PRÓLOGO
Funeral del Nuncio Park, Boston
(Jimin; 18 años. Jungkook; 35 años)
—Sólo tú, Tae-Yeob.
Las palabras de Jungkook resuenan en mi cabeza mientras avanzo a toda prisa por el camino de tierra hacia el aparcamiento.
Mi visión está tan nublada por las lágrimas que apenas puedo ver dónde estoy pisando.
Levanto el brazo y me limpio la humedad con la manga.
Ese bastardo.
—¡Jimin! ¡Espera! —me llama mi hermano.
Acelero el paso.
No estoy en condiciones de hablar con él ahora.
Lo único que quiero hacer es acurrucarme en un rincón oscuro y llorar en paz.
Cuando se acercó a Tae-Yeob y a mí, mi corazón latía tan rápido que temí que me fuera a dar un infarto.
En cierto modo, siempre había percibido a Jungkook como algo irreal.
Intocable.
Fuera de mi alcance.
Verlo allí, frente a mí, como una entidad real de carne y hueso, casi me hizo desmayar.
Y mi estúpido corazón cantó de alegría.
Hasta que lo aplastó con una simple frase.
—Sólo tú, Tae-Yeob.
No tengo idea de qué quiere discutir con mi hermano.
Tal vez quiera reclamar las propiedades de nuestra familia.
Eso encajaría con sus astutos métodos.
No me importa una mierda.
Él ya se apoderó de lo único que me importa: mi corazón.
Y lo aplastó.