Primera
La bienvenida que se les dió a su grupo no fue la mejor desde el primer pie dentro de los territorios boscosos. No esperaban que esas cosas sucedieran en ningún momento de su plan, y aunque no estaba tan bien estructurado, realmente no lo vieron venir.
El primero en desaparecer fue el menor de ellos, Jungkook. Un chico de bonitos ojos redondos y dientes delanteros sobresalientes. Muy simpático a la vista.
Posible atractivo que le vió su secuestrador.
Caminaron maravillados por la belleza de la naturaleza, los colores vivos y dulces aromas que se apropiaban lentamente de sus sentidos, sus trajes se impregnadas del maravilloso aroma y ellos dejaban el propio a su paso sin saber. Los dos hyungs se adelantaron al paso para cuidar el frente dejando al adolescente solo con sus ojos de venado brillando con la belleza natural.
Jungkook no experimentó el mismo sentimientos que sus amigos cuando los siguió por detrás, no sólo tenía miedo y curiosidad palpante en su piel, escuchaba ruidos cortos demasiado inusuales para ser de un animal inofensivo. Y aunque quería decirles a sus mayores, no pudo, él también empezó a embriagarse concla hermosa naturaleza del bosque.
No era verde y salvaje. No sólo era verde y salvaje. Era dorada como los rayos de la luz colarse por las copas de los árboles, era naranja como las hojas bajo sus pies, era azul como los destellos que las gotas de agua en las plantas podían reflejar, era blanca como las flores y caoba como los fuertes árboles a su alrededor.
Ellos iban a ser los primeros humanos en conseguir el corazón del bosque cristalinos del que tanto hablaban los exploradores y cazadores. Los primeros en entrar, casi de forma inmediata, y los primeros en hurtar el mayor tesoro que cualquiera con más de dos dedos de frente puede conocer.
Miraban a su alrededor maravillados intentando captar todo lo que su poca vista podía divisar en su cercanía, era una simple belleza irreal que ellos tenían a su merced en ese momento, las maravillas de la naturaleza misma.
No eran los únicos que amaban lo bello.
— Yoongi, esto es perfecto, maldita sea.
La joven mujer de melena pelinegra sonaba tan eufórica como sólo la codiciosa juventud podía sonar. Codicia que vivía en sus cuerpos y se reflejaba en sus ojos mordaces buscando más valor en aquel sitio, maravillas que puedan cambiar sus vidas.
Estaban llenos de codicia. Tanto que estaban ahogándolos y cegando sus oídos.
— Es-
— ¡Hyung!
Fue un grito ahogado, tan desesperado como si aún esperándolo, lo logrará sorprender. Todo pasó en un segundo, apenas pudieron escuchar a Jungkook cuando el sonido de un fuerte soplido lo calló. Tal vez no era sólo un soplido como el viento dejando huella, tal vez era un aleteo de una alas fuertes que se volvieron una borrosa imagen ante sus ojos. A su llamado la voz del menor se escuchaba lejana casi al segundo, giraron, pero su pequeño azabache ya había sido raptado por otro joven que volaba por la zona velozmente.
Creyeron lo peor y siguieron inútilmente al raptor. Su hermano se fue y desde ahí todo se tornó diferente.
La belleza desapareció por completo. Ya no existía en ningún sitio y se esfumó como la neblina.
— ¡Jungkook!
Jieun corrió detrás del joven tanto como pudo, sus piernas quemaban y las ramas cercanas golpeaban su cuerpo como si de alguna forma pudieran detener el paso de la joven desesperada. Yoongi corrió con ella aunque estaba seguro de que aquel mágico ser que secuestró al chico era mucho más veloz que ellos.
Ya no había hermosos colores y el bosque de repente se tornó oscuro, el verde dejó de ser un tono vivo y pronto llenó de sombras todo el camino que estaban siguiendo. No podían seguirle el ritmo y estaban perdiendo de vista a su menor, sus pulmones buscaban aire que poco a poco dejó de entrar a su cuerpo con menos precisión que la primera vez. Ni siquiera recordaban que los árboles fueran tan estrechos en ese momento y tan llenos de ramas y raíces como en ese momento. Estaban impidiendo su paso.
Ni siquiera lograron llegar más lejos porque otro miembro fue perdido. Jieun cayó en una trampa simple como lo era un hoyo cubierto de ramas.
— ¡Min..!
