Customize readability
Aa

𝐀𝐑𝐃𝐈𝐄𝐍𝐓𝐄 𝐃𝐄𝐒𝐄𝐎

Summary

One-shot

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapĂ­tulo 1 - Miedo

Kara siempre había sido un ser de sombras. Donde podía acechar sin ser vista, donde su poder fluía mås libremente. Durante siglos, había cazado, asesinado y tomado lo que quería del mundo de los humanos. Pero su interés en ellos siempre había sido superficial, hasta que sus ojos cayeron sobre Lena Luthor.

Todo comenzĂł años atrĂĄs. Lena era apenas una figura pĂșblica en ascenso, conocida por su inteligencia y por llevar el legado de su apellido con una mezcla de elegancia y determinaciĂłn. Kara, siempre vigilante desde los mĂĄrgenes de la sociedad, la notĂł primero por accidente, pero pronto se dio cuenta de que algo en Lena la atraĂ­a de una forma que nunca pensĂł. No era solo su belleza, aunque eso ciertamente capturĂł la atenciĂłn de Kara. Era algo mĂĄs profundo, mĂĄs primitivo: una fuerza en su interior que parecĂ­a desafiar la oscuridad misma. Lena irradiaba una luz que Kara, en su propia naturaleza demonĂ­aca, no podĂ­a evitar desear.

Comenzó como una simple curiosidad. Kara la observaba desde la distancia, vigilando su vida cotidiana. Al principio, solo se asomaba a las reuniones en las que Lena participaba, se ocultaba en los lugares mås oscuros durante sus caminatas nocturnas o aparecía sin ser vista en sus visitas a restaurantes. Kara no planeaba interferir en su vida, simplemente, disfrutaba de la presencia de Lena. La observaba con una fascinación que no comprendía del todo y a cada paso que Lena daba, Kara sentía que se sumergía mås en esa extraña obsesión.

Pero con el tiempo, la curiosidad se convirtiĂł en algo mĂĄs oscuro. Los demonios no son criaturas que simplemente observen sin actuar. La naturaleza de Kara comenzĂł a dominarla y su deseo hacia Lena creciĂł. No querĂ­a solo mirarla, querĂ­a reclamarla como suya. Y lo que mĂĄs la enfurecĂ­a era la idea de que otros humanos se acercaran a Lena, la tocaran o intentaran lastimarla.

Fue entonces cuando Kara comenzĂł a tomar medidas mĂĄs drĂĄsticas. El primero en desaparecer fue un hombre de negocios que habĂ­a intentado manipular a Lena para obtener beneficios de L-Corp. Kara lo habĂ­a visto acercarse a ella con una sonrisa afable y palabras suaves, pero sus pensamientos estaban llenos de avaricia. DespuĂ©s de una reuniĂłn en la que Lena lo habĂ­a rechazado con firmeza, Kara lo siguiĂł hasta su casa. La muerte fue rĂĄpida, eficiente. Kara disfrutĂł del breve destello de pĂĄnico en sus ojos cuando se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, pero no dejĂł que el sufrimiento durara mucho. Lo Ășnico que importaba era eliminar la amenaza.

A partir de ese momento, Kara empezó a limpiar el camino para Lena, eliminando cualquier obståculo que pudiera interponerse en su vida. Aquellos que osaban traicionarla o causarle daño, de una manera u otra, desaparecían misteriosamente. Los accidentes comenzaron a acumularse. Socios comerciales que habían tratado de engañar a Lena sufrían caídas mortales o accidentes de tråfico inexplicables. Antiguos enemigos de la familia Luthor, que intentaban recuperar viejas deudas, desaparecían sin dejar rastro.

Cada vez que Kara terminaba con uno de estos seres despreciables, sentĂ­a una satisfacciĂłn retorcida. No era solo el placer de matar, algo que conocĂ­a muy bien, sino la sensaciĂłn de que estaba protegiendo lo que era suyo.

