Chapter 1
Primera parte.
Draco pensaba que su vida era miserable, bueno no había otra forma de decirlo mejor o ¿sí? Dormía en las calles, muchas veces comía lo que se podía rescatar de la basura, después de todo comida era comida. Aunque especialmente no había mucho de donde escoger cuando el lugar del que comías era el callejón Knockturn, tendría más suerte en el Diagon, pero era mejor no pararse ahí si quería seguir con vida o al menos libre. La gente no lo veía muy bien, después de todo era un ex mortifago y un Malfoy y se prostituia, aquellas eran demasiadas cosas en su contra como para intentar realmente algo diferente para comer.
A veces se sentaba en la banqueta cuando la tarde era buena. Él la consideraba de esa forma si se encontraba comiendo algún mendrugo de pan, aunque no gustaba de recordar que era su maestría con la boca y no precisamente en sus estrictas clases de oratoria aplicadas al panadero más viejo, lo que le permitía aquello. Pero era un buen día mientras comiera. Ya no le importaban las joyas, la comida en abundancia, ni siquiera pensaba en los dulces que recibía de su madre en Howarts. Mientras su estómago estuviera lleno y no tuviera frio era suficiente.
Hoy era uno de esos días en los que no era un buen día, le dolía el estómago, no había comido en días y comenzaba a nevar.
— Odio la navidad…
Frotó sus manos y aunque de los pocos hechizos que sabía hacer sin varita eran esos de calefacción esta noche no funcionaban, el hambre le impedía hacer magia y el panadero no se dejaría, de hecho nadie dejaría que solo hiciera una mamada, tendría que hacer más aunque no le gustara. Suspiró profundamente, se paró en su esquina, se amarró en una alta coleta el largo cabello que estaba sucio y puso aquella pose de aristócrata que gustaba a aquellos pobres diablos que pagaban algunos knuts por hacerle algo al heredero de los Malfoy. Por suerte eso ya no le pesaba, su padre estaba en Azkaban y de su madre no sabía nada, no tenía amigos y todos pensaban que era el mejor lugar en donde podía estar, así que se divertían y él comía, aquello era ganar, ganar.
—¿Tienes frío guapo?
Él no estaba en una buena esquina, así que cuando escuchó la pregunta pensó que el maldito pelirrojo frente a él comería mejor, no se dio cuenta que el hombre al que le había hablado su rival siguió caminando, había cerrado los ojos porque un copo de nieve había entrado en sus ojos y los tallaba. Un par de ojos verdes se detuvieron frente a él. El hombre estaba cubierto con una gruesa capa de lana, traía capucha, pero para Draco era inconfundible, lo conocía desde los 11 años.
— ¿Potter?
Él hombre sonrió, pero no contestó. Tomó la mano de Draco, lo jaló hacia él y con la familiar tirón en el vientre, Draco supo que se había desaparecido. No quiso abrir los ojos, los había cerrado porque no quería ver todos los rostros en el cuartel de los aurores. Sabía de la reputación del niño-que-vivió y ganó, sabía que a más de uno había encerrado por cargos menores a prostituirse, sabía que podía terminar con su padre si ese maldito lo deseaba, así que tenía miedo de abrir los ojos. “¡maldito Potter!” pensó una vez más.
—Sigue siendo un delito el secuestrar a la gente en cualquier lugar, Potter. Ni siquiera el niño de or…
Se quedó con las palabras en la boca al darse cuenta que no eran las oficinas de los aurores en donde se encontraba. Él conocía aquel lugar, seguía siendo casi igual que en sus recuerdos, su madre lo había traído ahí de pequeño. Aquella casa seguía siendo oscura y por mucho que parecía haber sido limpiada y arreglada seguía siendo la casa de la familia Black.
—Voy a pagarte, no cuenta como secuestro, Draco.
Él recordaba muy bien la voz de Potter y sabía que en ningún momento se había escuchado de esa forma, tan oscura y aterciopelada, casi como la voz que su padre empleaba cuando hablaba de negocios. No, la voz de Potter jamás había tenido tanta frialdad.
Su mano fue soltada con delicadeza, ni siquiera había reparado que seguía sosteniendo su mano de no ser por esa acción. Potter buscó en el bolsillo interno de su capa y extrajo un pequeño saco de cuero negro y por el sonido que emitió, Draco supo que estaba lleno de monedas y no de monedas pequeñas. Pensó en que buscaría las más pequeñas, pero no lo hizo, Potter pasó integró el monedero a sus manos, estaba lleno y pesaba mucho más de lo que se dejaba ver.
