Nuestro Tiempo Fugaz

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Summary

Halley y Oliver se conocen en una fiesta, sin imaginar que ese encuentro cambiaría sus vidas para siempre. Aunque al principio su relación es solo de amigos, poco a poco Halley comienza a darse cuenta de que sus sentimientos por él son mucho más profundos de lo que pensaba. Sin embargo, le cuesta aceptar lo que siente, temerosa de que sus sentimientos puedan poner en riesgo la amistad que han construido. A medida que se acercan más, Halley debe decidir si arriesgarlo todo por un amor que apenas comienza o si quedarse en la zona de confort de su amistad.

Genre
Romance/Drama
Author
Kioko
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1


•°●Primer atardecer●°•

Casi fin de vacaciones, era terrible, nuevo año, nuevo ciclo escolar, ahora mismo iba de camino a una fiesta.

¿Qué demonios haría yo, una mocosa de quince años, en una fiesta donde habría chicos y chicas mayores que yo? Claro, no sería la única de primer año, pero seguía siendo raro mezclarnos entre universitarios.

Llegue a la casa de la dirección marcada. La gente entrando y saliendo de aquella puerta, la decoración, los autos estacionados en fila, definitivamente era aquí.

Me abrí espacio entre la gente, tratando de encontrar a alguien que reconociera, era difícil gracias a los jóvenes que se encontraban, el ruido estruendoso de la música hacía que vibrara toda la casa. Alguien jalo de mi brazo y me llevó a una esquina, en la cual, se reunía una bola pequeña de personas, era mi amiga Amelia, vestida de un vestido negro.

-Pensé que no vendrías.-

-No, no pensaba venir, pero es mejor esto a quedarme en mi casa sin hacer nada.- Respondí con un tono fuerte.

Mi amigo río por lo bajo y me pasó un vaso. Lo acerque un poco a mi nariz, en efecto, era alcohol.

-¿No somos muy jóvenes para beber?-

-Anímate, no hay adultos, no hay supervisión, es de las pocas veces que podemos hacer esto.- Dio un gran trago a su bebida.

-Yo solo vine por la fiesta, prefiero no hacer esto hasta tener edad suficiente, mejor solo disfruto de la música y hablo con gente.-

-Bien, tú te lo pierdes, pero siéntete libre de agarrar vasos cuando quieras, este lugar este lleno de ellos.- Grito y se fue, no tardando mucho en desaparecer de mi campo de visión.

Supuse que ya estaba borracha, y recién eran las ocho de la noche, no quería ni saber que seria de ella unas horas más tarde.

Hable solo con compañeros de clase que conocía, no me animaba a hablar con chicos más mayores que yo, ¿Cómo hacían los demás para hacerlo? Lo muestran cómo si fuese lo más sencillo y normal del mundo.

La hora cambio, ya eran las once, todos bailaban, cantaban, estaban con sus parejas, grupo de amigos y más. Y luego estoy yo, arrinconada en una esquina, con un vaso rojo, el mismo que me trató de dar Amelia, observaba el líquido en su interior, parecía agua, pero al acercarlo, su olor era otro, mi mente daba vueltas, ¿Lo bebía o no? Me cuestionaba. Estuve a punto de hacerlo, hasta que la voz de un chico me saco de aquel impulso.

-Si no quieres beberlo esta bien, no es una obligación, el chiste es que lo disfrutes.-

Voltee a verlo, pelo alborotado castaño, ojos color miel, sonrisa encantadora. Con mi altura lograba alcanzarlo solo a sus hombros.

-¿Y tú lo disfrutas?- Conteste, observando su vaso.

-Si no me gustará, no estaría bebiéndolo, ¿No crees?-

Estúpida pregunta viniendo de mi, la primera impresión es la que cuenta y ya la desperdicie.

-¿Cómo te llamas?-

Desvié por unos instantes mi mirada de la suya, no podía arruinarlo de nuevo.

-Halley, ¿Y tú?-

-Oliver, que nombre más bonito, Halley.-

-Digo lo mismo, Oliver.-

-Y dime, ¿Qué trajo hasta este lugar concurrido por gente poco interesante?-

Solté una risa, la primera en todo lo que llevaba de la noche.

-Nada, fui invitada por una amiga y aquí estoy, ¿Qué me dices de ti?-

-Igual, me invito un amigo.-

Observó mi oufit, el cual consistía en una falda y una sudadera.

