CapĂtulo 1 - Miedo
Kara siempre habĂa sido un ser de sombras. Donde podĂa acechar sin ser vista, donde su poder fluĂa mĂĄs libremente. Durante siglos, habĂa cazado, asesinado y tomado lo que querĂa del mundo de los humanos. Pero su interĂ©s en ellos siempre habĂa sido superficial, hasta que sus ojos cayeron sobre Lena Luthor.
Todo comenzĂł años atrĂĄs. Lena era apenas una figura pĂșblica en ascenso, conocida por su inteligencia y por llevar el legado de su apellido con una mezcla de elegancia y determinaciĂłn. Kara, siempre vigilante desde los mĂĄrgenes de la sociedad, la notĂł primero por accidente, pero pronto se dio cuenta de que algo en Lena la atraĂa de una forma que nunca pensĂł. No era solo su belleza, aunque eso ciertamente capturĂł la atenciĂłn de Kara. Era algo mĂĄs profundo, mĂĄs primitivo: una fuerza en su interior que parecĂa desafiar la oscuridad misma. Lena irradiaba una luz que Kara, en su propia naturaleza demonĂaca, no podĂa evitar desear.
ComenzĂł como una simple curiosidad. Kara la observaba desde la distancia, vigilando su vida cotidiana. Al principio, solo se asomaba a las reuniones en las que Lena participaba, se ocultaba en los lugares mĂĄs oscuros durante sus caminatas nocturnas o aparecĂa sin ser vista en sus visitas a restaurantes. Kara no planeaba interferir en su vida, simplemente, disfrutaba de la presencia de Lena. La observaba con una fascinaciĂłn que no comprendĂa del todo y a cada paso que Lena daba, Kara sentĂa que se sumergĂa mĂĄs en esa extraña obsesiĂłn.
Pero con el tiempo, la curiosidad se convirtiĂł en algo mĂĄs oscuro. Los demonios no son criaturas que simplemente observen sin actuar. La naturaleza de Kara comenzĂł a dominarla y su deseo hacia Lena creciĂł. No querĂa solo mirarla, querĂa reclamarla como suya. Y lo que mĂĄs la enfurecĂa era la idea de que otros humanos se acercaran a Lena, la tocaran o intentaran lastimarla.
Fue entonces cuando Kara comenzĂł a tomar medidas mĂĄs drĂĄsticas. El primero en desaparecer fue un hombre de negocios que habĂa intentado manipular a Lena para obtener beneficios de L-Corp. Kara lo habĂa visto acercarse a ella con una sonrisa afable y palabras suaves, pero sus pensamientos estaban llenos de avaricia. DespuĂ©s de una reuniĂłn en la que Lena lo habĂa rechazado con firmeza, Kara lo siguiĂł hasta su casa. La muerte fue rĂĄpida, eficiente. Kara disfrutĂł del breve destello de pĂĄnico en sus ojos cuando se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, pero no dejĂł que el sufrimiento durara mucho. Lo Ășnico que importaba era eliminar la amenaza.
A partir de ese momento, Kara empezĂł a limpiar el camino para Lena, eliminando cualquier obstĂĄculo que pudiera interponerse en su vida. Aquellos que osaban traicionarla o causarle daño, de una manera u otra, desaparecĂan misteriosamente. Los accidentes comenzaron a acumularse. Socios comerciales que habĂan tratado de engañar a Lena sufrĂan caĂdas mortales o accidentes de trĂĄfico inexplicables. Antiguos enemigos de la familia Luthor, que intentaban recuperar viejas deudas, desaparecĂan sin dejar rastro.
Cada vez que Kara terminaba con uno de estos seres despreciables, sentĂa una satisfacciĂłn retorcida. No era solo el placer de matar, algo que conocĂa muy bien, sino la sensaciĂłn de que estaba protegiendo lo que era suyo.
