Capítulo 1
1.
El aire en el bosque era denso, frío y húmedo. La bruma se deslizaba entre los altos pinos, envolviendo todo en un velo gris, casi irreconocible. La cabaña, al final de un estrecho camino de tierra, parecía abandonada, la madera desgastada y el tejado cubierto de musgo, como si estuviera más unida al bosque que a los humanos. La quietud era insoportable, pero lo más insoportable de todo era que Taehyung no podía sentir absolutamente nada. El silencio del lugar se le metía en los huesos, calándolos, apretándolos. Pero no sentía frío, sólo un vacío profundo y absoluto.
Desde el momento en que los padres de Jungkook lo llamaron, su mundo había cambiado. La llamada había sido el principio de una pesadilla. “No volvió desde la tarde”, le dijeron. Aquella simple frase que había sonado tan inofensiva en su mente, se había convertido en una amenaza constante, repitiéndose una y otra vez, como un eco que lo perseguía por la casa vacía. La casa que solía estar llena de risas, de palabras tiernas, de caricias en la madrugada. Nada más quedaba ahora que una imagen borrosa de lo que había sido.
Había pasado noches enteras sin dormir. En cada rincón de la habitación lo invadían recuerdos: los ojos de Jungkook, su sonrisa, su manera de abrazarlo. Recordaba esos momentos con la sensación de que todo había sido un sueño que ya se desvanecía. Todo lo que tocaba de él era ahora sólo un objeto vacío, un recuerdo sin alma. Y cada vez que se cerraba los ojos, la desesperación lo ahogaba más. El teléfono sonaba cada vez menos, los amigos lo llamaban, pero Taehyung no podía escuchar nada. Las palabras se volvían ecos lejanos, vacíos.
Pasaron varios días. Días largos, interminables, llenos de un dolor crudo, insoportable. El teléfono sonó otra vez. Su mano tembló al tomarlo. La voz al otro lado le pareció ajena, como si no estuviera hablando con él, como si todo lo que estaba sucediendo fuera parte de una película que no podía controlar.
—¿Señor Kim Taehyung? Soy el detective Kim Namjoon. Necesito que venga al norte, al bosque. Es sobre su pareja, Jeon Jungkook.
El mundo se detuvo por un segundo. Su mente hizo un quiebre, y algo dentro de él se rompió aún más. Su corazón se aceleró, su respiración se volvió pesada. Su cuerpo reaccionó antes que su mente, levantándose y saliendo sin pensar, sin saber ni siquiera si estaba preparado para lo que encontraría. Pero sabía que no podía seguir esperando. Sabía que la respuesta que estaba buscando iba a llegar a sus manos, aunque no estuviera preparado para recibirla.
Llegó a la cabaña, los recuerdos y el sufrimiento en cada paso. El frío le mordía la piel, pero no sentía nada. Solo el vacío seguía allí, latente, como una presión constante. Frente a la cabaña, varios coches de policía estaban estacionados, y la cinta amarilla rodeaba el área. Taehyung intentó entrar, pero un hombre lo detuvo, el detective Namjoon.
—Señor Kim, por favor, mantenga la calma. —Namjoon lo miró fijamente, la gravedad en su voz lo hizo retroceder un paso, un golpe en su pecho—. Encontramos a Jeon Jungkook en el interior. Fue asesinado.
Las palabras de Namjoon llegaron a su oído como si vinieran de otro mundo, como si no le pertenecieran. Taehyung no podía creerlo. Las palabras flotaban en el aire, pero él no podía tomarlas. El mundo comenzó a girar más rápido, y su cuerpo ya no respondía. Sentía el suelo bajo él como si fuera un vacío. Un grito sordo emergió de su pecho, uno que ni siquiera pudo controlar. Era un sonido aterrador, un lamento puro que salió sin previo aviso. Cayó al suelo, sin poder mantenerse en pie.
No podía ser cierto.
Las lágrimas salieron sin control, su cuerpo temblaba, su pecho se comprimía como si el aire lo abandonara. El llanto fue como un torrente, arrasando con todo, y ni siquiera pudo detenerse. Todo su ser, su alma, su corazón, se rompieron en pedazos en ese momento. Jungkook estaba muerto.
