Uno
Empezaba mi nueva vida de preparatoria, ha decir verdad no tenía tantas ansias ya que era muy callado y no socializaba mucho, solo esperaba que mis compañeros de clase no sean tan desastrosos.
Al entrar a mi salón los observé; se veían calmados y muy amables, me senté a lado de un chico de cabello café obscuro, sus ojos eran del mismo color. Agradecí que cuando me vio solo me dedico una sonrisa y no dijo nada. Esperé a que el maestro asignado entrara al salón para dar clases.
Pero en eso, entró un chico rubio ojiazul, de tan solo verlo sabía que ese sería el castroso y no me equivoqué, al paso de los días lo confirmé, se la pasaba molestando a todo al mundo, pero detrás de él siempre estaba una chica de cabello salmón; Itsuka Kendo, ella era la única que lograba calmarlo. Aunque con un golpe, pero lo hacía, todos estábamos muy agradecidos con ella, posiblemente eran novios por eso lo trataba así.
Pero un día, aquel rubio empezó a hablarme, era un poco tedioso lidiar con él, yo creo que se dio cuenta de que no era de mi agrado, ya que solía ser más seco y frío con él. Hasta por su culpa tuve que juntarme con Sen Kaibara, Juzo Honenuki, Yui Kodai y Nirengeki Shoda; aunque al inicio fue para que Monoma se alejara, me terminaron agradando.
Ellos eran mi grupo de amigos, pero por alguna razón, no les agradaba Monoma, no los culpaba, hasta yo opinaba lo mismo.
Los viernes siempre nos juntaban con los de la clase A, ya que nosotros éramos la clase B. Si de por si Monoma ya era insoportable, lo era más ese día, los molestaba y los llegaba a provocar; una vez un chico rubio trato de golpearlo, pero cierto chico peliverde lo detuvo.
Fue entonces que conocí a un rubio muy agradable, su nombre, Denki Kaminari; él me caía mejor que Monoma, a veces me preguntaba porque no nos cambiaban de rubio. Aunque, a veces Denki me daba miedo ya que no se callaba, era de hablar mucho y yo no tenía temas de conversación. Pero lo bueno que solo lo veía una vez a la semana y claro, en los recreos o en alguna otra situación.
Con el paso del tiempo, los maestros asignaban tareas y para mi mala suerte, me tocaba con Monoma. Siempre nos reuníamos en una cafetería, pero me sorprendí al estar con él, por primera vez dejó de ser el chico castroso que acostumbraba ser.
De tantos trabajos que nos tocó juntos, llegue a conocerlo mejor y se podría decir que su compañía me agradaba, en clases ya hablábamos más y estábamos pegados todo el día. A veces lo invitaba a comer con mis amigos, pero siempre terminaba mal, ellos lo detestaban por sus comentarios ofensivos.
Hasta por un tiempo preferí comer con él, después de todo era divertido estar a su lado, no lo sé, pero sentía mi corazón acelerarse más de lo normal, el estómago lo sentía raro y a veces mis mejillas me ardían por su cercanía.
Todo empezó a cambiar dentro de mí, cuando no estábamos juntos lo pensaba a cada rato, era un sentimiento que ni yo mismo entendía; se supone que al inicio me caía mal y ahora no sabía exactamente qué era lo que sentía.
Tal vez nadie lo conocía verdaderamente más que yo, estando solos era más calmado. Sin darme cuenta, a veces nos rozábamos la manos y ambos nos sonrojábamos, esas sensaciones solo hacían que me confundiera más.
¿Acaso era amor?
No lo sabía con exactitud, así que recurrí a la ayuda de Kendo, por que si, al ser amigo de Monoma tuve que empezar hablar con ella. Cuando se lo conté me terminó confirmando que aquello era amor, no lo podía creer, ¿me gustaba un hombre?
Bueno, ha decir verdad. Era la primer persona por la cual tenía sentimientos, se sentía extraño saber que podía amar. Tuve miedo de confesar mis sentimientos, posiblemente él no sentía lo mismo y no quería arruinar nuestra amistad.
