Único capítulo

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Summary

"Hola a todos! 👋 Estoy emocionada de compartir mi primera historia de un solo capítulo con ustedes. Le dediqué mucho tiempo y cariño, y espero que sea de su agrado."

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Único capítulo

: El Despertar.

Estefanía, una joven peruana de veintiocho años con ascendencia francesa, era una modelo internacionalmente reconocida.

Su rostro, un imán para las cámaras, adornaba campañas de marcas como Victoria’s Secret, Gucci y Carolina Herrera. Su belleza

cautivadora y su profesionalismo la habían llevado a recorrer el mundo, desde las pasarelas de Milán hasta los estudios.

Fotográficos de Nueva York. Pero Estefanía era más que una cara bonita. Era una ávida.

La lectora, una mente inquieta que encontraba en los libros un refugio y una fuente.

Inagotable de conocimiento. Su curiosidad insaciable la llevaba a explorar diferentes.

Mundos a través de las páginas.

Enriqueciendo su perspectiva y alimentando su espíritu. Historias de varios géneros.

Le fascinaba la lectura. Su abuelita blanca inculcó

Le avisaron que había un

Lanzamiento de un nuevo perfume de alta calidad. Dicen que su aroma era brutal, exótico.

Se encontró con unos amigos. Entre sus amigos estaba una de sus mejores amigas de la infancia, Natalie Vértiz

Era un evento exclusivo y muy esperado, donde unos amigos comunes le presentaron A William.

William, un exitoso empresario tailandés de 35 años con ascendencia argentina, era el dueño de una prestigiosa agencia dé.

Modelos. Su madre, una reconocida cantante y actriz en México y Argentina durante su juventud, le había inculcado.

Una sensibilidad artística y un espíritu cosmopolita. Su vida era un equilibrio entre el mundo de los negocios y sus pasiones.

Una Persona. Amante de la lectura, encontraba en los libros un refugio de la.

Vida empresarial. Su energía se manifestaba en la práctica del boxeo y el windsurf.

Mientras que su profunda conexión con el mar lo llevaba a dedicar tiempo al buceo.

Era una persona tranquila, sociable y afectuosa, un hombre soltero, hasta el momento de su encuentro con Estefanía.

En medio del bullicio de la fiesta, sus miradas se cruzaron. No fue amor a primera vista, sino una conexión que se fue forjando.

A través de conversaciones casuales, llenas de risas y miradas cómplices. A través de esos encuentros, se fueron conociendo.

Mejor, descubriendo sus pasiones compartidas y una profunda afinidad intelectual que trascendía las diferencias.

Culturales. Su noviazgo, de dos años, fue un torbellino de viajes exóticos, cenas románticas a la luz de las velas y paseos por.

Playas solitarias, siempre con un libro a mano. Al cabo de ese tiempo, William, con un anillo de diamantes que brillaba tanto.

Como los ojos de Estefanía, le pidió matrimonio bajo un cielo estrellado. Su boda, un sueño hecho realidad para.

Estefanía se celebró en una playa idílica, con el mar como testigo de su amor. El sonido de las olas, el aroma salado del aire y la cálida.

Arena bajo sus pies, crearon un ambiente mágico e inolvidable. Un año después, la llegada de Esthercita llenó sus vidas de una.

Una alegría inmensa, un amor incondicional que solo los padres pueden comprender. La pequeña Esthercita, con sus ojos brillantes.

Su sonrisa contagiosa se convirtió en el centro de su mundo, el lazo que unía aún.

Más a William y Estefanía, dos almas que compartían no solo una vida, sino también una pasión por la lectura y el aprendizaje continuo.

La oscuridad de la habitación apenas se rompía con la tenue luz de la luna. Estefanía.

Se despertó con un ligero dolor, un malestar que se intensificó rápidamente. Su voz, apenas un susurro, llamó a William.

“William... William... despierta... despierta, William...”

William, entre sueños, se despertó con la voz de su esposa.

"“”"“¿Qué pasa, Estefi?“, preguntó con somnolencia.

“Me duele... me duele mucho... nuestra hija... quiere nacer...”

El dolor en la voz de Estefanía era palpable. El sueño se desvaneció por completo. William encendió la lámpara de noche.

Iluminando el rostro dolorido de Estefanía. La urgencia de la situación era inmediata. Con una mezcla de pánico y determinación.

William agarró las maletas que ya tenía preparadas. William agarró a Estefanía en brazos.

Y bajó apresuradamente las escaleras. En la planta baja, Estefanía, con un esfuerzo visible, le pidió a Diana:

“Nana Diana, por favor, cuida a mi hija Esthercita.”

William añadió, dirigiéndose también a Diana: “Y por favor, llamé a mi madre.” Cuéntele que me estoy llevando a mi esposa al hospital porque nuestra hija va a nacer.”

Sí, señor William

“Sí, mi niña Estefi, no te preocupes, todo saldrá bien, sí, señor”. William, “No sé“.

“Preocupen, yo cuidaré de Esthercita”, respondió Diana, su voz llena de preocupación.

William, sin perder más tiempo, no se separó de su esposa y la llevó directamente a la sala de emergencias del hospital.

En el hospital, la atmósfera era una mezcla de esperanza y tensión. El zumbido constante de los monitores cardíacos.

El murmullo de los médicos y enfermeras, el olor al desinfectante, todo contribuía a la ansiedad palpable. Tras varias horas de espera.

La espera se hacía eterno y su angustia aumentaba con el nacimiento de Esthercita. No fue tan difícil, fue rápido, sin.

Complicaciones: Yo sé que no soy un hombre religioso. Te pido por la vida de mi esposa, por la vida de mi bebé, por favor. No me la quites.

Te prometo, te juro que, si dejas seguir a mi lado, las cuidaré, las amaré con más intensidad, les dedicaré más tiempo que debí.

Hacerlo, por favor, sin Estefanía, yo no voy a poder vivir mi alma gemela, por favor, un parto complicado; la alegría del nacimiento.

De Anita se vio opacada por las complicaciones que llevaron a Estefanía a un estado de coma. William, exhausto. Angustiado

Desconsolado, se sentó en una silla junto a la cama de su esposa, el corazón desgarrado por la incertidumbre. El silencio del hospital

era ensordecedor, roto solo por el latido rítmico de los monitores. De pronto, el zumbido de su teléfono móvil lo sobresaltó. Era su madre, su voz llena de alegría.

“Hijo, ¡Esthercita se despertó! Quiere ver a su mamá y a su hermanita...”

La felicidad en la voz de su madre era un contraste brutal con la realidad que William estaba viviendo. Intentó explicarle la situación, pero las palabras se le

atragantaron. Antes de que pudiera articular una respuesta coherente, una enfermera se acercó con una expresión grave. “Señor”

Maguire, tenemos que hablar con usted…” La noticia del robo de Anita cayó sobre William como un mazazo. El mundo se derrumbó a su alrededor.

La alegría inicial de su madre se transformó en consternación y angustia al escuchar la terrible noticia. Inmediatamente, la madre.

De William llegó al hospital, encontrando a su hijo destrozado por el dolor y la desesperación. El abrazo entre madre e hijo fue un silencio compartido de su dolor

Comprensión tácita de la tragedia que los había golpeado. El llanto silencioso de William se mezcló con la angustia de su madre, un coro de dolor que resonaba en él.

El silencio del hospital. El futuro era incierto, una nebulosa de dolor y preguntas sin respuesta. El robo de Anita, la lucha por la vida de Estefanía... todo se unía en un torbellino de emociones que amenazaba con. Continuar con esta dolorosa agonía