Capítulo I
— ¡Ha vuelto, Voldemort ha vuelto! —
Sus sentidos se vieron invadidos por una sensación abrasadora, como si el fuego mismo hubiera encontrado refugio en su piel, avivando el rubor en sus mejillas hasta convertirlas en un mar de carmesí. La escena a su alrededor parecía desdibujarse en el tiempo, cada movimiento adquiriendo una cadencia lenta y tortuosa. Harry Potter, el de valentía y esperanza, era arrastrado sin piedad por las garras del destino, tirado por el profesor cojo cuya figura incompleta era un eco siniestro de la tragedia que se desplegaba.
Los sollozos desgarradores del padre de Cedric Digory reverberaban en el aire, mezclándose con el lamento de aquellos que veían desvanecerse a un ser querido. El joven cuya luz irradiaba en cada rincón del colegio, ahora yacía inerte en el suelo, su piel pálida como el mármol, testigo mudo de la crueldad del destino que arrebataba vidas inocentes en un torbellino de desesperanza y dolor.
El firmamento se extendía sobre el lugar en una profunda penumbra, como si el mismo cielo reflejara el pesar y la desolación que envolvían la atmósfera circundante. Sin embargo, para la muchacha, esta oscuridad era solo un telón de fondo insignificante frente al fuego interno que la consumía. Uno que, lejos de apagarse con la tragedia que presenciaba, la embriagaba con un calor febril, una excitación que luchaba por contener bajo una máscara de serenidad.
Aunque la muerte de un joven en el torneo de los Tres Magos, celebrado en el seno de su colegio, le importaba escasamente, su mente y corazón estaban absortos en la presencia de aquel ser maligno y poderoso que, al parecer, segó la vida del muchacho. Esta dualidad de emociones, el desapego frío hacia la tragedia ajena y la turbia ilusión por la fuerza implacable que había actuado, creaban en su interior un conflicto sombrío, una danza macabra entre la indiferencia y la fascinación por lo oscuro y desconocido.
Una mano se deslizó sutilmente por su figura, como si el dueño de esa extremidad estuviera ajeno a la sed de poder que se apoderó de ella en ese instante. Una sed voraz, un anhelo insaciable de dominio y control que la dejaba extasiada ante la presencia de aquel individuo que, en un acto macabro de resurrección, había regresado a la vida a expensas de otro.
El trayecto ascendente de esa mano se detuvo abruptamente antes de alcanzar su zona más íntima, y la dura realidad se estrelló contra su rostro como una bofetada de lucidez. Ya no estaba sola en su burbuja de deseos oscuros y egoístas; en cambio, se encontraba rodeada por una multitud de estudiantes, representantes de su escuela y de otras dos instituciones mágicas.
Con un gesto rápido y casi imperceptible, retiró la mano que había detenido su avance sobre su vientre, consciente de la inoportunidad y el peligro de sus impulsos en medio de aquel tumulto de curiosos y testigos. Con la mente agitada por la adrenalina de lo prohibido y la necesidad de ocultar su verdadera naturaleza, se escapó de la escena, dejando atrás el escándalo que sus compañeros comenzaban a desatar en ese lugar impregnado de secretos y sombras.
Necesitaba encontrar un remanso de soledad, una pausa en el torbellino de emociones que la maldición latente en su sangre había desatado, desencadenando sensaciones desconocidas y turbias en su cuerpo. Con pasos decididos, se adentró en un pasillo envuelto en sombras, ajena a su ubicación exacta pero consciente de la proximidad de la tercera prueba del torneo que provocó caos y peligro en el colegio.
A medida que avanzaba, el eco de voces distantes retumbaban a su alrededor, fragmentos de conversaciones y gritos que se entrelazaban en un murmullo inquietante. Reconoció entre ellos la voz aguda de un compañero de su mismo curso, cuyo nombre resonaba en sus oídos como un eco ominoso de eventos recientes. Junto a él, el eco de la discordia y el caos se desplegaba una sombra persistente, recordándole que, incluso en la búsqueda de soledad, el mundo exterior seguía vibrando con sus propios conflictos y secretos oscuros.
