborrachaste anoche.
Por fin le da un trago al líquido, sintiendo un sabor terroso y frutal que le revolvió el estómago. Jeongguk lo obliga a darle otro sorbo hasta que lo ha bajado a la mitad.
— Salí... Y-Yo salí con Baekho hyung, ¿cómo pude terminar con usted?
Jimin no podía recordar nada, había pequeños recuerdos mezclados en su cabeza pero nada que pudiera hilar correctamente hasta dar con el momento de la aparición de Jeongguk.
El mayor ignora su pregunta por alguna razón, insiste en que se termine el jugo con horrible sabor y después de ir a lavar todo vuelve a sentarse en la cama solo que ahora se recuesta a su lado y enciende el televisor.
— Deberías volver a dormir, aún es temprano.
Jimin no quiere quedarse, pero Jeongguk hizo demasiado al cuidarlo tras ponerse ebrio así que lo menos que podía hacer era obedecer, quizá después actuaría como si nada de esto hubiera pasado, porque no quería tener nada que ver entre ellos.
Solo lo dejaría pasar.
(...)
Jimin no comprendía porqué Jeongguk estaba en la puerta de su casa, no había escuchado a Gureom decir algo sobre encontrarse con él.
— ¿Qué tanto me miras? Invítame a entrar.— Dice Jeongguk.
— ¿Estás obligándome a dejarte entrar a mi casa?
— Yo no lo diría de esa forma.
Jimin no sabe cómo reaccionar así que solo da un paso al lado.
— Pasa hyung, iré por Gureom.
— Vine a verte a ti.
Jimin se detiene en medio corredor al escucharlo. Jeongguk camina hasta detenerse a centímetros.
— ¿A mi? ¿Por qué lo harías?
— No vuelvas a salir con Baekho.
— ¿Qué? – Jimin da un paso atrás frunciendo las cejas con confusión — No puedes hacer esto, ¿qué te sucede?
— Él no es bueno para ti, te meterá en problemas y créeme; salvará su propio culo.
Jimin termina por darse la vuelta hacia las escaleras. Debió saber que la visita de Jeongguk no significaba nada bueno, jamás lo buscaba ¿y solo venía para molestarlo con esto?
Apresura sus pasos en los escalones sintiendo la presencia del mayor a sus espaldas.
— No puedes decirme con quién puedo salir o no.
— Deberías agradecerme – Dice Jeongguk, alcanzando su brazo deteniéndolo bruscamente — Soy el único que se preocupa un poco por ti. Gureom dejó que te largaras con ese imbecil que te emborrachó para aprovecharse de ti.
— Tu no te preocupas por mi. Solo me estás metiendo en tus peleas con Baekho – Responde Jimin forcejeando, estaban muy cerca y comenzaba a ponerse nervioso — Y no iba a aprovecharse de mi, yo estaba de acuerdo.
Dos latidos después Jimin grita sorprendido cuando Jeongguk lo empuja contra la pared. Su rostro se endureció a tal punto que la vena en su frente parece a nada de explotar.
— Mientes.
— Hyung, no entiendo por qué estás haciendo esto, por f-favor suéltame.
— No vas a acercarte a él, dime que lo entiendes.
Otro paso al frente y ambos cuerpos estaban a nada de tocarse. Jimin sentía su corazón latir a mil por segundo mientras Jeongguk seguía presionando una mano en su vientre para que no se moviera.
Poco a poco acerca su rostro incrementando sus nervios. Nada de esto tenía sentido, así que estaba asustado y muy confundido, como también maravillado al tener esos ojos negros tan fijos en él por primera vez.
Pero Jeongguk siempre conseguía lo que quería haciendo este tipo de cosas, no porque Jimin significara algo diferente para él. Alejarlo de Baekho sería como una ganancia, haría crecer su orgullo, nada más.
— ¡Gureom! ¡Jeongguk está aquí!— Grita Jimin como último plan de escape.
