⁰¹ ᴍᴇᴅᴅʟᴇ ᴀʙᴏᴜᴛ ᜊ
Suyen caminaba por el parque, su paraguas protegiéndola de la nieve. De repente, vio a un chico sentado en un banco, empapado y con la mirada perdida. Sin pensarlo, Suyen se acercó a él y le ofreció refugio bajo su paraguas.
El chico, la miró con sorpresa y gratitud.
Gracias — murmuró, mientras se levantaba y se unía a Suyen bajo el paraguas.
Mientras caminaban juntos, Saki no pudo dejar de mirar su cabello castaño. La conversación fue breve, y después de un rato, Suyen se despidió de Saki y siguió su camino. Pero Saki se quedó allí, mirando cómo se alejaba, con una sensación extraña en su pecho.
Al día siguiente, Suyen estaba en clase cuando notó al chico del parque sentado en el patio de la escuela.
Saki, por su parte, no podía dejar de mirar a Suyen a través de la ventana que separaba su clase del patio. Se sentía atraído por ella de una manera que no podía explicar
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Suyen continuaba con su vida normal, sin saber que había dejado una marca indeleble en la mente de Saki. Mientras tanto, Saki no podía dejar de pensar en ella. La veía en clase, en el pasillo, en el comedor... y cada vez que la veía, su corazón latía con más fuerza.
Saki comenzó a seguir a Suyen, sin que ella lo notara. La veía desde lejos, estudiando su comportamiento, sus gestos, su sonrisa. Se sentía como si estuviera en un sueño, y Suyen era el centro de su universo.
En clase, Saki se sentaba en la parte delantera, solo para poder ver a Suyen a través de la ventana. Se memorizaba cada detalle de su rostro, cada movimiento de su cabello. Se sentía como si estuviera poseído por un espíritu que solo pensaba en Suyen.
Pero Suyen, por su parte, no mostraba mucho interés en Saki. Lo veía como un compañero de clase más, sin saber que él estaba obsesionado con ella. Y eso solo hacía que Saki se sintiera más atraído por ella...
Ese mismo día, después de clases, Saki se quedó en la escuela, esperando a que Suyen saliera de su clase de piano. La veía desde lejos, a través de la ventana, y se sentía hipnotizado por sus movimientos.
Cuando Suyen salió, Saki la siguió a distancia, sin que ella lo notara. La veía caminar, sonreír, y se sentía como si estuviera en un sueño.
Suyen se dirigió a la tienda de conveniencia cerca de la escuela, y Saki la siguió. Dentro de la tienda, Suyen compró un helado y se sentó en una mesa, sonriendo mientras lo comía.
Saki se quedó en la puerta, mirándola, y se sintió abrumado por la emoción. Quería acercarse a ella, hablarle, pero no se atrevía.
De repente, Suyen levantó la vista y lo vio. Saki se sintió como si hubiera sido descubierto, y rápidamente se escondió detrás de una estantería.
Suyen se rió y siguió comiendo su helado, sin saber que Saki la había estado siguiendo. Saki, por su parte, se sintió como si hubiera sido atrapado en una trampa, y no sabía cómo escapar.
En ese mismo instante, un chico se acercó a Suyen y se sentó en la mesa con ella. Suyen sonrió y comenzó a charlar con él, y Saki se sintió como si hubiera sido golpeado en el estómago.
Saki se escondió detrás de la estantería, observando la escena con una mezcla de celos y rabia. No podía creer que otro chico se atreviera a acercarse a Suyen.
El chico, que se llamaba Taro, parecía muy amigable y divertido, y Suyen se reía con gusto. Saki se sintió cada vez más furioso, y sus pensamientos se volvieron oscuros.
¿Quién es este chico? — pensó Saki — ¿Por qué se atreve a acercarse a ella? Debo deshacerme de él.
Saki comenzó a fantasear con formas de eliminar a Taro, de hacer que desapareciera de la vida de Suyen. Se sentía poseído por una furia y un celo que no podía controlar.
Mientras tanto, Suyen y Taro seguían charlando y riendo, sin darse cuenta de la presencia de Saki ni de sus oscuros pensamientos.
Taro se levantó de la mesa y se despidió de Suyen, saliendo de la tienda de conveniencia con una sonrisa en el rostro. Saki lo esperaba afuera, escondido en la sombra.
Cuando Taro salió, Saki se acercó a él con una mirada amenazante.
¿Qué crees que estás haciendo? — le dijo Saki con una voz baja y peligrosa, Taro se sorprendió al ver a Saki, pero trató de mantener la calma.
¿Qué pasa, a que te refieres? — le respondió.
Saki se acercó más, su rostro a centímetros del de Taro.
No te acerques a ella — le dijo con una voz llena de furia — Suyen es mía.
¿De qué hablas? — le preguntó, con la voz temblorosa, Saki lo agarró del brazo y lo acercó a él.
No juegues conmigo — le dijo — Suyen es mía, y no permitiré que nadie me la quite, Taro se sintió asustado, pero trató de zafarse del agarre de Saki.
Suéltame — le dijo, Saki lo soltó, pero no se movió — Recuerda mis palabras, Suyen es mía.
Y con eso, Saki se dio la vuelta y se alejó, dejando a Taro con una sensación de miedo y confusión.








