Kyuuketsuki [Katsu Deku] by Double A at Inkitt
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Kyuuketsuki [KatsuDeku]

Summary

A Katsuki le hubiera gustado no haber hecho lo que hizo, se dijo que la soledad lo había hecho actuar y que por ello ahora tenía que vivir con dos idiotas, se dijo también que hubiera sido suficiente con la rockera... Ahora tenía que seguirles el juego a esos dos idiotas y hacer que aquella banda que tenían entre los cuatro, no se fuera a la mierda.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I

En el sureste de Alemania, en el monte Suabos se encontraba el castillo de Lichtenstein, dicho castillo familiar fue construido en el año 1200; pasando de generación en generación. Nadie en la ciudad de Stuttgart tenía conocimiento acerca de la familia que allí vivía y los más inteligentes preferían no averiguarlo.


Con el paso de los años, la familia Bakugou tomó el castillo luego de deshacerse de los antiguos dueños, drenando su sangre y enterrando los cuerpos en la fosa que había a un lado del castillo, el matrimonio tenía un solo hijo, el cual era un dolor de culo para la mujer ya que el pequeño niño era rebelde y grosero con ella, aún así lo quería.


Para la mayoría de edad del primogénito el matrimonio le dieron el castillo como regalo, ya tenía edad suficiente para cuidarse y alimentarse solito, por lo que el matrimonio podría irse a otra ciudad o pueblo para vivir una vida tranquila como simples humanos, aunque no lo fueran. Katsuki, el hijo del matrimonio, no sabía si sentirse contento porque al estar solo haría lo que se le viniera en gana sin las estúpidas reglas de la vieja bruja o estar molesto por estarlo dejando solo en un castillo más grande que toda la ciudad misma y sin un alma que lo acompañara... Sí, sin duda estaba molesto.


Con el pasar de los meses se estaba acostumbrando a dicha soledad en el castillo, desde que tiene memoria había paseado por todos los pasillos, habitaciones e incluso rincones hasta sabérselos de memoria; sabía dónde estaba cada lugar y los pasadizos que podía usar si quería ir a su habitación, a la cocina o a cualquier lugar de aquel enorme castillo.


•••••


Llevaba un año y medio viviendo solo cuando en una de sus salidas del castillo encontró una chica pelinegra que llevaba la ropa rota, el ceño fruncido y agarrándose un costado el cual sangraba, se dijo que debía pelear en contra de sus instintos y el hambre que comenzaba a secar su garganta. Respiró hondo y se maldijo poco después ya que al haberlo hecho, había llegado el aroma metálico y su boca parecía saborear la sangre de la chica; aún así se acercó a ella para sostenerla de caer.


ㅡNo pareces tener buena pinta ¿Qué te sucedió? ㅡCuestionó Katsuki, sorprendido de sí mismo por haber sonado tan amable como lo hizo.


La pelinegra observó las facciones del chico que se le había acercado a ayudarla y temió aún más por su vida, a pesar de parecer solo un chico normal, no tenía nada de "normal"; era alto, flaco, pálido, tenía las uñas un poco largas pero lo que sin duda no pasó por alto, fueron aquellos largos colmillos que se mantenían un poco a su vista. Con la poca fuerza que le quedaba, se empujó del cuerpo que la sostenía para gatear por la tierra, sin importarle ya estar herida y a punto de morirse.


ㅡ¡Aléjate de mí, mounstro! ㅡChilló la pelinegra con terror.


ㅡ¿Mounstro? ㅡCuestionó Katsuki con voz baja y molesto. ㅡ¿A quién le llamas mounstro, idiota?


Katsuki no iba a dejar que la chica se fuera a ningún lado por lo que se le acercó para tomarla del cuello de la camisa y alzarla para que lo viera, alejándola un poco al verla patalear con pánico.


ㅡDeja de moverte, te estás desangrando más rápido y solo me está dando más hambre, quieta ㅡOrdenó luego de soltarle aquella información.


Para sorpresa de Katsuki, la mujer se detuvo de su pataleos y volteó a verlo con sincero miedo, no sabiendo qué hacer realmente por lo que hizo lo que nunca creyó hacer frente a un vampiro, se puso a llorar.


ㅡBien, ¿Cómo te llamas? ㅡCuestionó Katsuki mientras caminaba con ella hacia el castillo sin importarle dejar un camino de sangre hasta el lugar. ㅡYo soy Bakugou Katsuki, dueño de todo lo que estás viendo.


ㅡKyōka Jirō... ㅡMurmuró la chica entre sollozos que al menos eran entendibles.


ㅡ¡Bien! ¿Quieres morir Kyōka? ㅡCuestionó Katsuki entrando por la puerta principal y dirigiéndose hacia los calabozos del castillo.


ㅡNo... ㅡRespondió simple mientras negaba.


ㅡ¿Qué te ata a este mundo? ¿Por qué quieres seguir viviendo? ㅡCuestionó Katsuki dejándola en una camilla para buscar algunos instrumentos.


La pelinegra observaba los movimientos del rubio sin entender cómo es que seguía viva, tenía el leve conocimiento de que todos los vampiros al oler sangre humana, bebían de los cuerpos hasta vaciarlos o quizá era sólo otro invento de la gente de la ciudad, la misma que le hizo daño. Pensó en la respuesta que le daría al rubio y por su mente solo pasó una persona.


ㅡNo quiero dejarla sola... ㅡFueron las únicas palabras que dio como respuesta.


ㅡTe doy la oportunidad de ser un mounstro como yo para que no dejes a esa persona sola con la condición que no le dirás de nuestra especie y tendrás que vivir aquí en el castillo conmigo ㅡOfreció Katsuki sosteniendo en sus manos, dos bolsas llenas de sangre.


Jirō pensó en la oportunidad que le ofrecía, le gustaba la idea de poder seguir viviendo para ver a Momo, pero no le gustaba la idea de vivir en un castillo solo con el rubio que parecía tener mal carácter; se le acababa el tiempo, sus ojos comenzaban a cerrarse por completo mientras sentía su cuerpo alivianarse, no podía dejarse morir.


ㅡSal-Salvame... Por... Fa-


Katsuki esperó a que sus ojos se cerraran por completo, acomodando las dos bolsas con sangre y decidió entonces, morder el cuello de la pelinegra, tratando de no drenarla en el intento de convertirla y cuando sintió casi la flacidez en el cuerpo de la fémina, se separó de inmediato para ponerle la intravenosa con la sangre que le pertenecía a él, era un vampiro puro por lo que podía convertir humanos en vampiros con su sangre pero éstos solo serían vampiros de baja categoría, en pocas palabras sería un vampiro antropofágico; su alimento se basaría en carne humana.