Lena no tenĂ­a idea de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, pero Kara estaba siempre ahĂ­, desde las sombras, asegurĂĄndose de que el mundo no la tocara ni un centĂ­metro. Pero mientras Kara eliminaba enemigos, su deseo por Lena crecĂ­a de maneras que nunca habĂ­a experimentado antes. No era solo una atracciĂłn fĂ­sica, aunque su cuerpo reaccionaba cada vez que la veĂ­a. Era mĂĄs profundo, una necesidad de poseerla de una forma completa, tanto su cuerpo como su alma. Sin embargo, Kara sabĂ­a que no podĂ­a simplemente tomar lo que querĂ­a. HabĂ­a algo en Lena que la hacĂ­a diferente de todas las demĂĄs presas que habĂ­a cazado. Lena era fuerte, mentalmente indomable y Kara necesitaba un enfoque mĂĄs sutil para doblegarla.

Mientras tanto, Lena empezaba a sentir la presión de la extraña paz que rodeaba su vida. Los problemas parecían desvanecerse demasiado råpido, los enemigos desaparecían sin explicación, y aunque se decía a sí misma que debía estar agradecida, no podía ignorar la sensación de que algo la acechaba.

Las luces en su casa parpadeaban de vez en cuando, y a veces, en la quietud de la noche, Lena sentĂ­a una presencia, como si alguien estuviera en la habitaciĂłn con ella, observĂĄndola. Nunca habĂ­a pruebas, pero el frĂ­o en su piel era suficiente para inquietarla.

A pesar de eso, Lena siguió con su vida, tratando de ignorar las señales que apuntaban a algo mås allå de lo racional. Era una mujer de ciencia y no podía permitirse creer en supersticiones. Pero, cada noche, mientras cerraba los ojos, Kara estaba allí, observando desde la oscuridad, acercåndose un poco mås, planeando su siguiente movimiento.

La oportunidad de Kara llegó una noche particularmente tormentosa. Lena, agotada después de un día difícil en L-Corp, había decidido relajarse en su apartamento, mirando por la ventana cómo la lluvia azotaba la ciudad. El apartamento estaba en penumbra, solo iluminado por la luz tenue de las låmparas de la sala de estar. La tormenta era intensa, los truenos resonaban en la distancia y los relåmpagos iluminaban brevemente la oscuridad que rodeaba el edificio.

Fue en uno de esos momentos, cuando un relåmpago cruzó el cielo, que Lena vio algo. O mås bien, alguien. De pie, al otro lado de la ventana, en la cornisa del edificio vecino, había una figura alta y delgada, casi imperceptible en la oscuridad. Lena frunció el ceño, pensando que tal vez su mente le estaba jugando una mala pasada. Pero ahí estaba, la silueta de una mujer, con ojos que parecían atravesar la distancia entre ellas. Sus ojos eran brillantes y rojos, algo que causó un poco de miedo en la pelinegra.

Kara, desde su posiciĂłn, sonriĂł para sĂ­ misma. SabĂ­a que Lena la habĂ­a visto, aunque solo por un instante. Estaba jugando con su mente, preparĂĄndola para lo inevitable. Kara querĂ­a que Lena supiera que no estaba sola, que alguien la vigilaba constantemente. QuerĂ­a que el miedo y la confusiĂłn comenzaran a perforar la racionalidad de Lena, empujĂĄndola lentamente hacia un estado de debilidad.

Lena dio un paso atrĂĄs y su corazĂłn comenzĂł a acelerarse. Por mĂĄs que intentara convencerse de que era una ilusiĂłn, no podĂ­a sacudirse la sensaciĂłn de peligro. Algo estaba allĂ­, algo la estaba observando.

Esa noche, Lena no pudo dormir. Se quedĂł despierta, cada vez mĂĄs consciente de la opresiva sensaciĂłn de ser vigilada. Aunque se esforzaba por mantenerse racional, su mente comenzaba a deslizarse hacia el miedo. No podĂ­a explicarlo, pero sentĂ­a que el aire a su alrededor se habĂ­a vuelto mĂĄs denso, como si algo invisible estuviera acercĂĄndose a ella. IntentĂł distraerse con trabajo, pero el rostro de la figura que habĂ­a visto seguĂ­a volviendo a su mente. En especial esos ojos rojos.

Kara, satisfecha con la semilla de miedo que habĂ­a plantado, continuĂł vigilĂĄndola. SabĂ­a que el momento para acercarse fĂ­sicamente a Lena aĂșn no habĂ­a llegado. TenĂ­a que debilitarla primero, erosionar lentamente sus defensas hasta que no pudiera resistirse mĂĄs. Su plan no era simple violencia, no con Lena. Kara querĂ­a que Lena la deseara, que llegara a un punto donde no solo aceptara la presencia de Kara, sino que la buscara.

