Capítulo 01
Compañero. Compañero. Compañero. Las palabras surgieron en la mente de Lee Jeno y su cuerpo se tensó, el dolor en su entrepierna se intensificó lentamente.
Dobló su cuello de lado a lado, mientras observaba el paisaje que tenía delante. La ciudad se extendía en el horizonte, las luces arrojaban una neblina resplandeciente por encima del poblado humano y efectivamente bloqueaban a todos, excepto a las estrellas más brillantes. Eso no le gusta nada. Pero con el calor corriendo por sus venas, necesitaba lo que había dentro. Cuerpos cálidos y dispuestos. Todos los olores pútridos, charlatanería ruidosa y frustración en general, eran una molestia necesaria.
Acomodando su mochila en su hombro, se dirigió hacia el puente que conectaba el bosque a la ciudad. Sabía exactamente hacia dónde se dirigía, con su sensible nariz guiándolo. El año pasado, había llegado antes de que su calor se estableciera y exploró mejor la ubicación para obtener a muchos machos. Un área se elevaba por encima de todos los demás, los lugareños lo llamaron distrito Castro. Para la humanidad, era un lugar lleno de historia y progreso, pero para él era un medio para rascar una picazón persistente.
Sus botas golpearon el hormigón, mientras pasaba por el puente Golden Gate, su atención se movía en un millón de direcciones, mientras veía la vida suceder a su alrededor. Después de haber vivido una existencia solitaria, en su bosque, durante cien años, estaba acostumbrado a la paz y tranquilidad de su casa en los bosques. Pero aquí, el retumbar de los motores de los coches y sus bocinas, el parloteo de innumerables conversaciones era abrumador. Por no hablar de la gran cantidad de olores. Sintiendo desprecio por el olor de aceite y humo, continuó. Reconoció la mezcla única de ingredientes de un conjunto de perritos calientes y el olor débil y bien acogido de la florería de al lado. Los puntos de referencia que había aprendido de memoria lo guiaron y pronto se encontró en la calle Market.
A pesar de que los seres humanos eran principalmente diurnos, las calles estaban vivas con tanta actividad. Hombres y mujeres acudían en multitud, vestidos con una variedad de ropa colorida. Siempre había algo que celebrar. Le reconocería a estos seres humanos una cosa, sabían cómo disfrutar de la vida. No podía recordar la última vez que había sido realmente feliz. Le gustaba la tranquilidad de su hogar, pero últimamente se había vuelto... solitario. Los cambia-formas por naturaleza eran criaturas sociales y sólo podía tolerar su propio reflejo durante un tiempo. El calor había mantenido esa fría sensación en la bahía cuando se veía obligado a calmarlo. A medida que pasaban los años, se encontró con deseos de acortar la distancia con San Francisco.
Un macho, vestido con pantalones vaqueros apretados que destacaba su apretado paquete, lanzó los Oh-si ojos.
—Hola guapo. ¿Vienes para unirte al lado oscuro? Tenemos galletas.
Alzando sus fosas nasales, captó el olor del hombre. Nop. No era su tipo. Simplemente negó con la cabeza y continuó, sabiendo que no pasaría mucho tiempo hasta que encontrara la combinación correcta de aromas químicos, cuerpo y rasgos faciales para acariciar el fuego que rugía a través de él. Diablos, cualquier hombre lo haría realmente.
No eran más que agujeros pasivos, para él, en este momento. Abriéndose paso a través de la multitud, el duro golpeteo de la música techno lo atrajo y penetró en la densa atmósfera de un club nocturno. Deslizó sus pálidos ojos sobre las decenas de cuerpos buscando al correcto. Muchos de los hombres estaban en forma, bien musculosos, sus cuerpos brillaban de sudor. Inhaló profundamente, tomando nota de unos tentadores aromas, pero ninguno logró acariciar ese lugar especial. Su animal parecía exigente esta noche.
Todavía tenía tiempo. Su existencia solitaria lo había hecho paciente. Encontraría al que haría clic con su naturaleza; El macho que seduciría cada uno de sus sentidos, hasta que pensara que perdería la cabeza; El que garantizaba calmar la llama. Sólo necesitaba relajarse y disfrutar de la caza.