Se marchó del calabozo luego para buscar el alimento que serviría para la chica y comenzaría por los bastardos que la lastimaron, así que siguió el camino por donde había llegado la pelinegra y observó un grupo de búsqueda, una sonrisa macabra se formó en sus labios, mostrando de esa manera sus colmillos; los bastardos habían entrado a su territorio, ahora no habría escape para ninguno. Se acomodó de manera en que lo vieran, cruzándose de brazos mientras fijaba su mirada hacia el frente sin borrar su sonrisa y pudo haberse reído en cuanto los perros de caza salieron huyendo al verlo, era mejor así ya que no lastimaba animales; ninguno tenía la culpa de tener dueños tan hijos de puta como lo eran algunos de los humanos en la ciudad.


ㅡ¿Se puede saber quién les dio permiso para entrar en mi territorio? ㅡCuestionó Katsuki con tono de voz potente, irritándose al escuchar la risa de uno de los bastardos.


ㅡ¿Tu territorio? ¡Por favor, no me hagas reír! ¡No eres dueño de nada, mocoso! ㅡSoltó con voz jocosa el hombre frente a Katsuki con dos hombres más respaldándolo.


ㅡ¿Siquiera sabes a quién tienes frente a ti, imbécil?, creo que no pero no importará una vez que te mate.


Fue lo que sentenció Katsuki antes de inclinarse y sonreír como un verdadero depredador, lanzándose al hombre de la izquierda para romperle el cuello de un movimiento crudo y sosteniendo el cuerpo inerte frente a los otros dos hombres que parecían aterrados por lo recién sucedido, Katsuki aprovechó para divertirse y se acercó al cuello del hombre que estaba entre sus manos para clavar los colmillos y succionar la sangre con bastante rapidez hasta dejarlo completamente vacío, dejando el cuerpo a un lado y relamiéndose los labios, sonrió como un verdadero bastardo.


ㅡ¿Quién sigue? ㅡCuestionó divertido.


ㅡ¡U-Un vampiro! ㅡTartamudeó el peliblanco tragando saliva. ㅡ¡Papá dijiste que aquí no había nada peligroso y que podríamos seguir a la bruja lesbiana para quemarla en la hoguera!


Katsuki se detuvo escuchando lo que tenía que decir el hombre y comprendió la razón de que lastimaran a Jirō, resopló con las manos en los bola y llamando la atención de los hombres que discutían.


ㅡAún no entiendo cómo los humanos como ustedes han matado a los míos, son tan cerrados de mente pero se ven tan deliciosos cuando esto pasa ㅡComentó Katsuki acercándose veloz al peliblanco, sosteniéndole un brazo para arrancárselo. ㅡEs mejor cuando se abren sus cuerpos por pedazos mientras los demás escuchamos los dulces sonidos de súplica y llanto que dan para que les perdone la vida y los deje vivir.


ㅡ¡Déjalo en paz, demonio! ㅡGritó el pelirrojo con furia, levantando su arma y disparándole a la mano de Katsuki que sostenía el brazo recién arrancado.


Katsuki maldijo entre dientes por el dolor de la bala, sacudiendo la mano y gruñendo molesto y por el dolor, clavó sus uñas en el cuello del chico matándolo de inmediato para voltear hacia el hombre con bastante furia por haberlo lastimado.


ㅡTu sangre será la siguiente, hijo de puta bastardo ㅡComentó Katsuki con bastante maldad. ㅡTe haré saber mi nombre para que, cuando reencarnes no se te olvide y sepas que iré por ti cada vez.


ㅡMaldito mounstro, nadie ni siquiera un demonio como tú podrá acabar con Enji Todo... roki...


Katsuki decidió que no quería seguir escuchando que le dijeran mounstro, la parte de demonio ya estaba acostumbrado ya que su vieja bruja se lo decía mucho cuando hacía travesuras o llegaba lleno de sangre luego de salir a cazar, era normal o eso creía él. Se detuvo detrás del hombre y le atravesó el cuerpo con la misma mano que le había lastimado, acercándose al cuello del hombre y agarrándolo del cabello con fuerzas.


ㅡDebes entender que en esta vida y en los años siguientes todo ser, sea humano o vampiro e incluso los chuchos de los hombres lobos, tienen derecho a expresar amor a quien se les venga en puta gana ㅡComentó bajito entre dientes cerca de su oreja y sonrió con bastante suficiencia. ㅡDulces sueños Enji, nos veremos pronto si te dan la oportunidad de reencarnar.


Katsuki no perdió tiempo y le rompió el cuello para sacar la mano del cuerpo ajeno y soltarlo para ver su mano, sin duda estaba mejor pero le seguía doliendo para el culo. Se encargó de llevar los tres cuerpos hasta el castillo para llevar a los que aún tenían sangre hacia la cocina para ponerlos a drenar, colocando cinco bolsas juntas para cada cuerpo y que estas se fueran llenando, igual sabía que no sería demasiado ya que había desperdiciado un poco por las heridas y el camino hacia el castillo, igual tenía una pequeña reserva de sangre y en sus caminatas iba al pueblo por sangre en los hospitales, aunque ahora debía buscar carne humana para la chica.


La próxima vez me lo pienso mejor antes de convertir a alguien; se dijo a sí mismo con fastidio.


Llevó el brazo arrancado hasta los calabozos, dejándolo a un lado de la chica, quitándole la intravenosa para darle chance a que despertara y comiera, se encargaría de cortar la carne de los cuerpos y lo demás lo lanzaría a la fosa, esperaba que nadie extrañara a esos tres, le daba igual; primero se dirigiría a tapar la sangre y el hecho de que hubo un homicidio en el lugar. No quería problemas, aunque ¿Quién sospecharía del duque Bakugou que vivía solo y alejado de la ciudad? Exacto, nadie.


Al tener todo listo se sacudió las manos, haciendo mueca por el dolor en la mano derecha, la herida estaba cerrada pero el dolor le iba a durar una semana y le estaba molestando bastante. Se dio la vuelta para ir hacia el río y buscar agua, prefería esa agua a la que le llegaba en el castillo, limpiaba mejor la sangre en los suelos o eso se decía como excusa ya que le gustaba pasar tiempo allí. Al llegar se detuvo a un lado de un árbol, había un pequeño niño en las orillas del río jugando a atrapar a los peces que pasaban por el río y Katsuki gruñó por lo bajo ya que se suponía que nadie tenía permitido entrar al monte ni a su territorio pero al parecer esa pequeña familia no lo sabía y a Katsuki le llegó un aroma desconocido, no eran de la ciudad de Stuttgart pero no sabía de dónde provenían, no era un aroma cercano y se dijo que no era de su incumbencia.


