Today is gonna be the day...
El tiempo se había terminado. Había tenido los cuatro años de universidad... tres si no contaba el tiempo que había estado en negación, para decirle a Carlos lo que sentía por él, pero se había acobardado en cada oportunidad y ahora, a sólo dos días de que el causante de sus desvelos volviera a España, Charles comenzaba a ver por qué había sido un error tan grande callar.
Se había dicho que estaría bien, que sería capaz de dejarlo ir y que con la distancia sería más fácil ir tiñendo de amistad sus sentimientos románticos hasta que ya no quedara rastro de ellos. Había estado optimista, aferrado al muy lógico pensamiento de que sin Carlos cerca, su presencia ya no podría afectarlo como lo hacía y podría pensar mejor, dejar de ser un patético manojo de nervios, miedo y amor para ser un hombre normal capaz de aceptar que a veces, las cosas que uno quiere simplemente no suceden.
Lastimosamente, todo el “optimismo” se había ido a la mierda esa mañana, cuando Carlos estaba por decirle el acostumbrado “el sábado nos reponemos”, refiriéndose al bien merecido descanso después de una semana de clases, y ambos se habían dado cuenta de que en esta ocasión, el sábado no traería una mañana de flojera y una tarde de diversión, sino no más bien, un abrazo de despedida.
Entonces Charles había entendido que todo lo que había estado ocupando su cabeza no era optimismo, sino negación y había sido Carlos el culpable de evidenciar su farsa ante sí mismo...justo como aquella primera vez.
Era el segundo día de clases del tercer semestre, habían vuelto de las vacaciones de verano y Charles no había tenido noticias del español ni lo había visto en las clases que ambos sabían que compartirían. Intentó contactarlo, por supuesto, pero no había obtenido respuesta y eso lo hacía sentir...extraño. No fue sino hasta cerca de las ocho de la noche que Carlos se había presentado en la puerta del dormitorio de Charles con una enorme sonrisa en el rostro.
Al mirarlo, sintió el torrente de sus emociones y sensaciones comenzar a romper algo dentro de sí. Primero fue el golpe de un alivio desmesurado, el que pudo explicar por lo preocupado que había estado por no saber nada de su amigo en días (dos días); después, lo asaltaron unas irrefrenables ganas de abrazarlo, cosa que hizo, desde luego, era algo de lo más normal querer abrazar a un amigo; sin embargo, en cuanto sus cuerpos estuvieron en contacto, las cosas se volvieron un poco más difíciles de explicar, porque Charles no podía poner en palabras la razón por la que deseaba aferrarse al torso de Carlos, ni su necesidad de sentirlo más cerca, mucho menos el hecho de que el aroma de su amigo hubiera hecho a su corazón revolotear coma ave enjaulada.
Lo peor del caso era que todas estas sensaciones no eran nuevas, pero Charles llevaba dos semestres convenciéndose de que eran hechos aislados, quizá porque nunca había sentido todas de una sola vez, o porque las vacaciones de verano habían sido las primeras que pasaba sin Carlos luego de conocerlo. De cualquier modo no importaba, aquel extraño abrazo debería haber sido suficiente para que Charles abriera los ojos de una maldita vez, pero incluso en ese momento, tuvo la osadía de pensar que tal vez simplemente se había apegado demasiado, pero en verdad demasiado, a su amigo.
Sin embargo, fue el final del abrazo lo que hizo el truco, porque al comenzar a apartarse se hizo consciente de la cercanía entre sus rostros y tuvo el absurdo pero poderoso impulso de besar al español en los labios. Empleó todas sus fuerzas para resistirse a ese deseo, quizá por eso es que comenzó a faltarle la fuerza para sostener la represa que mantenía a raya sus sentimientos. En ese momento tuvo que aceptar que los límites de la amistad se habían desdibujado, después Carlos dijo:
— Uff, lo que te hace un par de días sin mí, cariño.
Y entonces se rompió. El amor que se había ido filtrando a través de las ranuras, había vencido la resistencia. Ése fue el día en que tuvo que aceptar que estaba enamorado de Carlos Sainz.
Luego de eso había tenido innumerables oportunidades para obrar en consecuencia: caminatas por el campus, noches de películas o videojuegos, charlas al atardecer, fiestas en las que se experimentó lo suficiente para ampliar los horizontes de su sexualidad…en serio, Charles tuvo muchos escenarios, condiciones y ambientes entre los cuales elegir para demostrar lo que sentía, pero simplemente no había sido capaz, el miedo a arruinar sus amistad y, por supuesto, al rechazo, eran más grandes que él mismo, por lo que nunca había podido reunir el valor para confesarse.