La tormenta continuĂł durante toda la noche y cuando Lena finalmente se permitiĂł cerrar los ojos, fue solo para entrar en un sueño inquieto y perturbador. En sus sueños, Kara estaba ahĂ­, una sombra imponente que la envolvĂ­a, acercĂĄndose mĂĄs y mĂĄs, pero nunca tocĂĄndola. Lena se despertĂł sudando, con la imagen de esos ojos brillantes aĂșn grabados en su mente.

Kara habĂ­a logrado su primer paso: Lena sabĂ­a que no estaba sola. SabĂ­a que algo la seguĂ­a, aunque aĂșn no sabĂ­a lo que era. Y mientras Lena comenzaba a cuestionar su cordura, Kara se regocijaba, sabiendo que estaba mĂĄs cerca de tener lo que tanto anhelaba.

Lena Luthor siempre habĂ­a sido una mujer controladora de su entorno y de sĂ­ misma. Nada escapaba a su atenciĂłn y cualquier anomalĂ­a que surgiera, fuera en su compañía o en su vida personal, la abordaba con precisiĂłn. Sin embargo, en las Ășltimas semanas, algo habĂ­a cambiado. La sensaciĂłn de que alguien la seguĂ­a y la observaba. La incomodidad se habĂ­a asentado en su pecho, pero por mĂĄs que buscara una explicaciĂłn para lo que sucedĂ­a, no la encontraba.

Estaba en su oficina. Su equipo se habĂ­a retirado hace horas, dejando los pasillos de L-Corp sumidos en un silencio opresivo. La luz en su oficina parpadeaba ocasionalmente, algo que habĂ­a comenzado a suceder mĂĄs a menudo Ășltimamente. La explicaciĂłn tĂ©cnica no le servĂ­a de consuelo. Cada vez que las luces se apagaban y el zumbido elĂ©ctrico desaparecĂ­a, Lena sentĂ­a un escalofrĂ­o recorriĂ©ndole la columna vertebral.

No estaba sola. Lo sabĂ­a. Era algo que se repetĂ­a una y otra vez cuando algo asĂ­ sucedĂ­a.

Sin embargo, era incapaz de ver la presencia que se cernía sobre ella, vigilante y silenciosa, oculta en cada rincón oscuro de su vida. No tenía forma de saber que, por semanas, Kara Danvers la estuvo observando, moviéndose entre la oscuridad como un cazador invisible. Lo que Lena tampoco sabía era que Kara no solo estaba vigilando. También eliminaba, uno por uno, a todos aquellos que alguna vez habían intentado dañarla.

Kara no era humana. Era un demonio. Un ser antiguo y despiadado, nacido del odio y la furia, que habĂ­a habitado este mundo desde hacĂ­a siglos. Y ahora, toda su atenciĂłn se habĂ­a fijado en Lena.

El sonido agudo de un rasguño sobre metal hizo que Lena alzara la cabeza de su escritorio. El pasillo fuera de su oficina estaba oscuro, mås de lo normal. Las luces de emergencia apenas emitían un débil resplandor rojo, suficiente para iluminar sombras vagas y distorsionadas. Se levantó lentamente, su piel erizåndose, mientras el aire se volvía cada vez mås denso y pesado.

Por un momento, creyĂł ver una figura en la oscuridad. Igual a la que habĂ­a visto desde la ventana de su apartamento. Lena parpadeĂł y la figura desapareciĂł, pero el frĂ­o en la habitaciĂłn permanecĂ­a. Se acercĂł a la puerta, empujĂĄndola con curiosidad y temor, y en el silencio absoluto, sintiĂł la respiraciĂłn contenida de algo que la acechaba.

—¿Hay alguien ahĂ­? — su voz se escuchĂł temblorosa y el silencio fue su Ășnica respuesta. Pero ella sabĂ­a, en lo mĂĄs profundo de su ser, que no estaba sola.

De repente, una risa baja, gutural, reverberó por el pasillo. Lena retrocedió, su corazón martilleando en su pecho. Se giró, buscando el origen y fue entonces cuando la vio: la figura distorsionada de una mujer alta, con el cabello cayendo en ondas desordenadas sobre sus hombros y sus ojos resplandecían con un brillo inhumano, rojos como la sangre recién derramada.

