Uno
El único camino a la vida es la muerte.
El sonido del timbre anunció el inicio del día. Como siempre, los pasillos estaban llenos de murmullos, risas y ese caos que nunca cambia. Para mí, todo esto era parte del fondo; mi mente estaba en otro lado, pensando en la reunión que teníamos más tarde con la banda.
Violet había insistido en practicar esa tarde para el evento del fin de semana, y, aunque era pesada con sus exigencias, no podía decir que no. Después de todo, tocar la batería era lo único que realmente disfrutaba. Así que, mientras la gente murmuraba sobre la chica nueva que había llegado al instituto, yo estaba repasando mentalmente los compases de nuestra canción más reciente.
Fue durante la segunda clase cuando la vi por primera vez. Mel, así la presentó la profesora. Pelo lacio, ojos grandes y una postura que gritaba “no quiero estar aquí.” Se sentó en la última fila, justo frente a Violet. No le presté demasiada atención; había otras cosas más importantes en las que pensar, como qué tan molesta sería Violet si llegaba tarde a la práctica.
Durante el almuerzo, pasé junto a su mesa. Estaba sola, pero no fue algo que me llamara la atención. En el instituto, ser nuevo casi siempre significaba estar aislado hasta que alguien decidiera adoptarte. Yo mismo lo había visto antes. Pero mi mente seguía ocupada en otras cosas: acordes, baquetas, el ritmo de la próxima canción.
—¡Jayce! —gritó Violet desde el otro extremo del comedor. Su voz siempre destacaba, como si el lugar fuera suyo. Me acerqué a donde estaba sentada con Luxanna y Ezreal. Violet ya tenía su guitarra en la mano, como si no pudiera esperar a tocar.
—¿Todo listo para hoy? —me preguntó.
—Por supuesto —respondí, con una media sonrisa.
Durante la última hora, no podía dejar de pensar en los ensayos. Violet había sido clara: no toleraría que llegáramos tarde ni que alguien no estuviera al cien por ciento preparado. Su perfeccionismo era agotador, pero parte de lo que hacía que nuestra banda funcionara tan bien. A veces me preguntaba por qué seguía soportando su actitud, pero después de unos cuantos acordes y sentir la energía de las canciones, todo valía la pena.
Mientras los profesores hablaban al frente del aula, mi mente divagaba entre el ritmo de los tambores y la idea del evento. Tocábamos en un festival local, nada demasiado grande, pero lo suficiente como para que empezara a llenarse de nervios. Aunque Violet lo fingiera, sabía que ella también los sentía. Lux, en cambio, estaba como siempre: tranquila, como si nada pudiera alterarla.
Cuando llegó el almuerzo, ni siquiera pensé en sentarme con alguien más que con ellos. Era automático. Ezreal ya había ocupado una mesa en la esquina y Lux estaba a su lado, escribiendo algo en su cuaderno.
—¿Qué haces, poeta? —le pregunté mientras me dejaba caer en una silla.
Luxanna levantó la vista apenas. —Nada que puedas entender —respondió con su típico tono calmado, arrancando una risa de Ezzy. Violet llegó unos minutos después, guitarra en mano como siempre. A veces me preguntaba si incluso dormía con ella.
Pasamos todo el almuerzo hablando sobre las canciones, los detalles del ensayo y el orden en que las tocaríamos. Alguien mencionó algo sobre la chica nueva, Mel, pero la conversación no duró más de un segundo antes de desviarse a algo realmente importante: la lista de canciones. Para mí, eso era lo único que importaba.
Después del último timbre, salí disparado hacia el garaje de Ezreal. Era nuestro lugar de siempre, el único lugar donde podía olvidarme de todo lo demás. Al llegar, Violet ya estaba ahí, ajustando su guitarra mientras lanzaba comentarios sobre lo tarde que llegábamos los demás. Lux estaba afinando su micrófono, y Ezreal probaba el bajo.
—Por fin llegas, Jayce —dijo Vi con una sonrisa burlona.
—Relájate, no he llegado tarde —respondí mientras tomaba las baquetas y me acomodaba en la batería.
La música llenó el espacio en cuestión de minutos, cada nota haciendo que me olvidara del instituto, de los profesores y de todo lo demás. La práctica fue intensa, como siempre, y cuando finalmente terminamos, no quedaba nada en mi cabeza excepto el eco de las canciones y el leve zumbido en mis oídos.
El día del evento llegó más rápido de lo que esperaba. Desde que desperté, la ansiedad estaba en el aire, aunque no la sentía como un peso. Para mí, era una chispa que corría por las venas, algo que me mantenía alerta. Vi nos había enviado mensajes desde temprano, asegurándose de que nadie olvidara nada. Lux, como siempre, respondía con frases sarcásticas, mientras Ezreal apenas contestaba con un “Ok”.
Llegamos al lugar con suficiente tiempo para la prueba de sonido. Era un espacio pequeño, un bar adaptado para presentaciones locales, pero eso no importaba. Apenas estábamos empezando, y cualquier oportunidad de tocar frente a un público era bienvenida. Ezreal empezó a conectar su bajo, moviéndose de un lado a otro con las manos temblorosas.
—¿Estás bien? —le pregunté, mientras acomodaba las baquetas sobre la batería.
Ez asintió, pero la expresión en su rostro decía lo contrario. —Sí, claro… solo… no quiero arruinar nada.