Así que ahí estaba años después, con el corazón encerrado en una caja y muy próximo a una vida sin Carlos a su lado... literalmente. ¿Qué iba a hacer?, ¿había algo qué hacer siquiera?, ¿finalmente había llegado el momento de dejarlo ir? Charles no se atrevía a responderse estas preguntas, sólo era vagamente consciente de que estaba llegando a una especie de límite y lo único que se le ocurría hacer, era llorar. Así que lo hizo.
Ese mismo viernes, por la tarde, todo era igual que siempre para Charles, con la variante de que debía alistarse para la fiesta de fin de curso que Lando ofrecería. Vería a Carlos en la entrada del campus para ir juntos, o eso fue lo que creyó hasta que recibió la llamada que comenzó a cambiarlo todo.
— ¿Qué pasa? — respondió amigablemente, pues había visto el nombre de su amigo en la pantalla.
— ¡Hola! Llamaba para avisar que tendré que verte en la fiesta, tengo un asunto que atender antes y me queda más cerca la casa de Lando.
— Oh. — fue lo único que Charles pudo decir en un primer momento. Estaba a punto de agregar algo más, cuando Carlos volvió a hablar.
— Sí. Te veo allá, ve con cuidado, adiós. — y colgó.
La sensación que se asentó en su pecho fue...un poco aplastante. Por una parte estaba el hecho de que ésa era la última fiesta a la que podrían haber llegado juntos, mientras que por otra, le extrañaba y dolía un poco ese ” tengo un asunto que atender”, ya que Carlos normalmente no diría algo como aquello, más bien le contaría ese asunto y trataría de acordar otro sitio para encontrarse, así que este cambio repentino era un poco doloroso. No obstante, fiel a su costumbre, Charles se dijo que estaba bien, después de todo tendría que acostumbrarse a estar menos enterado de la vida de Carlos y, desde luego, a asistir a fiestas sin él, por lo que quizá debería ver ésta no como la última fiesta a la que irían juntos, sino como la primera de muchas en las que no lo harían.
Así pues, una vez que estuvo listo emprendió el camino a casa de Lando, durante el cual se encargó de distraer su mente lo más que pudo para evitar pensar en lo que lo que quejaba. Al llegar al lugar, sus nervios se dispararon un poco, así que tuvo que tomar un par de respiraciones profundas antes de tocar el timbre.
— Te juro que es de lo más extraño ver que Carlos y tú lleguen separados — dijo Lando en cuanto abrió la puerta. Su tono fue amistoso, pero eso no evitó que Charles sintiera una punzada de dolor, la cual, patéticamente, se disipó minutos después al ver a Carlos sentado en uno de los sofás de la sala.
El español estaba rodeado de varios amigos y reía junto con ellos. Fue afortunado de que estuviera algo lejos de él, porque así pudo mirarlo unos segundos sin tener que disimular su sonrisa enamorada.
— Eeeemm... vamos con los chicos, ¿te parece?— dijo Lando con algo de incomodidad
Mierda. Había olvidado por completo que Lando estaba a su lado, y así como era el chico de observador, probablemente había visto la admiración en el rostro de Charles.
— Seguro — respondió mientras comenzaba a caminar hacia el grupo y pretendía que no se había delatado frente a nadie.
Una vez que estuvieron con sus amigos, la gente se movió casi inconscientemente para dejarle un sitio junto a Carlos, quien casi en seguida le pasó un brazo sobre los hombros y lo acercó un poco. Charles quería patearlo cada vez que hacía eso, no porque le molestara, al contrario: le encantaba, tanto que ocultar sus sentimientos se volvía una tarea más difícil de lo usual. No obstante, resistió, siempre lo hacía, ¿por qué hoy sería diferente?
La fiesta siguió como muchas otras: hubo charlas ruidosas, bromas tontas, risas fáciles y baile, también hubo alcohol, lo suficiente para que Charles comenzara a relajarse y bajar la guardia, tal vez por eso fue que comenzó a invadir un poco más el espacio de Carlos y terminó por estar medio apoyado en él, casi como si se estuviera acurrucando.
— Ooooh, ¿no son adorables? — Lando se burló al verlos — En serio, yo hubiera jurado que ustedes terminarían juntos.