Jimin esperaba ver la pérdida de interés en él y renovarse al oír el nombre de su hermana. Sin embargo Jeongguk sigue enjaulandolo y ahora expande una sonrisa macabra.
— ¿Olvidas que vine a verte a ti? – Jeongguk desliza la mano por su costado hasta rodearlo con el brazo juntando sus cuerpos — Ella no vendrá, puedes llamarla todo lo que quieras.
— Entonces puedes irte ya. Porque y-yo no quiero verte.
Jeongguk acaricia su mejilla con la punta de su nariz propagando cosquilleos por su espina dorsal.
— ¿Seguro?
— ... L-Lo estoy– En realidad no lo estaba. — Basta Hyung, p-por favor.
— ¿Por qué? ¿Crees que puedas cambiar de parecer si me acerco más? — Dice Jungkook, dandole un pequeño choque de frentes.
El espacio ha desaparecido totalmente ahora. Jimin siente que colapsará en cualquier momento si no consigue escapar de su abrazo. Ser consiente del cuerpo de Jeongguk es algo extraño, sus vientres se están empujando con cada respiración.
La cual, podía escuchar sobre su rostro. Esto era demasiado, su corazón latía frenético por el revoltijo de emociones; los nervios, la sorpresa, la emoción, el miedo, la confusión, todo a la misma vez asfixiandolo.
— B-Bien... tú ganas.— Susurra Jimin.
— Buen niño.
Al fin lo suelta. Le sujeta la barbilla fugazmente y se da la vuelta para marcharse.
[...]
Como bien sabía; después de someterlo, Jeongguk desapareció. Jimin se sentía estupido por creer que había una segunda intención muy en el fondo, pero si tan solo no se hubiera acercado tanto, si no lo hubiera tocado de esa forma... el supo que lograría su objetivo, porque Jeongguk sabía que estaba enamorado de él.
— Vaya, al fin te dejas ver.
La repentina voz lo saca de sus pensamientos deprimentes. Baekho le mira desde el otro lado del muro, al instante las palabras de Jeongguk se presentan como un letrero imaginario junto a la cabeza del chico.
— Uhm... hola. — Dice Jimin incómodo.
— Wow, ¿qué fue eso? – Baekho escala el muro y brinca hacia su patio para sentarse a su lado — ¿Todo bien? Lamento lo de la otra noche, no se suponía que las cosas terminarán así.
Jimin desvía la mirada observando su alrededor, ¿qué se suponía que estaba haciendo?
— Está bien.
— ¿Entonces qué es? Apenas me miras al rostro Jimin.
— N-Nada.
Baekho insiste otra vez, y otra vez al punto de desesperarlo así que termina contándole todo lo sucedido con Jeongguk, sintiendo cómo si soltara un gran peso.
El chico solo se ríe, se ve demasiado relajado para tratarse de Jeongguk de quien hablan. Luego simplemente comienza a besarlo, Jimin se tensa notablemente porque no lo esperaba, y porque está sobrio ahora. Esto es mucho más que hablar y salir con él, y pensar en Jeongguk hace que se sienta culpable de alguna manera.
¿Era estupido?
Jeongguk no había hecho nada por él. Nunca. Jimin no tenia porque hacerlo por él. Un poco más confiado y molesto responde torpemente el beso de su vecino, aferrando las manos en su cuello como siempre ve en las películas.
Mientras se besan, el recuerdo de la noche en el bar hace que se sonroje; Baekho le había llamado pésimo cuando lo besó por primera vez pero no podía hacer mucho, nunca había besado a nadie y menos de esta forma. Se le dificultaba respirar bien y los nervios de hacerlo mal lo distraía por momentos.
— ¿Qué carajos hacen?
Jimin se aleja asustado sintiéndose atrapado. Jeongguk está de pie bajo el umbral de la puerta corrediza con una notable mueca.
— Jeongguk, ¿por qué siempre tienes que interrumpirnos? — Responde Baekho, quizá viendo que él está demasiado ofuscado para reaccionar.