Las horas siguientes fueron borrosas. No recordaba cómo había llegado a su casa, ni cómo sus amigos lo habían recogido del suelo. Hoseok lo había estado sosteniendo, hablándole con voz baja, pero Taehyung no podía escuchar nada. No podía entender lo que sucedía. El velorio pasó como una escena distorsionada, como si todo estuviera ocurriendo en otro mundo, fuera de su control. Las voces de consuelo a su alrededor no llegaban a su mente, sólo eran murmullos distantes que chocaban con la densidad del vacío en su pecho.
Todo estaba demasiado rápido.
Cuando estuvo frente al ataúd, sintió que las piernas se le doblaban. Jungkook estaba allí, pero no podía ser real. No podía. El cuerpo estaba tan frío, tan distante, pero los recuerdos eran tan intensos, tan nítidos. La risa de Jungkook, su abrazo cálido, sus caricias a media noche. Todo eso estaba tan vivo en su memoria, pero tan muerto ante él. Taehyung sentía que el tiempo ya no existía. Se sentía como si estuviera atrapado en una burbuja, un espacio donde todo sucedía demasiado rápido y demasiado lento al mismo tiempo.
Las tardes eran las más difíciles. Recordaba las veces en que ambos paseaban por el parque cercano, sus manos entrelazadas, sonriendo sin motivo, como si el mundo fuera perfecto solo porque estaban juntos. Aquella tarde en que Jungkook lo había abrazado por primera vez, tan fuerte que sentía que se fusionaban, que sus corazones latían al mismo ritmo. Y luego las noches, aquellas noches largas de conversaciones interminables sobre el futuro, sobre sus sueños. Las promesas que se hicieron, los besos robados en rincones oscuros, las risas compartidas a medianoche. Todo se desmoronaba ahora.
Taehyung no podía dormir. Cada vez que intentaba cerrar los ojos, veía a Jungkook, y al despertar, el vacío lo envolvía como una manta helada. Cada rincón de la casa le recordaba a él. El lugar donde solían sentarse juntos, donde planeaban sus días, donde compartían sus pensamientos más profundos. La imagen de su rostro lo perseguía. Todo lo que Taehyung había conocido se había ido con él.
Yoongi, Hoseok, los demás… todos decían palabras de consuelo, pero Taehyung no podía asimilarlas. Estaba atrapado en un bucle interminable de dolor, como si su corazón estuviera siendo aplastado, pero nunca dejaba de latir. Cada noche se sumía más en el vacío, viendo cómo los días pasaban sin que él pudiera detenerlos, cómo el sufrimiento se acumulaba más y más. Se aferraba a pequeños detalles: la taza de café que Jungkook siempre dejaba en la mesa, la chaqueta que olvidó una noche, la almohada arrugada en la cama. Cada cosa, cada pedazo de vida compartida entre ellos, ahora era solo un recuerdo imposible de alcanzar.
Se quedó sentado, mirando la cama vacía, esperando escuchar a Jungkook entrar por la puerta. Sabía que no lo haría. Lo sabía. Pero no podía dejar de esperar, no podía dejar de aferrarse a esos fragmentos de vida. Cada día pasaba con el mismo vacío, con el mismo dolor, y se preguntaba si algún día eso se iría. Pero la respuesta era siempre la misma: no. Ya no habría más días con Jungkook.
Y eso lo destrozaba aún más.
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Una tarde, Hobi llegó a su casa, sintiendo la pesadez del aire que siempre lo acompañaba cuando pensaba en Taehyung. Había pasado una semana desde el asesinato de Jungkook, y la ausencia de vida en la casa de su amigo era palpable. Al llegar a la puerta, lo vio de pie en el umbral, como una estatua que no tenía energía para moverse, mucho menos para reaccionar. Taehyung lo observó con una mirada vacía, perdida, como si estuviera en otro mundo. Su cuerpo, normalmente lleno de energía, ahora parecía un cascarón vacío.
Hoseok respiró hondo, sintiendo la preocupación inundarlo. Era difícil ver a su amigo de esa manera, sin ganas de decir una palabra, sin ganas de hacer nada. Intentó acercarse lentamente, sintiendo cómo el aire se volvía más denso a cada paso.
—Tae... —dijo Hobi, con la voz suave, pero llena de angustia—. ¿Cómo estás?
Taehyung no reaccionó. La mirada fija de su amigo seguía siendo distante, como si no lo viera, como si nada pudiera llegar hasta él. Hoseok quiso hacer más, pero no sabía cómo hacerlo. La escena era desgarradora. Sintió una presión en el pecho, como si el dolor de Taehyung fuera suyo también.
