Atracción Inevitable ||KaiSoo||

Summary

Parte III: The Billionaires Club Se vengaría... A través de la seducción. Por fin JongIn podría vengar a su familia. Y la clave para conseguirlo estaba en manos de su encantador secretario, Do Kyungsoo. Él podría revelarle la privilegiada información que tan desesperadamente necesitaba. Pero, para conseguir la confianza de Kyungsoo, antes tenía que ganarse su amor. Llegar al corazón de Do Kyungsoo fue más fácil de lo que había imaginado; hacerlo sin quedar atrapado él mismo en sus redes, sin embargo, no era algo que el millonario hubiese anticipado. -ADAPTACIÓN.

Status
Complete
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
16+

UNO

Lo único que tenía que hacer era fingir.

Lo único que tenía que hacer era seguir siendo el ayudante ejecutivo eficiente, leal y discreto que había sido durante tanto tiempo. Do KyungSoo llevaba fingiendo desde los seis años y aquello no tenía por qué ser diferente.

A las 6:45 a.m., la puerta de su despacho en la empresa ParkOh se abrió y KyungSoo tuvo que enfrentarse con un hombre alto de pelo y ojos castaños que lo miró de arriba abajo.

No lo esperaba hasta más tarde y su mirada le puso la piel de gallina. Le habían dicho que Kim JongIn era una versión atractiva de Satanás y no podía estar más de acuerdo. No había una gota de dulzura en sus duras facciones y la cicatriz que cruzaba su mejilla sólo servía para acentuar su reputación de hombre inflexible.

Su pulso se había acelerado, pero intentó mostrarse sereno.

-Señor Kim -lo saludó.

-Do KyungSoo -dijo él, ofreciéndole su mano.

KyungSoo vaciló durante una décima de segundo antes de estrecharla. Después de todo, aquel hombre estaba allí para poner patas arriba lo único que le había dado estabilidad a su vida.

A pesar de las protestas de la dirección de ParkOh, el presidente, Lee Donghae, había insistido en contratar una empresa externa para dirigir una reorganización estructural, con el objetivo de recortar gastos y aumentar los beneficios. Y Kim JongIn había amasado su fortuna eliminando puestos de trabajo.

Pero él tenía un trabajo que hacer, se recordó a sí mismo mientras estrechaba su mano. La callosidad de la palma lo sorprendió. Kim JongIn era el presidente de una empresa millonaria, no tenía necesidad de trabajar con las manos.

Pronto sabría la respuesta a esa pregunta. Sabría las respuestas a todas sus preguntas y las de sus jefes porque, durante unas semanas, su trabajo consistiría en averiguar todo lo que pudiera sobre los planes de Kim JongIn e informar de ello a los vicepresidentes de ParkOh, a quienes les debía su nueva vida.

-Puedes llamarme JongIn cuando estemos solos. Lo de señor Kim lo reservaremos para otros momentos -dijo él -. Me habían dicho que eras muy eficiente, pero no esperaba que llegases tan temprano a la oficina.

-Es una costumbre -sonrió KyungSoo, apartando la mano -. Como es un nuevo puesto, quería estar preparado.

-¿Y lo estás? -preguntó JongIn, mirando alrededor.

«No», pensó él.

-Supongo que eso tendrás que decidirlo tú.

Asintiendo con la cabeza, él entró en el despacho que le habían asignado, una oficina con vistas a la ciudad de Seúl.

-Tengo entendido que llevas seis años en la empresa.

-Así es -KyungSoo lo observó pasear por el despacho, mirando el ordenador, el escritorio y el paisaje que se veía por la ventana.

-Según tu currículum, dos de esos seis años trabajando para Park ChanYeol. Has ido ascendiendo rápidamente y PO se ha portado muy bien contigo: te han pagado la carrera y te permiten tener un horario flexible mientras haces un máster.

-Sí, todo eso es verdad.

-Supongo que les estarás agradecido -siguió él, desabrochando su chaqueta -. Quizá tanto que no quieres que haya cambios importantes en la empresa.

-Lo que quiero es que Park - Oh siga siendo una de las empresas hoteleras más importantes del país -ésa era la respuesta que se había preparado y sonaba falsa incluso a sus propios oídos.

¿Aunque para eso fuera necesario eliminar puestos de trabajo? ¿Aunque tuviera que ponerlo todo patas arriba?

-Según parece, eres legendario haciendo eso. Pero estoy seguro de que también a ti te interesa mejorar el rendimiento de la empresa. Después de todo, te pagan para que hagas eso.

Él esbozó una sonrisa.

-Muy bien -asintió, como si supiera que estaba haciendo un papel -. En ese caso, me gustaría empezar con los informes económicos de todos los departamentos.

KyungSoo parpadeó.

-Había pensado que querrías reunirte con los vicepresidentes antes de nada.

JongIn negó con la cabeza mientras sacaba un ordenador portátil de su funda.

-No, ellos intentarían influir en mi análisis. Prefiero los informes.

-Muy bien. Si quieres usar el ordenador...