— Jimin, ven. — dice Jeongguk ignorando por completo a su vecino.
Jimin siente cómo su corazón se acelera ante el llamado.
— ¿Tienes trece años? Diciéndole que no me hable, que no se líe conmigo – Baekho se pone de pie — Eres patético Jeon.
— Jimin, ahora.
— B-Basta... – susurra Jimin ansioso, indeciso sobre si obedecer o hacer que se largue de su casa.
— ¿Ves? Lo cansaste, mejor encuentra otro para descargar tu mierda...
De nuevo, los golpes fue su solución. Jeongguk es el primero en hacer contacto físico, yendo directo al rostro. Son un remolino de quejidos y ruidos secos al impactar los puños con sus cuerpos. Jimin entra en pánico, sus gritos son escandalosos y se multiplican cuando ambos chicos caen en la piscina.
Ante tanto alboroto, el mayordomo llega junto al guardia de la casa y echa a ambos chicos por la fuerza, luego se quieren asegurar de que Jimin esté bien pero ya está encerrado en su habitación.
Su corazón sigue latiendo con rapidez por la adrenalina así que se sienta en la cama tomando bocanadas grandes de aire. Estaba muy confundido y molesto, Jeongguk siempre causaba problemas a donde fuera, cuando no le prestaba atención su vida era más tranquila.
De pronto la ventana chirría al abrirse. Jimin grita cuando Jeongguk entra de un salto a la habitación, hay sangre seca en su labio y nudillos.
— ¡Espera espera, ¿qué haces?! — Jimin se arrastra sobre la cama tomando distancia.
— Debería preguntar lo mismo.
— ¿Q-Que?
— Creí dejarte en claro que no te acercaras a Baekho.
— ¿Pero por qué? No es tu asunto.
Jeongguk se acerca lentamente al borde de la cama trepando en sus rodillas.
— No acabes con mi paciencia Jimin.
Jeongguk gatea más cerca, alcanzando con una mano su tobillo.
— N-No hagas eso, baja de la c-cama y vete, no puedes venir aquí cada que te venga en gana.
— ¿Y si quiero hacerlo?
De un tirón lo deja acostado bajo su cuerpo, Jimin se aferra a las sábanas con fuerza pero no puede hacer nada contra la fuerza de Jeongguk.
— ¿Que s-sucede contigo? – Pregunta Jimin nervioso. Retira el rostro cuando el mayor intenta acariciarlo — Me estás as-sustando...
— No. Solo estás molesto – Susurra con una sonrisa macabra, luego se deja de juegos y le sujeta el rostro con firmeza — Pero sabes bien lo que sucede.
— No es c-cierto... suéltame, p-por favor... – Jimin jadea inquieto, quejándose cuando Jeongguk se acerca demasiado a su rostro — Hyung... dejam-me ir.
— ¿Quieres que yo me aleje pero Baekho pudo besarte? – Jeongguk lleva su otra mano bajo su camiseta, toca su vientre despacio erizándole la piel — No me parece justo.
— Basta – Con manos temblorosas intenta empujarlo, ¿por qué querría Jeongguk besarlo? ¿Por qué actuaría de esta manera si siempre quiso que Jimin lo dejara tranquilo?— Ni siquiera te gusto ¡detente ahora!
Su grito da resultado. Jeongguk lo mira en silencio durante varios segundos antes de apartarse. Jimin vuelve a arrastrarse hasta el cabezal de la cama acomodándose la camiseta.
— ¿Qué debo hacer para que te alejes de él?
Jimin frunce la frente... Todo se trataba de eso.
— Sabía que hacías cosas malas, pero... pero acostarte conmigo para convencerme de que deje a Baekho – Jimin susurra, el llanto humedeciendo sus ojos — Eres horrible, ¿qué tanto te importa si estoy con él o no? Consigues lo que quieres seduciendo, pero ¿yo que te he hecho para que juegues con mis sentimientos? Lamento que me gustes, lamento haber sido una molestia por eso, pero ya basta.