En ese momento hubiera deseado estar más ebrio, porque el alcohol en su sistema sólo pudo hacer que su expresión relajada se mantuviera igual, pero no hizo nada para evitar que se diera cuenta de lo tenso que estaba Carlos ahora, seguramente a causa de la incomodidad. Maldito Lando.
— ¡Yo también lo pensaba! — secundó George (¡¿De dónde diablos había salido?!)
De pronto escuchó junto a su oído una risa algo forzada que lo desconcertó. ¿Por qué Carlos se reía?
— Por favor, chicos, basta — comenzó a decir con tono que pretendía ser divertido — Charles jamás saldría conmigo, apenas me soporta.
Aparentemente todo era una broma, así que Charles sonrió en consecuencia y se permitió bromear.
— ¿Quién podría? — dijo riendo ligeramente mientras fingía no ver la extraña mirada que le lanzaba Lando.
Por fortuna, el pequeño incidente no pasó a mayores, sin embargo, Charles no podía sacar de su mente la risa forzada y las palabras de Carlos. Era consciente de que no se conocían de toda la vida, pero pensaba que cuatro años de prestarle más atención que a cualquier otra persona le habían dado suficiente conocimiento sobre él como para poder identificar inconsistencias en su comportamiento y esa “broma” definitivamente había sido una.
Desde luego, no podía asegurar lo que aquello significaba pero Charles se atrevía a suponer que el comentario de Lando sobre ellos juntos había detonado la necesidad de Carlos por negar cualquier posibilidad de que eso sucediera, lo que era....bueno, una mierda.
Nunca se había permitido tener demasiadas esperanzas pero ver las cosas bajo esta luz de una manera tan contundente había sido un golpe más duro de lo que habría esperado, y en cualquier caso, ¿cuál había sido la necesidad de hacer un comentario como aquel? Carlos podía simplemente haber dicho algo como “no, chicos, cómo se les ocurre” o simplemente reír de lo absurdo que le parecía, ¿por qué había tenido que llevar la atención hacia Charles y enunciar su negativa como lo había hecho?
Quizá había considerado hiriente decir que en realidad era él quien nunca saldría con Charles, aunque de ser el caso, seguía siendo más útil negar la posibilidad en sí misma sin mencionar a ninguno de los dos en particular, así que, ¿cuál era el punto...?
Ya basta, se dijo. No tenía sentido seguir pensando en ello si el resultado de cualquier declaración que Carlos hubiera podido hacer era la misma: no podría haber nada entre ellos más que su amistad. Punto. Ya era hora de que lo entendiera.
Desgraciadamente, en ese momento, entenderlo era demasiado duro como para intentar hacerlo sin alcohol, así que se permitió beber un poco más con la esperanza de que eso lo ayudara a adormecer la tristeza en su corazón y le facilitara la tarea de fingir que estaba bien, que disfrutaba de la fiesta tanto como había disfrutado de otras y que la próxima partida de Carlos no era un pesar permanentemente instalado en el fondo de su mente esperando el momento de atormentarlo con más fuerza.
Unas horas después el objetivo parecía logrado, aunque ya podía sentir que era una buena idea comenzar a beber agua en lugar de cerveza si no quería terminar inconsciente o algo por el estilo. Así pues, se dirigió a la cocina dejando a Carlos sentado en el sofá riéndose de alguna broma que Sergio había dicho. Una vez ahí, bebió dos vasos de agua llenos y, al ver que no había nadie más ahí por el momento, decidió darse unos minutos a solas y descansar del barullo tanto como era posible. Desafortunadamente su soledad se vio interrumpida por Lando, quien no parecía contento de verlo.
— Hola — saludó absurdamente, más movido por el alcohol que por el sentido común o la cortesía.
El otro resopló, luego pareció tener una fugaz lucha consigo mismo antes de finalmente hablar.
— Entonces ¿lo que dijo Carlos es verdad?
La pregunta lo desconcertó tanto que sólo atinó a preguntar tontamente:
— ¿Qué cosa?
— Que jamás saldrías con él.
Al escuchar aquello Charles rezó por lograr verse más confundido que aterrado por la posibilidad de ser descubierto mientras contestaba.
— ¿Qué?, ¿a qué viene esa pregunta? — fue un verdadero reto fingir la confusión cuando su racionalidad estaba tan comprometida por la bebida.
— Sólo es una pregunta. Responde.
¡Dios! Esa actitud exigente acababa de recordarle por qué Lando le desagradaba tanto algunas veces.
Sí, claro, dijo una voz irónica en su cabeza.
