La noche que te conocí | 0
El otoño llega, el viento frío sopla haciendo que las hojas de los arboles se caigan delicadamente formando un precioso camino anaranjado hasta la entrada de S&S Motors.
Hay mucha gente como de costumbre, pues Shinichiro se ha ganado una fama gracias a su antigua vida de pandillero y ahora por ser tan bueno en su trabajo.
Es la admiración de muchos por estos lados.
-¡Manjiro!
No importa cuánto llame al enano desquiciado que corre por todos lados sin importarle si a su pobre hermana -yo- le da un infarto.
Corro hacia él para agarrar su mano con fuerza.
-Debes hacerme caso, Manjiro, sino un día de estos te va a pasar un coche por encima. -lo regaño mientras él me mira fijamente.
-¡Eso no pasará, Hitomi! ¡Soy invisible!
Pongo mis ojos en blanco.
-Se dice invencible y no lo eres, solo eres un enano malcriado que me hará caso o lo acusaré con Shin.
-Ya estoy grande, Hitomi, no me avergüences así -chasquea la lengua pero aún así mantiene su mano con la mía.
-Pues empieza a actuar como tal, sigues pareciendo un bebé.
Continuamos nuestro camino hasta entrar a la tienda, donde una vez dentro, Manjiro corre hacia Shinichiro y se pone detrás de él, enfurruñado.
-¿Ahora qué le hiciste a Hitomi, Manjiro?
Mientras mi hermanito le da quejas a Shin, yo paso detrás del mostrador para ir hacia la oficina que hay atrás del todo.
Manjiro ha cumplido catorce años ya y sigue pareciendo un niño pequeño que necesita atención todo el tiempo. Me hace enfadar mucho pero no me molesta cuidarlo, menos cuando ya he pasado mi carga a su mejor amigo, Ken.
Saco mis libros y suspiro.
No ha pasado ni un mes desde que entramos al instituto y ya nos han atacado con exámenes que para ser sincera, me dan mucha pereza.
Pero no todo es malo en el instituto, es nuestro ultimo año y todos estamos nostálgicos, así que damos nuestro mayor esfuerzo por pasarlo bien juntos como clase antes de nuestra despedida.
-Manjiro está haciendo sus deberes en el mostrador.
Levanto la mirada de mi libro de álgebra para ver a Shin frente a mi.
-De nuevo se dejó llenar de deberes -digo suspirando-. Cuando termine aquí lo ayudaré.
Mi hermano me revuelve en cabello con cariño.
-Eres muy buena hermana, Hitomi, pero deberías salir a divertirte con tus amigas, ¿no? No eres la madre de Manjiro.
Sonrío.-Luego de estudiar quedaré con ellas.
-No estudies mucho o te quemarás.
Sale de la oficina y yo solo suspiro de nuevo.
A pesar de ser medianamente popular, en realidad solo tenía tres amigas y una de ellas era mi hermana menor, Emma.
Estuve un tiempo repasando apuntes de memoria, luego hice algunos deberes para quedar libre y finalmente después de dos horas y media salgo de la oficina de Shin estirando mis brazos.
-¿Por fin sales de ahí? -dice Shin mirándome.
-En dos semanas iniciarán los exámenes, tengo que estar lista desde ya para no darte problemas, Shin.
Shinichiro se ha hecho cargo de nosotros desde pequeño, aún cuando el abuelo nos da techo y se preocupa por nosotros, Shin se encarga de sostenernos, de que nunca nos falte nada y nunca nos quedemos deseando algo.
Nuestra madre murió cuando Manjiro apenas era un bebé regordete y alegre, yo era muy pequeña y Shin un adolescente. Papá nunca pudo estar presente debido al trabajo, aunque poco tiempo después llegó con nosotros Emma, nuestra media hermana menor. Shinichiro sigue haciendo todo lo posible por estar para nosotros ya que el abuelo debido a su edad se cansa con facilidad.
Desde pequeña trato de ayudar a Shin con nuestros hermanos, aunque Manjiro es con quien más lidiamos, pues nunca se queda quieto y siempre esta metido en problemas. Emma lleva una adolescencia bastante normal, es buena estudiante, buena hermana y aunque vive enamorada de Ken, el amigo de Manjiro, nunca da problemas.