— No te disculpes... Jimin – Jeongguk se pasa una mano por el rostro — No todo es cómo crees, ¿de acuerdo? Es solo que...
— No importa lo que crea, solo quiero que me dejes tranquilo. Nunca venias a casa, ¿a qué viniste hoy?
— Jimin...
— Exacto, es solo otro más de tus estupidos asuntos. – A este punto las lágrimas caen sin descanso por su rostro, se siente utilizado y muy tonto por imaginar que muy en el fondo Jeongguk sentía algo — Dejaré de ver a Baekho, pero tú no volverás a meterte con él o conmigo.
— ¿Qué?
— Es el trato, a eso te dedicas ¿no? Te encanta ganar, con este acuerdo lo harás; no volveré a acercarme a ti, ni tú tendrás que lidiar conmigo y, dejarás a Baekho tranquilo.
— No me agrada este trato.
— No te di opción de opinar, Hyung; tu no estás volviendo aquí jamás.
.Tres años después.
Viajar nunca se había sentido tan emocionante, pero Jimin sentía que era hora de volver a su hogar. Había estado tan desconectado que solo pudo ver a Soobin dos veces en los tres años que decidió hacer una expedición.
Su padre pagó todo un tour cuando se graduó de la escuela en Seúl, donde había pasado los últimos años antes de comenzar a viajar. Ahora volvía después de años con la única misión de ver a su mejor amigo, quien había decidido quedarse en Busan por su familia.
Así que ahora mismo estaba de camino a casa de Soobin, ambos pasarían el día juntos en un spa que su padre pagó como regalo de bienvenida, ya por la noche irían a cenar todos juntos. La idea no le agradaba tanto, pasar más de veinte minutos con Gureom sería catastrófico, su relación jamás pudo arreglarse y Jimin a veces cree que es algo que no podrá existir por más que le angustie.
Pero disfrutaría el día por ahora, podría estresarse luego.
...
Para cuando el cielo está oscuro Jimin ya está de regreso en casa. La cena familiar no fue tan desagradable como creyó; su madre siempre fue un punto intermedio que lograba endulzar la tensión de cualquier situación y si lo pensaba demasiado, su hermana se había comportado menos... odiosa con él.
Fue un día inesperadamente agradable, pero ahora no podía dormir. Ya había rodado tanto sobre las sábanas que casi estaban en el suelo, quizá un aperitivo relajaría su mente hasta dejarlo dormir.
De nuevo frente a la tienda de conveniencia veinticuatro horas, Jimin recuerda a su yo adolescente escapando a media noche por snacks. Sonríe ante el recuerdo con algo de nostalgia, se sentía diferente volver después de tanto tiempo, pero mantenía ese aspecto urbano que le encantaba.
Como si fuera un deja vu, dos hombres pasan frente a él conversando entre ellos; sus pantalones llevan cadenas gruesas que tintinean con cada paso. Recuerdos borrosos pasan por su mente, Jeongguk es el principal en ellos, Baekho y sus pandillas andando por el barrio como si les perteneciera.
Quizá algunas cosas seguían igual.
Jimin se da la vuelta para por fin entrar en la tienda, pero su cuerpo se tensa ignorando cualquier orden de movimiento. Allí, justo en la entrada, estaba él.
Jeongguk está riendo mientras platica con otro chico, su rostro parece más afilado de perfil y su cabello recortado es algo inusual. No lleva cadenas, está vestido más formal de lo que alguna vez habría imaginado verlo y sin embargo, sigue transmitiendo salvajidad.
Los nervios burbujean en su vientre, no está listo para saludar directamente. Ansioso de ser descubierto da la vuelta de regreso a casa, justo cuando alguien pasaba y al chocar derrama lo que bebía sobre Jimin.
— Oh diablos, lo siento tanto.— Dice el chico, tratando de cercar un poco a Jimin con las servilletas que tenía.
— Está bien, no te preocupes.
— Pero mira como te dejé Dios.— El chico sigue tallando agrandado la mancha.