—¿Jimin? —preguntó Taehyung, al fin rompiendo el silencio, pero su voz era tan vacía, tan quebrada, que a Hobi le dolió escucharlo—. ¿Por qué no está aquí conmigo? ¿Por qué no viene a verme?
Hope frunció el ceño, confundido y preocupado. Jimin nunca había estado tan distante de Taehyung. Siempre habían sido inseparables, dos almas que compartían todo, incluso cuando las palabras no eran suficientes. Siendo el mejor amigo de Taehyung, Jimin debería estar ahí, consolando a su amigo, ofreciéndole un poco de paz. Pero Jimin no estaba.
—No lo sé, Tae —respondió, tratando de sonar lo más tranquilo posible, aunque su mente estaba llena de preguntas—. Pero yo estoy aquí, y no te voy a dejar solo.
Taehyung no dijo nada. Solo permaneció allí, inmóvil, como si fuera incapaz de escucharle. Hope lo miró durante unos largos segundos, preguntándose cómo podía ayudar a alguien tan perdido en su dolor. Era como si Taehyung hubiera desaparecido dentro de sí mismo, incapaz de encontrar una salida. Hobi sentía la impotencia creciendo en su pecho. Intentó tocarle el hombro, pero Taehyung ni siquiera se movió. El contacto no parecía alcanzar.
Finalmente, decidió ir a buscar a Jimin. Cuando llegó a su apartamento, la puerta estaba entreabierta, y al entrar, encontró a Jimin sentado en el sofá, perdido, igual de roto que Taehyung. Jimin nunca había sido así. Era una sombra de lo que solía ser. Su tristeza era aún más palpable que la de Taehyung.
—Jimin, ¿qué pasa? —preguntó Hoseok, acercándose a él, pero Jimin solo levantó la cabeza, sus ojos vacíos.
—No pude... —respondió Jimin, su voz quebrada, pero sin fuerzas para continuar. Las palabras se ahogaban en su garganta. Sus ojos estaban vidriosos, llenos de lágrimas, pero no era suficiente. Ningún consuelo llegaba, ni siquiera para él.
Hobi se arrodilló frente a él, y con un suspiro profundo, lo abrazó. Sentía un peso en su pecho, una presión que no desaparecía, algo que lo aplastaba. ¿Por qué Jimin estaba tan destrozado? Jimin no estaba tan cerca de Jungkook. Eran amigos, sí, pero no eran inseparables.
Decidió hablar con Yoongi, esperando que tal vez él pudiera arrojar algo de luz sobre el asunto. Escribió rápidamente un mensaje.
“¿Han encontrado algo nuevo sobre el caso?”
La respuesta fue rápida.
“Nada. Aún estamos investigando. No hay pruebas concluyentes.”
No podían seguir así. La falta de información lo consumía. Cada minuto que pasaba parecía empeorar todo. Sintió una creciente frustración. Quería hacer algo, algo que ayudara a sus amigos, pero no podía. No había nada más que pudiera hacer.
Pasaron unos minutos antes de que Yoongi le escribiera de nuevo.
“¿Taehyung ya te ha hablado de algo? ¿Ha dicho algo más?”
Hope miró la pantalla, con una sensación de incomodidad creciendo en su pecho.
“Más de un par de palabras no. Sigue igual, yo estoy tratando de consolarlo, pero está… muy perdido.”
Dejó el teléfono sobre la mesa con un suspiro, sintiendo una creciente frustración. Los días pasaban, y cada vez parecía que las respuestas se alejaban más de lo que podía alcanzar. Todo seguía en el mismo limbo. No había pistas, no había avances, solo incertidumbre, y aquello lo devoraba por dentro. Sin embargo, lo que realmente lo inquietaba era la conducta extraña de Jimin. Algo no encajaba, y no podía dejar de pensar en ello.
Jimin había sido el mejor amigo de Taehyung, siempre cercano, siempre confiable. Pero ahora, se veía tan roto como él. Y no, no era solo tristeza. Había algo más, algo que Hope no lograba identificar. Se preguntaba si tal vez Jimin guardaba un secreto, algo que no había dicho, algo que lo estaba consumiendo por dentro. Pero ¿qué?
Hope no podía quedarse con esas dudas, pero también sabía que no era el momento adecuado para investigar más a fondo. Taehyung necesitaba apoyo, aunque él no lo pidiera. Hope pasó más tiempo con él en los días siguientes, pero todo parecía en vano. Taehyung estaba perdido en un abismo del que no podía salir. No hablaba mucho, y cuando lo hacía, sus palabras eran vacías, sin vida.