ㅡ¡Tomu-chan mira, lo atrapé! ㅡSoltó el niño corriendo hacia otro chico un poco más grande con un pez entre las manos.


ㅡ¡Bien hecho, Izu-chan! ¡Con ocho años y ya eres un experto pescando! ㅡHalagó el peliceleste con una sonrisa dirigida hacia el niño. ㅡAhora hay que matarlo y cocinarlo.


ㅡ¡No!


Chilló el pequeño niño corriendo de vuelta al río para soltar el pez y volteó hacia Katsuki al notarlo a unos árboles más allá, contra todo pronóstico el niño no se asustó, de hecho alzó su mano en dirección al rubio y regalándole una sonrisa, lo saludó con bastante emoción antes de que lo llamaran, era hora de irse.


ㅡ¿Y el pez, Izu-chan? ㅡCuestionó el peliceleste al ver las manos vacías del niños.


ㅡLo dejé libre, no puedes comer animales Tomu-chan, ellos también merecen vivir esta vida tal y como a mamá le hubiera gustado vivirla ㅡComentó Izuku con una sonrisa triste por aquel tema pero recuperó el ánimo y se acercó a su tío Toshinori para tomarle la mano. ㅡ¡Vamos! ¡Quiero ver la casa!


ㅡ¿Te emociona mudarte, Izuku? ㅡCuestionó uno de los hombres mayores.


ㅡ¡Si! ¡Tendré amigos nuevos que no les guste lastimarme por tener gustos diferentes! ㅡExclamó con demasiada emoción el niño.


La conversación se perdió rió abajo dejando a Katsuki con el ceño fruncido, el pequeño niño tenía demasiada energía pero le había parecido adorable al igual que sus pecas y cuando lo saludó creyó que iba a decirle algo, pero en cambio nada pasó y se dijo que así estaba bien, era un humano y hasta ahí llegó su excusa para no hablar del niño.


ㅡEl príncipe del castillo ha salido a visitar de nuevo ¿No está viniendo muy seguido? ㅡCuestionó una voz a modo de burla, recibiendo un zape por metiche.


ㅡCállate Tomoko ㅡPidió Ibara para acercarse al rubio con expresión seria. ㅡPríncipe ¿Ya decidió por fin si aceptará ayuda en su castillo?


Katsuki chasqueó la lengua y movió la zurda para espantar a la pequeña hada que molestaba su paso, una vez que la alejó se agachó para meter la mano derecha en el agua y esperar a que la misma le sanara el dolor, se dijo que como no había ido con un balde para llevarse el agua para limpiar el suelo, al menos la usaría para sanarse allí mismo ya que estaban las hadas cercas y si estaban ellas cerca, entonces las ondinas debían estarlo también.


Katsuki se decía que ellas aparecían sólo para fastidiarlo, estaba casi seguro de ello. Las ignoró un poco más en lo que el dolor se le pasaba, agradeciendo que se quedaran calladas pero pidiendo mentalmente que se fueran y lo dejaran solo, quería poder meterse cuerpo completo en el río pero no lo iba a hacer con ropa y no iba a desnudarse frente a ellas, eso lo había hecho cuando estaba pequeño y no le daba vergüenza nada, ahora era un adulto que si sentía vergüenza.


ㅡLamento tener que interrumpir tu momento de calma pero es necesario saber ¿Qué has pensando de la propuesta que te hizo Belcebú sobre darte un Ukobach a cambio de un poco de tu sangre?


Katsuki sabía que ese era el tema de conversación que sacaría el hada pero aún así solo se levantó de la orilla del río cerrando y abriendo la mano para probar que todo dolor se haya ido, cuando ya no había más dolor, se dio la vuelta y se marchó de allí colina arriba donde estaba el Ent, el cuidador de la puerta del inframundo; antes de darle una respuesta a las hadas, debía ponerse de acuerdo con el gigantón para que sólo dejara salir al Ukobach y encerrara a Belcebú antes de que reclamara su sangre, ni de joda le daba su sangre a ese maldito demonio de mierda. Así que sólo debía hacer el trato con el Ent, avisar a las hadas de su decisión y obtener fácilmente a su ayudante de cocina, así de sencillo y sin ser un genio como se llamaban algunos humanos.


•••••


Había pasado un dos años luego de todo aquello, Katsuki y Jirō estaban viviendo tranquilos en el castillo, el Ukobach se encargaba de los cuerpos que el vampiro rubio le llevaba, drenándolos para guardar la sangre y usar la carne humana para preparar platillos para la chica que era la única que comía carne por su condición de vampiro antropofágico. El Ukobach tenía bastante tiempo libre ya que solo eran dos personas en todo ese castillo y solo a una era que le cocinaba, le gustaba estar allí ya que era mejor que cocinarle veinticuatro siete a Belcebú, aunque a Katsuki de vez en cuando le gustaba comer algunas comidas humanas picantes, el hombre parecía disfrutar del picante que el Ukobach le colocaba a la comida y el pequeño demonio disfrutaba cada vez que lo veía comer con bastante ánimo ya que le daba orgullo ser de utilidad en la cocina sin que lo insultaran o le dijeran que su comida era un asco.


Katsuki por su parte estaba contento con haberse ganado la lotería con el Ukobach luego de engañar a Belcebú hace dos años, las hadas tenían un peso menos en sus hombros ya que el demonio no podría salir del infierno durante un período muy muy largo y para ellas estaba bien pero eso a Katsuki le valía mierda, al menos ya le habían dejado de joder con tanta insistencia. Ese día le tocaba su caminata de todos los días pero desde hace dos años que se dirigía a otro sitio allí mismo en la ciudad, iba a ver a cierto peliverde con pecas; el niño ya tenía diez años y contaba con tres amigos que lo cuidaban y defendían de los otros niños que se metían con él.


Ese mismo día luego de asegurarse que el niño llegara a salvo a su casa -él estado a tres metros de distancia-, se fue hacia su castillo tomando un camino diferente y pasando por un bar de mala muerte, se dijo que tenía hambre pero podía esperar llegar a su castillo cuando un aroma espeso a sangre llegó a sus fosas nasales y guiado por su curiosidad, no tanto por el hambre ya que tenía control de su lado salvaje, siguió el aroma y se detuvo a unos pocos metros de la entrada del cementerio y escuchó dos disparos seguidos de unas risas burlonas.