-No me enfadaré si suspendes alguna asignatura, Hitomi, aunque sé que eres demasiado buena para permitir algo así -ríe.
-Algún día debería probar qué se siente suspender.
Estamos un tiempo hablando hasta que él se ocupa y yo me dirijo a Manjiro que está a punto de dormirse sobre su tarea de historia.
Le doy un golpe en la cabeza y se levanta rápidamente.
-¡Kya! -se ve asustado y me río-. No me asustes así, Hitomi, un día me matarás con tu fea cara.
Lo miro ofendida.
-Te iba a ayudar con tu tarea pero si tan fea soy...
-¡Era broma! ¡ayúdame, Hitomi por favor!
Me río y me siento junto a él para explicarle con mayor precisión hasta que entiende por fin.
Manjiro es un niño muy inteligente, aunque su pereza le dificulta la vida.
La campanilla de la tienda suena y al mirar vemos a Ken entrando.
-¡Ken-chin! -exclama Manjiro con emoción.
-Tsk, no grites -dice el rubio tocándose la cabeza con fastidio-. Hola, Hitomi.
-¿Qué tal, Ken? -estiro mi mano para poder tocarle la cabeza. Arriba de la silla se me hace más práctico, de lo contrario, no podría.
-Meh, vengo a llevarme a tu hermano.
-Lamento decirte, Ken -echo a Manjiro hacia atrás para que se siente de nuevo-. Qué Manjiro no ha acabado su tarea y no puede salir.
Ken suspira y mira a Manjiro con reproche, aunque a mi hermano no parece molestarle mucho ya que sigue balanceando sus pies con emoción.
-Termina la tarea, Manjiro -él asiente mientras sigue anotando en el cuaderno-. ¿Qué harán?
-¡Hoy tenemos una pelea, Hitomi! -oigo una voz desde la entrada.
Por la puerta entran los amigos de mi hermano: Kazutora, Baji, Mitsuya, Hakkai y Pah.
Suspiro mientras ellos se hacen alrededor de nosotros.
-¿Qué haces, Mikey? ¿aún no puedes salir?
Mikey no les presta atención y sigue con su tarea. Sabe que hasta que no termine y yo revise que quedó bien, no lo dejaré irse.
Nadie se queja, pues una de las condiciones de Shin para dejarlo formar su pandilla fue que eso no intervendría con sus estudios y yo me encargaba de que cumpliera.
-¿Cómo estás, Hitomi? -pregunta Mitsuya.
Ese chico es un encanto.
-Cansada, los exámenes vienen pronto, ¿han hecho sus deberes y han estudiado antes de venir? -les pregunto recargando mi mejilla sobre mí mano.
-Si, fuimos a casa de Baji para estudiar, pero el muy idiota reprobará lengua. -dice Pah burlón.
Keisuke lo mira ofendido.
-¡Cállate, tú reprobarás matemáticas!
-Es que, sinceramente, Baji, ¿cómo vas a escribir vaca con B? -dice Mitsuya con una sonrisa.
Ellos empiezan a parlotear y yo les sigo el juego.
Son niños jugando a ser pandilleros y eso me preocupa, sin embargo, sé que son fuertes y no se meterán en tantos líos.
Un rato después, Mikey me extiende su tarea y la reviso mientras él me mira, curioso.
Mikey es así, un niño alegre, su mirada oscura es profunda y brilla con curiosidad.
Es un adolescente, pero en el fondo siempre será un niño.
Sonrío con orgullo y le revuelvo su cabello rubio despeinado.
-Lo has hecho muy bien, Manjiro, seguro que sacas un diez -lo felicito y él sonríe con suficiencia.
-Peiname antes de que nos vayamos, Hitomi.
Mientras lo peino, él y sus amigos empiezan a hablar sobre los golpes que darán esta noche y yo suspiro una vez más.
Mikey me hará morir de tanto suspiro.
-¡Primero un zaz! ¡y luego taz!
-Ya está, vayan con cuidado.
Antes de que salgan por la puerta, Ken me mira.