Bien, lo cierto era que Lando había comenzado a resultarle molesto desde que comenzó a coquetear con Carlos en el cuarto semestre. No había sido un secreto para nadie que él estaba interesado en el español, y aunque nunca habían llegado a nada oficialmente, Charles siempre había temido que su actual “amistad” se convirtiera en algo más.
—¿Por qué te importa? — realmente esperaba no sonar tan a la defensiva como creí que estaba sonando — ¿Crees que todos somos como tú y vivimos enamorados de él?
Lo lamentó en cuanto terminó de hablar, pero si le quedaban dudas de lo desafortunado que había sido su comentario, bastaba con ver la sorpresa y la indignación en el rostro del británico.
— Oh no te preocupes, me queda claro que tú no te sientes así, y a Carlos también le quedó claro. — su voz era frialdad y desdén puros. — Eres un idiota.
Dicho esto, salió de la cocina dejándolo helado. Al menos Lando tenía razón en una cosa: Charles era un idiota. Había atacado al chico sin razón alguna y encima había negado, casi como una especie de burla, que sintiera algo por Carlos.
Carlos…
“...me queda claro que tú no te sientes así, y a Carlos también le quedó claro”.
Las palabras de Lando resonaban en su cabeza. ¿Era así?, ¿Realmente sería tan obvio para Carlos que Charles no estaba interesado en él?
Nunca había tenido esperanzas de que el español correspondiera sus sentimientos, pero ahora veía que, incluso si lo hiciera, probablemente no habría dado muestras de ello porque creía que “nunca saldría con él” sin mencionar que Charles aprovechaba cada oportunidad que tenía para confirmar su aparente desinterés.
Esto no se sentía bien, porque una cosa era ocultar sus sentimientos y otra muy diferente negarlos rotundamente, del mismo modo, una cosa era no decirle a Carlos que lo amaba y otra era aceptar que “nunca saldría con él” o sugerir que no podría enamorarse de él. Charles nunca se había considerado una persona mentirosa, pero ahora se sentía como una y aún así no estaba seguro de tener el valor para aceptar la verdad si alguien se la preguntaba de nuevo.
De cualquier forma quizá ya no importaba demasiado, Carlos se iba al día siguiente y era mejor que disfrutara como pudiera esa última noche en su compañía en lugar de estancarse en pensamientos que debieron llegar a su mente cuando aún había tiempo. Así pues, volvió a armarse con toda la resignación que le fue posible y salió de la cocina para seguir la fiesta, incluso si su ánimo ya no estaba muy festivo.
Se encontró con un alboroto que se formaba en torno a Franco, quien aparentemente había llevado una guitarra a la fiesta, porque sí, el chico era así de ocurrente.
— ¿Quién trae una guitarra a una fiesta? — se burló amistosamente Alex
— Yo. Nunca sabes cuándo tendrás oportunidad de amenizar la fiesta.
— ¡Que toque! — gritó alguien al fondo que fue apoyado por la multitud con bromas y risas.
— Que toque "Wonderwall" — murmuró alguien cerca de Charles, haciendo reír a quienes lo escucharon, incluído él, sin embargo, no pudo evitar poner los ojos en blanco porque sí, entendía el chiste: había un sin fin de memes haciendo referencia a Wonderwall y a lo fácil que era tocarla en cualquier momento aleatorio (como una fiesta en la que alguien llevaba una guitarra), pero también era cierto que a él le encantaba esa canción y era la primera que había aprendido a tocar, no porque fuera fácil, sino porque le gustaba. El mundo era muy injusto con la pobre “Wonderwall”.
Se rió de su propio pensamiento, pues seguramente no se expresaría en esos términos de una canción si estuviera sobrio. Luego de eso su ánimo mejoró un poco, realmente muy poco, pero fue lo suficiente para permitirse disfrutar la interesante y algo deficiente pero divertida actuación de Franco, quien al terminar no sólo recibió con gusto el alboroto esperado, sino que buscó a algún pobre incauto que, presionado por la multitud, pudiera ser parte de su inesperado espectáculo.
Ése incauto, al parecer, era Charles.
— Venga, tú tocas la guitarra, ¿no? — le dijo Franco casi a gritos para hacerse oír en medio del bullicio.
Hubo varias voces apoyándolo y respondiendo a la pregunta incluso antes de que Charles lo hiciera, todas decían que era cierto y lo animaban a tocar, así que cuando se dió cuenta, tenía el instrumento en sus manos y un montón de gente esperando a que mostrara su talento (que en opinión de Charles, no era mucho).