AvanzĂł lentamente hacia Lena, como un depredador, con pasos casi inaudibles en el suelo pulido.

—Tanto tiempo observándote. Tanto tiempo... esperando— murmuró Kara, cargada de una sensualidad oscura, Lena dio un paso atrás, su mente luchando por entender lo que estaba ocurriendo.


—¿QuĂ© eres? — la pregunta saliĂł antes de que pudiera detenerla.

Kara se detuvo a escasos metros de Lena, inclinando la cabeza con una sonrisa perezosa y peligrosa. HabĂ­a algo casi encantador en la manera en que movĂ­a sus manos, ligeras, como si el mundo entero le perteneciera.

—Soy lo que tus pesadillas nunca te dejaron imaginar— susurrĂł Kara. —Un demonio. Uno que ha estado observĂĄndote... protegiĂ©ndote... limpiando tu camino.

Lena sintió su corazón detenerse por un momento. La imagen de todos los problemas que habían desaparecido de su vida, de las personas que habían tratado de dañarla y que misteriosamente habían desaparecido, vinieron a su mente.

—¿Fuiste tĂș? ÂżFuiste tĂș quiĂ©n...?

—Los eliminĂ©. Uno por uno— respondiĂł Kara con una indiferencia que estremeciĂł a Lena. —Nadie se mete contigo. Nadie. No mientras yo estĂ© cerca.

—¿Por quĂ©? — preguntĂł Lena, su voz no dejaba de temblar.

Kara dio un paso mĂĄs, acortando la distancia entre ambas, hasta que su aliento caliente acariciĂł la piel de Lena. Sus dedos rozaron la mejilla de Lena, con un toque suave, pero con una promesa de peligro inminente.

—Porque te quiero para mí— dijo Kara, con sus ojos rojos ardiendo con un deseo inhumano.


—No hay lugar en este mundo para nadie mĂĄs que tĂș y yo. Quiero que seas mĂ­a en todos los sentidos.

Lena intentó retroceder, pero su espalda chocó con una pared. Kara estaba demasiado cerca, su presencia oscura consumiéndola, su aroma embriagador llenando cada rincón de su mente.

—Esto... esto no es real— susurró Lena.

Kara rio, una risa que resonĂł como el eco de mil gritos en el abismo.

—Esto es más real de lo que crees. He estado esperando este momento desde que puse mis ojos en ti. Y ahora que estamos aquí... no voy a dejar que escapes.

Antes de que Lena pudiera reaccionar, las luces del pasillo parpadearon y se apagaron por completo. La oscuridad envolviĂł todo. Y en medio de esa negrura, lo Ășltimo que Lena sintiĂł fue el toque ardiente de los labios de Kara en su cuello, un contacto que ardĂ­a como el fuego del infierno.

Los dĂ­as siguientes se convirtieron en un espiral de confusiĂłn y tensiĂłn para Lena. La sensaciĂłn de ser observada nunca desaparecĂ­a del todo, aunque ella tratara de ignorarlo. Era algo en el aire, una presencia que no podĂ­a ver pero que siempre sentĂ­a que estaba acechĂĄndola. No querĂ­a admitir lo que habĂ­a sucedido y se estaba volviendo paranoica. Revisaba dos veces las puertas antes de salir, aseguraba las ventanas y cuando se encontraba sola, apagaba las luces, esperando encontrar paz en la oscuridad.

Kara, mientras tanto, disfrutaba del espectĂĄculo. Lena estaba comenzando a desgastarse. Su mente, normalmente afilada y controlada, empezaba a mostrar grietas. Pero aĂșn no era suficiente. Kara necesitaba mĂĄs, querĂ­a ver a Lena rendirse, no solo al miedo, sino tambiĂ©n al deseo. Ese anhelo oscuro que sabĂ­a que existĂ­a en el fondo de su alma, el mismo que Kara habĂ­a sentido desde el momento en que puso los ojos sobre ella.