La escena que se desplegaba ante sus ojos desafiaba toda lógica conocida, sumiendo su mente en un abismo de desconcierto y temor. Harry Potter, el legendario héroe que había desafiado a la oscuridad una y otra vez, ahora era rescatado por la mano salvadora de su director y un séquito de profesores que parecían haber emergido de las sombras en un acto de urgencia desesperada. ¿Qué fuerza oscura, qué cataclismo insondable logró precipitar esta situación?
La sorpresa de la joven se intensificó al presenciar la transformación de un individuo que se creía desaparecido, un ser envuelto en misterio y leyendas, que resurgía de las profundidades del olvido para ocupar el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. ¿Cuáles secretos insondables aguardaban detrás de este regreso, qué sombras y peligros acechaban bajo la apariencia de normalidad en el colegio? El velo de incertidumbre y amenaza se cernía sobre ellos, anunciando tiempos oscuros y desafíos desconocidos que desafiaban incluso la imaginación más osada.
Su piel se vio sacudida por una oleada de fervor que se propagó como fuego voraz, avivado por los gritos siniestrss de aquel mortífago que desafiaba a Harry Potter con una confianza macabra. Las palabras retumbaban en su mente, un eco ominoso de la verdad que se revelaba ante ellos.
—¿Loco yo? —gritó el mortífago con desdén, sus palabras teñidas de desafío y oscuridad—. ¡Ya veremos quién es el verdadero poseedor de la locura! ¡El Señor Tenebroso ha regresado, y yo estaré a su lado para presenciar tu caída, Harry Potter! ¡Has fracasado ante él, y yo te superaré!
La lujuria y la incredulidad luchaban en su interior, amenazando con desbordarse en un grito de horror o un gemido de éxtasis ante la confirmación de que el Señor Oscuro había regresado. Con gesto frenético, su mano buscó refugio en sus labios, silenciando el tumulto de emociones que amenazaban con escapar. La presencia tangible del mortífago, sus palabras cargadas de fanatismo y lealtad a la oscuridad, eran la prueba contundente de una realidad que no podía ser ignorada ni negada. El regreso del terror, la sombra que se alzaba una vez más sobre el mundo mágico, era una verdad ineludible que se manifestaba frente a ellos con una claridad aterradora.
Se mantuvo oculta en las sombras de su escondite, sedienta de información sobre el resurgimiento de Lord Voldemort, que había regresado para sembrar el caos y el terror. Desde su posición privilegiada, observó con ojos ávidos cómo el profesor que guió sus pasos durante aquel año era arrastrado por las garras de la oscuridad, llevado por los seguidores del renacido Señor Oscuro hacia un destino desconocido y seguramente macabro.
El traslado de Harry Potter a la enfermería resonó en su mente como un eco de fragilidad y desesperación, recordándole la vulnerabilidad incluso del héroe más célebre de su tiempo. Pero lo que la dejó perpleja, lo que sacudió sus cimientos y estremeció su comprensión del mundo, fue la revelación de la doble vida de Severus Snape.
El velo de secretos se desgarró frente sus ojos, revelando a su tutor el cual era un agente doble, una pieza clave en el tablero de ajedrez donde se libraba una guerra entre fuerzas opuestas. Sirviendo tanto a Voldemort, encarnación del mal supremo, como al director Albus Dumbledore, bastión de la luz y la resistencia, Snape personificaba la complejidad y la ambigüedad moral de un mundo sumido en las sombras y la traición. La sorpresa se mezcló con el temor en su corazón, mientras la verdad se revelaba ante ella en toda su oscuridad y desesperanza.
No podía soportar la agitación que la embargaba, el peso de la verdad revelada por las confesiones clandestinas de su profesor y director resonaba en su mente cual cántico de desesperación. Escuchar sobre los planes futuros, las estrategias siniestras que se tejían en las sombras ahora que Lord Voldemort había regresado a la esfera de los vivos, era como enfrentarse a un abismo de incertidumbre y peligro inminente.
Los murmullos de sus superiores se desdibujaron en un vago eco de conspiraciones y advertencias, mientras ella se encaminaba con paso pesado hacia las mazmorras, donde se resguardaba la sala común de su casa. La noche envolvía el castillo en su manto oscuro, un silencio inquietante que contrastaba con la turbulencia emocional que la había consumido desde la revelación de los oscuros designios en marcha.