-No, siempre uso el mío. Lo llevo a todas partes.

-Pero hemos comprado ése especialmente para ti...

-No me hace falta. Dáselo a otro empleado... o devuélvelo, así será un gasto menos para la empresa.

KyungSoo asintió. Sí, podía hacer eso, pero si JongIn no guardaba la información en el ordenador, él no podría acceder a los archivos que crease en relación con la reorganización. Y era para eso para lo que estaba allí: para informar a Park ChanYeol y Oh SeHun sobre los planes de aquel hombre.

Había sabido desde el principio que aquel encargo iba a ser difícil, pero no hasta qué punto.

Muy bien. ¿Cómo te gusta el café?

-Me gustaría tener una cafetera en el despacho. Prefiero hacerlo yo.

Eso lo sorprendió y JongIn debió de ver la sorpresa reflejada en su cara.

-No soy como tus otros jefes. Yo no crecí en una casa llena de criados, de modo que sé cuidar de mí mismo.

KyungSoo asintió, preguntándose si había sido su imaginación o de verdad había una nota de resentimiento por el lujo con el que habían vivido siempre Oh SeHun y Park ChanYeol.

-¿Necesitas algo?

-No, gracias. Sólo los informes.

Mientras estudiaba el primero de los informes financieros, JongIn notó la vibración de su teléfono y estuvo a punto de no contestar porque atender una llamada retrasaría su trabajo. Pero al mirar la pantalla reconoció el número de su hermano JongDae.

-¿Qué tal, Dae? -JongIn sonrió mientras se daba la vuelta en el sillón para ver cómo se ponía el sol al otro lado de la ventana.

-Bien, relajándome. ¿Cuándo vas a venir para que te gane al billar?

-¿Relajándote? Tú trabajas tanto en tu negocio de yates como yo en lo mío.

-Ya, claro. O sea, que tienes miedo de que te dé una paliza -rió su hermano.

JongIn rió también. JongDae y él solían jugar al billar desde que volvieron a reunirse ya como adultos.

-Te recuerdo que la última vez gané yo.

-Pues yo quiero la revancha -dijo JongDae.

-No va a ser posible. Ahora mismo tengo un contrato que exige toda mi atención. Lee Donghae, el nuevo presidente de ParkOh, me ha contratado para reorganizar la empresa.

Al otro lado de la línea hubo un silencio.

-Siempre has dicho que encontrarías la forma de hacer que los Oh pagasen por lo que le hicieron a nuestro abuelo. No sé cómo lo has conseguido, hermano.

-Es curioso lo que hay que trabajar para conseguir algunas cosas mientras otras prácticamente te caen en las manos -respondió JongIn.

Había soñado con aquel día, con aquella oportunidad de hundir a los Oh. La destrucción de la herencia Kim había herido a tres generaciones y JongIn siempre había pensado que era su obligación hacer que los Oh sufrieran tanto como habían sufrido ellos.

-¿Has empezado a hacerlo? -le preguntó su hermano.

-Hoy mismo -contestó él, sintiendo una descarga de adrenalina -.Incluso me han dado un despacho en el cuartel general de la empresa.

JongDae soltó una carcajada.

-Eso sí que es dejar que el zorro entre en el gallinero.

-Desde luego. Incluso me han provisto de un ayudante lindo. Absolutamente leal a la empresa, claro.

-Pero tú estás dispuesto a hacer que cambie de opinión -aventuró su hermano.

-Haré lo que tenga que hacer -respondió JongIn, intrigado por lo que habría bajo el serio exterior del jovencito Do.

Con unos ojos negros, el cabellonegro y un cuerpo que, sospechaba, escondía curvas peligrosas, empezaba a preguntarse cómo sería en la cama. Descubrirlo podría ser un extra interesante.

-Ten cuidado -le advirtió JongDae.

-¿A qué te refieres?

-Has ganado fama y fortuna gracias a tu habilidad para tomar decisiones en las que no cabe emoción de ningún tipo. Pero hay una vida entera en ese contrato y eso es mucha emoción.

JongIn consideró el consejo de su hermano.

-No te preocupes por mí, yo siempre trabajo con la cabeza y en esta ocasión no va a ser diferente.

-Muy bien, ya sabes que yo te apoyo en todo -dijo JongDae -. Salvo cuando estamos jugando al billar, claro.

-Gracias. A lo mejor acepto tu invitación cuando haya terminado en Park Oh. Así tendremos algo que celebrar. Cuídate -le dijo JongIn, antes de cortar la conexión.

[....]

Para el día siguiente, JongIn había eliminado setenta y cinco puestos de trabajo y pensaba utilizar a dos de sus expertos para que hicieran análisis individuales de cada uno de los hoteles de la cadena. El consejo de administración de ParkOh le había ofrecido empleados de la empresa para hacerlo, pero JongIn sabía que lo más importante era la objetividad y ellos no podrían ser objetivos.

A las cuatro de la tarde un golpecito en la puerta interrumpió una de sus evaluaciones.

-¿Sí?