Lena no tenĂa idea de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, pero Kara estaba siempre ahĂ, desde las sombras, asegurĂĄndose de que el mundo no la tocara ni un centĂmetro. Pero mientras Kara eliminaba enemigos, su deseo por Lena crecĂa de maneras que nunca habĂa experimentado antes. No era solo una atracciĂłn fĂsica, aunque su cuerpo reaccionaba cada vez que la veĂa. Era mĂĄs profundo, una necesidad de poseerla de una forma completa, tanto su cuerpo como su alma. Sin embargo, Kara sabĂa que no podĂa simplemente tomar lo que querĂa. HabĂa algo en Lena que la hacĂa diferente de todas las demĂĄs presas que habĂa cazado. Lena era fuerte, mentalmente indomable y Kara necesitaba un enfoque mĂĄs sutil para doblegarla.
Mientras tanto, Lena empezaba a sentir la presiĂłn de la extraña paz que rodeaba su vida. Los problemas parecĂan desvanecerse demasiado rĂĄpido, los enemigos desaparecĂan sin explicaciĂłn, y aunque se decĂa a sĂ misma que debĂa estar agradecida, no podĂa ignorar la sensaciĂłn de que algo la acechaba.
Las luces en su casa parpadeaban de vez en cuando, y a veces, en la quietud de la noche, Lena sentĂa una presencia, como si alguien estuviera en la habitaciĂłn con ella, observĂĄndola. Nunca habĂa pruebas, pero el frĂo en su piel era suficiente para inquietarla.
A pesar de eso, Lena siguiĂł con su vida, tratando de ignorar las señales que apuntaban a algo mĂĄs allĂĄ de lo racional. Era una mujer de ciencia y no podĂa permitirse creer en supersticiones. Pero, cada noche, mientras cerraba los ojos, Kara estaba allĂ, observando desde la oscuridad, acercĂĄndose un poco mĂĄs, planeando su siguiente movimiento.
La oportunidad de Kara llegĂł una noche particularmente tormentosa. Lena, agotada despuĂ©s de un dĂa difĂcil en L-Corp, habĂa decidido relajarse en su apartamento, mirando por la ventana cĂłmo la lluvia azotaba la ciudad. El apartamento estaba en penumbra, solo iluminado por la luz tenue de las lĂĄmparas de la sala de estar. La tormenta era intensa, los truenos resonaban en la distancia y los relĂĄmpagos iluminaban brevemente la oscuridad que rodeaba el edificio.
Fue en uno de esos momentos, cuando un relĂĄmpago cruzĂł el cielo, que Lena vio algo. O mĂĄs bien, alguien. De pie, al otro lado de la ventana, en la cornisa del edificio vecino, habĂa una figura alta y delgada, casi imperceptible en la oscuridad. Lena frunciĂł el ceño, pensando que tal vez su mente le estaba jugando una mala pasada. Pero ahĂ estaba, la silueta de una mujer, con ojos que parecĂan atravesar la distancia entre ellas. Sus ojos eran brillantes y rojos, algo que causĂł un poco de miedo en la pelinegra.
Kara, desde su posiciĂłn, sonriĂł para sĂ misma. SabĂa que Lena la habĂa visto, aunque solo por un instante. Estaba jugando con su mente, preparĂĄndola para lo inevitable. Kara querĂa que Lena supiera que no estaba sola, que alguien la vigilaba constantemente. QuerĂa que el miedo y la confusiĂłn comenzaran a perforar la racionalidad de Lena, empujĂĄndola lentamente hacia un estado de debilidad.
Lena dio un paso atrĂĄs y su corazĂłn comenzĂł a acelerarse. Por mĂĄs que intentara convencerse de que era una ilusiĂłn, no podĂa sacudirse la sensaciĂłn de peligro. Algo estaba allĂ, algo la estaba observando.
Esa noche, Lena no pudo dormir. Se quedĂł despierta, cada vez mĂĄs consciente de la opresiva sensaciĂłn de ser vigilada. Aunque se esforzaba por mantenerse racional, su mente comenzaba a deslizarse hacia el miedo. No podĂa explicarlo, pero sentĂa que el aire a su alrededor se habĂa vuelto mĂĄs denso, como si algo invisible estuviera acercĂĄndose a ella. IntentĂł distraerse con trabajo, pero el rostro de la figura que habĂa visto seguĂa volviendo a su mente. En especial esos ojos rojos.