Estaba aturdido y nervioso, dubitativo ante lo que debería hacer, y en casos como aquel sólo había dos cosas que lo ayudaban a centrarse: sus ejercicios de respiración y mirar a Carlos. Dadas las circunstancias y sus deseos, la segunda opción era definitivamente la más adecuada, por lo que comenzó a buscar a su amigo entre la multitud con la esperanza de hallarlo pronto. Lo hizo, siempre lo hacía, y aunque ése no era el objetivo principal de mirarlo, en cuanto vio su rostro sonriente y despreocupado de siempre, tuvo una idea.
— ¿Qué vas a tocar, Charles? — le preguntó Franco tan satisfecho como risueño.
— "Wonderwall".
Todos se rieron, por supuesto que se rieron, ¿a quién se le ocurría responder eso y más aún, decirlo con la intención de cumplirlo? pero probablemente Charles estaba lo suficientemente ebrio como para ser así de ridículo, así que no le sorprendió cuando hubo otro estallido de risas en el momento en que los acordes de "Wonderwall" comenzaron a sonar y él comenzó a cantar.
Como era de esperarse, una risa en especial fue la que llamó su atención, por lo que no fue sorprendente que mientras tocaba, Charles dirigiera su vista a Carlos, quien le sonreía con una divertida admiración dibujada en el rostro. Era tan guapo. Charles quería besar esos hermosos ojos brillantes, esa nariz que le daba tanto carácter y, por supuesto, esos labios gloriosos. No podía imaginarse no mirar ese rostro a diario, parecía increíble que en unos días Carlos ya no estaría más a su lad…
Sus pensamientos fueron interrumpidos por lo que sintió cuando vio a Lando acercarse a Carlos y pasarle un brazo sobre los hombros.
Esto fue todo, pensó. Había tenido suficiente, no sabía lo que pretendía el tipo esa noche pero Charles estaba harto y un poco ebrio, lo que posiblemente explicaba el irrefrenable impulso que tuvo antes de hacer sonar con más fuerza tanto la guitarra como su voz para llamar la atención de Carlos, mirarlo a los ojos y cantar la siguiente línea de la canción:
“I don’t believe that anybody feels the way I do about you now”
[No creo que nadie sienta lo que yo siento por ti ahora)]
El cambio en la mirada de Carlos fue instantáneo, combinaba sorpresa y duda por partes iguales, como si se preguntara si estaba entendiendo bien. Lo hacía, por supuesto que lo hacía, y Charles decidió que tomaría esa oportunidad para expresar tanto como pudiera, esperando que el destinatario lo comprendiera.
“There are many things that I would like to say to you, but I don’t know how
because maybe
you’re gonna be the one that saves me”
[Hay muchas cosas que me gustaría decirte, pero no sé cómo,
porque tal vez
serás tú quien me salve]
Charles siguió tocando y cantando, asegurándose de no apartar la mirada de Carlos en ningún momento, en parte porque sabía que debía hacerlo para comunicar su mensaje y en parte porque no podía, necesitaba ver su reacción y beber su imagen tanto como pudiera esta última noche antes de dejarlo ir. Así pasó gran parte de la canción, cantando con más intención de lo que lo había hecho jamás, pero fue cuando llegó al final que la intención transformó sus palabras en una especie de mantra que repitió con fervor:
And after all
You’re my wonderwall
I said maybe (I said maybe)
You’re gonna be the one that saves me…
[Y después de todo
Eres mi muro de las maravillas.
Dije: tal vez
serás tú quien me salve]
No supo qué podría haber estado en su expresión mientras cantaba, pero lo que haya sido tuvo la suficiente intensidad como para dejar a Carlos pasmado unos segundos.
You’re gonna be the one that saves me…
Repitió, esperando obtener una mirada, un gesto, algo que le diera una señal…
You’re gonna be the one that saves me.
Entonces ocurrió: sonaban los acordes finales de la canción cuando un aturdido Carlos negó sutilmente con la cabeza mostrando una expresión triste.
Ahí estaba su respuesta.
La canción acabó al mismo tiempo que los últimos restos de esperanza que Charles hubiera podido tener, y mientras crecía el alboroto que recibió su interpretación, pudo ver cómo el hombre del que estaba enamorado salía de la sala rumbo a no sabía dónde.
No lo seguiría. Había terminado con esto y estaba dispuesto a enterrar este día en sus recuerdos como muchas otras cosas.