El camino hacia las profundidades del castillo era un sendero solitario, desprovisto de la presencia reconfortante de sus compañeros de colegio. La ausencia de alumnos en aquel momento, probablemente influenciada por el reciente suceso que había sacudido los cimientos de la seguridad y la confianza, añadía una capa adicional de sombras y misterio al ambiente. En cada sombra proyectada por las antorchas titilantes, en cada susurro del viento que se colaba por las rendijas de las ventanas, percibía la imponente oscuridad de un futuro incierto y amenazante.
Se tomó un respiro para despejar la neblina que envolvía su mente, esa bruma de deseos y emociones turbias que la maldición de su sangre había desatado, sumiéndola en un torbellino de sensaciones que rara vez experimentaba.
La maldición que la aquejaba era una fuerza ancestral y prohibida, un poder tan antiguo y tabú que había sido transmitido a través de generaciones, una herencia maldita que la marcaba como portadora de un legado oscuro. Su linaje estaba manchado por la imprudencia y la ambición de un antepasado temerario, un alma insensata que osó desafiar a la poderosa y vengativa bruja llamada Circe.
Poco se revelaba acerca de la maldición que pesaba sobre su linaje, una sombra densa y enigmática que ocultaba secretos oscuros y temores profundos. Se sabía, sin embargo, que cada descendiente de aquel mago imprudente se convertiría en un cascarón vacío, un ser despojado de emociones genuinas y de la capacidad de amar. Como lo fue su antepasado, ansioso por alcanzar el poder de una maga o bruja tan formidable, pero condenado a un destino de anhelo insatisfecho y obsesión enfermiza.
Poco se revelaba acerca de la maldición que pesaba sobre su linaje, una sombra densa y enigmática que ocultaba secretos oscuros y temores profundos. Se sabía, sin embargo, que cada descendiente de aquel mago imprudente se convertiría en un cascarón vacío, un ser despojado de emociones genuinas y de la capacidad de amar. Como lo fue aquel antepasado, ansioso por alcanzar el poder de una maga o bruja tan poderosa como Circe, pero condenado a un destino de anhelo insatisfecho y obsesión enfermiza.
La maldición no solo les privaba de la alegría y la pasión, sino que los condenaba a una existencia marcada por la búsqueda desesperada de la aprobación y el reconocimiento de aquellos a quienes consideraban superiores, una lujuria insana. La figura legendaria de Circe se alzaba como un faro distante e inalcanzable, una fuente de inspiración distorsionada que alimentaba su sed de poder y dominio.
Sin embargo, en ese oscuro pacto con la maldición, el amor no tenía cabida. No había lugar para la ternura ni para los lazos emocionales genuinos; en su lugar, reinaba una obsesión insana, alimentada por la lujuria y el deseo de posesión. La búsqueda de poder se entrelazaba de manera inextricable con la necesidad desesperada de sentirse parte de algo más grande, una pertenencia distorsionada que los mantenía atados a un ciclo interminable de vacío emocional y desesperación sin fin.
Cada miembro de su familia que conoció en su vida compartía la misma condición, un reflejo sombrío de la maldición que los mantenía prisioneros de su propia existencia. Nunca había tiempo para una sonrisa genuina, un abrazo cálido o una caricia afectuosa; en su lugar, reinaba la ambición desmedida, el ansia voraz de acumular poder y brillar junto a una pareja elegida por conveniencia y utilidad.
A lo largo de los años, la joven se había sumergido en una búsqueda obsesiva en busca de un mago poderoso que pudiera llenar el vacío emocional que la maldición dejó en su corazón. En su mente atormentada, Hogwarts se convertía en el escenario de su desesperada demanda, un lugar donde las alianzas y las conexiones se tejían en una red intrincada de intrigas y manipulaciones.
Cada paso que daba en los corredores del castillo resonaba con el eco de su soledad y su anhelo insatisfecho, mientras observaba a sus compañeros de colegio tejer sus propias redes de poder y ambición. En un mundo marcado por la oscuridad y la traición, la joven se aferraba a la esperanza frágil de encontrar algún atisbo de amor verdadero o, al menos, una compañía que pudiera mitigar la desolación de su alma atormentada.