—Con eso por toda la noche, quieres más, te daré más.
Draco deslizó el nudo de la pequeña bolsa y miró el reflejo de las doradas monedas, el inconfundible brillo de los galeones. Aquella bolsa contenía más de lo que él recibía de mesada al mes cuando iba en Howarts y eso era mucho. Quiso mirar con horror aquello, lo intentó, pero no pudo, aquello le daría bien de comer y hasta le permitiría vestirse mejor, tal vez dormir en una habitación cálida en un lugar decente. Pero ¿qué pedía a cambio en niño de oro por aquella fortuna? Una noche, ¿solo una?
—La habitación principal está subiendo las escaleras a mano izquierda y al fondo del lado derecho. Toma un baño, usa la tina, subiré algo de comer; también tengo hambre.
El rubio miró a los ojos del moreno buscando alguna burla, una sonrisa o algo, pero solo encontró aquella frialdad. Los ojos eran severos, la boca era recta y no mostraba emoción alguna. Tuvo que detener el pensamiento que se adueñaba de él cuando notó más cicatrices en el rostro de Potter. Era atractivo, sí, pero aquellas lo hacían ver tan feroz que prefirió asentir y comenzar caminar hacia la habitación.
Subió las escaleras sin correr, conteniendo un poco la impresión y tal vez el miedo que Potter le había hecho sentir.
“¿Qué demonios le ha pasado a San Potter?”
Mientras subía las escaleras notó que en toda la casa no había un solo retrato, ninguno de la casa Black, tampoco pinturas de ninguna, el papel tapiz había sido reemplazado por uno lizo, pero nada adornaba el lugar, ni jarrones, ni espejos o floreros, nada que le recordara que aquel era la casa de una familia ancestral. Llegó a la habitación y al abrir la puerta observó lo mismo, aunque la cama era grande y conservaba los postes, por lo demás solo había una silla, un escritorio grande junto a la ventana, una mesita de noche y un par de lámparas que se encendieron apenas había abierto la puerta. El piso tenía una alfombra oscura, posiblemente roja, pero a poca luz no sabía distinguir el color. Aquella era una hermosa habitación, aunque sencilla, pero hermosa. Por lo menos esta noche dormiría mucho mejor de lo que ha soñado en meses. Caminó hacia la puerta que supuso era el baño, no quería ser reprendido por Potter, por estar admirando su casa.
El baño era de igual forma algo digno de una buena familia. Una gran ventana junto a la tina de mármol, las paredes de mármol negro con algunos destellos dorados, como si fueran pequeñas manchas hechas adrede, aunque sabía por el brillo que aquello era oro. Comenzó a caminar a la tina, dejando su ropa a su paso. Un viejo abrigo negro, la camisa del mismo color, los pantalones de lana vieja que ya colaban el frío, los zapatos que eran una o tal vez dos tallas más grandes que la suya. Nada era a la medida, aquello se lo había encontrado en la basura y al quedarle y abrigarle, no importaba de quien fuera. La tina comenzó a llenarse de agua caliente apenas se había acercado y despedía un inconfundible aroma a lavanda. Draco jadeo en sorpresa, no estaba acostumbrado a un buen recibimiento, no desde hace años. Se metió al agua y notó que era de su agrado, no tan caliente y no tan fría.
—Perfecta.
El agua dejó de salir apenas estuvo a la altura deseada. Draco se sumergió incluso metiendo la cabeza sintiendo como su cuerpo que antes estaba por congelarse, ahora era calentado con agrado, como si todo estuviera dispuesto para su placer. Abrió los ojos cuando sacó el rostro del agua ynotó que la intensidad de la luz había bajado, la lámpara se había apagado y solo se encontraban encendidas unas cuantas velas, lo que le permitió ver aquella pared negra que ahora se veía como el inmenso cielo lleno de estrellas. Y de hecho por sus recuerdos de la clase de astronomía, sabía que era así, pero no eran todas las estrellas, solo algunas y él las conocía.
—Regulus, Orion, Sirius…
Sus labios repetían lo que su memoria recordaba.
—Dragón...Draco.