Kara, satisfecha con la semilla de miedo que habĂa plantado, continuĂł vigilĂĄndola. SabĂa que el momento para acercarse fĂsicamente a Lena aĂșn no habĂa llegado. TenĂa que debilitarla primero, erosionar lentamente sus defensas hasta que no pudiera resistirse mĂĄs. Su plan no era simple violencia, no con Lena. Kara querĂa que Lena la deseara, que llegara a un punto donde no solo aceptara la presencia de Kara, sino que la buscara.
La tormenta continuĂł durante toda la noche y cuando Lena finalmente se permitiĂł cerrar los ojos, fue solo para entrar en un sueño inquieto y perturbador. En sus sueños, Kara estaba ahĂ, una sombra imponente que la envolvĂa, acercĂĄndose mĂĄs y mĂĄs, pero nunca tocĂĄndola. Lena se despertĂł sudando, con la imagen de esos ojos brillantes aĂșn grabados en su mente.
Kara habĂa logrado su primer paso: Lena sabĂa que no estaba sola. SabĂa que algo la seguĂa, aunque aĂșn no sabĂa lo que era. Y mientras Lena comenzaba a cuestionar su cordura, Kara se regocijaba, sabiendo que estaba mĂĄs cerca de tener lo que tanto anhelaba.
Lena Luthor siempre habĂa sido una mujer controladora de su entorno y de sĂ misma. Nada escapaba a su atenciĂłn y cualquier anomalĂa que surgiera, fuera en su compañĂa o en su vida personal, la abordaba con precisiĂłn. Sin embargo, en las Ășltimas semanas, algo habĂa cambiado. La sensaciĂłn de que alguien la seguĂa y la observaba. La incomodidad se habĂa asentado en su pecho, pero por mĂĄs que buscara una explicaciĂłn para lo que sucedĂa, no la encontraba.
Estaba en su oficina. Su equipo se habĂa retirado hace horas, dejando los pasillos de L-Corp sumidos en un silencio opresivo. La luz en su oficina parpadeaba ocasionalmente, algo que habĂa comenzado a suceder mĂĄs a menudo Ășltimamente. La explicaciĂłn tĂ©cnica no le servĂa de consuelo. Cada vez que las luces se apagaban y el zumbido elĂ©ctrico desaparecĂa, Lena sentĂa un escalofrĂo recorriĂ©ndole la columna vertebral.
No estaba sola. Lo sabĂa. Era algo que se repetĂa una y otra vez cuando algo asĂ sucedĂa.
Sin embargo, era incapaz de ver la presencia que se cernĂa sobre ella, vigilante y silenciosa, oculta en cada rincĂłn oscuro de su vida. No tenĂa forma de saber que, por semanas, Kara Danvers la estuvo observando, moviĂ©ndose entre la oscuridad como un cazador invisible. Lo que Lena tampoco sabĂa era que Kara no solo estaba vigilando. TambiĂ©n eliminaba, uno por uno, a todos aquellos que alguna vez habĂan intentado dañarla.
Kara no era humana. Era un demonio. Un ser antiguo y despiadado, nacido del odio y la furia, que habĂa habitado este mundo desde hacĂa siglos. Y ahora, toda su atenciĂłn se habĂa fijado en Lena.
El sonido agudo de un rasguño sobre metal hizo que Lena alzara la cabeza de su escritorio. El pasillo fuera de su oficina estaba oscuro, mĂĄs de lo normal. Las luces de emergencia apenas emitĂan un dĂ©bil resplandor rojo, suficiente para iluminar sombras vagas y distorsionadas. Se levantĂł lentamente, su piel erizĂĄndose, mientras el aire se volvĂa cada vez mĂĄs denso y pesado.
Por un momento, creyĂł ver una figura en la oscuridad. Igual a la que habĂa visto desde la ventana de su apartamento. Lena parpadeĂł y la figura desapareciĂł, pero el frĂo en la habitaciĂłn permanecĂa. Se acercĂł a la puerta, empujĂĄndola con curiosidad y temor, y en el silencio absoluto, sintiĂł la respiraciĂłn contenida de algo que la acechaba.