Decepcionada era apenas una palabra superficial para describir el abismo de desilusión que la envolvía al percatarse de la escasez, prácticamente inexistencia, de magos que pudieran despertar en ella un verdadero sentido de admiración y respeto por su poder. Durante sus años en Hogwarts, únicamente tres figuras habían logrado capturar no solo su atención, sino la de casi toda la población femenina (y algunos masculinos) del castillo. El primero y obviamente destacado de ellos era sin duda Harry Potter, el “niño que vivió” y que logró derrotar al temible Lord Voldemort, el mago más oscuro y aterrador de todos los tiempos. Aunque en apariencia pudiera parecer un adolescente promedio, destacaba por su excelencia en asignaturas como Defensa Contra las Artes Oscuras y por ser el mejor buscador de Quidditch que el colegio vió en décadas. Sin embargo, su reputación también estaba marcada por una inclinación constante a meterse en problemas de cualquier índole, desafiando peligros y límites con una audacia que rozaba lo temerario.
Él, como el Gryffindor que era, y acompañado por su amiguito el Weasley, detestaban a las personas de su casa, incluyéndola a ella. Gracias a esto, su existencia nunca le interesó a menos que fuera para referirse a ella como “mortífaga”, un término cargado de desprecio y hostilidad que reflejaba la división profunda entre las casas de Hogwarts y la animosidad latente en el ambiente escolar.
No muy lejos de Harry Potter, seguía los pasos Draco Malfoy, el muchacho de su misma casa que ostentaba un extenso historial de linaje Sangre Pura, marcado por una riqueza ancestral, una reputación inflexible y una posición privilegiada en el mundo mágico. Este tenía todo lo que podía desearse: poder político, una historia familiar ilustre, una fortuna considerable... Sin embargo, desde el primer día en Hogwarts, la despreció y la trató con desdén, relegándola al estatus de una insignificante hormiga cuya existencia ignoraba.
El aura de superioridad y arrogancia que rodeaba a Draco lo convertía en un ser temido y admirado a partes iguales, su influencia y su presencia imponente resonaban en cada rincón del castillo. Aunque muchos lo veían como un modelo a seguir, un símbolo de la pureza de sangre y la tradición, para ella representaba una sombra amenazante y despiadada que oscurecía su camino en Hogwarts.
La dinámica de ellos era un reflejo de la división profunda que existía en la sociedad mágica, una brecha insalvable entre las élites privilegiadas y aquellos considerados como inferiores. La mirada fría y despectiva de Draco era un recordatorio constante de su lugar en ese mundo dividido, una realidad cruel que le recordaba que, a pesar de sus propios talentos y aspiraciones, siempre sería vista cual intrusa en el círculo cerrado de los Sangre Pura.
Cerrando el círculo de figuras que marcaron su experiencia en Hogwarts, se encontraba el agradable y simpático Cedric Diggory. Desde el primer momento, algo en él había capturado su atención y despertado cierto interés. Su carisma y amabilidad lo convertían en un faro de luz en medio de la oscuridad que rodeaba el mundo mágico. La sorpresa y alegría fueron palpables cuando Cedric fue elegido como uno de los campeones para el torneo de los tres magos, un honor que generó un torrente de apoyo y admiración, incluso entre aquellos que sentían antipatía hacia el pequeño y aparentemente mediocre Harry Potter.
Sin embargo, la trágica realidad se impuso con brutalidad. Cedric no fue suficientemente poderoso para enfrentar las sombras que se alzaban en el horizonte. Su muerte prematura a manos del Señor Oscuro marcó el fin prematuro de una vida prometedora, una pérdida que resonó en los corazones de todos los que lo conocían y apreciaban. La lástima y el pesar se entrelazaron con la desesperanza, recordándoles a todos que incluso los más brillantes y valientes pueden caer bajo el peso implacable de la oscuridad.