ㅡTodos los gays merecen morir, son igual a las brujas pero como no tenemos una hoguera, morirán llenos de aguajeros ㅡComentó uno de los hombres con bastante burla.


Katsuki se dijo que ni con el pasar de los años los humanos aprenderían a que el amor no tenía por qué tener un género preestablecido, pero ya estaba cansado de tener una esperanza hacia humanos que solo tenían mierda en la cabeza y no cerebros.


ㅡ¿Me dejan unirme a la matanza? ㅡCuestionó Katsuki detrás de uno de los hombres que ya había matado drenándolo antes de haber llamado la atención de los otros.


ㅡClaro que puedes... ㅡRespondió uno de los hombres, volteando hacia Katsuki y palideciendo junto a sus amigos al ver a su compañero sin sangre en brazos del demonio que lo mato. ㅡ¿Qu-Qué mierda eres?...


ㅡSólo soy la persona que se quiere deshacer de todos los humanos de mente cerrada ㅡRespondió Katsuki lanzando el cuerpo sobre una de las tumbas como trapo sucio. ㅡUff siento un deja vú de esta misma escena.


ㅡ¡No te acerques demonio! ㅡChilló otro hombre disparando y fallando ya que Katsuki se movió detrás suyo a tiempo.


ㅡQue bueno que fallaste porque el hoyo que deja se cura pero el dolor queda es una mierda horrible ㅡComentó Katsuki molesto y le tomó el cuello para rompérselo, dejándolo sobre otra lápida. ㅡ¿Quién será el próximo en disparar y en morir?


Uno de los hombres que quedaba salió corriendo del lugar "salvando" su vida, Katsuki se haría cargo luego de él, no perdió tiempo y se encargó de matar al otro, debía darse prisa para cargar con los dos heridos y el que había drenado, dejó al tipo luego de matarlo, para tomar los tres cuerpos y salir de allí. Llegó a la entrada del monte para pasar los límites y dejar los cuerpos en sitio que no fuera visible, no pasó cinco segundos cuando la pareja de enamorados se juntó y decidieron morir tomados de la manos.


ㅡGracias por darnos otro tiempo para al menos despedirnos y morir juntos ㅡComentó el pelirrojo con una sonrisa y abrazando al otro.


Katsuki se sentía fuera de lugar como si no debiera ver ni presenciar lo que sucedía con esos dos, no había necesidad de preguntar qué los ataba ni la razón por la querer seguir en este mundo, tenía la respuesta a ambas preguntas frente suyo y se dijo que serían los últimos, no salvaría el culo de nadie más y una parte de él sentía que se iba a arrepentir en un futuro.


ㅡOigan idiotas ¿Quieren seguir viviendo? ㅡCuestionó Katsuki observándose las uñas, debía limarlas pronto y limpiarlas también.


ㅡ¡Si! ㅡRespondieron ambos con las fuerzas que le quedaban.


ㅡQueremos poder vivir la vida que nos han arrebatado ㅡMurmuró el rubio menor apretando la mano del pelirrojo que estaba de acuerdo. ㅡPero no es posible vivir sin reencarnar.


ㅡHay una posibilidad pero serán mi compañía y la de mi amiga por el resto de la eternidad ㅡRespondió Katsuki y se repitió que no le gustaba cómo eso sonaba.


La pareja de amantes cayó en cuenta que el hombre frente a ellos no era humano, voltearon al cuerpo lejos de ellos y se tensaron, un vampiro era lo que tenían frente a ellos pero seguían con su sangre en su cuerpo y se les estaba ofreciendo vivir inmortalmente juntos, no desaprovecharían esa oportunidad. Cada uno alzó la mano con la que no se sostenían y con expresión decidida aceptaron el trato que les ofrecía el rubio.


Katsuki asintió y tomó las manos los otros dos junto al cuerpo para llevarlos al castillo, en la puerta principal del castillo lo esperaban el Ukobach y Jirō, supuso que se había tardado más en su caminata habitual pero iba de manos ocupada. Soltó el cuerpo sin sangre en brazos de la pelinegra luego de saludarlos.


ㅡUko encárgate de ese cuerpo, estos dos idiotas estarán viviendo desde ahora en el castillo, prepara la comida que despertarán con bastante hambre.


Fue lo que pidió Katsuki antes de ir hacia los calabozos, aquellos que tenía tiempo sin utilizar para dejar a la pareja en dos camilla distintas pero juntos al ver que no se soltaban, les colocó la intravenosa con las dos bolsas e hizo el mismo procedimiento que había hecho con Jirō, los dejó allí y salió de los calabozos para dirigirse a su habitación, tomaría un baño antes de presentarse en la cocina y tener que explicar lo sucedido, la pelinegra le hacía recordar a su padre; se preocupaba cada vez que tardaba en su caminata y le pedía explicaciones, en un principio le molestó pero ya luego simplemente daba la explicación como si ya fuera costumbre.


A veces salía con la chica a la ciudad mientras Ukobach paseaba por el monte, lejos de la puerta que conectaba ese plano con el inframundo ya que no quería ser regresado a ese lugar. Katsuki acompañaba a la chica a casa de la persona por la cual estaba atada a ese mundo, luego de asegurarse de que Jirō no se la iba a comer ni a nadie allí, se iba a ver al chico pecoso; una sola vez fue cuando Jirō lo acompañó y supo la razón de sus salidas, ella le preguntó sobre su vida amorosa y él le contó que nunca se había sentido atraído por nadie ni hombre ni mujer en los años que tenía de vida hasta que vio a ese niño pero negó contra todo pronóstico que lo que sentía era un gusto hacia su propio género.


Ese día Jirō comprendió que aquel hombre era como cualquier humano, era inseguro a sus sentimientos y que, a pesar de cuidar a los homosexuales de los humanos homofóbicos, él mismo no se daba cuenta que se negaba a sus sentimientos y que tarde o temprano aquel chico de pecas le haría salir de su cascarón inseguro.


Katsuki salió de su habitación ya vestido con una toalla sobre su cabeza mientras se secaba el cabello, yendo hacia la cocina donde estaba seguro que estaban los otros dos, la pareja debía estar todavía en la transfusión de sangre por lo que estaba tranquilo. Al llegar solo se sentó en uno de los bancos frente a la mesa-comedor que habían puesto en la gran cocina para comer los tres y ganándose la atención de los presentes comenzó a contar cómo encontró a la parejita que estaba en el calabozo, luego de terminar vio a la pelinegra con el ceño fruncido y molesta.