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Na Jaemin suspiraba, mientras se hundía en su cutre sofá y se quitaba los zapatos. El trabajo había sido una perra. Un dolor de cabeza estaba estableciéndose detrás de sus ojos como antesala a una noche miserable. Horas y horas de mirar líneas de código tampoco ayudaban. Pero el rubor que revoloteaba sobre su piel prometía algo mejor. ¿Ya era septiembre? Cristo, pero estaba sobrecargado de trabajo. Pensó que no había comido mucho la semana pasada, debido a que pasaba todas sus horas de vigilia observando un proyecto. Entonces se acordó de engullir todo lo que podía encontrar antes de eso. Era un ciclo con el que se había familiarizado.
A medida que se daba cuenta de que era esa época del año, lo impactó, la tensión en su cerebro se alivió y se disparó, sintiéndose extrañamente lleno de energía. Se dirigió al cuarto de baño, dejando un rastro de ropa en el piso de su apartamento. Entró en la ducha, el calor del agua aflojaba aún más sus músculos. Mientras se dedicaba a limpiar cada rincón, su po*lla se agitaba. Sip. Época del año. Por lo general, se frotaba una vez por semana, pero durante un corto período de tiempo en septiembre, se volvía insaciable.
Y un carajo más confiado. Un friki por dentro y por fuera, su autoestima a menudo recibía un golpe cuando veía a hombres y mujeres a su alrededor encontrar a alguien para llevar a casa para pasar la noche, mientras él se quedaba sentado en la esquina, mirando a su alrededor con la esperanza de que alguien lo notara. Era torpe, tímido y aparentemente poseía todas las cualidades para alejar a posibles compañeros.
—¿Compañeros? —Se preguntó, mientras se detenía en su camino de la ducha al espejo. Culpó a su extraña elección de palabras a demasiado Crocodile Dundee. Malditas maratones de películas. Que decía bastante, sobre que no tenía una vida. Pero esta noche sería diferente. Era como si algo profundo dentro suyo se encendiera, sacando una parte de él que estuvo enterrada durante mucho tiempo.
Hace ocho años, había saboreado lo que a él le gustaba llamar en broma “su enamoramiento” a la tierna edad de diecisiete años. Desde entonces, había llegado a esperar estos tiempos en los que no tenía que preocuparse de tropezar con sus propios pies o decir algo tonto. Haciendo correr la toalla por su delgado torso, miró su reflejo, su piel humedecida por la ducha. Se sentía sexy durante estos tiempos... como si pudiera competir con el resto del mundo, por ser el tipo más caliente de la habitación. Una sonrisa astuta se arqueó sobre sus labios y corrió a prepararse, ansioso por salir a la calle.
Eran casi las ocho, cuando abandonó su pintoresco apartamento. Decidió caminar los tres kilómetros hasta la calle Market. La noche del verano era cómoda, pero su piel estaba caliente y sensible, el aire más fresco era muy bienvenido. Mientras caminaba podía sentir el algodón de su camiseta que se movía a través de su cuerpo, el sentido del tacto lo hacía consciente de cada pequeña cosa. Observó, a su paso, las luces por encima de él, el zumbido de electricidad cosquilleando en sus oídos. Percibía todo aún más, el tacto, gusto, olor, oído. Era como si una parte primaria de su cerebro se hubiera activado.
Cuando se acercó a su destino, miró a los hombres que se sacudían. Deslizó los ojos sobre un grupo de papis de cuero que se dirigían a un bar y luego miró a un hombre de negocios que salía de su costoso coche extranjero. Rico. Maravilloso. Al parecer, no de su tipo. A pesar de estar lo suficientemente caliente como para joder en una pared, muy pocos chicos le hacían cosquillas a su erección y a menudo se conformaba con el segundo mejor sólo para bajarla. Tenía la sensación de que esta noche iba a ser diferente. Algo crujía en el aire como la electricidad estática, su cuerpo zumbaba y el olor de algo... delicioso permanecía como una nube de galletas recién horneadas.
