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Antes de comenzar, quiero decir que habrán cosas que no iran acuerdo a los libros y serie.
Así como también pueden haber errores ortográficos.
El piso se sentía frío bajo sus pequeños pies, de nuevo no lograba conciliar el sueño sin sentirse observada. Caminaba lentamente arrastrándo levememte su vestido blanco para dormir hasta que se detuvo frente a la gran puerta de madera que separaba la oficina de su tan amado padre, con cuidado pegó su oreja a la madera presionando su abundante cabello azabache.
— No puedes hacer eso, es una niña, Rickon —escuchó la voz de su madre —, una niña de nueve años ¿Donde quedó tu lealtad?
No entendía nada ¿Hablaban de ella? ¿Por qué su madre se escuchaba tan preocupada?
—Puedes hacer lo que más quieras, pero no la metas a ella —la voz de su madre se escuchaba mas desesperada —. ¿Solo lo harás por tu maldita ambición?
Los pasos se escuchaban contra el concreto cada vez más cerca y sin esperarlo el hombre abrió la puerta asustando a la pequeña que por instinto dió unos pasos hacía atrás observando a su padre que simplemente la pasó de largo. El lucia tan imponente con su ancha espalda que mayormente era cubierta por una enorme capa de piel para cubrirlo del clima frío, su cabello azabache y alborotado y sus duros rasgos faciales que eran adornados por una pequeña cicatriz en la cien.
—Mañana partiremos a Kingslanding —dijo volteandose para después seguir con su camino a través del pasillo oscuro.
Daellya se volteó a ver a su madre que era todo lo contrario a esa bestia, sus rasgos eran suaves los cuales combinaban con su hermoso cabello miel que caía como cascada sobre sus hombros y delicada espalda. Y sus hermosos ojos azules que parecía hacer una combinación con el violeta.
—¿Mami? —preguntó la dulce voz —¿Estas bien?
La rubia limpió rápidamente las lagrimas que caían sobre sus mejillas y se agachó a la altura de su hermosa hija tomando su palido rostro que por el frío tenían un leve tono rosáceo.
—Mi hermosa Daellya, tienes que prometerme que te cuidarás y no dejarás que nadie-...
—Se pelear, mamá —la interrumpió, era una verdad que su padre se dió cuenta que la pequeña tenía cierto interés por los utensilios de pelea —. Se defenderme.
—Lo sé, y estoy orgullosa de eso. Pero tienes que asegurarte que no dejarás que nadie te toqué y te haga algo malo, el mundo puede ser depravado y no quiero que te pasé algo malo.
La pequeña asintió con seguridad, no entendía el miedo de su madre, ella nunca caería en manos de un hombre o mujer para que le haga daño. A su corta edad entendía que había gente mala y sumisa, como lo era su madre, una mujer sumisa que no sabía negarse a las cosas que su padre decía o hacía.
En este caso mandarla lejos de Winterfall, ¿No podía defenderla y evitar que la mandasen a un lugar lejano?
Su madre se levantó y la tomó de la mano para dirigirse a la alcoba de su hija, el frío la hacía temblar un poco, a pesar de haber pasado todos esos años de su vida ahí, nunca terminaba de acostumbrarse al clima helado. Soltó un suspiro al entrar a su alcoba y sentir el calor que daba su pequeña chimenea frente a la pequeña sala de estar donde suele jugar.
—El clima en Kingslanding no es tan frío como aquí —comenzó su madre abriendo las puertas del almacén donde tenía su ropaje —. Al menos de que el invierno llegué, atacará a todas las casas.
El invierno se acerca
Era una frase que escuchaba muy seguido, especialemente de su padre que temía por la llegada de ese tan terrorífico día como lo describen los libros que había leído en la oficina de su padre. La forma de como narran esos días de infinito frío y los caminantes blancos asesinando todo lo que se mueva a su paso. Y ella estaba consciente de que si ese día llegaba debía estar más que lista para enfrentar muertes masivas, incluyendo probablemente a su familia, ese hecho hacía que un dolor apareciese en su pecho y sientiese sus ojos picar, pero debía ser fuerte.