ㅡEsa gente sigue sin aceptarnos en la sociedad, no les basta con quemar a las mujeres que según ellos practican brujería sino que también tienen que matar a las personas que gustan de su mismo sexo solo porqué se dejan guiar por lo que dice la tonta iglesia ㅡEscupió Jirō completamente molesta mientras apretaba los puños sin importarle estarse clavando las uñas en la palma de sus manos. ㅡ¡Hijos de puta!


Katsuki y Ukobach se sorprendieron al escucharla maldecir, la pelinegra siempre lo regañaba cuando soltaba alguna grosería o maldición, así que ella soltando una era completamente asombroso y divertido para Katsuki, le gustaba cuando la chica se expresaba de esa manera contra los humanos que la trataron mal y que no la defendieron, todos merecían morir pero no podían sólo crear una masacre por eso, además que ¿Qué harían con tanta comida?, era mejor tratar de cambiar a la sociedad de otra manera.


ㅡBueno, ya está bien de hablar de humanos tontos que no se merecen nuestra atención ㅡCalmó Ukobach mientras le dejaba un par de platos frente a los vampiros. ㅡMejor coman, recuperen fuerzas antes de que despierten los otros dos.


Ambos chicos agradecieron la comida y comenzaron a comer, la chica se había acostumbrado a comer carne humana gracias a Ukobach que la cocinaba de manera que no se notara que era humana y estaba segura que de no ser porqué a Katsuki le gustaba molestarla, no hubiera sabido que era carne humana la que el pequeño demonio cocinaba para ella. Arrugó la nariz al sentir el aroma a picante llegar a sus fosas nasales mientras veía al rubio comer como si fuese azúcar y no picante, sin duda tenía muerta las papilas gustativas también, se dijo por no sabe cuántas veces ya.


Luego de ese día Katsuki estuvo enseñándole a la pareja de idiotas -como los había apodado- que si tenían hambre sólo debían ir hacia la cocina con Ukobach para que éste les cocinara, tenían prohibido salir del castillo hasta que controlaran su hambre tal y como había hecho Jirō, la chica solo asentía para darle la razón al rubio, manteniéndose sentada a su lado en lo que la música sonaba en sus auriculares, los mismos que había conseguido junto a su ropa la vez que fue a casa de sus padres con los cuales había vivido pero que por lo visto la habían dado por muerta ya que su habitación la habían vaciado y por suerte su hermana había podido recuperar la ropa junto a su guitarra, de vez en cuando iba al colegio de su hermana y pasaba un tiempo con ella hasta que Katsuki la pasaba buscando para regresar al castillo o a veces ella iba por el rubio junto a su hermana que parecía tener alguna clase de extraño sentimiento hacia el rubio pero se divertía viendo a Katsuki ignorarla por andar pendiente del peliverde.


•••••


Pasaron cinco años en los que Katsuki ya convivía con los dos idiotas, la rockera y Ukobach quien parecía cómodo en su estadía en el castillo. Los primeros cuatro salían de vez en cuando juntos del castillo para separarse a hacer sus cosas y otras veces se les veía juntos en los parques, en los centros comerciales e incluso por el cementerio cuando iban de camino al castillo.


Pero Katsuki ya estaba comenzando a molestarse con los dos idiotas que habían encontrado divertido joderlo todos los días con algún maldito juego o una maldita burla hacia su persona, a veces creía sinceramente que lo imbéciles no recordaban que gracias a él es que estaban vivos y que le debían su vida o puede que si lo recuerden pero les vale mierda. Ese día no fue diferente a los otros.


¿Por qué demonios tenía que aguantarse a esos dos idiotas? ¿Qué mierda pasaba por su cabeza cuando decidió darle la oportunidad de seguir viviendo? ¿Por qué no podían ser igual de tranquilos y callados como Jirō?.


Demasiadas preguntas y su cabeza ya punzaba de cólera, esos dos jodidos idiotas ya habían colmado su entera paciencia y decidió lanzarles una silla a cada uno en la cabeza, acercándose para tomar sus cuellos y estamparlos contra la pared más cercana.


ㅡ¡Me tienen hasta los huevos con su maldito parloteo! ¡Ya cállense de una puta vez si no quieren que los drene y deje caer sus cuerpos en la fosa! ㅡGritó el rubio apretando el cuello de ambos hombres.


ㅡL-Lo se-sentimos... ㅡHabló el pelirrojo pataleando para que los soltara.


ㅡN-Nos man... tendre... mos ca-callados ㅡCompleto el rubio menor con los ojos fuertemente apretados.


El rubio mayor los soltó bruscamente, chasqueando la lengua con fastidio para salir del gran comedor y dejarlos solos, saldría a caminar por lo que invitó a Jirō que parecía dirigirse a las mazmorras como casi todas las tardes, Katsuki no sabía qué tanto hacía la chica allá arriba pero tampoco le importaba, no era de su incumbencia tampoco.


ㅡ¿Otra vez peleaste con Denki y con Eijiro? ㅡCuestionó Jirō siguiendo al rubio fuera del castillo con las manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero.


ㅡSon unos idiotas que han estado jodiendo demasiado con no sé qué mierda, por eso te invité, vamos a ver qué carajos es lo que me estaban repitiendo una y otra vez ㅡRespondió Katsuki masajeándose las sienes, saliendo del monte y dirigiéndose a la ciudad. ㅡMe molesta que sigan asistiendo al bar ese donde fueron echados y donde en la parte de atrás casi los matan.


ㅡQuizá haya algo interesante en ese bar ㅡComentó la chica con tranquilidad, alzando los hombros.


Katsuki chasqueó la lengua con fastidio y ambos se dirigieron hacia dicho bar, notando un gorila en la puerta que solo los observó de arriba hacia abajo con una ceja alzada antes de pedirle identificación, la chica fue la única que se la extendió ya que el rubio no tenía nada de eso, creía que incluso no tenía papeles de nada; tendría que preguntarle a sus padres pero igual el gorila sólo dejó entrar a la pelinegra.


ㅡSin identificación no entras rubio ㅡComentó el hombre con seriedad.


ㅡYo creo que un Bakugou no necesita identificación para entrar a ningún lado, imbécil ㅡSoltó Katsuki, su apellido debía ser conocido o eso se dijo.