Y Kara decidiĂł intensificar el juego. En las semanas anteriores, solo habĂ­a aparecido como una figura distante, apenas visible, jugando con los temores de Lena. Pero esa noche serĂ­a diferente. Lena estaba trabajando hasta tarde en su oficina en casa, inmersa en sus investigaciones sobre nuevos proyectos de L-Corp. La habitaciĂłn estaba iluminada por la luz suave de una lĂĄmpara de escritorio y el sonido del tecleo en el teclado llenaba el silencio.

De repente, Lena sintiĂł un escalofrĂ­o recorrerle la espalda. Fue tan rĂĄpido y violento que sus manos se detuvieron sobre el teclado. MirĂł alrededor, pero no vio nada fuera de lo normal. La ventana estaba cerrada y las cortinas bloqueaban cualquier vista del exterior. Aun asĂ­, la sensaciĂłn de ser observada era mĂĄs fuerte que nunca.

Kara estaba ahĂ­, escondida, su figura apenas distinguible en el rincĂłn mĂĄs oscuro de la habitaciĂłn. Observaba a Lena con ojos brillantes, sin hacer ningĂșn sonido, como un depredador que acecha a su presa antes de atacar. SabĂ­a que Lena podĂ­a sentirla, aunque no la habĂ­a visto aun y eso la llenaba de un retorcido placer.

Lena se levantĂł de su escritorio, sintiendo que la opresiĂłn en su pecho se hacĂ­a mĂĄs fuerte. CaminĂł hacia la ventana, tirando de las cortinas para asegurarse de que no habĂ­a nada afuera. El reflejo de su rostro pĂĄlido le devolviĂł la mirada desde el cristal. Pero, en un parpadeo, algo se moviĂł detrĂĄs de ella.

Y luego un susurro.

Lena se dio la vuelta bruscamente, con el corazĂłn latiendo con fuerza. La habitaciĂłn estaba vacĂ­a, pero el aire era denso, como si estuviera cargado de electricidad. TragĂł saliva ya que su garganta estaba seca por la creciente ansiedad.

—Estoy sola— murmuró para sí misma, tratando de convencerse de que estaba imaginando cosas. Pero en lo más profundo de su ser, sabía que había algo más.

Kara decidió mostrarse. La temperatura en la habitación bajó repentinamente y Lena sintió el frío penetrar su piel, como si algo sobrenatural estuviera cerca. De repente, las luces parpadearon, apagåndose y encendiéndose varias veces. Lena se quedó quieta, con los ojos fijos en las sombras que bailaban en las paredes.

Entonces, una figura se materializĂł lentamente frente a ella. No era clara, como si estuviera hecha de humo y oscuridad, pero los contornos eran inconfundibles. Era la misma mujer alta, con ojos brillantes que relucĂ­an en la penumbra, observĂĄndola con una intensidad casi depredadora.

El pĂĄnico se apoderĂł de Lena. Su instinto fue retroceder, pero sus pies parecĂ­an pegados al suelo. QuerĂ­a gritar, pero su voz no salĂ­a. La figura, que no era otra que Kara en su forma mĂĄs demonĂ­aca, se acercĂł un poco mĂĄs, sus pasos silenciosos, pero cargados de amenaza.

—¿QuiĂ©n eres? — Lena logrĂł articular con un hilo de voz.

Kara no respondió. En lugar de eso, se quedó quieta, dejando que el miedo de Lena creciera. La tensión entre ellas era insoportable, como una cuerda estirada a punto de romperse. Lena sintió que su corazón latía tan råpido que podría explotar en cualquier momento. Pero lo mås perturbador no era el miedo que sentía, sino la extraña mezcla de atracción que empezaba a brotar dentro de ella.

Kara lo percibiĂł de inmediato. El deseo, oscuro y reprimido, estaba allĂ­, escondido bajo el pĂĄnico. SabĂ­a que Lena estaba luchando consigo misma, tratando de negar lo que realmente estaba sintiendo. Y eso era exactamente lo que Kara habĂ­a planeado desde el principio. Lentamente, dio un paso mĂĄs cerca, su forma oscura parecĂ­a flotar sobre el suelo.

—No temas, Lena— dijo Kara en un susurro bajo, cargado de promesas y peligros.

Lena tembló al escuchar su nombre salir de los labios de esa criatura. No sabía cómo, pero en el fondo reconocía esa voz. Había estado escuchåndola en sus sueños, en las sombras de su mente. El tono profundo, casi seductor, despertaba algo en ella que no podía controlar.