—Perdoname mi tesoro —susurraba su madre mientras la pegaba mas a su pecho.
La bella mujer de cabellos dorados se lamentaba una y otra vez por dejar que metiesen a su hija en este tipo de tratos, incluso su hijo mayor, Cregan, la miro con una pizca de decepción en el momento que se enteró a donde iría su preciada hermana menor.
El carruaje se detuvo abruptamente dando a entender que habían llegado a su destino, el cambió de clima era muy notable tanto que se tuvo que quitar el gran saco de piel que usaba y amarrar su cabello azabache con una cinta azul desgastada que encontró por ahí. Con cuidado y con ayuda de un alto Guardia Real bajó de ahí mirando el tan conocido castillo de los Reyes Targaryen que habían estado en poder durante tantos años.
Las gigantezcas puertas de madera comenzaron a ser abiertas, nunca había sentido la necesidad de correr a un lugar desconocido como esa vez, era una niña madura para su edad pero la emoción y curiosidad la obligaron a subir las escaleras como pudo sosteniendo gran parte de su vestido para no tropezar.
—¡Daellya espera! —escuchó la voz de su madre pero ella estaba encantada viendo el gran lugar, llevó su cabeza hacía arriba apreciando los hermosos dibujos que se hallaban en el techo mientras daba pequeñas vueltas.
—Y esta loca —quitó su vista rápidamente del techo mirando en dirección de aquella voz, se encontró con un chico un poco mas alto que el con un cabello tan celestial de color plateado —¿Hola? Si que eres una loquita.
La pequeña pelinegra hizo una mueca de disgusto al darse cuenta que literalmente entró a ese castillo como si fuese suyo.
—Lo siento —se disculpó.
—¡Daellya! ¡Ven ya aquí! —se volteo al escuchar la voz de su madre que lucia fastidiada.
Unos pasos se escucharon junto con algunas protestas de alguien más, los ojos de Daellya brillaron al ver llegar a una mujer delgada que usaba un vestido verde magnífico que combinaba con su largo cabello cobrizo y rizado. Detrás de ella iban una niña y otro niño, los dos con el cabello igual de plateado que el otro chico que volteó a ver al sentir su mirada intensa en ella.
—¿Que? —preguntó de forma fuerte el chico levantando una ceja.
—Aegon, no seas descortés —lo regaño la mujer de vestido verde —. Es un gusto que al final llegasen, soy Alicent Hightower.
Los ojos grises de la niña brillaron aún más al darse cuenta que se trataba de la mismísima Reina.
—El Rey Viserys Targaryen no se encuentra en muy buen estado es por eso que no les pudo dar la bienvenida, pero en cuánto este en mejor estado las verá.
—Mi majestad —comenzó su madre de forma cortez—. Es una pena que el Rey este en mal estado, también lamento decirle que no estaré aquí ni una noche por unos percances.
En ese momento Daellya volteó a ver confundida a su madre, se suponía que se quedaría ahí hasta que ella se sintiese segura en ese lugar nuevo para ella.
La niña iba a protestar pero fue interrumpida por su madre.
—Mi esposo, Lord Rickon Stark, quiere que esto quede resuelto cuánto antes incluso si quisiera quedarme unos días aquí, sería imposible hay cosas que debemos arreglar en Winterfall.
—Oh —dijo sorprendida Alicent —, esperaba que se quedase aquí un poco más de tiempo, pero si eso es imposible no hay problema. También creo que esto debe quedar resuelto cuánto antes —la de cabello rizado le tendió su delgada mano a la niña pelinegra —. Daellya, te instalaras en tu nueva habitación, siéntete como en casa.