Sin percatarse plenamente de su entorno, atravesó los umbrales de la entrada hacia su sala común, murmurando la contraseña al retrato que custodiaba el acceso. Al adentrarse, se encontró con una atmósfera sombría y desolada, con escasas figuras dispersas en el espacio, testigos silenciosos de la agitación que había sacudido el colegio apenas unas horas atrás. La mayoría, seguramente, se refugiaba en el confort de sus habitaciones, entregados al sueño o quizás inmersos en charlas clandestinas sobre los acontecimientos recientes que habían conmocionado sus vidas.
Ignorando los pocos rostros que se cruzaban en su camino, ascendió las escaleras que conducían a su alcoba, donde se encontró con el panorama inmutable de sus compañeras yacientes en sus lechos, envueltas en el letargo de la noche. Sin emitir saludo alguno, se despojó de sus ropajes cotidianos y se sumergió en el confort de su propia cama, aunque su mente se hallaba aún atormentada por el eco lúgubre de los eventos que marcaron el día. Un silencio pesado y ominoso envolvía la estancia, mientras su conciencia reexaminaba una y otra vez los sucesos que habían sacudido su existencia, dejando una estela de incertidumbre y desasosiego.
Cerró con determinación las cortinas que rodeaban su lecho, y con un gesto rápido y preciso, conjuró un hechizo silenciador que envolvió las telas, asegurándose de que sus pensamientos quedaran resguardados de cualquier indiscreción por parte de sus compañeras de cuarto, cuyas voces podrían haberse convertido en testigos no deseados de sus reflexiones más íntimas y sombrías.
Una vez recostada, encontró un espacio propicio para la introspección y la claridad mental, aunque la oscuridad que acechaba en el mundo mágico no hacía más que agudizar su percepción y profundizar sus cavilaciones. La figura siniestra y omnipresente de Lord Voldemort regresó de las sombras, dejando a su paso un rastro de muerte y desolación. El frío abrazo de la parca había reclamado a un joven de diecisiete años, cuyo cuerpo yacía inerte y gélido en la entrada del laberinto, testigo mudo de los horrores desencadenados en la tercera prueba del torneo.
El recuerdo de aquel rostro pálido y desgarrado por la muerte se erigía como un monumento macabro en su mente, recordándole la fragilidad de la vida y la implacable crueldad del destino. La sensación de pérdida y desamparo se entrelazaba con la indignación y el miedo, mientras las sombras se cerraban a su alrededor, envolviéndola en un aura de desesperanza y fatalidad.
Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras su mente se perdía en pensamientos oscuros y perturbadores. La sensación de deseo y anhelo la invadía por completo, como si estuviera siendo consumida por una fuerza desconocida y poderosa. Sus manos temblaban ligeramente al acariciaba su piel con una intensidad casi dolorosa, buscando desesperadamente esa conexión que la hacía sentir viva y a la vez vulnerable.
Sintió cómo sus dedos se deslizaban suavemente entre sí, creando una sensación de humedad que le resultaba placentera. La idea de estar junto a esa entidad poderosa la excitaba, y cada movimiento de estos parecía llevarla más cerca de la fantasía que tanto anhelaba. Con cuidado, sus falanges se adentraron en la oscuridad, provocando un susurro ahogado de placer. Agradeció en silencio haber colocado un hechizo en las cortinas, evitando así que sus compañeras descubrieran sus secretos íntimos.
Cada roce, cada susurro, la llevaba más allá de los límites de la razón, sumergiéndola en un abismo de pasión y lujuria. La habitación se llenaba de un aire denso y cargado, como si estuviera a punto de desatarse una tormenta que arrasaría con todo a su paso. Y en medio de ese caos emocional, ella se encontraba atrapada entre el deseo y el miedo, sin saber hacia dónde la llevaría ese torbellino de sensaciones.
Susurros ahogados escapaban de sus labios mientras continuaba con sus movimientos, cada vez más intensos y apasionados. La idea de estar a solas con esa fuerza desconocida despertaba en ella un deseo incontrolable, haciéndola perderse en un mar de sensaciones prohibidas. Era como si el hechizo en las cortinas la protegiera y a la vez la incitara a dejarse llevar por sus instintos más oscuros. La noche prometía ser larga y llena de pasión, y ella estaba lista para entregarse por completo a esa experiencia única y excitante.