— De verdad, no hay problema... – Jimin no puede evitar reírse de la situación — Ya puedes parar de tallar.
El chico se ríe también y con una reverencia se marcha. Jimin está por seguir su camino cuando alguien se interpone deteniéndolo nuevamente.
— No deberías andar sólo de noche.
Jimin se tensa ante el comentario. Millones de recuerdos sobre el mismo consejo, siempre en noches cómo está. Al alzar la mirada el rostro maduro de Jeongguk lo saluda, pero no puede responder de inmediato, tiene que dar un paso atrás y buscar todo el oxígeno posible siendo lo más sutil que puede, solo así se ve capaz de volver a hablar.
— Ya no soy un niño.
Sin más se da la vuelta para volver a casa.
— Oye, espera – Jimin duda, pero al final se detiene para verlo — Ven, tengo una camiseta extra en mi coche.
Jimin le mira fijamente a los ojos, intentando descifrar la mente misteriosa de Jeongguk.
— No hace falta. Mi casa está cerca.
Jeongguk se rasca la nuca, luciendo nervioso aunque eso es imposible. Sin embargo el nuevo acto deja a Jimin inquieto.
— Me ... Uhm, es bueno verte. — Dice Jeongguk, alzando los hombros restándole importancia a sus palabras.
— Dudo que sea bueno ver a este niñato llorón, pero gracias.
Con un nudo en la garganta por los nervios Jimin se gira apresurando el paso a casa, su vientre da tirones y se revuelven sus entrañas por la situación.
Jeongguk siempre sería complicado.
...
El timbre suena por toda la casa varias veces, alguien pasa por fuera de su habitación así que Jimin supone que ya atendieron a quien quiera que esté allá afuera.
Hoy tenía pensado llamar a Soobin para pasar el rato en la piscina, no habia pasado un solo día allí desde que llegó.
— Jimin, es para ti. — Gureom dice llegando a su puerta.
Jimin frunce las cejas confundido porque no espera a nadie. Ni siquiera le ha enviado mensaje a Soobin así que mientras se acerca a la puerta principal hace una lista de quién puede ser.
Cuando este alguien lo saluda, sabe que nunca hubiera estado en esa lista.
— ¿Hyung?
— Hola.
— ¿Te puedo ayudar en algo?
— Solo quería saber si quieres venir a mi casa – Jimin alza una ceja por su comentario — Quiero decir, ya sabes, solo si quieres pasar el rato. Puedo encargar comida, podemos charlar un p-poco...
Jimin no sabe qué decir. No cree que pueda.
¿Qué demonios estaba pasando?
Está tan pasmado que se queda en silencio observando al mayor, quizá se equivocó de casa, quizá no está completamente lúcido.
— ¡Demonios di algo, di no al menos! — Dice Jeongguk alzando la voz, una clara nota de nervios en el tono. Jimin no duda en echarse atrás y cerrar la puerta, pero el mayor lo detiene — Lo siento, espera... Espera, lo lamento. Sigo trabajando en mi temperamento.
— Vas espectacular. — Dice Jimin mordaz.
— Jimin por favor, el idiota te está invitando a una cita; una muy mediocre pero una cita al final. — Gureom interviene de la nada.
— A ti no te sale mejor imbecil. Puedo contarle sobre Yuan – Jimin Mira de su hermana hacia Jeongguk sin entender qué sucede, parecen más cercanos pero de un modo diferente — Ah, solo era una sugerencia, mejor olvídalo.
— Dale quince minutos, ahora vuelve. — Dice Gureom antes de guiarlo a su habitación otra vez.
— Disculpa, ¿acaso acepté salir con él? Ni siquiera sé porqué estás metiéndote Gureom.
— Porque soy tu hermana.
— Eso no importa. No quiero que te entrometas en mi vida, ¿por qué mejor no te vas tú? Estoy seguro que se entienden bien.
Jimin se sienta en la cama, mirando fijamente a su hermana.