Por instinto, Jieun alzó sus manos mientras caía para agarrar lo primero que pudiera, y eso implicaba a Yoongi deteniéndose de golpe y su torzo ganando contra la gravedad intentando caer dentro del hoyo donde ella estaba, sus ojos se abrieron de más ante la escena.
— ¡Jieun! —el pelinegro ni siquiera logró atrapar a la mujer antes de que ella desapareciera de su vista en el hoyo más profundo que había visto. y su rostro se deformó cuando las raíces crecieron en segundos sosteniendo su pies, evitando así que Yoongi la siguiera y encerrándola bajo tierra con sus gritos femeninos bajando poco a poco. Las raíces estaban bajo él. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando las raíces de los árbol cubriendo aquel hueco. Desesperado, intentó arrancar las raíces que le bloquearon el paso, pero nada que hiciera lograba destapar el hoyo donde se perdió su amiga y nada que hiciera lograba cortar aquella barrera sin que se volviera a restaurar de forma inmediata.
Las que lo sostenían dejaron de hacerlo y cayeron a sus pies innecesariamente.
De nuevo, no lo pensó cuando empezó a trotar sin rumbo exacto para buscar a su grupo. Las horas pasaron rápidamente y parecía no cambiar de sitio por mucho que caminara, se empezó a marear con cada árbol que veía tan idéntico al anterior.
Su pesadilla duró hasta media noche cuando una tormenta había provocado un gran problema dentro de sus planes, su campamento estaba destruyéndose poco a poco y la soledad de perder a sus dos compañeros en un instante le estaba volviendo loco. Pronto todo el bosque se puso en su contra arañando su campamento y volando sus cosas lejos de él, el agua mojaba todo a su paso y la neblina lograba tapar su vista.
Necesitaba encontrarlos o salir de ese lugar rápidamente, dejarlos implicaba no asegurar su seguridad ni su vida hasta que pudiera regresar para su rescate o venganza, mientras que encontrarlos era tan riesgoso como meterse a la trampa.
Entre todo aquello, el terror duró un gran momento hasta que algo golpeó su cabeza logrando tirarlo al suelo y viendo negro por un momento.
°•°
— Hey... —una voz lejana se escuchó para un Yoongi mayormente inconciente— Tae, creo que se murió.
— Lo dudo mucho, sigue respirando.
La punzada que le dió en la zona trasera de su cabeza lo hizo hacer una mueca con una queja inaudible, sus ojos se cerraron más de lo que ya lo estaban y sus labios intentaron con toda su fuerza que las comisuras se elevarán más.
Ni siquiera pudo sufrir en paz cuando un palo golpeó su frente.
— ¡La puta! —intentó gritar abriendo los ojos de golpe queriendo alcanzar a lo que sea que lo había golpeado con ganas asesinas de no soltarle.
Se arrepintió al instante cuando la luz del sol golpeó ferozmente con el cambio repentino, su brazo derecho fue a dar como sombra para si mismo intentando concentrarse y adivinar que era aquello negro frente a él que lentamente tomaba forma.
Era una sombra.
Bueno, dos.
Dos sombras que lo dejaron ver cuando se alejaron y taparon el sol con sus cuerpos, pronto logró notar al pequeño que hablaba.
— ¡Tae! ¡No está muerto! —victoreó el joven rubio con una bonita sonrisa en sus labios y dos más al revés en donde debían estar sus ojos.
— Lamentablemente...
Podía escuchar apenas a ellos y a su cuerpo lloriquear por el dolor de cabeza.
— Pero se ve demasiado pálido como para estarlo. ¿Eso es normal?
— Seguro está enfermo y va a morir pronto, podemos dejarlo aquí. —escuchaba balbucear a alguien con un pésimo humor en su tono.
— Seguro que no. Seguro y es normal, ¿no viste a su amiga? Es casi tan blanca como él.
Eso llamó su atención.
Las sombras que en un punto se oscurecieron por culpa de la iluminación, ahora eran dos jovenes de melenas coloridas mirándolo de distintas formas. Uno de ellos siendo extrañamente familiar mientras que el otro era distinto a todo lo que él había visto.
Todo a su alrededor era la misma belleza que lo recibió, los árboles con musgo y copas tupidas de un vibrante verde imposible de ver, los arbustos con frutos de colores jugosos y un ambiente fresco irreal.
— Taehyungnie, él es muy blando, ¿eso es normal?