ㅡNo sé quién mierda te crees mocoso pero sin identificación no entras ㅡVolvió a repetirle el hombre.


Katsuki gruñó molesto, mostrando los colmillos y el hombre ni se inmutó ya que creía que sólo era otro fan loco que creía en el vampirismo o algo así se hacían llamar, siguió de brazos cruzados hasta que llegó uno de los dueños del lugar.


ㅡDéjalo entrar Taishiro, él no es otro de los fans con los que has lidiado en los últimos días ㅡComentó el hombre desconocido desde atrás, agradeciendo que el temor no se le haya notado en la voz.


Katsuki frunció el ceño al sentir que conocía aquella voz de algún lado y Jirō se asomó desde la puerta con curiosidad en el momento en el que el rubio se dio la vuelta, sonrió amplio como bastardo, acercándose al hombre y tomándolo del cuello de la camisa.


ㅡEres el bastardo que se me escapó hace cinco años ㅡComentó Katsuki tan divertido de encontrar a la rata de alcantarilla que se le estuvo escondiendo. ㅡ¿Eres el dueño de esta pocilga?


ㅡ¿Pocilga? ㅡCuestionó el hombre con indignación, su bar era el mejor de todos en aquella ciudad. ㅡEstoy seguro que no has entrado nunca como para decir que es una pocilga.


Katsuki sonrió bastante macabro al escuchar la manera de hablarle, el bastardo se había puesto bien sus bolas para hablarle de esa manera y lo soltó contra todo pronóstico para alejarse y pasar a dicho bar.


ㅡLo veré primero pero estoy seguro que seguirá siendo una pocilga sin nada interesante a la vista ㅡComentó Katsuki mientras se iba con Jirō al interior del bar.


ㅡComo te encanta buscar problemas con los humanos, Katsuki ㅡComentó Jirō un tanto divertida mientras avanzaban en el interior del lugar.


ㅡEsa rata de alcantarilla fue uno de los que les disparó a los dos idiotas ㅡInformó Katsuki dejando el brazo sobre los hombros de la chica.


Jirō frunció el ceño por esa información y estuvo por devolverse y golpear al hombre, no entendía por qué Katsuki lo había dejado vivir pero se mantuvo tranquila, esperaba que el vampiro tuviera una idea de cómo deshacerse del imbécil luego. Katsuki en cambio observaba el lugar con expresión aburrida, el segundo piso era tan aburrido como el primero por lo que se detuvo junto a la pelinegra cerca del escenario que había en el bar para observar el cartel del que tanto le habían hablado Kirishima y Kaminari, el mismo con el que no dejaban de insistirle cada puto día.


ㅡCon que es esta mierda de la que hablaban los idiotas ㅡComentó Katsuki con una mueca y volteó hacia Jirō quien parecía anotar algo. ㅡ¿Qué escribes?


ㅡDeberíamos inscribirnos ㅡComentó Jirō como si nada.


ㅡ¿¡Tú también!? ㅡCuestionó Katsuki alejándose de la chica haciendo una mueca. ㅡSuficiente tuve con los dos idiotas como para que también te les unas ㅡComentó con cansancio. ㅡHan estado casi dos jodidas semanas diciéndome para que hagamos una banda de rock, que Kaminari sería un buen vocalista, Kirishima estaría en el bajo, tú en la guitarra y yo de baterista.


ㅡ¿Y qué les dijiste? ㅡCuestionó la pelinegra aunque ya sabía la respuesta de ello.


ㅡLos mandé a la mierda de ida y de regreso cien veces ㅡRespondió simple como si fuera su respuesta usual. ㅡAdemás yo sería el vocalista y el jefe de esa mierda de grupo.


ㅡ¡Entonces está decidido! ㅡExclamó Jirō con una sonrisa ladina y colocando una mano en el hombro del rubio. ㅡSerás el jefe y el vocalista de la banda, tengo las canciones con las que nos presentaremos.


Fue lo que decidió la chica dándose la vuelta para salir del bar, Katsuki se sintió engañado y traicionado por aquella decisión unánime, a la chica le valió que él no quisiera pero aún así se puso a seguirla y pasando a un lado del dueño.


ㅡNo me equivoqué, es una pocilga ㅡComentó Katsuki antes de salir del lugar. ㅡ¡Oye, Jirō! ¡Espérame!


Katsuki se le acercó rápido para seguirla hacia el centro comercial, no tenía idea de lo que iban a hacer allí y sinceramente quería que ya regresaran al castillo por lo que le insistió a la chica por todo el camino para que regresaran a casa, pero al ir llegando al centro comercial se quedó callado cuando vio a cierto pecoso caminar hacia una tienda de cd's y Katsuki decidió dejar sola a la chica para ir detrás del chico. Jirō notó hacia dónde se dirigía Katsuki y lo jaló del brazo reteniéndolo para arrastrarlo a la tienda de instrumentos e ignorando las quejas del rubio.


ㅡCompraremos una batería, un bajo eléctrico, un micrófono y los amplificadores para comenzar a practicar, tenemos un mes antes de que comiencen las audiciones, esperemos que esa empresa si cumpla su parte de hacernos famosos o le diré a Uko que me lo cocine ㅡComentó Jirō observando las marcas de las cosas que se llevarían.


Katsuki se mantuvo con una mueca en los labios y con las manos en los bolsillos sin prestarle atención a la pelinegra y sintiendo una mirada hacia su persona que le molestaba, no le gustaba que lo mirarán tan fijamente por lo que se volteó con el ceño fruncido hacia la puerta dispuesto a maldecir al humano que estaba quemando su nuca con la mirada pero se detuvo, alzando las cejas con sorpresa al ver que era el chico pecoso que al ser descubierto se sonrojó de la vergüenza y desvió la mirada como si buscara a alguien más.


ㅡ¡Katsuki te estoy hablando! ㅡLlamó Jirō con el ceño fruncido y moviendo los bajos en sus manos. ㅡ¿Azul o rojo?


ㅡVerde... ㅡMurmuró Katsuki hacia Izuku y sin prestarle atención a la chica.


Jirō frunció el ceño sin comprender porqué dijo aquel color hasta que siguió la mirada del ojirubí y vio al chico con el cual el rubio estaba obsesionado. Suspiró y tomó el bajo rojo antes de empujarlo hacia el chico, logrando poner nervioso a Katsuki quien volteó a verla con pánico.


ㅡVe a hablar con él en vez de estar babeando como idiota.