Apenas notó cuando dejó de ser el centro de atención y la multitud lo dejó libre, se sentía adormecido, desganado, exhausto, así que no lo pensó mucho antes de marcharse.
No tuvo ánimos para despedirse de nadie, por lo que simplemente se fue colando entre la multitud y salió del lugar. Camino a su dormitorio, se dejó torturar por sus pensamientos libremente.
La había cagado: había arruinado su amistad con Carlos en tan sólo cuatro minutos y justo antes de que éste se fuera del país, De nada habían servido sus esfuerzos de años por disimular sus sentimientos con tal de no perder a su amigo. Se odiaba, ¿cómo podía haber sido tan estúpido e impulsivo?
Lo más triste de todo era que a la luz de estos nuevos acontecimientos, no estaba seguro de tener oportunidad para despedirse de él antes de que se fuera y eso le dolía más que cualquier cosa. Charles lo perdería y probablemente ni siquiera tendría oportunidad de decirle adiós.
Idiota, se dijo miles de veces. Eres un idiota.
Cuando llegó al dormitorio no se molestó en encender la luz o cambiarse, simplemente se metió bajo las sábanas y finalmente, como premio a este patético papel que había interpretado por años, se dejó llorar hasta quedarse dormido.
Al principio no supo qué lo había despertado, primero supuso que la luz del sol llenando la habitación, pero cuando escuchó tres fuertes (y algo impacientes) golpes en su puerta supo que ésa había sido la razón. Tuvo que hacer un esfuerzo inusual para salir de la cama y, por cómo se sentía, intuía que quienquiera que fuera la persona que tocaba, no lo vería en su mejor momento.
No se equivocaba, pero deseó haberlo hecho cuando, al abrir la puerta, se topó con Carlos Sainz, quien tenía una expresión tensa en el rostro, la cual se intensificó al mirar a Charles.
Maldita sea.
— Hola — fue todo lo que atinó a decir antes de moverse para dejarlo pasar.
— Hola. Veo que estabas dormido. — comentó el otro mientras entraba.
— Sí, estaba algo cansado, ya sabes.
Charles odiaba la incomodidad en el ambiente, pero odiaba más el hecho de ser causante de la misma.
— Imagino que sí, te fuiste muy rápido anoche, ni siquiera te despediste.
La velada acusación lo indignó. Sí, se había ido sin despedirse luego de ver a Carlos perderse en alguna parte de la casa tras haberlo rechazado sutilmente. Estaba a punto de responder con algún comentario mordaz al respecto, sin embargo, pensó que no tenía sentido, después de todo Carlos no tenía la culpa de no corresponder sus sentimientos y mucho menos de que Charles fuera un idiota que había esperado hasta la última noche que lo vería para hacer lo que había hecho.
Así, decidió que no se equivocaría dos veces y actuaría como debería haber actuado todo el tiempo: como un buen amigo.
— Sí, lo siento por eso. — dijo en tono de disculpa antes de adoptar uno más despreocupado y alegre — Anoche no me sentía muy bien, pero ya estoy mejor. ¿Y tú?, ¿ansioso por volver a España?, ¿a qué hora sale tu vuelo?
No se quedó mirando a Carlos, prefirió comenzar a ordenar su habitación mientras esperaba una respuesta, así como había hecho muchas veces mientras charlaba con él en los años que llevaban de conocerse, sólo esperaba que el español entendiera la indirecta y se comportara como si nada hubiera pasado.
No tuvo tanta suerte.
— ¿En verdad no vamos a hablar de lo que pasó anoche?
Mierda. A veces en verdad odiaba a Carlos Sainz.
— No.— respondió sin mirarlo a la cara — Vamos a pasar esta mañana como habíamos planeado hacerlo antes de que yo…hiciera lo hice.
— Charles…
— Carlos, por favor, sólo déjalo así.
— ¿Por qué?
— Porque no tiene sentido y ya estoy suficientemente avergonzado. — tras decir esto, se armó de valor para mirarlo a los ojos esperando que le mostrara un poco de piedad — Por favor.
La expresión de Carlos se suavizó, pero al parecer, las palabras de Charles no fueron suficientes para detenerlo.
— ¿Por qué nunca me lo dijiste? — el pesar era evidente en su voz.
— No lo sé, en verdad no tengo idea, ya déjalo. — sonaba como un terco absoluto, pero comenzaba a sentirse acorralado y ahora lo único que quería era evadir la situación.