Sus movimientos se volvían cada vez más frenéticos y caóticos, como si estuviera poseída por una fuerza oscura que la impulsaba a buscar más placer. La sensación de deseo la invadía por completo, haciéndola anhelar la presencia del Lord Oscuro en su lecho, deseando que él la tomara con fuerza y la hiciera suya frente a todos sus seguidores.
Aunque sabía que sus pensamientos eran una locura, no pudo evitar sentirse excitada y empapada de deseo. La idea de ser exhibida como un trofeo por el Señor Oscuro la excitaba aún más, sumergiéndose en un mar de placer prohibido. Cada vez que cerraba los ojos, imaginaba a Lord Voldemort sobre ella, dominante y poderoso.
Su corazón latía con fuerza en su pecho, ansioso por experimentar todas las sensaciones que solo él podía brindarle. La idea de entregarse por completo a sus deseos más oscuros la llenaba de una emoción incontrolable, mezcla de excitación y miedo. Sabía que estaba jugando con fuego, pero la atracción hacia lo desconocido y peligroso era demasiado fuerte como para resistirse. Estaba dispuesta a arriesgarlo todo con tal de satisfacer su sed de placer y dominación.
Su mano libre, que anteriormente estaba apretando las sábanas verde oscuro de su cama con fuerza, ahora se deslizaba lentamente hacia uno de sus senos, acariciándolo con delicadeza por encima de su incómoda ropa de dormir. La sensación de excitación que recorría su cuerpo era abrumadora, como si estuviera siendo consumida por un fuego interno que la hacía anhelar la presencia de alguien que pudiera satisfacer sus deseos más profundos.
No podía evitar sentirse atrapada en una vorágine de emociones y sensaciones, anhelando la compañía de alguien poderoso que pudiera dominarla y llevarla al límite de su placer. Cada caricia en su piel la estremecía, los suspiros escapaban de sus labios entreabiertos en busca de alivio. En su mente, se formaba la imagen de un amante feroz y apasionado que la tomaba con fuerza y la hacía suya en cuerpo y alma.
El deseo la consumía, la llevaba a un estado de éxtasis y sumisión que la hacía perderse en un mar de sensaciones prohibidas y excitantes. Anhelaba entregarse por completo a aquel desconocido que despertaba en ella una lujuria incontrolable, haciéndole perder la razón y sucumbir ante la pasión desenfrenada que la invadía. Su cuerpo ardía, su mente se nublaba en un torbellino de emociones que la llevaban a un punto sin retorno.
Sus ojos se habían empañado con lágrimas de felicidad, mientras sus labios emitían gemidos en perfecta armonía con sus manos, en un éxtasis indescriptible. No podía creer la intensidad de las sensaciones que recorrían su cuerpo en ese momento, como si estuviera en otro mundo. Cada movimiento era más intenso que el anterior, y su piel se erizaba con cada caricia. La sensación de plenitud que experimentaba era abrumadora, sintiendose en un trance del que no quería despertar.
Cada fibra de su ser vibraba con una energía desconocida, transportándola a un lugar de placer indescriptible. Parecía encontrarse en un éxtasis perpetuo, donde el tiempo se detenía y solo existía el presente. Todo a su alrededor desaparecía, dejando solo la sensación de felicidad absoluta que le invadía.
Un sentimiento de profunda oscuridad se apoderó de su ser, una sensación que crecía en su interior y clamaba por ser liberada con furia. Sin embargo, algo le decía que aún no era el momento adecuado, que faltaba algo crucial para que su plan se llevara a cabo con éxito. En su mente, la imagen de un mago oscuro se materializó, de pie frente a su cama, envuelto en una capa negra que ocultaba su rostro y sus intenciones siniestras.
Este mago, cuyo nombre nadie se atrevía a susurrar en voz alta, era el temor de todos aquellos que conocían su leyenda. Se decía que poseía poderes más allá de la comprensión humana, capaz de desatar la destrucción con un simple gesto de su mano. Su presencia en la habitación llenaba el aire de un aura ominosa, haciendo que incluso los valientes temblaran ante su mirada fría y calculadora.