-No te vayas a quejar, era todo lo que tenía para improvisar.-

-No me quejo de eso, de hecho, yo también improvise, apenas ayer me avisaron de la fiesta, no tuve tiempo de un traje más... adecuado.-

Él llevaba unos vaqueros con una camisa blanca.

-Bueno, se te ve bien.-

-Muchas gracias, igual se te ve bien.-

-Gracias, siento que eres la primera persona en este espacio, que me lo dice de verdad y no por burlarse de mi.-

Di una sonrisa cálida, ya no supe que más decir y al parecer el tampoco, tenía que hablar ya si no quería que se fuera y me dejase sola otra vez en esta triste esquina.

-Y ¿En qué escuela vas?-

Me da una mirada desconcertada.

-Por si no sabías o te habías dado cuenta, vamos en la misma escuela.-

-¿Cómo?-

-Si, así como escuchaste, solo que yo voy en segundo año, y supongo que tú en primer año.-

-Ah, si, voy en primer año, creo que es por eso mismo que jamás te vi, además de que siempre ando en mi mundo y no presto mucho atención a las cosas a mi alrededor.-

-Deberías hacerlo, es muy interesante hacerlo.-

-Lo tomaré en cuenta, gracias.-

-Bien, ¿Vas a tomar eso?- Apuntó al vaso que tenía en mi mano derecha.

-Todo tuyo.- Se lo entregué.

-¿Quieres salir de aquí? Parece que te estás sofocado de tanta gente.-

Me sonroje de la vergüenza y asentí con mi cabeza. Oliver tomó mi mano, entrelazándolas, y me llevó al patio delantero de la casa. Pensé que nos quedaríamos en esa zona, pero no, me guió hasta un parque, no tan alejado de dónde nos encontrábamos pero si para que se dejase de escuchar la música alta.

Fue entonces cuando soltó mi mano y pude sentir que el aire frío pegó contra ella, se sentó en un columpio y opte por hacer lo mismo. Normalmente pienso que estas situaciones son algo incomodas, pero esta vez no era así, se sentía cálido el ambiente, agradable y fácil de respirar.

-¿En qué tanto piensas?- Preguntó de repente.

-En nada, solo, divago por mi mente sin buscar nada.-

-Interesante, jamás había escuchado a alguien decir eso.-

-Es algo tonto.-

-No es tonto, más bien siento que es una linda forma de expresar lo que sientes sin decirlo directamente, no muchos lo hacen o lo saben hacer, te felicito, Halley.-

-Por cierto, no me has dicho tú edad.-

-¿No? Bueno, tengo dieciséis años.-

-Me ganas solo por un año.-

-¿Tú tienes quince?-

-En efecto.-

-Lo imaginé.-

Volvimos a estar en silencio, parecía cada uno en su propio mundo, pero de alguna forma, estábamos en un mismo plano. Por el rabillo de mi ojo lo vi, parecía estar tranquilo, ese perfil perfecto lo era todo, ¿Tendría novia? Sonaría raro si preguntara, podría sospechar que tal vez me interese en él y ahora quiero algo como una relación, y la verdad es que no.

Suspire, soltando humo por mi nariz, no sentía tanto frío gracias a las medias y la sudadera con tela suave y caliente, me alegre por eso.

-Estos tiempos de fríos ya se acercan, deberías de venir más abrigada.-

-Solo será por hoy, no me pasará nada, además, tengo medias, el frío no entra gracias a esta sudadera.-

-Si tú lo dices, esta bien entonces.-

-¿Acaso dudas de mi?-

-No, es solo qué pensé que si sentías frío, solo me preocupe y ya, listo, nada más.-

Una risa salió de mis labios, a lo cual el también río, aunque fue más de pena por haber dicho lo que dijo.

Ya eran las doce, ya debía irme.

-Ya es hora de irme, debemos volver a la fiesta.-

-¿Para qué ir?-

-Porque les dije a mis padres que siempre iba a estar en esa fiesta, que les marcaba cuando me aburriera y me esperaban en la esquina de la casa.-

-Eso tiene sentido, bien, vamos entonces.-

Caminos hasta dar con el alboroto de esa noche, me despedí de Oliver.