— Se que no tengo derecho, y se qué tal vez nosotros no tengamos arreglo pero si puedo ayudar para que arregles tu corazón, entonces lo haré.
— No puedes ayudar. No hay nada que ayudar.
— Solo ve con él, por favor.
Diez minutos después Jimin se pregunta si tomó una buena decisión mientras va sentado de copiloto en el coche de Jeongguk. Los nervios lo obligan a pegar la mirada a la ventana, no quiere hacer ningún movimiento que pueda generar socialización, al menos aún no.
Llegar a la casa de Jeongguk con todos sus sentidos activos es extraño. No reconoce la sala o la cocina sin embargo sabe que detrás de alguna puerta hubo una habitación con espejo gigante en la pared, paredes beige y una cama más cómoda que la de él; con sábanas frescas y almohadas esponjosas.
— ¿Qué tienes ganas de comer? Hay un restaurante italiano en la esquina, tailandés, coreano...
— Lo que tú quieras está bien.
Jimin se gira evitando el contacto visual, prefiere admirar las fotos de un perro y la guitarra en la esquina del lugar. No ha dado otro paso desde que entró, no se siente seguro y es como invadir la privacidad del mayor.
— Jimin, ¿por qué no te sientas?
— Oh, solo esperaba que me lo indicaras.
Solo entonces toma asiento en el sofá individual de la sala. Aún se siente como invasor.
¿Había sido buena idea venir?
— Pedí comida italiana, espero eso esté bien.— Dice Jeongguk mientras se sienta en el sofá continuo, en la orilla más cercana.
— Claro. — Susurra Jimin.
— No tienes que andar en puntillas Jimin.
— No lo estoy.
— ¿Entonces qué es?
— ¿Qué es lo que quieres realmente, Hyung? ¿Por qué invitarme a tu casa?
Jeongguk guarda silencio, le mira de una forma que no le gusta y lo hace sentir en peligro. Sin embargo no puede reaccionar cuando se le lanza encima, besándolo.
Empuja su cabeza contra el respaldo profundizando el beso, Jimin gimotea entre chasquidos cayendo poco a poco. Jeongguk chupa su boca de una forma dura y desesperada, empujando su lengua contra la suya cuando llega el momento de tomar aire.
Es demandante, como todo en él.
Está succionando su alma y debe detenerlo. Jimin comienza a golpear su pecho y gira el rostro cuando tiene la oportunidad. Su respiración es escandalosa haciendo que se sonroje.
— No quiero oír... la estupida f-frase cliché de las p-películas– Murmura Jimin sin aliento — No puedo gustarte.
— Pero me gustas.
— No es verdad. D-Déjame ir. — Jimin forcejea para ponerse de pie.
— No somos un cliché. Siempre me gustaste, pero eras demasiado joven e insistente – Jeongguk lo sujeta de los muslos — Quería mantenerte a raya.
— Es un maldito cliché.
— Bien. Seamos un cliché entonces.— Sentencia Jeongguk antes de alzarlo en el aire.
Ingresan en la habitación que para sorpresa de Jimin sigue justo como la recordaba. Sobre la cama ambos se desvisten sin esperar mucho, otro día podrían ir más lento.
Jeongguk lo besa con rudeza mientras le abre las piernas luego de quitarle el pantalón. Se separa unos segundos y rebusca en la mesa de noche, luego regresa entre sus piernas.
— ¿Entonces no vamos a comer? — Dice Jimin sonriendo.
Jeongguk vacía un líquido en su mano mirándolo fijamente. Baja a su altura recargando el peso en una mano mientras la otra se esconde entre sus cuerpos.
— Era una excusa, creí que lo captaste.— Responde Jeongguk sonriendo de vuelta.
Jimin jadea sorprendido cuando Jeongguk presiona dos dedos en la ranura de sus nalgas. Los pasea por toda la longitud haciendo presión cuando la yema pasa sobre su entrada. Cada vez empuja más profundo hasta que los introduce, Jimin se arquea aferrándose a las sábanas tratando de ignorar la molestia.