Ella sabía que para lograr su objetivo, debía aliarse con este ser de la penumbras, aunque eso implicara sacrificar parte de su propia alma. Con paso vacilante, se acercó al másculo y le hizo la oferta que cambiaría su destino para siempre. El mago sonrió con malicia, aceptando la propuesta con una mirada que auguraba consecuencias terribles. Ahora, su vida estaba sellada y el camino hacia la oscuridad se abría ante él, listo para consumirla por completo.
No le importó en absoluto, simplemente se recreó en la idea de verla ahí, de pie, cubierto de negro, observándola con una sonrisa malévola en el rostro. Parecía que su mente se divertía al imaginarla desesperada, mientras un espasmo más sacudía su cuerpo. En medio de la alucinación, pudo percibir cómo aquella figura le susurraba, con un tono siniestro y sin moverse un ápice: “Córrete”. La sensación de terror se apoderó de ella, sintiendo que no había escapatoria ante esa presencia maligna que la acechaba.
Eso fue suficiente para que ella cumpliera la orden de ese ser que no estaba físicamente presente en la habitación. Su cuerpo empezó a temblar al sentir cómo el orgasmo se liberaba de forma violenta. Notó cómo sus muslos se humedecían, su mano quedó completamente pegajosa.
Su espalda se arqueó al liberarse y un gemido ahogado escapó de sus labios mordidos por el placer. La sensación de éxtasis la invadió por completo, mientras su mente se nublaba en un torbellino de sensaciones. La habitación parecía estar envuelta en un aura oscura y misteriosa, como si estuviera poseída por una fuerza sobrenatural.
Cada célula de su cuerpo parecía vibrar con intensidad, como si estuviera conectada a una energía desconocida y poderosa. El éxtasis la consumió por completo, dejando su mente en blanco y su ser temblando de placer. Era como si hubiera abierto una puerta a un mundo desconocido y peligroso, del cual no podía escapar.
La sensación de liberación y éxtasis se desvaneció lentamente, dejando a la muchacha exhausta y confundida. Se preguntaba si había sido real o simplemente una ilusión creada por su mente perturbada. Pero una cosa era segura: nunca olvidaría aquella experiencia intensa y perturbadora que la había llevado al límite de sus emociones más oscuras.
Su respiración ya era errática desde hacía rato y sus ojos se habían cerrado durante la liberación. Se dejó caer en su cama, cansada pero extasiada de aquel maravilloso e íntimo momento. La habitación estaba sumida en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el sonido de su agitados jadeos.
La oscuridad de la noche envolvía su cuerpo, creando una atmósfera de misterio y melancolía. En su mente, resonaban los ecos de las emociones que acababa de experimentar, como sombras que se desvanecían lentamente en la penumbra de la habitación. La joven se sentía como si hubiera cruzado un umbral hacia un mundo desconocido, donde la realidad se entrelazaba con la fantasía de una manera perturbadora. Aunque su corazón aún latía con fuerza, sabía que aquella experiencia la marcaría para siempre, dejando una huella imborrable en su alma.
La joven adolescente, con gesto sereno y mirada perdida en la distancia, retiró lentamente la mano que había desencadenado todo el caos a su alrededor. En ese momento, se quedó inmóvil, tratando de calmar la agitación de su respiración mientras una sensación de paz y tranquilidad la invadía por completo. No le importaba haber sucumbido a la tentación de imaginar a un ser tan temido y despreciado por la mayoría de la población mágica.
Con una sonrisa en los labios y un último suspiro, la joven sintió cómo las escasas fuerzas que le quedaban abandonaron su cuerpo, sumiéndose en una oscuridad absoluta. En su cama, yacía dormida, entregada al sueño luego de haberse entregado al placer prohibido de fantasear con el enemigo de todos, Lord Voldemort.
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Primer capítulo de esta oscura historia. Agradecería comentarios constructivos de mi manera de escribir. Como vieron, este fic será muy alejado de la realidad, no habrá amor, ni rosas, ni nada por el estilo. Será resultado del oscuro secreto y deseo de muchas personas.
Todo lo que se escriba será ficción y obviamente no apoyo las actitudes o acciones que escribiré en un futuro.
Están avisados al comenzar esta historia, por favor, apoyenla.uí...