LOOK AT THEM
Max caminaba por el pasillo en busca de su habitación. Era un día sumamente caluroso y necesitaba refrescarse un poco.
Una vez frente a su puerta, comenzó a buscar la llave en sus bolsillos y se percató de que la llevaba consigo.
Maldijo por lo bajo, y tomo su teléfono para llamar por ayuda. Pero luego recordó a quien se la había dado a guardar.
Llegó hasta la puerta de la habitación de Sergio y tocó varias veces hasta que le abrió.
—¿Qué quieres? ¿Por qué tanto escándalo?—Pregunto el pelinegro apenas abrió la puerta.
Max estaba a punto de decir algo. Pero pronto algo captó la atención de su mirada.
Se dio cuenta de que su compañero estaba vistiéndose, pero su torso aún estaba desnudo. Dejando una gran vista de su bien trabajado cuerpo.
—¿Acabas de ducharte?—Pregunto el rubio casi en un susurro, sin despegar la vista de su pecho.
—Si, deberías hacer lo mismo—Respondió el pelinegro mientras caminaba en busca de algo para terminar de vestirse—¿Y cuál es la urgencia?
Max se acercó a él. Olvidando completamente la razón por la cual había llegado hasta su habitación.
Sergio se giro al sentir sus pasos, pero el rubio fue rápido y lo tomo del rostro para juntar sus labios.
El pelinegro sonrió ante esa acción, pero correspondiendo a su toque.
—Tengo otra urgencia ahora—Dijo Max entre besos, mientras lo recordaba en la cama.
—¿En serio? ¿Ahora?—Pregunto Sergio con cierta burla.
Pero el rubio no respondió. En su lugar, se subió sobre él y volvió a juntar sus labios.
El más joven bajo su mano hacia el pecho del mayor y comenzó a acariciarlo. Poniendo sus dedos en su pezón y apretándolo ligeramente.
Sergio no pudo evitar jadear ante su toque. Sentía la mano de Max acariciando su pecho, haciendo pequeños movimientos con sus dedos.
Entonces el rubio dejo en paz su boca y comenzó a dejar pequeños besos por su mentón hasta llegar a su cuello.
Pronto llegó a su pecho, y con su lengua comenzó a lamerlo. Haciendo que el pelinegro se tensara aún más.
Mientras que su lengua chupaba, lamia y succionaba, su mano jugaba con el otro pezón libre, acariciándolo y apretándolo con sus dedos juguetones.
Sergio comenzó a acariciar el cabello rubio de su amante. Dejándose llevar por la sensaciones que su lengua provocaba en él.
Y Max no dejaba pasar la oportunidad de cambiar entre una y otra, marcando con su saliva el pecho del mayor.
Decidiendo que quería más. El rubio comenzó a bajar sobre su cuerpo hasta llegar a su abdomen, donde dejó otro rastro de besos antes de jugar con su lengua, lamiendo cada parte de su piel.
Y mientras su boca estaba ocupada, sus manos no perdieron el tiempo y comenzaron a desabrochar el pantalón del pelinegro.
Lo hizo levantarse un poco para poder bajarlos junto a su ropa interior, liberando su erección en la cara del rubio.
Max pronto tenía una nueva distracción. Y con su boca le dio la bienvenida, dejando que toda su carne lo llenará hasta provocarle arcadas.
Sergio gemía debajo de él. Sintiendo como sus manos lo acariciaban mientras que su boca hacia el mayor esfuerzo para llevarlo al siguiente nivel.
Pero pronto fueron alarmados por unos golpes en la puerta.
Ambos hombres se miraron sumamente preocupados. Temían que la persona al otro lado abriera la puerta, así sin más, y los encontrará en una situación comprometedora.
Sergio se acomodo en la cama y estaba a punto de levantarse, pero Max parecía no ceder.
El pelinegro negó rápidamente con la cabeza. Pidiéndole al rubio que lo soltara de una buena vez y así poder ponerse la ropa de nuevo.
Max pensaba que podían continuar con la diversión mientras no hicieran mucho ruido, pero se rindió cuando vio la expresión molesta de su amante.
Lo dejo en paz, haciendo que el mayor finalmente se levantará y se vistiera, aún lleno de la saliva del más joven.