Aquellas eran las estrellas de la familia Black, incluso las estrellas que formaban al dragón que era su nombre se encontraban ahí. Era precioso, era como mirar al cielo en una noche despejada. Admiró una a una las estrellas, aquello le daba paz, se sentía tranquilo, así que se dejó envolver por el aroma y las vista olvidando donde estaba y que aquella no era su casa.
La puerta se abrió con suavidad y dejó ver a un hombre que llevaba una charola en las manos. Potter se había quitado la capa y dejaba ver una camisa blanca remangada hasta los codos y los pantalones del inconfundible uniforme de auror.
—Creo que la casa te reconoce como un Black, jamás ha hecho eso para nadie más que a mí que sabe soy su dueño.
Fue inconsciente aquel gesto, Draco puso los ojos en blanco y dibujó esa sonrisa auto suficiente que tanto se le caracterizaba cuando estaban en la escuela.
—Pues claro, ¿esperabas que pasara esto con los sangre-sucia o mestizos con los que duermes? Vamos Potter, estas en la casa de una familia purista, solo un sangre pura puede tener todo de ella y más uno de sangre directa.
Se sintió bien diciendo esas cosas, aunque no miró los ojos de Potter, no quería ser corrido a patadas ahora que lo estaba disfrutando tanto, así que se quedó callado, siguió mirando las estrellas, percibiendo el agradable aroma de la comida, mordió sus labios cuando sus tripas se hicieron nudo, era de mala educación exigir comida, pero ya no aguantaba más. Bajó la vista al agua y miró su reflejo, por lo menos estaba un poco más limpio y en eso quiso distraerse, tenía que esperar a que el otro ofreciera la comida y como si Potter escuchará su cabeza, aquello tuvo la mejor respuesta.
—Debes tener hambre. Come.
La charola fue colocada frente a él mientras era agrandada y sostenida a la bañera de forma mágica para que no se derramara nada. El agradable aroma pavo horneado llenó sus pulmones y eso le dio el valor de sacar las manos del agua y tomar los cubiertos. El primer bocado fue la gloria, primero probó la carne, luego algo de ensalada, también había pan y estaba suave y caliente con un ligero sabor a mantequilla y especias, había una sopa que supo identificar con un sabor tan delicioso a nuez, cerró los ojos degustando cada bocado y tuvo que morder de vez en cuando su labio para no llorar, se sentía feliz y poco a poco se iba sintiendo lleno. Tomó un sorbo de su copa de vino y es como no pudo contener el llanto. Extrañaba todo eso, los aromas, los sabores, la satisfacción de sentirse él mismo. Si aquello era una broma, si Potter le hacía eso, bien podía matarlo, porque no podría con el hecho de volver a comer basura y sentir frío esa noche. Pero Potter no dijo nada y para su sorpresa él comió a su lado sentado en el suelo, mientras su mirada se perdía en las estrellas de la pared. Draco no pensó en preguntar el porqué de no comía en un mejor lugar, así que siguió con su cena mirando de vez en cuando la misma pared. Ninguno dijo nada, solo se oyeron los cubiertos al contacto con la vajilla. Una vez terminaron, todo menos las copas desaparecieron y estas últimas se llenaron nuevamente, posiblemente producto de un elfo o del propio Potter.
—No quería cenar solo esta noche y el comedor es enorme. Puedes quedarte en el agua tanto como quieras, he comido muchas veces estando aquí y es agradable.
Potter se puso de pie y caminanó a la salida, pero fue detenido por la mano de Draco que le sostuvo su muñeca.
—No estés solo entonces.
Draco se puso de pie y lo atrajo hacia él, envolvió los brazos en el cuello ajeno y sin pensarlo lo besó. La boca de Potter no se resistió y se dejó llevar por la entrenada boca del rubio; así que sostuvo su cintura con la mano libre y apretó blanca y húmeda piel. Draco dejó caer su copa, para meter los dedos en el sedoso y despeinado cabello negro, notando que el cristal no llegó a caer y supo que Potter había hecho lo mismo porque sintió como ambas manos le atraían.
No se escuchaba otra cosa más que los besos húmedos que ambos compartían. Draco fue quitando la ropa de Potter evitando dejar sus labios, pero tuvo que separarse al no entender cómo demonios estaba abrochado aquel cinturón. Y miró lo que buscaba en toda esa noche, la sonrisa de Potter, aunque solo fue un instante y eso le dio el valor de dejar de pensar.