Aquel rubio con orejas puntiagudas lo miraba más de cerca intentando corregirse con respecto a sus mejillas suaves. Ni siquiera conocía el espacio personal del que Yoongi tanto hablaba y justo lo invadía con descaro. El shook era suficiente para poder olvidar ese hecho mientras trataba de procesar como es que aquel chico tenía una orejas tan raras y el otro con un par de alas detrás de él.
Mira que curioso, sus ojos también eran de un tono demasiado avellanado como para ser normal sin necesidad de luz directa contra ellos.
— Tae, él tiene un corte ahí. —un dedo le picó el ojo señalando su cicatriz y Yoongi se removió incómodo—. Es muy grande.
— Lo veo, Jimin. No soy ciego. —murmuró aquel pelirrojo con una voz muy pesada y porte imponente—. Debemos llevarlo con los demás hasta decidir que hacer con ellos.
— Pero...
Dudoso, el elfo buscaba como responderle a su amigo. Yoongi podía verlos por fin por completo mientras se levantaba poco a poco agarrándose la cabeza como si eso fuera a quitarle el dolor que estaba atravesando en ese momento. Había mucha diferencia de altura a esta perspectiva nueva, el elfo era claramente demasiado pequeño para ser de altura promedio y el chico alado era un poco más alto como para alcanzar mucho más del promedio.
— A menos que quieras dejarlo aquí y olvidar este problema, con mucho gusto acepto tu propuesta. —sonrió ladino.
— Obviamente no, Tae. Eso es muy grosero.
A Jimin también le parecía más lógico dejarlo en paz y que regresara por donde vino. Pero no quería eso. Esperaba poder saciar su curiosidad con respecto a ese chico con la piel marcada y sus cosas raras.
— Sabía que iba a decir eso...
Taehyung soltó un suspiro cansado y Yoongi se puso de pie tan rápido como su confusión lo dejó.
— Seguro y quiere ver a sus amigos de nuevo y tú estás aquí queriendo dejarlo a su suerte.
Antes de poder acabar, Yoongi ya estaba huyendo como pudo.
Bueno...
Lo intentó.
Pronto un cuerpo se abalanzó contra él haciéndolo caer de inmediato de frente golpeando su quijada levemente. Se quejó del dolor, dolor que le duró poco cuando el pelirrojo se acercó a su rostro con una daga de alguna piedra oscura amenazando en su mejilla.
— No seas imbécil, no estoy de humor.
— ¡Tú nunca estás de humor, Tae! —se escuchó a la distancia mientras el pelirrojo pegaba la daga levemente logrando cortar la mejilla con el simple toque.
El bufido del chico con suma irritación logró aligerar sólo una milésima del ambiente. Yoongi se arrepentía de entrar ahí y absolutamente todo lo que lo llevó a entrar al bosque.
Su cuerpo fue levantado de inmediato y llevado por el aire a una velocidad que sacaba escalofríos de por medio cuando el único soporte de su peso era la camisa que el pelirrojo malhumorado había empuñado con descuido.
Al parecer el único que le importaba su vida era él mismo pues la camisa empezó a romperse lentamente.
— ¡Hey! ¡Me voy a caer! —el desespero en su voz era evidente mientras agitaba sus piernas en el aire desesperado. Notó algo importante para su bienestar y es que estaban a demasiados pies del suelo con sólo ver que los árboles parecían hormigas a sus pies.
Y sí...
Se cayó.
Su grito logró hacer que Taehyung rodara los ojos fastidiado de su drama, rápidamente descendió antes que el pelinegro tomándolo del pie izquierdo para seguir su camino por los aires.
Yoongi mascullaba algo de estúpidos irresponsables pero Taehyung ni siquiera le ponía atención. No le importaba en lo más mínimo aquel imbécil.
— ¡¿Al menos me estás escuchando?!
No, realmente estaba concentrado en en descenso que tomó momentáneamente para una mejor experiencia y despedida del hombre intruso. Supo que fue correcto cuando aquel pelinegro gritó todo lo que le llevó su caída hasta caer encima de una hoja gigante hecha para amortiguar la caída.
¿Creían que Taehyung era tan malévolo?
Lo suficiente para dejarlos encerrados como sus prisioneros en una zona que él mismo construyó utilizando sólo raíces de los Robles cercanos. Zona que fue decorada miniculosamente por Jimin utilizando flores que Taehyung le ayudó a florecer.
Al elfo le gustaba creer que eran sus invitados forzados y quería su comodidad.
— ¡Yoongi hyung!
Pronto tuvo a dos personas a cada lado mirándolo preocupados. Los grandes ojos de venado a su izquierda y los finos luceros a su derecha estaban sobre él.