Daellya miro dudosa aquella delicada mano que tenía leves heridas al rededor de sus uñas, volteó a ver a su madre que tenía una mirada de tristeza en sus ojos celestes pero al ver a su hija la empujó levemente dejándole claro que confiará y tomará la mano de la Reina.
—Sé una buena chica y obedece¿Si? —eso es lo único que su madre le dijo antes de que se diese la vuelta y la pequeña empezará a caminar debido a que la Reina lo hizo.
Se sentía confundida, como si estuviese siendo abandonada, mas no dijo nada y siguió caminando por aquellos pasillos hasta que se detuvieron, logró ver a una niña de pelo plateado que era de su misma altura.
—Daella —habló uno de los niños peliplateados acercándose a la pequeña tomando su mano —. Pensé que vendrías, mira, ella es... ¿Daella tambien?
El niño la miro con duda esperando que la pelinegra lo corrigiera.
—Daellya, mi nombre es Daellya Stark. Un gusto, Daella —la niña se presentó amablemente.
—Sus nombres son parecidos, que sorpresa —habló la Reina —. Presentense adecuadamente, ellos son mis hijos, los príncipes.
—Me llamó Helaena... —susurró tímidamente la otra niña peli plateada que era un poco más alta que Daellya. La chica usaba un vestido verde al igual que su madre, y su cabello era plateado pero rizado como el de la Reina.
—Aemond —sonrió el chico que tenía pequeñas pecas por su rostro al igual que Helaena.
Por último volteo a ver al más alto de todos los peli plateados que la veía de manera seria, como si la estuviera analizando mientras achinaba un poco sus ojos violetas, tenía sus manos dentro los bolsillos de su traje verde oscuro.
—¿Tu eres...? —preguntó la oji gris con duda viéndolo a sus hermosos ojos.
—Aegon —dijo sin más volteandose para comenzar a caminar de nuevo
Sintió como Daella le empujaba levemente incitandola a caminar también.
—Vayamos al jardín, te encantará —dijo la dulce voz de la rubia comenzando a correr, así que ella lo hizo igual chocando en el camino levemente con algunas muchachas de limpieza.
—¡Lo siento! ¡Compermiso! —decía mientras más avanzaba, no se reconocía, ni siquiera sabía a donde iba y si eso la pondría en peligro, simplemente continuó corriendo persiguiendo ala niña frente suyo hasta que llegaron a unas puertas grandes que daban paso a un jardín hermoso con árboles por todos lados.
—¡Bienvenida! —gritó la peli plateada con emoción.
—Cierra el pico, Daella —escuchó la voz de Aegon detrás suyo. Rió levemente al ver como la niña le sacaba la lengua a su hermano —. Que fastidiosa
Daellya continuaba viéndolo con curiosidad ya que ella nunca se llevó así con su hermani Cregan, a lo mucho intercambiaban palabras, mas con una sola mirada entre ellos dos se entendían.
Continuó caminandi tranquilamente por el jardín, oliendo el leve olor de la tierra que era relajante. Se detuvo tomando su pecho al escuchar la voz de Aegon a su lado.
—¿Como era que te llamabas?
—D-Daellya —contestó tartamudeando tratando de regular su respiración.
Sintió el tacto de su mano sobre su espalda así que volteó a verlo rápidamente viendo en su mano el listón que de encargaba de sostener su largo pelo que le llegaba poco arriba de la espalda baja.
—¿Tu sabes lo que tenemos que hacer cierto? —preguntó el de forma lenta.
Ella lo miro indecisa, claro que lo sabía pero simplemente trataba de evitar ese tema como si eso fuera hacer que ese tema desapareciera y no tuviese que casarse con el.
—Si, lo se —respondió con voz baja —. Iré a acomodar mis pertenencias, con su permiso —inclino levemente su cabeza y se marchó de ahí.
Aegon parecía algo confundido al ver la gentileza de aquella Lady, sin duda esta niña que venía de Winterfall era muy peculiar.


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