Era difícil ver a su amigo así. El Taehyung que había conocido no era este. Recorría la casa como un fantasma, mirando por la ventana, perdido en sus pensamientos. Hope trató de hacerle compañía, pero el vacío entre ellos solo se hacía más grande. Taehyung había cambiado. En lugar de la risa y la alegría que siempre lo caracterizaban, solo quedaba silencio.
—¿Por qué no hablas? —preguntó Hope, buscando algo de conexión—. No me dejes solo en esto, Tae. Necesito que me hables.
Taehyung giró la cabeza lentamente, pero sus ojos nunca se encontraron con los de Hope. Estaba atrapado en sus recuerdos, sumido en la tormenta que lo azotaba desde dentro. Y entonces, sin previo aviso, las palabras de Taehyung rompieron el silencio:
—Lo extraño tanto... —susurró, como si las palabras le quemaran al salir de su boca. El dolor que sentía por Jungkook no se podía comparar con nada más. No era solo la pérdida de su pareja, era la sensación de que una parte de sí mismo había sido arrancada, y ahora todo lo que quedaba era un vacío inalcanzable.
Taehyung se hundió en su memoria, sin darse cuenta de que Hobi lo estaba mirando con una mezcla de tristeza y desesperación. Y en esa inmersión en su dolor, los recuerdos de Jungkook comenzaron a invadir su mente, implacables y vívidos.
Recordó el primer día que vio a Jungkook. Era un día gris, sin sol, pero algo en el aire parecía diferente. Taehyung, recién mudado al vecindario después de la muerte de sus padres en un accidente, caminaba con la cabeza agachada, sintiéndose como un extraño en un mundo que ya no parecía tener sentido. No tenía amigos, no tenía un lugar donde encajar. Estaba solo, y se sentía como si la vida ya no tuviera ningún propósito.
Caminaba sin rumbo fijo, como si el mundo a su alrededor siguiera adelante sin él. En medio de su paseo, un sonido suave de risa lo distrajo. Volteó y vio a un joven jugando con un perro pequeño en el parque cercano. El perro, un cachorro blanco, corría en círculos alrededor de él, mientras el chico reía con una expresión llena de alegría.
Taehyung observó por un momento sin pensar en nada en particular, pero algo en la escena lo hizo sentirse curioso. En ese instante, el cachorro vio a Taehyung y, con un rápido movimiento, corrió hacia él. Taehyung se asustó un poco y retrocedió, pero el perro fue más rápido y, antes de que pudiera reaccionar, saltó hacia sus piernas, moviendo la cola sin parar. Sorprendido, intentó apartarlo suavemente, pero el cachorro lo seguía insistente.
Jungkook, que observaba la escena desde lejos, se acercó rápidamente, riendo.
—¡Lamento que mi cachorro sea tan amistoso! —dijo, con una sonrisa traviesa mientras se acercaba a Taehyung y tomaba al perro en brazos. —No te preocupes, no muerde. Solo está emocionado porque ve caras nuevas.
Taehyung, aún un poco desconcertado, se quedó mirando al perro en sus brazos y luego levantó la vista hacia Jungkook, quien lo miraba con una expresión amigable.
—No pasa nada —respondió Taehyung con una sonrisa tímida, sin saber muy bien qué hacer.
Jungkook, al ver que Taehyung no parecía molesto, aprovechó la oportunidad para continuar la conversación.
—¿Eres nuevo por aquí? No te había visto antes —comentó Jungkook, claramente curioso, mientras acariciaba al cachorro, que no dejaba de mover la cola.
Taehyung asintió, un poco avergonzado por no saber cómo empezar una conversación.
—Sí, me mudé hace poco —respondió, mirando al cachorro que seguía saltando y correteando a su alrededor.
—Pues bienvenido, entonces —dijo Jungkook con una sonrisa amplia—. Este es el parque donde suelo traer a mi perro. Si alguna vez necesitas compañía o alguien con quien hablar, aquí estaré.
Taehyung, sorprendido por la calidez de su respuesta, sintió una sensación de alivio al ver lo fácil que era interactuar con él. Aunque no esperaba mucho de la conversación, algo en la actitud de Jungkook lo hizo sentirse cómodo.
—Gracias… —murmuró, sin saber qué más decir.