— ¡Maldito imbécil! —El golpe de Jieun en su cabeza fue dueño de su grito. Yoongi se levantó de golpe con la mujer encarando al pelinegro—. Podías huir y buscar ayuda, ¡estúpido Min!
La mano que amenazaba con volverlo a golpear fue retenida antes de poder cumplir su cometido.
— Nonna, no creo que...
La mano contraria de la chica impactó en sus costillas con la suficiente fuerza para hacerlo soltarla y retorcerse en su lugar con un pequeño quejido. Aquella pelinegra miró mal a ambos antes de suspirar en rendición, sus manos cayeron sosteniendo sus caderas con el enojo de estar atrapada en ese lugar con sus compañeros siendo igual o más inútiles.
— No entiendo que estamos haciendo en este lugar aún. —murmuró.
El sonido de alguien en particular acercándose les llamó la atención, su vista cayó en aquel pelirrojo de rostro monótono y porte firme. Aquel que su cabellera caía en su rostro en ondas con su mirada filosa amenazando a los intrusos de su hogar.
Taehyung estaba seguro que ellos eran ladrones como todos los que se adentraban a su bosque en busca del Tesoro madre que mantenía el bosque con vida. Todos los humanos eran iguales de codicioso y destructivos, él lo había visto con sus propios ojos.
El pelirrojo se mantenía al borde de la gran barda con sus pies descalzos abrazando las raíces para no caer con su amigo a un lado sonriendo para los desconocidos.
— ¡Hola! Me llamo Jimin y él es mi amigo Taehyungnie. —gritó el rubio desde la cima.
— ¡Me importa un carajo! ¡Déjame salir!
Antes de poder acabar, una raíz cercana tomó el cuerpo de la mujer enredándose al rededor de su cintura mientras la elevaba a la altura de Taehyung. El pelirrojo sacó su daga azabache y apuntó con la punta la yugular de Jieun. La mujer se calló de inmediato mirando con grandes ojos a aquel chico de melena pelirroja y una mirada asesina.
— Repítelo.
El aura que se formó a su alrededor empezaba a volverse pesado para el joven elfo presente, este reaccionó intentando quitar la daga de la mano de su amigo con los nervios de punta. Jieun se retorció asustada sin importar que estuviera a metros del piso y pudiera sufrir en su caída, los ojos de Taehyung estaban tan vacíos y oscuros que daba miedo.
— ¡No es necesario, Tae! —chilló—. Suelta eso y hablemos tranquilamente, por favor.
Taehyung miró al contrario por unos segundos sin despegar su daga empuñada de la pelinegra. Era su orgullo contra Jimin, si el elfo pensaba que iba a ceder tal fácilmente por hacer ojitos estaba en lo correcto pues Taehyung bufó malhumorado bajando a Jieun de mala gana.
La pelinegra había perdido el color con la brusquedad de Taehyung hacia ella, su cuerpo se sentía pesado ante el cambio de emociones que experimentó en ese segundo donde sus amigos se quedaron mudos observando la situación de igual forma que ella.
Su objetivo no podía haberse perdido más con la intervención de aquellos seres mágicos que los tenían retenidos en aquel lugar de espacio amplio.
Y es que hasta apenas Yoongi se había dado cuenta del espacio donde los encerraron. Era amplio con altas bardas de madera y rocas cubrir su visión lo suficiente para que les sea imposible escapar, con un pequeño río recorrer el perímetro y flores adornando la zona casi en un tierno descuido mal hecho.
Sus campamentos estaban ahí, al menos el de sus compañeros.
El hada saltó con un aleteo de sus alas mientras que su amigo bajaba torpemente por las enredaderas en la barda. Cuando ambos se encontraron con los pies en el suelo se acercaron lentamente al trío de invasores. Los mismos retrocedieron levemente y Jungkook se colocó en medio de sus mayores con cierto miedo a los presentes.
Jungkook había sido el primero en ser raptado y eso le daba puntos para decir que fue el único que conoció la furia del pelirrojo en cuanto lo soltó para interrogar al joven.
— El niño, Yunseok.
— Jungkook, mi nombre es Jungkook. —interrumpió.
— Sí, Jungho...
— Jungkook, señor.
— ¡Jungkook! —gruñó mirándole mal.
— Sí, señor. Yo... Amm, puede continuar.
— Gracias. —susurró—. Confesó sus intenciones en mi bosque. Confesó que ustedes buscaban...