âÂżHay alguien ahĂ? â su voz se escuchĂł temblorosa y el silencio fue su Ășnica respuesta. Pero ella sabĂa, en lo mĂĄs profundo de su ser, que no estaba sola.
De repente, una risa baja, gutural, reverberĂł por el pasillo. Lena retrocediĂł, su corazĂłn martilleando en su pecho. Se girĂł, buscando el origen y fue entonces cuando la vio: la figura distorsionada de una mujer alta, con el cabello cayendo en ondas desordenadas sobre sus hombros y sus ojos resplandecĂan con un brillo inhumano, rojos como la sangre reciĂ©n derramada.
AvanzĂł lentamente hacia Lena, como un depredador, con pasos casi inaudibles en el suelo pulido.
âTanto tiempo observĂĄndote. Tanto tiempo... esperandoâ murmurĂł Kara, cargada de una sensualidad oscura, Lena dio un paso atrĂĄs, su mente luchando por entender lo que estaba ocurriendo.
âÂżQuĂ© eres? â la pregunta saliĂł antes de que pudiera detenerla.
Kara se detuvo a escasos metros de Lena, inclinando la cabeza con una sonrisa perezosa y peligrosa. HabĂa algo casi encantador en la manera en que movĂa sus manos, ligeras, como si el mundo entero le perteneciera.
âSoy lo que tus pesadillas nunca te dejaron imaginarâ susurrĂł Kara. âUn demonio. Uno que ha estado observĂĄndote... protegiĂ©ndote... limpiando tu camino.
Lena sintiĂł su corazĂłn detenerse por un momento. La imagen de todos los problemas que habĂan desaparecido de su vida, de las personas que habĂan tratado de dañarla y que misteriosamente habĂan desaparecido, vinieron a su mente.
âÂżFuiste tĂș? ÂżFuiste tĂș quiĂ©n...?
âLos eliminĂ©. Uno por unoâ respondiĂł Kara con una indiferencia que estremeciĂł a Lena. âNadie se mete contigo. Nadie. No mientras yo estĂ© cerca.
âÂżPor quĂ©? â preguntĂł Lena, su voz no dejaba de temblar.
Kara dio un paso mĂĄs, acortando la distancia entre ambas, hasta que su aliento caliente acariciĂł la piel de Lena. Sus dedos rozaron la mejilla de Lena, con un toque suave, pero con una promesa de peligro inminente.
âPorque te quiero para mĂâ dijo Kara, con sus ojos rojos ardiendo con un deseo inhumano.
âNo hay lugar en este mundo para nadie mĂĄs que tĂș y yo. Quiero que seas mĂa en todos los sentidos.
Lena intentó retroceder, pero su espalda chocó con una pared. Kara estaba demasiado cerca, su presencia oscura consumiéndola, su aroma embriagador llenando cada rincón de su mente.
âEsto... esto no es realâ susurrĂł Lena.
Kara rio, una risa que resonĂł como el eco de mil gritos en el abismo.
âEsto es mĂĄs real de lo que crees. He estado esperando este momento desde que puse mis ojos en ti. Y ahora que estamos aquĂ... no voy a dejar que escapes.
Antes de que Lena pudiera reaccionar, las luces del pasillo parpadearon y se apagaron por completo. La oscuridad envolviĂł todo. Y en medio de esa negrura, lo Ășltimo que Lena sintiĂł fue el toque ardiente de los labios de Kara en su cuello, un contacto que ardĂa como el fuego del infierno.
Los dĂas siguientes se convirtieron en un espiral de confusiĂłn y tensiĂłn para Lena. La sensaciĂłn de ser observada nunca desaparecĂa del todo, aunque ella tratara de ignorarlo. Era algo en el aire, una presencia que no podĂa ver pero que siempre sentĂa que estaba acechĂĄndola. No querĂa admitir lo que habĂa sucedido y se estaba volviendo paranoica. Revisaba dos veces las puertas antes de salir, aseguraba las ventanas y cuando se encontraba sola, apagaba las luces, esperando encontrar paz en la oscuridad.