Su respuesta golpeó en el lugar equivocado, a juzgar por el hecho de que la tensión que había notado antes en el español estaba de vuelta.
— No, no voy a dejarlo, sólo respóndeme eso: ¿por qué no me lo dijiste?, ¿por qué tuviste que esperar hasta la noche antes de que me fuera?
Charles estaba harto, ¿cuál era la necesidad de saberlo?, ¿por qué Carlos no entendía que sólo quería pasar página y ya, que no necesitaba ser rechazado otra vez?
— Ya basta.
— ¡Sólo respóndeme!
— ¡Por la misma razón por la que no quiero hablar de esto ahora! No tenía ningún sentido.
— ¿Por qué sigues diciendo eso?, claro que lo tenía. ¡Yo hubiera querido saberlo!
Listo, eso era todo. Sí Carlos insistía en tener una respuesta y estaba empeñado en arruinar su última mañana juntos lo había conseguido.
— ¡¿Para qué?!, ¿qué hubieras hecho? ¿Recordarme que sólo somos amigos?, ¿decirme que algún día iba a encontrar a alguien mejor, alguien que correspondiera mis sentimientos? No necesitaba eso, Carlos, yo sólo quería está cerca de ti y ya tenía suficiente con saber que nunca ibas a quererme, no necesitaba…no necesito escucharlo. Yo ya lo sé. Ahora, ¿puedes solo irte? Si no quieres disfrutar de tu mañana como lo habíamos planeado no sé qué estás haciendo aquí.
Ésa respuesta había dolido, pudo deducir Charles al mirar el rostro de Carlos, quien por una momento pareció reflexionar sobre su siguiente movimiento antes de volver a hablar.
— ¿Sabes que llevo todo el semestre planeando mi vuelta a España?
— Sí. Ésa es otra cosa que tampoco quería escuchar.
— Mi visa estudiantil vence en unos días — siguió diciendo, como si Charles no hubiera intervenido — Estuve buscando y cotizando lugares donde vivir, apliqué a pasantías, busqué empleos de medio tiempo…¡tengo entrevistas de trabajo la semana que viene!
— Sí, sí, tienes todo casi resuelto en España, ¿cuál es el punto? — dijo con resentimiento.
— El punto es que de haberlo sabido yo…yo habría hecho planes para quedarme, Charles.
— ¿Qué? — preguntó, confundido.
— La razón por la que tanto estuve deseando volver a España eras tú, tenía que poner toda la distancia que fuera posible entre nosotros, porque yo sabía…creí saber qué tú no me querías del mismo modo que yo a ti. No planeaba dejar de hablar contigo, no habría sido capaz, pero necesitaba tener una vida en otro lugar, algo que no me dejara volver a ti esperando algo que jamás iba a tener.
— Carlos… — comenzó a decir Charles, en un susurro entrecortado.
— ¿Por qué?, ¿por qué en cada oportunidad, cada vez que yo intentaba crear un momento para decirte cómo me sentía te encargaste de dejarme claro que no me querías de ese modo?
— Yo…yo no tenía idea.
Era verdad, era tan cierto, que esta conversación le parecía incluso surrealista. Charles había estado seguro de que no era correspondido, por eso cada vez que estaba a solas con Carlos evitaba a toda costa un ambiente que lo hiciera delatarse, no tenía idea de que en todas esas veces simplemente había impedido que la verdad entre ellos saliera a la luz.
— Yo sé que no tenías idea, por eso nunca iba a decirte nada, pero Lando insistía en que algo debía hacerse al respecto aunque fuera una última vez, y ya que ningún plan prudente había funcionado en el pasado, él simplemente…no sé, me convenció de no llegar contigo a la fiesta y estuvo haciendo cosas muy raras ayer, como quizá te diste cuenta. Ahora por culpa tuya el tipo no me deja en paz, nadie me ha dicho tantas veces “te lo dije” como él.
La tristeza en el rostro del español le dió una pequeña tregua gracias al asomo de diversión que apareció tras decir lo último y Charles, irracionalmente, odiaba que fuera a causa de Lando y no de él. Sí, aparentemente era así de ridículo.
— Lo siento — dijo Charles. Debió haber tenido una expresión lamentable porque lo siguiente que supo fue Carlos lo estaba abrazando.
— Oye, no — le susurró con dulzura — No dije esto para que te disculparas o algo así, es sólo que estoy…frustrado.