Pero un día en que estábamos sentados me confesó que le gustaba, esa vez sentí que era un sueño así que yo también le confesé mis sentimientos. Desde aquel día nos hicimos novios y todo funcionaba de maravilla, los de nuestro salón sabían de nosotros, mis amigos me felicitaron aunque se les notaba que no estaban de acuerdo.
A veces si solíamos comer con ellos y veces con sus amigos, o sea; Itsuda Kendo, Ibara Shiozaki, Tetsutetsu Tetsutetsu y Shihai Kuroiro.
Por las tardes nos íbamos juntos hacia nuestras casas, por las mañanas siempre lo espera afuera de su casa, los fines de semana teníamos citas y todo estaba bien. Había tanta química entre nosotros, a pesar de que era la primera vez que estaba en una relación, trataba de dar lo mejor de mí.
Compré unos collares a juego cuando cumplimos 5 meses, sin duda habían sido los mejores; ese día tuvimos nuestra primera vez, no tuvimos problemas ya que él aceptó a ser el de abajo, o sea, el pasivo. Estuve tan nervioso, incluso más que nuestro primer beso y traté de ser gentil para no lastimarlo.
Los meses seguían pasando y poco a poco empezaban los problemas, él se ponía muy celoso del chico de la clase A; Denki. Según decía que notaba sus intenciones, pero ha decir verdad, yo suponía que él le gustaba ese chico pelirrojo llamado Eijiro Kirishima o si no, la chica llamada Kyoka Jirou.
Eran más peleas, casi ya no salíamos a nuestras citas y la relación se hacía distante, me dolía mucho ya que siempre era yo quien lo terminaba buscando. Me llegaba a terminar y después regresaba diciendo que se arrepentía, yo siempre estaba ahí para aceptarlo, porque no estaba dispuesto a dejarlo ir.
Pero desde entonces las cosas ya no eran las mismas, a veces sentía que solo estaba conmigo por costumbre, me trataba mal y yo, empecé a tratarlo de la misma manera; empecé a ser más frío, según él.
Ese día todos nuestros compañeros salieron a comer, ya que era el recreo, decimos quedarnos en el aula para estar solos sin interrupciones, pero no hablábamos ya que minutos antes habíamos discutido y como siempre, por cosas sin importancia.
—¡Terminamos!—escuché que rompió el silencio.
—¿Qué?—había escuchado bien, pero quería creer que no—No puedes terminarme.
—Claro que puedo y lo estoy haciendo—respondió tan decidido.
—Son tus típicas bromas, ¿verdad? Si es así, no es gracioso Neito Monoma—solía llamarlo así cuando en verdad me enojaba, pero en su rostro no noté ninguna pizca de que esto era una broma.
—Estoy harto, eres muy cortante, ¿no puedes ser detallista al menos una vez?
—¡Trato de darte lo mejor!—respondí algo enojado, ya que siempre trataba de serlo, ¿acaso lo de los collares no era ser detallista?
—Pues no parece. Además, últimamente siento que ya no encajamos—hizo un ademán.
—¿Hay alguien más?—pues eso era obvio, siempre era la razón por la que alguien decidía terminar una relación.
—No, no hay nadie Shinsou.
—Por favor—dije sarcástico—¿Crees que no te conozco? Eres muy coqueto con los demás, ¿acaso piensas que no me doy cuenta?—pues si, solía ser muy ojo alegre, era su único defecto.
—Pero eso no tiene nada que ver con la decisión que estoy tomando.
—Claro que tiene mucho que ver. No me puedes dejar, tú eres el único en mi vida, ¿mis sentimientos no te importan?—apreté mi camisa del uniforme.
—Estoy aburrido de lo mismo, ya no puedo seguir con esta relación. Entiende, esto ya no está funcionando.
—¡Podemos hacer que funcione, pero lo que haces es simplemente rendirte!
—Chicos—dijo cierta chica de cabello salmón que cerraba la puerta—podrían bajar la voz.
—Ahora no Kendo—respondí algo frustrado.
—Al menos tengan un poco de respeto, estamos en el salón y agradezcan que es el recreo o todos se enterarían de esto—se mantenía en el umbral.
