Poema, en prosa, de despedida amorosa
Rompe la historia que hubo entre nosotros, aunque no quiera olvidarte, permiteme hacer el intento, Quiero que la quemes, —sé muy bien que quieres hacerlo —Aunque sea lo necesario, para que sea inrrescatable para ambos. Para que apenas tengan la temperatura necesaria para arder, respire el fuego con el color justo y poner a su luz, como testigo y jurado, para poder enjuiciar los relatos que escribimos, alguna vez juntos. Quiero lavar con el humo resultante de las memorias quemadas mis ojos llenos de tristes lágrimas que no pudieron salir en su momento, todo por vivir recordando las anécdotas cariñosas: la noche del abrazo en la fiesta de nuestros amigos y colegas, el poema inconcluso que te empecé a escribir, la función de cine, los boletos que guardo receloso, el primer beso con la piedra que nos hizo tropezar a futuro, la galleta diseñada que me regalaste, el cigarro que me intercambiaste, tal vez no guardé las mismas cosas que tu, pero guardaba las más valiosas para mí, tu rostro, mis declaraciones fantasma, mis palabras hacia ti. Sin embargo, es hora de decir adiós.
De nuevo, tal vez en realidad no quiera, pues cada vez que mis ojos se posan en ti, siento miedo, tiemblo cual soldado de frente a la irreparable tempestad. Por esa necesidad de querer vivir, por esa necesidad para tener mi mente en paz y poder continuar, es que te quiero desterrar con dignidad, acompañada sí, porque yo quiero, hasta la puerta con mis palabras como maletas. Deseo volver a pertenecerme y no encuentro otra forma más que dejar que te marches.
Sé que el sudor de fiebre ya pasó, que las lágrimas ya no van a ser de un muriente que no permite avanzar las estaciones, que se permite quedar repitiendo y repitiendo, y repitiendo, y repitiendo los recuerdos para intentar no sentirse marchito en un proceso de residuos que alguna vez brillaron de verde vida. No quiero nadar más en cenizas.
Necesito permitirme respirar, alejarme del charco donde las hojas que cayeron hace un año se pudrieron y me contaminan. Sanar la tierra, fermentándola, perparándola para la cosecha que con mis manos he de seguir todo el proceso de inicio a fin. Porque estoy listo. Listo para ser lo que no he sido, tomar las riendas de mi vida, agitarlas a la velocidad que yo diga. Sé que me faltó contigo eso, necesito tiempo para tomar todo el valor que necesito.
Pero, no quiero que todo se sienta como un tropiezo, como una caída, siempre aprendo y contigo aprendí lo que era la química, solo que ni pude, ni quisiste mantener viva la llama que no quema, el hielo que no enfría, el dolor que duele y no se encarna como las espigas de las granadas en la piel, en el músculo, en el alma. No te puedo enterrar, porque además de que vas a vivir mucho más que yo, te planeó plantar, para que cuides la biosfera interior de mis recuerdos, y que, cuando llegue el momento, alimentes junto conmigo al primer gusano que de mi carne se alimente. Deseo que pases con bombo y platillo en luces de gala magnífica y esplendorosa, junto conmigo, al salón de las estrellas que cuelgan en el infinito de las hojas bien escritas, esas que son sin espacios en blanco, de esas cartas que tienen corazón en mano. Pero hasta que llegue el punto final de mi vida, quiero alimentar con los átomos que me restan de ti, mi camino a lo desconocido. Que cada vez que me sienta perdido, infeliz o vacío, pueda rescatar la realidad que pasé, chirriante y desafinado junto a ti frente a mis ojos, y con ello poder relanzar mi rumbo con buena dirección, como hoy que doy el primer paso.
Por ahora, un apremiante último baño de ceniza, un último dolor antes de cerrar la puerta, antes de que el fuego desfigure lo que tenía que desfigurar, una última lágrima de humo, un último argumento de solidaridad. Necesito nadar con sed de soledad, respirar el aire suelto que no tenga industria, dejar la cafeína que me mantiene despierto esperando un mensaje, dejar de leer este poema para detener toda despedida. Sobre todo, debo despertar mañana con ojos de un nuevo despertante. Aunque por hoy, y solo por hoy pasaré una vez más la historia entera para agradecerte el cruzar vidas, ya que te lo agradezco con la seguridad de un agradecido, no me mal entiendas, esta vez no es como la primera vez, un arranque de celos y bobadas, esta vez no te digo adios de mi vida, solo de mi amor, ya no te puedo ver como ese destello que quería en mi vida y que mis decisiones, en ayuda de tu parte menos dispuesta, construyeron una muralla a mi alrededor. Te amé, fui tuyo el tiempo que lo deseaste, pero tuve que decir adiós.