KyungSoo entró en el despacho con una bolsa en la mano.

-Siento molestarte, pero me he dado cuenta de que no habías comido y...

Eso lo pilló por sorpresa. Había dejado claro desde el principio que cuidaría de sí mismo, pero era un bonito detalle.

-Entra, por favor. ¿Qué me traes?

-No sabía lo que te gustaba, así que...

Llevaba un conservador traje oscuro, pero JongIn no podía dejar de preguntarse cómo sería con algo más revelador.

-¿Y qué has elegido?

-Un sándwich de carne asada con mostaza, lechuga y tomate.

-Carne roja -murmuró JongIn -. No has pensado que podría ser vegetariano.

KyungSoo sonrió.

-No, la verdad es que no. También había quiche de verduras, pero he pensado que no era lo tuyo.

Riendo, él tomó la bolsa.

-Gracias. Si siempre eres tan rápido para entender lo que quiere el jefe, no me extraña que te hayan ascendido tantas veces.

-Estamos hablando de comida, así que no es tan difícil. A ChanYeol le gusta cualquier cosa que lleve aceitunas y SeHun nunca toma carbohidratos por la mañana porque quiere estar alerta por la tarde.

-¿Y tú?

-Lo que haya traído. ¿Quieres algo más?

-Lo que hayas traído -repitió JongIn -. Hay una cafetería en la empresa, ¿no?

-Sí, pero yo tengo por costumbre traerme la comida de casa. Lo he hecho desde que iba al colegio.

-Yo hacía lo mismo. Cuando había comida.

KyungSoo lo miró, interrogante.

-Casas de acogida -explicó JongIn.

-Ah, entiendo -murmuró él, con una mezcla de simpatía y confusión -. Mi padre murió cuando yo era pequeño, así que me he criado sólo con mi madre.

JongIn lo miró a los ojos y, por un momento, hubo una especie de conexión que lo tomó por sorpresa. Y vio la misma sorpresa en los ojos oscuros antes de que él apartase la mirada.

-Espero que te guste...

-¡KyungSoo! -Oyeron una voz al otro lado de la puerta-. ¿KyungSoo, estás aquí?

-Un momento -se disculpó él, asomando la cabeza por la puerta del despacho -. Dong, estoy con el señor Kim.

-Atiéndelo, no te preocupes por mí... -empezó a decir JongIn, pero se calló, sorprendido, cuando él le hizo un gesto para que guardase silencio.

-No, esta noche no puedo, lo siento. Tengo que terminar un trabajo para clase. Por favor, discúlpame -KyungSoo se volvió después de cerrar la puerta -. Lo siento, es que...

-¿Quién es ese Dong?

Él dejó escapar un suspiro.

-Un chico muy agradable que trabaja en contabilidad. Es encantador... la verdad es que no puedo decir nada malo de él.

-Pero no parece entender cuando alguien le dice que no.

-Es muy agradable...

-Eso ya lo has dicho.

-No me gusta herir los sentimientos de nadie -admitió KyungSoo -. Especialmente cuando es buena gente.

-Si no entiende que no quieres salir con él, no es tan buena gente - opinó JongIn -. Además, yo he descubierto que la gente buena de verdad prefiere la sinceridad, aunque duela.

-Yo nunca le he mentido.

-Ya me imagino.

-Me ha pedido que salga con él unas doce veces...

-¿Y le has dicho que no doce veces? -rió JongIn -. Ese hombre debe de tener la cabeza de cemento.

KyungSoo apretó los labios.

-Sí, pero una vez visité a su madre en el hospital.

-Ah, un corazón blando bajo el serio traje, pensó él. Una cualidad encantadora.

-¿Quieres que mire si está en mi lista de despidos?

Él se llevó una mano al corazón.

-No, no. Yo no podría... No, por favor. Es un empleado estupendo, de verdad.

JongIn lo miró en silencio durante unos segundos y KyungSoo carraspeó, nervioso.

-Bueno, te dejo para que comas el sándwich. Si necesitas salgo...

-Tú lo sabrás -dijo él.

KyungSoo cerró la puerta del despacho, deseando que se lo tragara la tierra.Mortificado, se cubrió la cara con las manos. ¿Qué le pasaba? Él se enorgullecía de su habilidad para mostrarse sereno en cualquier situación. Y, sin embargo, con Kim JongIn...

Había trabajado para Oh SeHun, alguien a quien llamaban «el hombre de acero». A veces se había sentido intimidado, pero nunca había perdido los nervios. Y para Park ChanYeol, con quien tuvo que hacer uso de toda su discreción. Como había sido bastante playboy antes de casarse con Byun BaekHyun, KyungSoo tuvo que lidiar con novios celosos.

Pero en JongIn había visto reflejos de humanidad, incluso de humor cuando esperaba que fuese un bloque de hielo. Y su fuerza, su complejidad, le resultaban atractivas, incluso seductoras.

Sorprendido, se regañó a sí mismo:

-Eso es ridículo -murmuró.

Kim JongIn iba a hundir la empresa ParkOh. Era el enemigo.