Sus palabras me hicieron volver a la realidad, esta discusión era algo que no podíamos tener en el aula, las paredes tenían oídos y estaríamos en boca de todos.
Miré a mi novio y este tenía la mirada desviada, era obvio que sus palabras eran sinceras, pero yo no quería dejarlo, no sobreviviría sin él. No quería tirar todo a la basura, casi 1 año de relación, simplemente no podía aceptarlo.
—Solo bajen la voz o váyanse a otro lado, ya no tardan en regresar nuestros compañeros—dijo y salió del salón.
Hubo un silencio incómodo, Neito era incapaz de dirigirme la mirada y mi corazón se hacía trizas con cada segundo que pasaba.
—¿Entonces estás decidido?—quería verificar si había cambiado de opinión.
—Sí, ya no quiero esta relación—aún mantenía la mirada desviada. Mi corazón hizo vuelco al escuchar sus palabras, ¿cómo era posible aquello?
—¿Por qué? ¿Por qué renuncias a lo nuestro?
—Ya te lo dije.
Suspiré algo frustrado y miré mi lonchera que estaba a mitad de comida, después dirigí de nuevo la vista hacia él.
—De acuerdo, entonces acepto tu decisión—me puse de pie, dejando caer mi lonchera. No le tomé importancia y salí del salón, quería estar solo para despejar mi mente.
Caminé hacia donde mis pies me guiarán, tenía tantas ganas de llorar, por alguna razón, sentía que esta vez era en serio, que no regresaría diciendo que era una broma. No lo quería aceptar pero tenía razón, últimamente ya no encajábamos, aún así, yo quería continuar con él.
Pero que se supone que haría, cuando uno ya no siente amor no es bueno seguir o simplemente se lastimarían más. No sabía que era peor, seguir atado a una relación que estaba más que muerta o dejarlo ir, ambas opciones eran dolorosas para mí.
Llegué hacia la azotea y me senté en un rincón a llorar, cosa que nunca en mi vida había hecho, el amor si que dolía yo creo que por eso nunca le di oportunidad, ¿por qué las rupturas dolían tanto? ¿Por qué se acababa el amor?
Ese día no pude dormir esperando un mensaje de su parte, pero ese mensaje nunca llegó. Yo no era capaz de mandarle nada por el miedo a que no me respondiera, aunque mi corazón me decía que le marcara o que fuera a su casa, pero mi cerebro me decía lo contrario.
Al día siguiente no se presentó a clases, yo siempre solía tener ojeras así que no se notaba tanto mi desgaste físico, pero aún así, mis amigos sabían diferenciar, en especial Yui, suponía que era porque es mujer y ellas siempre detectan todo.
Habló conmigo en privado y le conté todo, aunque Monoma no le agradaba, me consoló y me trato de entender. Le agradecí mucho ya que en verdad necesitaba desahogarme con alguien.
Kendo solo me miraba sin decir nada, pues lo más probable es que me odiaría, aunque no haya hecho nada malo, pero siempre estará de parte de su amigo.
Los días pasaron y no volví a tener comunicación con Neito, fue entonces que entendí que nuestra relación ya no tenía salvación. Había faltado una semana y cuando se presentó no fue capaz de mirarme a la cara, siempre me evitaba para todo.
Todos ya sabían acerca de nuestra ruptura y nadie preguntó al respecto de eso, así que me sentí tranquilo. No estaba dispuesto a dar explicaciones porque sabía que lloraría.
Los primeros días me fueron difíciles, pero poco a poco trataba de superarlo, no sería una tarea fácil ya que con él viví todo, literalmente había sido mi primera vez, el primer chico que me demostró lo que era el amor.
Pero supongo que no estábamos destinados a estar juntos, tal vez me enseñó lo que era una relación para que cuando estuviera con mi próxima pareja no tuviera tantas dificultades.
Ahora, solo me quedaba obsérvalo de lejos y tratar de enterrar esos sentimientos, pero no era fácil, me tomaría un tiempo en superarlo. Por qué, ¿qué clase de monstruo olvida a alguien que creía ser el amor de su vida en un par de días?
Nadie.