Se produjo un segundo de silencio. Taehyung miró a Jungkook y sintió una extraña sensación en su pecho. Su sonrisa, aunque tímida, también era sincera. -No tienes que agradecer. Soy Jungkook, por cierto.-
-Taehyung,- respondió él, sonriendo.
Antes de irse, Jungkook se agachó para acariciar al perro una vez más, luego miró a Taehyung.
—Deberías quedarte un rato más. A veces este parque tiene las mejores vistas al atardecer —sugirió, sin prisas.
Esa tarde, Taehyung decidió quedarse un poco más. Observó el atardecer con Jungkook y su cachorro, charlando sin darse cuenta, sin presiones. No fue un gran encuentro, pero fue un primer paso hacia una amistad, una que, en el futuro, se convertiría en algo mucho más especial.
Desde ese día, su amistad floreció de una forma lenta pero inevitable. Taehyung, que antes caminaba por la vida con la cabeza baja, ahora se encontraba caminando al lado de alguien que lo entendía, que no lo veía como una carga o una sombra. Aunque al principio no lo entendía bien, había algo en Jungkook que lo hacía sentir mejor, menos solo.
Pasaron semanas, y las conversaciones entre ellos se alargaban. Taehyung se reía de las bromas tontas de Jungkook, aunque no pudiera ver mucho sentido en ellas. Pero había algo en la forma en que Jungkook le hacía sentir, algo en la manera en que sus ojos brillaban, que hacía que la oscuridad que Taehyung sentía fuera un poco más soportable.
Una tarde, después de meses de conocerse, estaban en la casa de Taehyung, como lo hacían casi todos los días. Jugando videojuegos en la sala, rodeados de refrescos y bocadillos. La luz tenue del atardecer se colaba por las ventanas, creando un ambiente relajado, casi como si el mundo a su alrededor se hubiera detenido para dejarles disfrutar de ese momento.
Taehyung estaba concentrado, sus dedos moviéndose rápidamente por el control mientras miraba la pantalla con atención. Sin embargo, había algo que lo distraía: Jungkook, que estaba sentado al lado de él, también jugando pero de una manera completamente diferente. Cada vez que Taehyung miraba hacia su compañero de juego, veía a Jungkook sonriendo, siempre con esa expresión coqueta que parecía saber cómo quitarle la calma.
Jungkook, notando que Taehyung lo observaba más de lo normal, levantó una ceja, jugando con el control mientras sonreía con picardía.
—¿Tae? —dijo en tono suave, casi en un susurro, sin apartar los ojos de la pantalla—. ¿Te estoy distrayendo?
Taehyung, algo sorprendido por la pregunta, desvió la mirada de inmediato hacia la pantalla, con el rostro ligeramente sonrojado. Sin embargo, no podía evitar el calor que sentía cada vez que sus ojos se encontraban con los de Jungkook.
—No... solo... —dijo, y trató de mantenerse concentrado en el juego, pero algo en la atmósfera se había alterado. Jungkook no dejó de mirarlo, y Taehyung comenzó a sentirse incómodo, como si estuviera siendo observado de una forma diferente.
Jungkook, con una sonrisa cómplice, inclinó un poco su cabeza hacia Taehyung, y sin dejar de mirarlo, dijo en un tono juguetón:
—Oye, ¿no quieres una foto? Ya sabes, esas duran más. —Su voz estaba llena de picardía, y los ojos de Jungkook brillaban con esa mezcla de diversión y coqueteo que siempre lograba hacer que Taehyung se sintiera aún más nervioso.
El rostro de Taehyung se puso inmediatamente rojo. No podía evitarlo. Jungkook siempre sabía cómo hacerlo sentir así, como si su presencia fuera la única que existiera en el mundo. No pudo evitar bajar la mirada, nervioso, mientras murmuraba:
—¿Qué estás diciendo? No seas tonto... —pero su voz tembló un poco, traicionando el intento de disimular.
Jungkook, sin perder la oportunidad, se acercó un poco más, la sonrisa en sus labios nunca desapareciendo. El aire en la habitación parecía volverse más denso, y el corazón de Taehyung latía de forma acelerada, como si su pecho fuera a explotar en cualquier momento. Intentó apartarse, pero sin querer, sus ojos se encontraron con los de Jungkook una vez más, y fue como si el mundo se detuviera por completo.
—¿Por qué te pones tan rojo? —preguntó Jungkook, su tono más suave ahora, pero igualmente cargado de intención. Taehyung sentía que su cabeza estaba a punto de estallar, y no sabía si estaba tan avergonzado como excitado por la cercanía de Jungkook.