—¿QuĂ© quieres de mĂ­? — preguntĂł la pelinegra, dando otro paso atrĂĄs, pero sin poder apartar la vista de los ojos brillantes que la tenĂ­an atrapada.

Kara sonriĂł, una sonrisa oscura y peligrosa. No respondiĂł de inmediato, disfrutando del juego, saboreando la debilidad de Lena. QuerĂ­a que Lena lo supiera, que entendiera lo que se avecinaba, pero no tan rĂĄpido. AĂșn habĂ­a tiempo para aumentar la tensiĂłn, para saborear cada momento antes de tomar lo que realmente deseaba.

—Solo a ti, solo te quiero a ti— respondió Kara, con una franqueza devastadora.

Lena sintió un nudo en el estómago. No entendía por qué, pero esas palabras, tan simples y directas, la sacudieron hasta lo mås profundo. Parte de ella quería gritar, correr, escapar de esa criatura que claramente no pertenecía a este mundo. Pero otra parte, una que apenas reconocía, estaba inmovilizada por la fuerza de la atracción.

Kara se acercĂł un poco mĂĄs, hasta que estuvo a solo unos centĂ­metros de Lena. El aire entre ellas estaba cargado de una energĂ­a oscura que las envolvĂ­a a las dos. Lena podĂ­a sentir el frĂ­o de la oscuridad que emanaba de Kara, pero al mismo tiempo, su piel ardĂ­a, como si estuviera al borde de un precipicio emocional y fĂ­sico.

—TĂș eres mĂ­a, Lena— murmurĂł Kara, acercando sus labios a la oreja de Lena.

El cuerpo de Lena reaccionĂł antes de que su mente pudiera detenerlo. Un estremecimiento recorriĂł su espalda y su respiraciĂłn se hizo pesada. QuerĂ­a resistirse, pero las palabras de Kara parecĂ­an atravesar sus defensas como cuchillos afilados. Por mĂĄs que lo intentara, no podĂ­a negar la atracciĂłn oscura que la dominaba.

La figura oscura se desvaneció lentamente en el aire, dejando a Lena sola en la habitación, con la respiración entrecortada y el corazón latiendo con fuerza. La energía que había llenado la habitación se disipó, pero las palabras de Kara siguieron reproduciéndose en su mente como un eco imparable.

TĂș eres mĂ­a.

Lena se dejĂł caer en la silla, agotada. SabĂ­a que algo habĂ­a cambiado dentro de ella. No podĂ­a huir de lo que estaba ocurriendo, y, aunque una parte de ella lo deseaba, otra parte comenzaba a aceptar su destino. SabĂ­a que ese demonio no habĂ­a terminado con ella. Que solo era el principio.


Let -Stemma- know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Mafia King's bodyguard

Alicia: Definitely worth the Reed, not too complicated on the writing, it’s not drawn out and it still has a good plot and romance, recommend reading

Read Now
TRINITY BOUND: A Why Choose Romance (MFM)

T: If you love strong Alpha wolf and cheeky characters who are so dark but light up a room and that's just the men, then the quirky girl, who's. Right stubborn and so funny. Watching and wanting them try come together is dark and a total innate need for them to get it together, I'm off to read book 2 ...

Read Now
The Offside Arrangement

deea: This is the perfect place for any reader who seeks a story filled with insanely steamy scenes that last several chapters long, narrated with original intrigue and plotted with hilarious episodes and lines. đŸ“šâœšïžKaid and Cadence had me cracking up with laughter; they were incredibly amusing. While she...

Read Now
Ashes & Lace

Ninjawitch17: I loved this! Lots of cliffhangers and surprises i did not guess. Very detailed and consistent scenes...appreciate that! Very good! Thanks so much

Read Now
Craving the Captains

ChRiStInE: I adore a reverse harem. There's nothing sexier than having hot guys working together to keep you. Great plot too, adventurous and thrilling. Def needs a proofread because some areas were a little off but overall a great read. đŸ©·

Read Now
Sweet Caroline

Clinton Foster: So far, I’ve only disliked one draft. It was the last one. It’s a lovely book.

Read Now
His to protect: Major's therapist

Diane: Great job again BE. I am a harmelholic. I love your work. You do a great job.

Read Now