—No lo harás —dije con firmeza, tratando de transmitirle algo de la seguridad que yo mismo sentía. En el fondo, sabía que lo haríamos bien. Podía ver a Vi probando su guitarra con esa actitud arrogante que siempre tenía, como si el mundo ya le perteneciera, y Lux revisaba su micrófono con calma absoluta. Si ellas podían mantener la compostura, nosotros también.
Cuando las luces finalmente se encendieron y la música comenzó, la tensión desapareció. El ritmo de la batería era lo único en lo que podía concentrarme. Las baquetas golpeaban con fuerza, cada movimiento sincronizado con la energía de la banda. Me sentí invencible, como si nada pudiera salir mal.
En medio de una de las canciones, al levantar la vista por un momento, vi un rostro familiar entre el público. Mel estaba ahí, rodeada de algunos de nuestros compañeros del instituto. Había algo en su expresión que me llamó la atención, pero no lo suficiente como para distraerme. Volví a enfocar mi mirada en el tambor frente a mí, dejando que el sonido lo llenara todo.
Tocamos cinco canciones más, cada una más intensa que la anterior. Cuando finalmente terminamos, mis brazos estaban pesados, y el sudor corría por mi frente. Mientras recogía mis cosas, algunas personas del instituto se acercaron para felicitarme. No era algo a lo que estuviera acostumbrado, pero no me molestaba. Era extraño recibir tanta atención de golpe, pero también se sentía… bien.
Me serví una bebida de una de las mesas improvisadas en el lugar, dejando que el frío del líquido calmara la energía que aún corría por mi cuerpo. Sabía que no debía beber tanto, pero algo dentro de mí decía que una o dos copas no harían daño. Luego fueron tres, y después cuatro.
Sin darme cuenta, me encontré caminando solo entre la multitud, hablando con quien se cruzara en mi camino. Mis amigos habían desaparecido en algún punto, pero no me importaba. Las luces, las voces y la música de fondo se mezclaban en mi cabeza, creando una sensación que no podía describir.
Esa noche no pensé en nada más. No había problemas, no había preocupaciones, solo el ruido y la sensación de estar vivo en ese momento.
De alguna forma, el ruido y las luces me llevaron a lugares que no recordaba haber planeado. No sé cuántas copas llevaba ya, pero definitivamente más de las que pensaba tomar. No me sentía mal, al contrario, me sentía más suelto, como si todo lo que normalmente me pesaba se hubiera desvanecido en el aire cargado del bar.
Estuve hablando con un par de desconocidos, contando anécdotas que probablemente ni siquiera eran tan interesantes, pero todos parecían reírse. Hasta intenté hacer un truco con las baquetas que todavía tenía en mi mochila; obviamente fallé y terminé casi tirando una mesa, pero nadie parecía molesto. En mi cabeza, todo era un juego, y el control que solía mantener sobre mí mismo simplemente no existía esa noche.
En algún momento, me reencontré con los chicos. Violet estaba apoyada contra la pared con una bebida en la mano, luciendo esa actitud relajada que siempre lo hacía destacar. Ezreal aún parecía nervioso, pero al menos ya no estaba sudando. Lux, por supuesto, estaba igual de tranquila que siempre, como si todo esto no fuera nada nuevo para ella.
—¿Disfrutando tu gran momento, Jayce? —preguntó Vi con una sonrisa burlona mientras alzaba su vaso.
—Por supuesto, rockstar —respondí, con un tono que probablemente sonó más arrogante de lo que pretendía.
La conversación giró rápidamente hacia las chicas del instituto. Ezreal, todavía un poco inseguro, hizo un comentario sobre cómo algunas de las chicas no paraban de mirar a Vi y Lux durante la presentación.
—No es novedad —dijo Violet, encogiéndose de hombros. —Aunque, si Cait estuviera aquí, seguro habría intentado apartarlas.
Lux rió suavemente, y Ezreal trató de no escupir su bebida. Yo solo me quedé en silencio, observándolos mientras bromeaban sobre la eterna rivalidad entre Violet y Caitlyn.
Luego, de alguna manera, el tema cambió a Mel.
—¿Y qué tal la chica nueva? —preguntó Ezreal, levantando una ceja. —Parecía que estaba disfrutando el show.
—Es agradable —dije, sin mucho entusiasmo. Recordé la breve conversación que tuvimos el día anterior, pero no había nada más que añadir. Lo dije como si estuviera hablando del clima. Los demás siguieron hablando, pero mi mente ya estaba en otra parte.
Mientras ellos charlaban, mi atención se desvió hacia alguien más en la sala: un chico que no reconocía, de cabello café oscuro y mirada intensa. Había algo en su porte que lo hacía destacar, y antes de darme cuenta, ya me estaba acercando.
—¿Te gustó el show? —le pregunté, con una sonrisa que probablemente era más confiada de lo que debería.
Él me devolvió la sonrisa y comenzamos a hablar. Su voz era calmada, y aunque no recuerdo exactamente de qué hablamos, en ese momento pareció importante. Pero la conversación no duró mucho. Después de un rato, me di cuenta de que estaba empezando a aburrirme. Tal vez eran las copas, o tal vez simplemente no tenía la paciencia para mantener la charla.
Me despedí de él con un gesto vago y volví con los chicos, encontrándolos justo donde los había dejado, como si el mundo hubiera estado en pausa en mi ausencia. El cansancio comenzaba a instalarse, pero aún quedaba algo de energía para seguir disfrutando la noche.