—No me molestes... —respondió Taehyung, pero su voz sonó más baja de lo que hubiera querido. Intentó desviar la mirada, pero Jungkook ya lo había atrapado, y él sabía que, en el fondo, no quería que lo dejara ir.
Jungkook se acercó aún más, casi pegando sus hombros, y la sensación de calor entre ellos aumentó. Taehyung podía escuchar la respiración de Jungkook, sentía la intensidad de su mirada, y algo dentro de él, algo que había estado guardando, comenzó a emerger. Su cuerpo reaccionaba sin que pudiera evitarlo.
—¿Sabes, Tae? —dijo Jungkook, esta vez sin jugar, con un tono mucho más bajo, casi como si estuviera compartiendo algo íntimo—. No tienes que esconder lo que sientes. Ya lo sé... te conozco, ¿recuerdas?
Taehyung se quedó en silencio, incapaz de articular palabra. Jungkook había dicho eso tan casualmente, pero algo en sus palabras hizo que Taehyung se sintiera aún más vulnerable, aún más expuesto. Sin pensarlo, Taehyung giró la cabeza hacia él, sus ojos se encontraron en un cruce fugaz de miradas intensas.
La tensión en el aire era palpable, un tirón eléctrico que parecía estar preparándose para romperse. Taehyung sintió cómo su cuerpo se acercaba hacia Jungkook, como si fuera un imán, sin poder evitarlo. El corazón de Taehyung latía tan fuerte que temió que Jungkook pudiera oírlo. Pero Jungkook no se apartó, no lo dejó escapar. En lugar de eso, sus ojos brillaron con una sinceridad que Taehyung no pudo rechazar.
En un movimiento lento y lleno de anticipación, Jungkook levantó su mano, tocando suavemente la mejilla de Taehyung, y sin pensarlo dos veces, lo acercó a él. Fue un beso suave, tímido al principio, como si ambos estuvieran probando los límites de esa conexión que habían estado evitando. Pero no pasó mucho tiempo antes de que la suavidad se convirtiera en algo más, algo que desbordaba todo lo que habían callado hasta entonces.
El beso era cálido, como un refugio, y Taehyung sintió cómo todo lo demás desaparecía. Solo estaban ellos, con la piel ardiendo por la cercanía, con los corazones latiendo al mismo ritmo. No importaba que fuera su primer beso, porque en ese momento, todo lo que necesitaban era estar ahí, juntos.
Cinco años pasaron desde ese primer beso. Cinco años en los que habían compartido risas, problemas, secretos. Cinco años en los que Jungkook había sanado las heridas que Taehyung llevaba dentro, y Taehyung había aprendido a confiar en alguien de nuevo. Pero ahora, todo eso se había ido. Su Jungkook ya no estaba.
Taehyung volvió al presente, al silencio pesado de la habitación, con los ojos llenos de lágrimas que nunca salieron. El dolor lo aplastaba, un vacío tan profundo que no había forma de llenarlo. Su Jungkook, el chico que había sido su refugio, su luz en la oscuridad, ya no era más que un recuerdo lejano. Y ese recuerdo lo desgarraba por dentro, haciéndolo sentir como si su alma se deshilachara poco a poco.
Se quedó allí, mirando al frente, sintiendo la fría soledad que lo envolvía. El espacio vacío junto a él en la cama, la falta de su risa, de su calor, de su amor… todo se hacía más insoportable con cada segundo que pasaba. Nada tenía sentido sin él, el chico que lo había amado, que había compartido todo con él, que le había dado un propósito. Y ahora, ese amor se había ido, arrebatado de una forma que Taehyung no podía entender.
La culpa, la ira y el dolor lo consumían. Pero lo peor era la sensación de que nunca más volvería a sentir la calidez de su novio, que ya no estaría allí para darle fuerza cuando cayera, para tomar su mano cuando todo parecía desmoronarse. Su Jungkook, el que le había mostrado cómo amar de nuevo, ya no estaba en este mundo, y Taehyung se quedó atrapado, solo, con los recuerdos de un amor que ya no podía tocar.
Las lágrimas que se acumulaban en sus ojos nunca llegaron a caer. Estaba demasiado roto, demasiado vacío. Solo quedaba la sombra de lo que había sido. Y, mientras el silencio envolvía la habitación, la realidad de su pérdida golpeó con la fuerza de un tormenta, dejando a Taehyung destrozado, incapaz de encontrar consuelo en nada ni en nadie.