— Él no conoce las verdaderas intenciones, no nos pueden culpar de algo que no planeamos y mucho menos hicimos. Jungkook es un simple ayudante que desconoce nuestros movimientos, yo le aseguro que mis intenciones y la de mi compañero aquí presente son contrarias a lo que...
Taehyung abrió los ojos de más y el tono de su cabello tomando un color demasiado rojo para ser real.
— ¡¿Desean destruir mi bosque?!
— ¿Qué? ¡No! Espera, eso no era lo que yo quería decir.
— ¡¿Qué?! —los tallos de algunas flores crecieron de más detrás de Taehyung y las ramas de los árboles empezaban a amenazar cualquier ser vivo cerca del hada y su furia. Furia que asustó a los humanos presentes de forma notoria para los dos menores y casi invisible con Yoongi.
Jimin intervieno moviendo las plantas y posándose frente a su amigo. Con una expresión avergonzada.
— Empezamos mal...
Jimin conocía a su amigo, se había criado con él, y el tiempo que estuvieron juntos le enseñó que el hada tiene muy poca paciencia con ajenos cuando se trata de invadir su paz. Lo había visto varías veces ser demasiado sádico para su gusto con personas viajeras que se perdían dentro del bosque, había dejado que él solucionara los problemas por miedo a meterse con los aterradores humanos que tanto odian sus amigos.
Para sorpresa de todos, quien intervieno fue Jungkook.
— Quiero creer que tu nombre es Jimin y tu amigo es Taehyung ¿v-verdad? —habló bajito el menor del grupo intruso apenas logrando mantener el contacto visual.
— Así es, y tú eres Jungkookie. —sonrió para los presentes—. ¿Y tus amigos?
— Él es Yoongi Hyung. —contestó señalando al hombre a su lado mirarlo con cierto sentimiento fastidiado.
La mirada felina cayó en Jimin y el mismo se hizo agua cuando una sonrisa ladina se le dió. Min Yoongi no era un amargado como sus mayores ni era tan nervioso como sus amigos. Era algo tan poco y demasiado que Jimin quería saturarlo de preguntas.
— Me puedo presentar yo sólo, Jeon.
La voz del joven con piel de leche era diferente, no era tosca ni dulce, no era amarga o grave en tonos demasiados bajos. Pero tampoco era dulce como la suya. Era un bonito equilibrio donde podías notar las vibraciones de sus cuerdas como un ronroneo.
A Jimin le llamaba la atención que aquel hombre se viera relajado con ellos.
Confianza.
Sólo tenía confianza en su lugar en este momento. Ya había sido golpeado, secuestrado y regañado. Aún así no se rindió.
Yoongi no mostraba sus debilidades aunque el elfo frente a él con ojos de cordero degollado fuera un libro abierto. Porque Jimin era un libro abierto a sus ojos y de color amarillo como un pollo.
Bueno...
No era amarillo totalmente, pero su melena, su ropa y su piel con tonos similares eran suficientes para decir que era amarillo.
— ¡Hombre, te hablo! Mi nombre es Jieun, Lee Jieun. —la mano extendida hacia el se quedó ahí, en el aire hasta que el rubio tomó su mano con ambas manos sin saber que hacer con ella. Jaló la mano para si mismo mirando a la chica con extrañeza—. Eres raro.
— ¿Yo? —preguntó ceñudo—. No es cierto, eres tú la rara.
— ¿Disculpa?
— Das una mano pero no necesitas ayuda.
Jieun se aguantó la carcajada.
— Es un saludo, niño rarito.
— Para eso existen las palabras. —una risa acompañó el final de sus palabras con una bonita sonrisa que llamó la atención del elfo. Yoongi se burlaba de su amiga y la mujer sólo pudo verlo totalmente indignada.
— Claro, también existen los pies para caminar y tu amigo decide usar sus alas de mariposa todo-lo-puedo.
— Los pies son para sostenerse. —soltó Jimin con obviedad mirando ceñudo a Jieun.
— ¿Entonces tu amigo no sabe caminar?
Jimin se ofendió poquito.
— ¡Claro que sabe! Mejor que todos nosotros, es el mejor caminador de todo el bosque y sabe usar sus pies mejor que nadie aquí, nació para caminar y...
Taehyung no sabía donde meterse en ese momento con su elfo discutiendo lo más estúpidl del mundo siendo un chiste para el hombre blanco y la mujer que discotía con él.
— Jiminie, no es necesario. —Jimin lo miraba apenas con una mano en su hombro dándole y demostrando su apoyo.