Katsuki se sintió indignado por ese comentario pero aún así se quedó donde estaba, cruzándose de brazos porque no iba a parecer acosador, aunque ya lo fuera pero no le hacía daño a nadie si seguía al chico desde lejos ¿O si?... Esperaba que no.


ㅡYa, vamos a seguir buscando las cosas ㅡComentó Katsuki siguiendo a la chica hacia las baterías y maldijo al ver que estas estaban cerca de donde se encontraba el pecoso. ㅡSiento que lo haces a propósito, Jirō.


ㅡ¿Yo? No, para nada que lo hago a propósito, Katsuki ㅡRespondió la chica a modo de burla.


El rubio la vio serio y bufó indignado, aún así se puso a seguir a la chica, teniendo al vendedor detrás de ellos poco después atendiéndolos, escuchó que le ofrecía que probaran las baterías y rió cuando Jirō respondió que ella no sabía tocarla, que solo tocaba la guitarra y el bajo muy poco, fue entonces que Katsuki confirmó lo que Kaminari le había dicho sobre la chica; su gente era una cajita llena de sorpresas, se dijo.


ㅡYo la probaré ㅡComentó para sentarse en el banquillo y tomar las baquetas. ㅡVeamos si no estoy tan oxidado en esto.


Jirō junto al vendedor esperaron a que Katsuki comenzara y cuando lo hizo, ambos miraron con sorpresa la facilidad que tenía el rubio para tocar la batería como si lo fuera hecho desde hace mucho y quizá era así. Prontamente la entrada de la tienda de instrumentos se fue llenando un poco de gente que se había acercado a observar y escuchar, no era un ritmo desesperado ni desenfrenado; más bien parecía que el rubio seguía el ritmo de alguna canción que llevaba en la mente y que él conocía.


Entre la gente se encontraba Izuku observando al rubio con demasiado asombro, olvidándose que estaba allí para encontrarse con su hermano mayor, él en esos momentos solo tenía ojos en aquel rubio. El pecoso sabía que era el mismo que solía seguirlo todas las tardes de su colegio hasta su casa y algunas veces en el centro comercial pero no le molestaba, aunque sus amigos le hayan dicho que tuviera cuidado y que hablara con la policía. Él estaba seguro que nada le pasaría ¿Cómo lo sabía? Ni siquiera él tenía la respuesta a esa pregunta, por lo que simplemente se dejó llevar por el ritmo que llevaba el rubio al tocar la batería, apretando suave el nuevo cd que se compró hace unos minutos; había sentido que conocía el ritmo de la canción hasta que se dio cuenta que efectivamente la conocía, era de su banda favorita y el saber que al rubio también le gustaba, le emocionaba por sobremanera.


Luego de que Katsuki terminó de tocar, se sobresaltó al escuchar aplausos sonar casi a su lado y notando por fin al grupo de personas que se habían acercado a ver y escuchar, notando también a cierto peliverde sonreír mientras aplaudía junto a las demás personas. Katsuki se sentía avergonzado y le dijo a Jirō que se llevarían esa.


ㅡ¿No quieres ser el baterista y el jefe nada más? ㅡCuestionó la chica aún asombrada por el talento que tenía el rubio con aquel instrumento.


ㅡYa te dije la razón del por qué no quiero serlo, además estoy un poco oxidado ㅡRespondió Katsuki con una mueca.


La pelinegra iba a responder pero se quedó callada en cuando el chico peliverde se acercó detrás de Katsuki y sonrió leve queriendo ver la reacción del mayor.


ㅡ¡Eso estuvo muy genial! ㅡChilló Izuku con emoción. ㅡ¿Están en una banda? ㅡCuestionó esta vez hacia la chica.


Katsuki estaba anonadado y tenso al escuchar aquella voz tan cerca, dándose vuelta casi tan lento como una tuerca sin aceite solo para notar la emoción del niño y creyó que si no fuera inmortal, definitivamente habría muerto allí mismo. Negó solamente sin emitir palabra alguna por lo que la pelinegra tenía que salvarlo de la posible vergüenza que pasaría si no le respondía al pequeño.


ㅡNo, pequeño. Aún no creamos nuestra banda pero pronto la tendremos, por ello el idiota mudo que ves aquí, estaba probando la batería ㅡRespondió Jirō con una sonrisa casi imperceptible para pellizcar disimuladamente al rubio para que despertara de su trance. ㅡ¿Tú lo ves mejor de baterista o de vocalista?


Katsuki gruñó al escuchar lo que la pelinegra intentaba con aquella pregunta y se dijo que luego se las vería con él pero aún así volteó hacia el chico para esperar respuesta que daría el más chico.


Izuku pensaba mientras analizaba al rubio, se dio cuenta entonces que el rubio era muy apuesto de cerca, por supuesto que recordaba haberlo visto cuando a penas iban llegando a la ciudad de Stuttgart en el monte cerca del río pero era algo que se guardaba para sí por lo que al ver que lo había comenzado a seguir lo había hecho sentir emocionado y sin siquiera tener una pizca de miedo. Ladeó el rostro y sonrió con una mano sosteniendo su mentón a modo pensativo.


ㅡCiertamente tendría que escuchar su voz para dar una respuesta ㅡRespondió Izuku con una sonrisa amplia.


Katsuki y Jirō alzaron las cejas al escuchar la respuesta dada por el chico y la pelinegra rió para voltear a ver al rubio para ver qué decía, en ese momento se acercó el hombre de la tienda para preguntarles si se llevarían algo más además de todo lo que escogieron.


ㅡNo, nada más. Pongamos la cuenta ㅡRespondió Katsuki con el ceño fruncido. ㅡOye rockera, nada más espero.


ㅡNo, nada más Katsuki ㅡRespondió la chica viéndolo irse detrás del hombre para pagar y volteó hacia el niño. ㅡAhora que lo escuchaste ¿Qué dices?


Izuku había estado embobado luego de escuchar la voz del mayor y se sonrojó al escuchar la pregunta de la mujer, desviando la mirada antes de responderle como era debido.


ㅡPuede ser ambas si así lo quiere, tiene buena voz y sabe tocar la batería...


ㅡ¿Quién sabe tocar la batería? ㅡInterrumpió Tomura llegando al lado de su hermanito. ㅡ¿De nuevo hablando con extraños, Izu-chan?


ㅡTomu-chan no interrumpas a la gente cuando está hablando ㅡLo regañó Izuku con el ceño fruncido y molesto para volver a ver a la chica. ㅡComo le decía, lo que él escoja hacer en la banda, le quedará como anillo al dedo.