Kara, mientras tanto, disfrutaba del espectĂĄculo. Lena estaba comenzando a desgastarse. Su mente, normalmente afilada y controlada, empezaba a mostrar grietas. Pero aĂșn no era suficiente. Kara necesitaba mĂĄs, querĂa ver a Lena rendirse, no solo al miedo, sino tambiĂ©n al deseo. Ese anhelo oscuro que sabĂa que existĂa en el fondo de su alma, el mismo que Kara habĂa sentido desde el momento en que puso los ojos sobre ella.
Y Kara decidiĂł intensificar el juego. En las semanas anteriores, solo habĂa aparecido como una figura distante, apenas visible, jugando con los temores de Lena. Pero esa noche serĂa diferente. Lena estaba trabajando hasta tarde en su oficina en casa, inmersa en sus investigaciones sobre nuevos proyectos de L-Corp. La habitaciĂłn estaba iluminada por la luz suave de una lĂĄmpara de escritorio y el sonido del tecleo en el teclado llenaba el silencio.
De repente, Lena sintiĂł un escalofrĂo recorrerle la espalda. Fue tan rĂĄpido y violento que sus manos se detuvieron sobre el teclado. MirĂł alrededor, pero no vio nada fuera de lo normal. La ventana estaba cerrada y las cortinas bloqueaban cualquier vista del exterior. Aun asĂ, la sensaciĂłn de ser observada era mĂĄs fuerte que nunca.
Kara estaba ahĂ, escondida, su figura apenas distinguible en el rincĂłn mĂĄs oscuro de la habitaciĂłn. Observaba a Lena con ojos brillantes, sin hacer ningĂșn sonido, como un depredador que acecha a su presa antes de atacar. SabĂa que Lena podĂa sentirla, aunque no la habĂa visto aun y eso la llenaba de un retorcido placer.
Lena se levantĂł de su escritorio, sintiendo que la opresiĂłn en su pecho se hacĂa mĂĄs fuerte. CaminĂł hacia la ventana, tirando de las cortinas para asegurarse de que no habĂa nada afuera. El reflejo de su rostro pĂĄlido le devolviĂł la mirada desde el cristal. Pero, en un parpadeo, algo se moviĂł detrĂĄs de ella.
Y luego un susurro.
Lena se dio la vuelta bruscamente, con el corazĂłn latiendo con fuerza. La habitaciĂłn estaba vacĂa, pero el aire era denso, como si estuviera cargado de electricidad. TragĂł saliva ya que su garganta estaba seca por la creciente ansiedad.
âEstoy solaâ murmurĂł para sĂ misma, tratando de convencerse de que estaba imaginando cosas. Pero en lo mĂĄs profundo de su ser, sabĂa que habĂa algo mĂĄs.
Kara decidiĂł mostrarse. La temperatura en la habitaciĂłn bajĂł repentinamente y Lena sintiĂł el frĂo penetrar su piel, como si algo sobrenatural estuviera cerca. De repente, las luces parpadearon, apagĂĄndose y encendiĂ©ndose varias veces. Lena se quedĂł quieta, con los ojos fijos en las sombras que bailaban en las paredes.
Entonces, una figura se materializĂł lentamente frente a ella. No era clara, como si estuviera hecha de humo y oscuridad, pero los contornos eran inconfundibles. Era la misma mujer alta, con ojos brillantes que relucĂan en la penumbra, observĂĄndola con una intensidad casi depredadora.
El pĂĄnico se apoderĂł de Lena. Su instinto fue retroceder, pero sus pies parecĂan pegados al suelo. QuerĂa gritar, pero su voz no salĂa. La figura, que no era otra que Kara en su forma mĂĄs demonĂaca, se acercĂł un poco mĂĄs, sus pasos silenciosos, pero cargados de amenaza.
âÂżQuiĂ©n eres? â Lena logrĂł articular con un hilo de voz.