-¿Por qué no vienes, Hitomi?
Ladeo la cabeza.
Miro a Shin, quien parece ocupado.
No tengo nada más que hacer...
-Si, ven con nosotros, mi hermana vendrá -dice Hakkai.
Sonrío y asiento.
Yuzuha y yo somos buenas amigas, además de que vamos juntas al mismo instituto junto a Emma.
-Si me llevan a casa primero.
-¡Pero eso nos retrasará! -dice Manjiro y suspira-. Bien, vamos.
Media hora después estoy saliendo de casa con una sudadera de Shin y unos jeans, Emma se puso un mono junto a una sudadera y Yuzuha un jean con una camisa holgada.
-Tsk, no entiendo por qué viniste tú también, Emma. -dice Ken-. Agarrate bien.
La rubia lo mira molesta y yo solo me río mirando a Yuzuha.
Pronto llegamos a un terreno baldío enorme donde además de muchos coches a los lados, ya hay bastante gente.
El sol está poniéndose y junto con Emma y Yuzuha subimos al techo de un auto.
-¡Esto es emocionante! -dice Yuzuha.
Mientras ella habla con Emma del lugar, yo me dedico a mirar el mismo.
Es interesante, a pesar de haber ido a ver a Manjiro pelear un par de veces, no lo hacía tan seguido, pues nunca le hallé sentido aún cuando Shin había sido líder de una enorme pandilla. Casi siempre esperaba pacientemente a que llegara a casa para curar algunas heridas de él y sus amigos.
Ya se puso oscuro y hay demasiadas personas, todos con pinta de malandros. La mayoría portan algún tatuaje a la vista o cicatrices. Se ven realmente espeluznantes.
La pelea está por iniciar.
El que supuse era el capitán de la otra pandilla y Manjiro se adelantan y estrechan sus manos.
Al parecer el otro chico dijo algo, pues Manjiro cambia completamente su expresión.
La pelea da inicio con Manjiro dando el primer golpe, algo que, sin duda no sucedía seguido.
Ambas pandillas empezaron a pelearse de una forma que aterraba.
Como si tuviesen algo pendiente.
Manjiro tiene una mirada vacía al golpear al líder de la otra pandilla, quien es bastante fuerte también.
Algo no está bien y para colmo ha empezado a llover.
-¿Quienes son los de la otra pandilla? -pregunto a Yuzuha.
-White Demons, se han hecho bastante populares estos meses. Son aterradores y su forma de pelar es sucia. Uno de los integrantes de ToMan apareció muerto el otro día y fue uno de los integrantes de WD pero no quisieron hacerse responsables, así que Mikey los ha retado.
Me quedo congelada.
Manjiro no ha dicho nada estos días, ni siquiera ha dado algún indicio de que algo tan espantoso como eso había sucedido.
Me aterro, pues Manjiro no puede pelear en ese estado de ira, ya que no sabe reconocer quien es o no su enemigo.
Y lo compruebo cuando minutos después, Manjiro se levanta dejando al chico inmóvil en el suelo, se dirige a cualquiera y lo golpea.
-¡Manjiro! ¡Para ya!
Manjiro no escucha, ahora solo es una máquina de golpes.
-¡Eh! ¡Tú! ¡Detente! ¡El combate ha terminado! -grita el chico al que Manjiro golpea salvajemente.
Pero Manjiro no se detiene a pesar de los intentos de Ken y Keisuke para calmarlo.
Me bajo del coche y empiezo a correr hacia él.
-¡Hitomi! ¡Hitomi vuelve!
Un cuerpo se interpone en mi camino.
Es un chico alto y de expresión horrible que me mira como si fuera una cucaracha.
-No te atrevas a meterte, mocosa.
Le doy un golpe en la cara cuando trata de tocarme.
El enojo es claro en su mirada y acepto que la he cagado.
Siento su mano estamparse en mi mejilla, sin embargo no es tan fuerte y solo me voltea el rostro.
Cuando me doy cuenta, el sujeto está derribado en el suelo y otra persona está delante de mí, pero no lo miro, pues me encuentro con su pecho.
-A las chicas guapas no se les golpea, Izuru.