Es extraño que algo se meta allí abajo, la manera en que empuja los músculos de su interior lo hacen vibrar entre cosquilleos intensos.
— No has dejado que alguien husmee aquí, ¿cierto? – Jimin cierra los ojos avergonzado — ¿Es todo mío?
— Cállate Hyung, eres raro — Murmura Jimin riendo.
Jeongguk vuelve a besarlo, la intensidad jamás desaparece y tiene a Jimin temblando. Su cuerpo está dócil y sensible a cualquier tacto, nada comparado a cuando se toca él mismo.
Jeongguk se remueve entre sus piernas pero no deja de besarlo. Jimin se aferra a su cintura cuando comienza a empujar las caderas y tiene que cortar el beso, jadeando por la presión.
La sensación de tensión y de estiramiento dura unos minutos hasta que puede aceptar un poco más.
— Ya... — Dice Jimin alterado.
— ¿Seguro?
— Si.
Jeongguk apoya el peso en ambas manos a los costados de su cabeza, echando parte de él en la unión de sus caderas. Hay otro beso corto antes de que las embestidas empiecen, el grosor de la polla lo hace boquear por aire cada que sale y vuelve a entrar.
Jimin tiembla encajando las uñas en la piel sudada de Jeongguk arrastrando un camino hasta su espalda baja. Jeongguk jadea sobre sus labios y Jimin puede sentir su piel erizarse.
Es increíble lo que puede causar y presenciarlo lo excita tanto que apenas puede mantener su mente cuerda. Lo siente por todas partes, húmedo y caliente resbalándose contra él, empujando tan profundo.
Sus gemidos son altos llenando el silencio, mezclándose con el choque de sus caderas. Cuando una embestida golpea cierto lugar dentro suyo, Jimin se sorprende de la manera en que se inquieta, lo más extraño es que Jeongguk parece notarlo.
— ¿Estás bien con más fuerza? — Dice Jeongguk en su oído, riendo al ver que se le eriza la piel.
Jimin ni siquiera puede hilar una respuesta así que solo gimotea ansioso, abrazándose al cuerpo grande sobre él. Jeongguk deja un beso en su cien para ir directo por ello, golpeando más fuerte y más rápido mientras gime profundo, un sonido extraño para Jimin que cala en su ser de una manera que no puede explicar.
A este punto está gritando y aferrándose a cualquier cosa posible, la presión es intensa allí abajo y en su vientre hay algo haciendo tirones que envía cosquilleos por su espalda.
Sabe que llega el final cuando la bruma de placer es salvaje y grotesca con su cuerpo. No hay piedad que lo sostenga y Jeongguk se enfoca en destrozarlo hasta gastar la última gota de su energía. Solo escucha un quejido alterado quebrar su garganta provocado por ese intenso cosquilleo en su vientre y la presión insoportable en la punta de su propia polla.
Jeongguk sigue empujando y jadeando encima suyo todavía, el placer duele y se siente insoportable de una forma desesperante ahora. Finalmente llega al orgasmo con un duro empujón que lo deja empalado hasta el fondo rosando ese lugar palpitante y sensible dentro suyo.
— Tengo ... m-mucho calor — Murmura Jimin riendo.
— Si, supongo que si.
Jeongguk besa su mejilla y se separa para quitarse el condon, ata un nudo antes de desecharlo en el cesto junto a la cama, después regresa a su lado.
— ¿Estás bien?
— Si.
— ¿Por qué me dejaste tenerte?— Pregunta Jeongguk.
— ¿Cómo sabes que no te tuve yo a ti?
Jeongguk alza las cejas con sorpresa, luego se ríe entre dientes.
— Muy bien. Tienes razón.
— Todavía me gustas Hyung. No confío totalmente en ti pero... Estoy cansado de reprimirme.
Jeongguk lleva una mano a su mejilla, el acto es tan delicado sobre su piel, tan irreal.
— También me cansé de reprimirme.