Kara no respondiĂł. En lugar de eso, se quedĂł quieta, dejando que el miedo de Lena creciera. La tensiĂłn entre ellas era insoportable, como una cuerda estirada a punto de romperse. Lena sintiĂł que su corazĂłn latĂa tan rĂĄpido que podrĂa explotar en cualquier momento. Pero lo mĂĄs perturbador no era el miedo que sentĂa, sino la extraña mezcla de atracciĂłn que empezaba a brotar dentro de ella.
Kara lo percibiĂł de inmediato. El deseo, oscuro y reprimido, estaba allĂ, escondido bajo el pĂĄnico. SabĂa que Lena estaba luchando consigo misma, tratando de negar lo que realmente estaba sintiendo. Y eso era exactamente lo que Kara habĂa planeado desde el principio. Lentamente, dio un paso mĂĄs cerca, su forma oscura parecĂa flotar sobre el suelo.
âNo temas, Lenaâ dijo Kara en un susurro bajo, cargado de promesas y peligros.
Lena temblĂł al escuchar su nombre salir de los labios de esa criatura. No sabĂa cĂłmo, pero en el fondo reconocĂa esa voz. HabĂa estado escuchĂĄndola en sus sueños, en las sombras de su mente. El tono profundo, casi seductor, despertaba algo en ella que no podĂa controlar.
âÂżQuĂ© quieres de mĂ? â preguntĂł la pelinegra, dando otro paso atrĂĄs, pero sin poder apartar la vista de los ojos brillantes que la tenĂan atrapada.
Kara sonriĂł, una sonrisa oscura y peligrosa. No respondiĂł de inmediato, disfrutando del juego, saboreando la debilidad de Lena. QuerĂa que Lena lo supiera, que entendiera lo que se avecinaba, pero no tan rĂĄpido. AĂșn habĂa tiempo para aumentar la tensiĂłn, para saborear cada momento antes de tomar lo que realmente deseaba.
âSolo a ti, solo te quiero a tiâ respondiĂł Kara, con una franqueza devastadora.
Lena sintiĂł un nudo en el estĂłmago. No entendĂa por quĂ©, pero esas palabras, tan simples y directas, la sacudieron hasta lo mĂĄs profundo. Parte de ella querĂa gritar, correr, escapar de esa criatura que claramente no pertenecĂa a este mundo. Pero otra parte, una que apenas reconocĂa, estaba inmovilizada por la fuerza de la atracciĂłn.
Kara se acercĂł un poco mĂĄs, hasta que estuvo a solo unos centĂmetros de Lena. El aire entre ellas estaba cargado de una energĂa oscura que las envolvĂa a las dos. Lena podĂa sentir el frĂo de la oscuridad que emanaba de Kara, pero al mismo tiempo, su piel ardĂa, como si estuviera al borde de un precipicio emocional y fĂsico.
âTĂș eres mĂa, Lenaâ murmurĂł Kara, acercando sus labios a la oreja de Lena.
El cuerpo de Lena reaccionĂł antes de que su mente pudiera detenerlo. Un estremecimiento recorriĂł su espalda y su respiraciĂłn se hizo pesada. QuerĂa resistirse, pero las palabras de Kara parecĂan atravesar sus defensas como cuchillos afilados. Por mĂĄs que lo intentara, no podĂa negar la atracciĂłn oscura que la dominaba.
La figura oscura se desvaneciĂł lentamente en el aire, dejando a Lena sola en la habitaciĂłn, con la respiraciĂłn entrecortada y el corazĂłn latiendo con fuerza. La energĂa que habĂa llenado la habitaciĂłn se disipĂł, pero las palabras de Kara siguieron reproduciĂ©ndose en su mente como un eco imparable.
TĂș eres mĂa.
Lena se dejĂł caer en la silla, agotada. SabĂa que algo habĂa cambiado dentro de ella. No podĂa huir de lo que estaba ocurriendo, y, aunque una parte de ella lo deseaba, otra parte comenzaba a aceptar su destino. SabĂa que ese demonio no habĂa terminado con ella. Que solo era el principio.