— Eres el mejor caminando. —dijo con seriedad.
— Claro, tú también eres muy bueno. —Taehyung se distrajo con la carcajada que se escapó de los vinos labios femeninos. Jieun se tapaba la boca con fuerza sin quererse reír realmente mientras su compañero parecía no tener voz porque estaba riendo mudo—. ¿Y a tí que tanta gracia te da?
El gorgoneo de Yoongi era lo único que evidenciaba su risa mientras que para Jieun era más complicado poder dominar el arte de reír sin reír. Le dió una mirada burlona.
— La suficiente para reírme, ¿no crees?
Taehyung no estaba aquí para aguantar mujeres insolentes que no podían respetar a nada ni nadie. Si no podía simplemente dejar de burlarse del elfo, menos lograría mostrar respeto a los soberanos de ese lugar. Jimin se preguntaba que era lo gracioso y como volver a provocarlo para descubrir como el chico de la cicatriz no emitía sonidos ni para algo tan inevitable como una carcajada. Taehyung se enderezó mucho más y los miró con notable desprecio.
— Que insolente mujer eres. Tengo conocimiento que a tu especie no le agrada una mujer tan desigualada como lo eres tú, y menos a una que viste tan mal.
Jieun levantó la ceja, interrogante, mientras su equipo miraba a Taehyung con los ojos abiertos a más no poder. Probablemente Jungkook palideció poquito.
— Yo no uso taparrabos y hojitas pasadas como ropa. —sonrío con sorna.
— No. Usas ropa rota, sucia y vieja que probablemente lleva contigo desde la pubertad.
Jieun se sonrojó. Tal vez de la vergüenza o la ira. Jungkook soltó un chillido enterrando su rostro en sus manos mientras que Jimin se acercaba disimuladamente a Yoongi. Mismo que se ofendió en nombre de los tres y cortó más su distancia señalando a Taehyung con un dedo.
— ¡No puedes hablarle así a una mujer!
Taehyung tenía ese porte que tanto odiaban los hombres como Yoongi. Hombres que habían sido humillados incontables veces y menospreciados por no nacer en cuna alta o habilidades que los ayudarán a escalar. Odiaba cuando los hombres lo veían de esa forma, como si juzgarlo los hiciera sentir mejor, si su existencia no fuera necesaria para nada ni nadie y el día de su muerte nadie le importaría poco su partida.
Esos ojos que podían ver su misería. Como si...
— ¿Y una mujer sí puede hablarme así?
— Estás siendo desagradable desde un inicio, te lo mereces. —contestó tosco.
— Déjame entender tu poco razonamiento humano que para tí es el más inteligente por sobre todas las especies incluyendo la mía. Vas a juzgar todo lo que haga y diga mientras pones excusas a tus acciones como si las mías detonarán las tuyas porque al parecer mi opinión es tan importante para tu orgullo que con el más mínimo acto mío, tú vas a tirarme algo con intentos de ser mucho peor. Porque estoy lastimando los sentimientos de una simple mujer que no le importó los sentimientos de otros cuando se burló abiertamente de la situación aún cuando mi amigo ha estado procurando por si comodidad desafiando mis palabras.
— Mira y escucha...
— No, no, no. Mira y escucha tú porque aún sigo hablando. Que descortés. No sólo estás invadiendo mi bosque, si no también estás aquí para mancillar nuestro entorno y quitarnos la paz que claramente vivía antes de ustedes. Estamos siendo tolerables, pero como es costumbre, tú eres igual al resto de humanos que pasan por aquí, sólo piensan en ellos, en lo que quieren y a veces, en lo que tienen. No ven más allá que sólo su espacio.
Se quedaron callados. Todos.
Taehyung los miró con coraje y partió. Jimin se quedó un momento más mientras los veía irse en silencio.
Jimin nunca había conocido a un humano, y el grupo de tres que para él era una visita, aunque para el pelirrojo veía muy de cerca al joven azabache nervioso eran una amenaza.
Quería saber como el azabache llamado Jungkook había conseguido esos colgantes en su cabello y cuello, como es que el hombre de nombre Yoongi había ganado ese corte en su rostro y como Jieun, Lee Jieun había hecho que sus párpados brillaran y sus labios se vieran más rojos de lo normal.
Muy bonito.
Aunque también tenía que avisarles que sus camas se perdieron en la pequeña tormenta que creó Hoseok para atrapar a Yoongi. Pero primero quería saber el secreto para los labios rojitos.