Después de eso todo fue más rápido, con magia la molesta ropa se había ido y ambos entraron al agua y las caricias, así como los gemidos, se volvieron más intensos, pero por intenso que aquello fuera Potter no buscó nada más; no pidió a Draco ningún servicio extra, nada que mostrará las enseñanzas del rubio en el mundo. De hecho ambos se corrieron entre los dedos de Potter, quien hizo gemir a ambos para hasta a llegar al esperado placer. La nublada mente de Draco le susurró algo que apenas y notó, “me cree virgen”, después de eso no pensó en que aquello era extraño y dejó que todo siguiera sin sugerir nada más. Se dieron un baño agradable con caricias suaves y dulces, algunas que hicieron suspirar acompañadas con pequeños besos, aquello no parecía un prostituto y su cliente, fue mucho más intimo, tanto que Draco se puso rojo al sentir como era tomado en brazos y llevado en una esponjosa tolla blanca, solo para no perder el calor que lo envolvía en la bañera.
—Potter, no soy una chica.
Dijo por decir.
—Si lo fueras no estarías aquí.
Susurró el moreno con aquella voz que ahora le hacía sentir cosquillas. Reparó en lo dicho por el moreno y dirigió la mirada a su rostro. Hasta ahora se daba cuenta que Potter al parecer gustaba solo de hombres, aunque una hora antes creyera que aquello era solo una broma.
—Créeme que no te tendría desnudo en mi bañera de no ser así.
El verde de sus ojos brilló un instante, solo uno pequeño y eso hizo que Draco viera al Potter de sus recuerdos y no a ese hombre que se veía tan rígido y frío.
Potter lo dejó en la cama y se inclinó a besar una vez más a Draco. “¿Qué acaso no le daba asco besarlo?” sabía lo repulsivo que debía verse aun después del baño, sus dientes estaban manchados, su cuerpo estaba lleno de heridas propias de alguien que trabajaba en lo que él, su cabello se veía horrible, Potter debía estar viendo lo mismo, entonces, ¿por qué seguía besando su cuerpo y sus labios de aquella forma?, como si fuera un chico enamorado. Draco detuvo sus besos con ambas manos e hizo el moreno lo viera, Potter no dijo nada solo se dejó estudiar, pero nada se veía extraño en él.
—¿Por qué yo?
Fue lo que soltó. No sabía si sentir algo de aquella respuesta, aunque tal vez sería cruel.
—Porque eres tú.
Confesó desviando la mirada, dejando ver que aquello le avergonzaba, pues se había puesto rojo hasta las orejas. Los ojos de Draco se abrieron en sorpresa, nunca hubiera esperado que el moreno tuviera aquellos pensamientos por él, como él mismo los había tenido por el moreno.
“Y yo mirándome así, que asco”
Mordió sus labios al pensar en eso y apartó la mirada de sus ojos. Quiso llorar, huir, tal vez poner una excusa, pero ¿qué podía hacer? Él se vendía y él había pagado. Ya no era ese chico apuesto de sus recuerdos, ahora era solo eso que no valía nada. Él no debía pensar así, no debía, solo le impediría hacer su trabajo y a él no le daba vergüenza, ya no. Pero frente a él estaba Harry, el Harry que deseo lo salvara de las calles tantas veces y le dijera al oído que nunca más estaría solo. Y ahora que lo había hecho, él quería correr, porque sabía que no debía ser.
—Mírame.
Sintió una vez más los labios de Harry en los suyos y también como eran limpiadas las líneas de lágrimas en sus mejillas. Los ojos verdes también derramaban lágrimas y también temblaban sus labios, él también tenía miedo.
—Si tanto me odias, solo por esta noche olvida que soy yo. Mañana será mejor te lo prometo.
Aquellas manos lo trataron como si fuera porcelana fina, fue besado y mimando tanto que disfrutó del orgasmo una vez más. Harry jamás lo lastimó, ni siquiera le exigió entrar en él, fue tan dulce y placentero, que se quedó dormido entre sus brazos y aquella noche la durmió toda sin tener una sola pesadilla. Las preguntas las haría al siguiente día, no quería despertar, no ahora que tenía el mejor sueño de todos, justo en los brazos de la persona que siempre se alojó en su corazón.
Continúa...