Soy solo esto
He visto a muchas personas que escriben vanagloriándose de ser crueles, de tener escritos que dejan a su lector sin estabilidad emocional. Sabés, yo no puedo ver mis escritos como eso. Incluso cuando alguien me dijo: “Este libro no debería leerlo alguien con depresión”, en realidad me puso demasiado triste. Por un mes no pude tomar mi birome y continuar esa historia. Sé que soy una persona demasiado sensible. Aunque demuestre todo lo contrario, mis demonios y mis miedos son muy grandes.
Cuando inicié este camino hace más de un año, venía con una construcción de mí misma basada en décadas de escuchar a la persona que más amo diciéndome que todo lo que hacía estaba mal, que era una persona defectuosa.
De hecho, tiene razón.
Lo soy.
Nunca dudé de ello, pero ser defectuosa a los ojos de este mundo no me parece tan malo.
Si en algún momento llegás al final de lo que escribo, notarás siempre esa esperanza en la simple felicidad, en la alegría de lo cotidiano, de lo común. Si hay algo que busco desde este pequeño espacio es, justamente, no hacer que pierdas esa estabilidad. Sé que parece hipócrita, dado lo que narro, pero la vida es un camino de tantas piedras, pozos y enredaderas…
Es destruirse y reconstruirse a uno mismo infinidad de veces. Y solo cuando aceptamos el hermoso e imperfecto vitral que somos, ahí y solo ahí, comenzamos a ser felices con nosotros mismos y con nuestro entorno.
Hay días en los que estoy alegre y días en los que estoy deprimida.
Y está bien.
Somos humanos, viviendo con múltiples personas en nuestro entorno. Por ello, atravesamos muchas experiencias en tan solo un día.
No te fuerces.
Está bien llorar y sentir tristeza. Está bien reír por el absurdo y atesorar lo banal.
¿Por qué debemos amoldarnos a un prototipo de “sano”?
Esa palabra ha generado en mí un profundo rechazo.
Si no soy sana como los parámetros que ellos dicen, ¿eso implica que estoy enferma?
Esa sanidad que ponderan es tan difícil de alcanzar como de mantener, porque la vida es una constante de subidas y bajadas. Por supuesto, vas a tener momentos malos. Claro que habrá días en los que sentirás miedo o ira. Es normal. Pero cuando te repiten todo el tiempo: “No es sano, no es sano”, empiezan a ejercer una presión indirecta. Y eso, uno, que eventualmente está luchando para salir adelante, hace que la vara sea tan alta, tan inalcanzable, tan perfecta…
Somos imperfectos y eso nos hace diferentes. Todos somos hermosamente singulares.
Cada uno tiene su tiempo.
No apresuremos nuestro caminar.
Eso solo nos lleva a curar las heridas en falso y esas, con el paso del tiempo, se abrirán.
Abrazá tus demonios, tus sombras.
Ellos también son parte de tu esencia, y con ellos lográs entender, el sendero hacia tu propia felicidad. Al menos, eso es lo que he aprendido en todos estos años.
Retomando el inicio, la razón por la que empecé a escribir fue que necesitaba sacar hacia afuera todas las cosas que mi cerebro sobrepiensa. Todo ese daño que me autohago. La realidad es que solo soy una persona escribiendo en pos de esa esperanza de que, a pesar de la dura existencia que uno pueda atravesar, de las pruebas y dolores, al final de ese trayecto empieza la felicidad. Inicia el camino hacia una etapa de alegrías simples, cotidianas, donde sos amado en tu proceso de lamer tus heridas. Donde las personas no te juzgan por no ser un estereotipo. Donde podés ser vos mismo.
Amarse a uno mismo es más difícil que odiarse. Pero si dejamos de buscar esa perfección inexistente, vas a ver cómo, de a poco, amarás tus diferencias. Notarás que, eventualmente, en algún momento te atesorarás y atesorarás a otros con sus bellas y únicas particularidades.
Seamos imperfectamente imperfectos. Aprendamos a valorar nuestros matices y a comprender que somos únicos. Ese considero el primer paso hacia un nuevo trayecto, donde no haya reglas impuestas, donde solo seamos un humano más rodeándose de otros humanos: hermosos mosaicos en un mundo roto.