Mientras se acercaba a un club nocturno en el que no había estado antes, su nariz se encendió al tomar ese olor. Era más fuerte aquí, concentrado. Olía a almizcle masculino, dulce y salado y tentador. ¿Colonia? Algo mejor. Cuando entró en el edificio, levantó la cabeza para observar su entorno. Era como cualquier otro club, docenas de hombres jóvenes y calientes bailando toda la noche. Los golpes de la música techno dura se hundieron en su cuerpo y su corazón dejó ir. Observó a varios hombres sin camisa que animaron su interés, pero ninguno de ellos parecía tener ese factor de ‘oomph’ que estaba buscando. Tenía que haber alguien... sólo un hombre que pudiera satisfacer el fuego que ardía por dentro de él.
Sintiéndose sediento, se dio la vuelta para dirigirse al bar buscando algo frío y húmedo, se paró en seco, un cuerpo enorme bloqueaba su camino. Brillantes ojos dorados se abalanzaron sobre su rostro y se deslizaron por su cuerpo. El monstruo de hombre inclinó la cabeza hacia un lado, como si encontrara algo curioso acerca de él.
Una lengua rosa pasó por el labio inferior del hombre, dejando un rastro de humedad en su camino y él quería desesperadamente probar esa carne suculenta. Su corazón golpeó a su vez con su po*lla que se endurecía rápidamente, mientras el extraño se quedaba allí, follándolo con los ojos. Era erótico y... no lo suficiente.
El tipo tenía más ‘oomph’ que oomph.
—¿Bebes? —Preguntó, luego se aclaró la garganta. —¿Puedo invitarte una copa?
El pecho del hombre se elevó como si estuviera tomando un gran aliento y se dio cuenta de que era todo puro músculo, los brazos del hombre abultados contra su camiseta negra simple. Estaba seguro de que gimió ante la idea de estar enjaulado por todo ese poder. Podía ver en su mente esos grandes brazos que lo sostenían cerca, un estómago apretado que se frotaba contra él, su pálida piel que se encontraba contra el cuerpo duro de este hombre.
Aquellos tentadores labios se separaron y observó cómo se movían, mientras hablaba. ¿Cómo se sentirían esos labios besando su cuerpo? Al darse cuenta de que el hombre había dicho algo, forzó su atención a sus peculiares ojos.
—Lo siento. Mucho ruido.
El extraño simplemente inclinó la cabeza hacia un lado y él lo siguió hacia el bar donde estaba un poco más tranquilo. Deslizó su atractiva figura sobre un diminuto taburete de bar, su atención nunca apartándose de él. El familiar sentimiento de intimidación lo mordió, pero no iba a dejar que su incomodidad se interpusiera.
Dejó caer su culo en el taburete junto al hombre y preguntó.
—¿Cómo te llamas?
—Jeno —dijo simplemente el tipo. Parecía salvaje, como si estuviera al borde de explotar. Feroz.
—Jaemin. —Señaló a la selección de bebidas. —¿Cuál eliges?
Jeno se deslizó del taburete de repente y se detuvo frente a él, los muslos del hombre rozándole las rodillas. Tragó un bulto del tamaño de un puño, pero no apartó los ojos del hombre. Oh sí. Estaban volviendo a casa juntos y muy pronto, aparentemente.
—¿Saltémonos la copa? — Preguntó, con voz ronca.
Jeno asintió con la cabeza, sus ojos vagando a un lado, por un momento, como si estuviera explorando la salida más rápida. Siguió su línea de visión y vio la puerta trasera. Miró a Jeno que empezó a caminar.
Fue rápidamente tras él, su po*lla golpeando fuerte ante la idea de conseguir ser follado por un individuo grande y magnífico. Jeno irrumpió por la puerta, casi sacándola de sus bisagras. Una risa burbujeó dentro suyo, mientras miraba la puerta.
Había algo acerca de los hombres súper musculosos rayando en lo duro, que lo golpeaban en el lugar correcto…
Jadeó cuando Jeno lo agarró con no demasiada delicadeza y lo apretó contra la pared, el abrasivo ladrillo encendió su piel. Su cuerpo más pequeño, rodeado de puro músculo, No podía hacer nada más que mirar con los ojos abiertos cuando Jeno se inclinó.
¡Oh, mierda, sí! Necesitaba probar esos labios, esa lengua, necesitaba... Jeno le rozó con la nariz el cuello e inhaló. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ese olor que había rastreado era aquel hombre. Cerrando los ojos, se concentró en el cálido aliento de Jeno, mientras se deslizaba sobre su piel. Su po*lla se endureció.
¡Hola, locura!