Capitulo 1
Capítulo 1: La reina de corazones
Ling: Soy Ling. Y esta es mi historia. Una historia de amor, dolor y redención.
Las luces fluorescentes del pasillo de la escuela proyectaban sombras irregulares sobre los lockers metálicos. El ruido de los estudiantes, una mezcla de risas, conversaciones y el golpe de los casilleros al abrirse y cerrarse, era un coro constante que acompañaba el ritmo frenético de la vida en la secundaria. Yo, con mi uniforme impecable y mi sonrisa de reina, me movía con seguridad entre la multitud, como si la escuela fuera mi propio reino. Todos me conocían: Kim Ling, la hija del magnate de la industria del entretenimiento coreano, la chica que tenía todo: dinero, belleza, popularidad.
Pero detrás de esa fachada de éxito y seguridad, yo me sentía vacía. No tenía amigos verdaderos, solo conocidos que me buscaban por mi dinero y mi estatus. Siempre buscaba la aprobación de los demás, tratando de llenar el vacío que sentía en mi corazón. Y en ese vacío, Alany ocupaba un lugar especial.
Alany era diferente a las demás chicas. Era sencilla, humilde y tenía una sonrisa que podía iluminar cualquier habitación. Me sentía atraída por su dulzura, su autenticidad. A pesar de que nunca le había confesado mis sentimientos, la admiraba en silencio, soñando con un futuro a su lado.
Un día, mientras me dirigía a la biblioteca, escuché su voz. Alany, sentada en una mesa junto a un chico, sus manos entrelazadas, sus labios rozándose en un beso. Un nudo de dolor se formó en mi garganta. Sentí un vacío abismal en mi pecho. No podía creer lo que veía. No podía creer que la chica de la cual estoy enamorada se esté besando con alguien del cual nunca sería yo.
Las lágrimas amenazaban con brotar de mis ojos. Sin poder contenerlas, salí corriendo de la biblioteca, buscando refugio en el silencio de mi habitación.
Ling: (en el presente) Las luces del club pulsaban al ritmo de la música electrónica. Me movía con gracia entre la multitud, rodeada de admiradoras. Mi sonrisa era una máscara que ocultaba la soledad que me carcomía por dentro. Había tenido tantas amantes, tantas aventuras, pero ninguna había logrado llenar el vacío que Alany había dejado en mi corazón. Un vacío que se había abierto en la secundaria, cuando escuché a Alany hablar con su mejor amiga, Dará, sobre Luis, mi hermano mayor. Fue en ese momento que escuché a Alany hablar de mí, no de una manera que me agradara.
Dará: (en el flashback) ¿Qué te parece la chica nueva? La hermana del chico que me gusta.
Alany: (en el flashback) Solo es una chica ricachona, aparte de bonita y popular eso es lo único bueno que tiene, porque para mí es una persona arrogante y cree que por tener dinero puede llamar la atención. Jamás me fijaría en ese tipo de personas, qué asco.
Ling: (en el flashback) Las palabras de Alany me perforaron como una flecha envenenada. Sentí un dolor punzante en mi pecho, como si me hubieran arrancado un pedazo de mi corazón. No podía creer que Alany pensara eso de mí. ¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Cómo podía ser tan superficial?
Ling: (en el flashback) En ese momento, algo dentro de mí se rompió. Sentí una rabia incontrolable, una necesidad de venganza. Decidí que no iba a permitir que nadie me humillara de esa manera. Me prometí a mí misma que nunca más me volvería a enamorar. Que nunca más me volvería a dejar vulnerable.
Ling: (en el flashback) A partir de ese día, me convertí en una mujer diferente. Empecé a buscar la atención y la admiración de los demás, tratando de llenar el vacío que sentía en mi corazón. Me convertí en una mujer frívola, superficial y mujeriega. Me rodeé de amantes, de aventuras pasajeras, pero ninguna de ellas logró llenar el vacío que Alany había dejado en mi corazón.
Ling: (en el presente) El aroma a Chanel No. 5 se mezclaba con el sonido de la música techno que retumbaba en el club. Yo, con mi vestido rojo de lentejuelas que dejaba poco a la imaginación, me movía con una sensualidad que atraía todas las miradas. Mi cabello negro azabache, perfectamente lacio, caía en cascada sobre mis hombros, enmarcando mis ojos color avellana que brillaban con una mezcla de arrogancia y picardía.
Era la reina de la noche, la dueña del club, la que podía tener a cualquier mujer que deseara. Mi vida era un torbellino de fiestas, viajes exóticos y romances fugaces. Mi corazón, sin embargo, era un misterio.
Una sonrisa ladeada se dibujó en mis labios mientras observaba a una joven de ojos color miel que se acercaba a mí. Su nombre era Mia, mi última conquista, y su belleza era tan cautivadora como peligrosa.
“Ling, ¿por qué siempre te alejas?”, preguntó Mia, su voz dulce y melodiosa, pero con un tono de reproche.
Yo me encogí de hombros, sin dejar de mirar a la mujer que bailaba en la pista. “Simplemente no estoy buscando nada serio, Mia. Tú lo sabes.”
Mia frunció el ceño, sus ojos brillando con una mezcla de celos y furia. “No entiendo cómo puedes ser tan fría. Te he dado todo mi corazón, Ling. ¿Qué más quieres?”
Yo me levanté de mi asiento y me acerqué a Mia, mis ojos brillando con un brillo amenazante. “No me pidas que te dé lo que no puedo dar, Mia. No soy capaz de amar a nadie. No soy capaz de sentir nada más que el deseo.”
Mia se quedó callada, sus ojos húmedos. Sabía que tenía razón. Yo era un espíritu libre, una mujer que no podía ser encadenada por el amor.
En ese momento, la puerta del club se abrió y una figura familiar entró. Alany, con su cabello negro azabache y sus ojos color esmeralda, parecía una visión celestial en medio del caos.
Yo me quedé paralizada, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Alany, mi primer amor, la mujer que había logrado tocar mi alma, la mujer que había creído que la había olvidado.
Alany se acercó a la barra, su mirada recorriendo la sala. Mis ojos se encontraron brevemente y, por un instante, sentí que el tiempo se detenía. Las luces del club se desvanecieron, y todo lo que podía escuchar era el latido de mi corazón. La reina de corazones, en un reino que había creado para olvidar, se encontraba cara a cara con su primer amor .