Tomura frunció el ceño por la manera en la que su hermanito le habló y decidió quedarse callado, escuchando de lo que hablaba con la chica con pinta de rockera, ahora tenía sentido que le hablara. A su hermanito le gustaba el rock y un poco de heavy metal que para nada combinaba con su apariencia tierna y adorable, había visto muchas veces cómo los compañeros de su hermanito lo molestaban por ello y él terminaba golpeando a los chicos sin que Izuku lo supiera pero al cambiar de ciudad, aquello había cambiado solo un poco, ahora Izuku tenía amigos que lo defendían y él estaba bien con ello.


Katsuki había pagado todo y había firmado, indicando hasta dónde tenía que llegar el camión con los instrumentos, no dejaría que cruzaran su territorio, suficiente tenía con los malditos turistas que iban al río y que creían que su castillo estaba vacío y que por ello podían intentar pasar para curiosear el lugar, habían tenido que asustar a muchos de ellos y por ello el castillo tenía mala fama pero si así lograba alejar a los chismosos, no le importaba.


ㅡOye Jirō, hay que llamar al par de idiotas para que esperen en la entrada del territorio para que llevemos todo ㅡComentó Katsuki deteniéndose al lado de la chica y recibiendo un asentimiento como respuesta.


ㅡYa los llamo para que se pongan pilas ㅡRespondió la chica y volteó hacia el chico. ㅡBueno pequeño, nosotros nos marchamos ya. Espero que puedas irnos a ver cuando nos presentemos.


ㅡ¡Sería genial! ¡Trataré de estar allí! ㅡRespondió Izuku con ánimo. ㅡEstaremos allí ¿Verdad Tomu-chan?


ㅡTal vez, dependiendo del lugar ㅡRespondió el peliceleste como si nada.


Izuku le hizo pucheros a su hermano por aquella respuesta, él quería estar si o sí y tendría que convencer a su hermano mayor, no sabía cómo pero lo haría. Buscaría la manera, además invitaría a su amigo Shōto para que lo acompañara, el bicolor era el único de sus tres amigos al cual le gustaba el rock al igual que a él.


Los cuatro se despidieron para irse por rumbos distintos, Katsuki y Jirō subieron a un camión donde iban los instrumentos, Kirishima y Kaminari al parecer ya se encontraban esperando en la entrada del monte Suabos, el dueño de la camioneta había alzado una ceja en cuanto dio la dirección a la cual dejarían los instrumentos musicales ya que no era un sitio en el que viviera alguien, no había ninguna casa por ese monte más que el castillo y fue cuando Katsuki con fastidio respondió que él era el dueño de dicho castillo. Más valía que no debió decir eso, el camión derrapó en el camino y los dos vampiros se sostuvieron con fuerza para no salir volando por el parabrisas.


ㅡ¿¡Está loco!? ㅡCuestionó Katsuki con molestia hacia el hombre que temblaba en el puesto del conductor.


ㅡ¿S-Son lo-los va-vampiros de lo-los q-que la ge-gente ha-habla? ㅡTartamudeó el hombre.


Katsuki y Jirō rieron para evitar delatarse, negando divertidos por la pregunta y el miedo del hombre. Les preocupaba que la gente volviera a acercarse al castillo solo para curiosear y confirmar la existencia de su especie por lo que debían fingir que no sabían de lo que el hombre hablaba.


ㅡ¿Vampiros? ¿De verdad cree que existieron? ㅡCuestionó Katsuki carcajeando fingidamente. ㅡLa gente se inventa unas historias para asustar a los demás, increíbles.


ㅡVerdad que si ¿Qué le hace pensar que "los vampiros" existieron? ㅡCuestionó Jirō haciendo comillas hacia el hombre que parecía haberse calmado y vuelto a conducir más despacio.


ㅡBu-Bueno hubo hace unos años... ㅡComenzó a contar el hombre apretando el volante. ㅡTres hombres desaparecieron de manera sospechosa en el monte y no se les volvió a ver, la gente decía y creo que algunos aún dicen, que los hombres iban detrás de una practicante de brujería a la cual iban a quemar y que se podía escuchar los alaridos de uno de los hombres desde lejos y luego desaparecieron de la nada, no se les ha vuelto a ver.


Katsuki y Jirō sabían de cuáles hombres hablaba el hombre, los recordaban claramente ¿Cómo no hacerlo si fueron ellos quienes se deshicieron de esos hombres? Principalmente Katsuki quien fue el que los mató.


ㅡ¿Sólo por eso? ¿No pudo haber sido que tal vez cayeron por el acantilado? ¿Los buscaron? ㅡCuestionó Katsuki sin ningún tono en especial, viéndose las uñas como si nada.


ㅡPudo haber sido ㅡConsideró el hombre asintiendo de acuerdo. ㅡAunque hubo también otro caso, esta vez en el cementerio ㅡInició contando el hombre con bastante seriedad. ㅡSe dice que, cuando la policía llegó al lugar yacía un hombre sobre una de las lápidas muerto con el cuello roto y otro con el cuello desgarrado, hubo un hombre que escapó y dijo que lo que atacó a sus compañeros antes de él huir fue un vampiro.


El camión se detuvo en la entrada del monte esta vez menos brusco, bajaron del mismo para sacar los instrumentos musicales mientras Kirishima y Kaminari esperaban con el rostro serio al ver al rubio con la misma expresión, luego averiguarían lo que sucedió. Katsuki agradeció y le dio propina al hombre por haberlos llevado.


ㅡDeje de escuchar chismes sobre cuentos de viejas, no existen los vampiros por lo que deberían pensar más bien que el que "huyó" fue el que a lo mejor es el culpable de las muertes ㅡComentó Katsuki despidiéndose del hombre junto a sus amigos y en cuando el hombre estuvo lejos, volvió sombría su mirada. ㅡNo debí dejar vivo a ese bastardo, pero más vale que disfrute sus días entre los vivos porqué pronto va a bailar entre los muertos.


Fue lo último que dijo Katsuki como promesa hacia el viento, todos tomaron los instrumentos y el amplificador para subir el monte y dirigirse hacia el castillo en silencio, los otros tres sabían que debían quedarse callados cuando el rubio estaba molesto y más cuando se trataba de alguno de ellos, eran su familia desde que fueron salvados por Katsuki y gracias al hombre tienen oportunidad de vivir de nuevo en ese mundo, por lo que le servirían por toda la eternidad; aunque los dos chicos fueran a joder al rubio parte de esa eternidad, estaban casi bien con aquella idea.

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