Sergio tomo una playera y rápidamente se la puso. Ambos se dirigieron a la puerta, intentando disimular lo que había sucedido.
Max estaba impaciente cuando vio que se trataba de otro estúpido video para redes sociales.
Había dejado de complacer a su amante para grabar algo que no le podía importar menos.
Pero la idea de volver a la habitación lo antes posible solo llevo a que se excitara de nuevo.
El rubio no podía dejar de ver a Sergio. Se miraba tan bien con aquella playera blanca y su cabello despeinado, todavía húmedo.
Y por más que intentará disimular, no pudo evitar mirar el pecho de su compañero, el cual se marcaba por lo pegado de la prenda.
Mientras que el pelinegro luchaba por esconder su erección, poniendo sus manos frente a su cintura y respirando pesadamente.
A veces mirando a Max para pedirle que dejara de verlo de la manera en que lo hacía, ya que era poco discreto.
Una vez terminado todo, Sergio camino de vuelta a su habitación. Sintiendo como Max intentaba fingir que iría a la suya, aunque al final se desviaba del camino y terminaría en su cama.
El pelinegro entro, y rápidamente vio como la mano del rubio detenía la puerta para entrar a la fuerza, cerrando detrás de si para evitar inconvenientes.
El mayor comenzó a desvestirse, mientras que Max solo lo observaba y al poco tiempo lo imitó.
Sin decir palabras, Sergio quedó completamente desnudo frente a su compañero y camino hacia el baño, pero no iba solo.
Abrió la llave, dejando que el agua callera sobre su cuerpo. Pronto sintió el cuerpo de su compañero pegándose al suyo y sus labios tocando su piel.
Sin embargo, Sergio se giro y lo tomo del cuello para arrinconó contra la pared, juntando sus labios en un desesperado encuentro.
La lengua del pelinegro rápidamente invadió la boca del rubio, y este le correspondió al instante. Y su mano comenzó a subir sobre la pierna de este, acariciándolo lentamente hasta llegar a sus glúteo y apretarlo un poco.
Max soltó un gemido al sentir su fuerte mano buscando su entrada, hasta que finalmente comenzó a acariciarlo.
Sergio levantó un poco la pierna del rubio y lo hizo apoyarse en su cintura, mientras que con sus dedos lo preparaba para él.
El más joven no dejaba de retorcerse ante su tacto, mientras que, con su mano libre, el pelinegro comenzaba a masturbarlo.
Max se apoyaba tanto de la pared como le era posible. Mientras movía un poco sus caderas buscando el contacto.
El pelinegro sonrió cuando lo vio tan desesperado.
Sabiendo que estaba listo, Sergio dejo en paz al joven y saco sus dedos para ahora tomar su miembro y acercarlo hasta su entrada, llenándolo poco a poco.
El rubio se quejo fuertemente al sentirlo dentro. Mientras que el pelinegro todavía se acomodaba de la mejor manera posible para moverse libremente.
Max rodeaba con su pierna la cintura de Sergio, con una mano se sostenía de la pared y con la otra no pudo evitar masturbarse para aumentar el placer.
El pelinegro comenzó a moverse aún más rápido, pero la vista de su carne perdiéndose dentro de su amante lo ponía más duro y lo invitaba a volverse un poco más atrevido.
Sergio salió de él y lo hizo girarse para obligarlo a apoyarse en la pared. Entonces le dio unas cuantas nalgadas hasta que abrió bien las piernas y pudo volver a entrar.
Max, ahora pegado a la pared, continuo masturbándose mientras que con una mano se sostenía y su cabeza miraba al suelo. Sintiendo una ola de placer en su espalda, seguro de que en cualquier momento se vendría en su mano y así fue.
Mientras que el pelinegro luchaba para sostener su excitación, quería alargar el momento lo máximo posible.
Pero cuando no pudo resistirlo más, termino explotando dentro de su compañero, sintiendo como semen goteaba fuera de él.
Sergio salió del rubio y se apoyo en su espalda, mientras que el agua aún caía sobre ellos.
Dándole unos cuantos besos, antes de finalmente salir de la ducha y vestirse de vuelta.
Había sido un día sumamente caluroso