Asintió al escucharlo, parpadeando para combatir la humedad de sus ojos. Entonces el español rompió el abrazo, se separó un poco y le sujetó el rostro con las manos. Charles se sonrojó al notar lo cerca que estaban sus rostros, sería tan fácil simplemente besarlo…
Aparentemente Carlos pensaba algo parecido, porque sus ojos brillaron con emoción antes de clavarse en sus labios. La tensión creció de un momento a otro, con ambos mirando la boca del otro sin atreverse a moverse, sus respiraciones agitadas acompañando su deseo, su duda, su esperanza.
— Tendré que irme de cualquier forma, Charles. — susurró Carlos.
— Lo sé.
Apenas articuló esas dos palabras se hizo consciente de lo que pasaría unas horas más tarde. Eso fue suficiente para decidirse, porque era evidente que esta oportunidad no volvería, así que se armó de valor y por fin, ¡por fin!, juntó sus labios con los de Carlos en un beso más intenso de lo que había planeado, porque aparentemente la tensión que explotó con el contacto no fue sólo la de ese momento, sino la de los últimos años.
Charles no tuvo idea de cuánto tiempo se besaron antes de decidir que ya no podían sólo hacer pequeñas pausas para jalar aire antes de seguir devorándose los labios. Así pues, luego de un tiempo que no pudo calcular, se separaron para recuperar el aliento.
Se miraron el uno al otro sonriendo mientras regulaban sus agitadas respiraciones, más contentos de lo que habían estado en mucho tiempo. Entonces Carlos le colocó una mano en la mejilla y dijo:
— Me gustas tanto. Gracias por decirme…¿o cantarme? lo que sientes por mí. Te amo.
El júbilo que explotó en el pecho de Charles apretó su garganta y humedeció sus ojos, sin embargo, estaba harto de esa emotividad lacrimosa, él quería reír, saltar, celebrar que era correspondido. Así que no iba a llorar, él reiría, ambos lo harían.
— ¿Gracias? ¡Hace unos minutos querías patearme! — recibió una carcajada como respuesta, justo como lo deseaba.
— Jamás te patearía…quizá nalguearte, pero patearme jamás. — Carlos esbozó una sonrisa divertida cuando vio a Charles sonrojarse — Lamento mi reacción, es sólo que me tomaste por sorpresa y después de eso no estaba pensando con claridad, pero ahora lo hago. Me iré, tengo que hacerlo porque no puedo hacer nada al respecto, pero te prometo que voy a volver aquí contigo, no importa cuánto tarde, volveré.
Al escuchar aquello un inmenso alivio le inundó el corazón. No lo había perdido, él lo quería y quería volver a su lado. La felicidad de ese conocimiento se sentía casi irreal. ¿Alguna vez se acostumbraría a saber que Carlos le correspondía?
— ¿Hablas en serio? — preguntó a pesar de lo tensa que estaba su garganta debido a la emoción.
— Totalmente. — tras decir eso, su expresión se volvió divertida — Sólo no llores mucho por mí, ¿bien?, sé que no puedes vivir sin mi y que vas a extrañarme como un loco, pero por favor resiste.
Charles río ante la broma y le dió un leve golpe en el brazo.
— Idiota. Y no voy a extrañarte como un loco, sólo estarás a una llamada de distancia…¿no?
La expresión del español se suavizó antes de darle una tierna sonrisa.
— Sí, lo estaré.
Y lo estuvo.
Durante el año y nueve meses que Carlos tardó en volver, no hubo un sólo día en que no estuviera para él, lo que hizo más llevadera la espera. Lo cierto era que a veces sí que lo extrañaba como un loco, pero el contacto constante y la determinación de volver del español siempre lograban mitigar la llama de añoranza que a veces amenazaba con quemarlo por dentro.
El día que Carlos regresó, en los auriculares de Charles sonaba “Wonderwall”. No era casualidad: había querido verlo salir por las puertas del aeropuerto mientras escuchaba la canción que lo había iniciado todo hacía casi dos años, la canción que, de alguna manera, le había traído de vuelta al hombre que amaba, la canción que tal vez todo mundo podría tocar, pero que muy pocos podían vivir. Tenían tanta suerte.
No tardaron en encontrarse el uno al otro entre la gente y cuando sus miradas se cruzaron, sonrieron más ampliamente de lo que lo habían hecho en meses. Charles corrió al encuentro de quien había esperado por tantos años y entre la bruma de la inmensa felicidad que sentía, alcanzó a escuchar:
…you´re gonna be the one that saves me…
FIN.









nadie está llorando en el camión. nadie 😭