-Hasta luego, Oliver, ten una bonita noche.-

-Tú igual, Halley, ten una bonita noche.-

Marche hasta la esquina, sentía su mirada, llegué hasta la esquina y ya estaban mis padres, quienes me preguntaron que qué tal la fiesta, les dije que bien pero que estaba cansada. Me puse el cinturón, di una última mirada a la casa y ahí lo vi, viéndome, pude notar que soltaba un suspiro al parecer de alivio, me sonrió y con su mano, me dio una gesto de adiós, hice lo mismo, y dimos marcha a mi casa.

Era la primera vez que hablaba con alguien de otro grupo, espectacular, primer paso completado, ahora tocaba saber si seguiríamos hablando o me ignorará al toparse conmigo en la escuela, me pasaba que siempre entablaba una especie de "amistad" con la gente, pero al poco tiempo se iban sin decir nada, y ya sea que la encontrará en la calle, escuela u otro lugar, hacían como que no existía, tal vez porque pasaban con sus amigos y no me notaban, incluso hacia efecto conmigo cuando iba con mis padres. Pero esta vez no quería que pasara lo mismo con Oliver, me cayó bien, super, más de lo que imagine, indirectamente se preocupo por mi y el frío, nadie hacia eso conmigo a excepción de mis padres.

En todo el camino solo pensé en él y lo bonito que me trató, quería que fuera mi amigo, y que yo fuera la suya.

Paramos en el estacionamiento de mi casa, baje del auto y con mucha pereza Al caminar, subí las escaleras hasta llegar a mi habitación, quitándome con mucho trabajo y esfuerzo el vestido, la capa y loa zapatos, para mi buena inteligencia, no me coloque una peluca, solo necesite de mi cabello y hacerme esas trenzas, me puse mi pijama, caliente para los buenos fríos que se avecinaban, me recosté en mi cómoda cama y me tape toda por completo.

No me dormí enseguida, estuve despierta por media hora, pensando en la fiesta y Oliver, no era de tener chicos en mi mente, mucho menos de sonrojarme, pero el recordar ese caliente rubor que emergieron de mis mejillas al equivocarme en decir algo, solo hizo que lo hiciera más, llegando al punto de que en el espejo parecía un tomate andante, jamás pasaba, solo sacaba una risa que parecía incomoda para mi pero no para los demás y listo, pero ¿Sonrojarse? ¿En serio?

Fui al baño y salpique mi cara con unas cuantas gotas de agua para así centrarme en la realidad, ya había bajado ese pequeño tinte rojo en mi, volví a la cama, solté un suspiro grande y proseguí en reconciliar el sueño, vi mi ventana, que luna más bella era la que se asomaba, su luz atravesaba un poco mi cristal, era perfecto, me sentía ya más relajada y tranquila, mis ojos comenzaron a cerrarse de poco a poco, ya no pensaba en nada más, me encontraba vacía en pensamientos, nada salía, y antes de poder quedarme profundamente dormida, esa última a persona pasó por mi mente, Oliver.

Una sonrisa se asomo por unos segundos en mi rostro.

Me agradaba, y mucho. Cada que pensaba que la conversación iba a llegar a su fin, sacaba otra cosa para conversas.

Los chicos y chicas de mi edad, normalmente no hacían eso, si alguno de los dos se quedaba sin tema, ya nadie hablaba, o al menos, hasta que uno se animara, cosa que llevaba a dos respuestas, la primera, hablaban más y se hacían amigos, o la segunda, de vez en cuando se dirigen la palabra, aunque es más por educación que por querer.

No entendía por qué era tan difícil entablar una conversación seguida, tal vez porque tus gustos eran diferentes y no sabías si encajarían con aquella persona.

Oliver me pareció un chico hermoso, y no lo digo por su aspecto, más bien lo digo porque en ningún momento quiso dejar la plática, y eso me encantó.

Tal vez debí de pedirle sus redes sociales o su número de teléfono, pero no podía, sentí que todavía no era el momento y tal vez nunca lo sería.

Suelo encariñarme con las personas y cuando menos veo, estas se fueron, por eso se me daba mal hacer amigos.

Debía de tener más confianza en mi, no sobrepensar, pero era inevitable.

Tomé mi celular y vi unos cuantos vídeos para ver si así lograba dormirme, y al parecer sí.

Mis ojos se iban cerrando poco a poco y al cansancio se iba apoderando de mi gracias a la fiesta. Y cuando menos sentí, me dormí.