Prólogo
Y desgraciadamente, el dolor en los corazones de los hombres nunca muere. Siempre yace un malestar que agobia al projimo, y el malestar del projimo acaba siendo el malestar de uno mismo. En un mundo tan cruel, lleno de agobio, de tristeza; a veces no es suficiente la predicación de amor y esperanza, a veces se necesita de alguien capacitado para ensuciarse las manos.
Antes que nada, perminete agradecerle que haya escogido esta pieza para su lectura. Y permitame darle un poco de contexto de lo que está a punto de leer:
Este mundo es un lugar hostil, donde los seres humanos solo son una de las tantas criaturas que lo habitan. La humanidad siempre es asechada por todo tipo de criaturas inteligentes, conocidas como Djin, los Djin vienen de todo tipo de formas y tamaños, más que una especie, es un conjunto de ellas, pero comparten una caracteristica en particular, y es que les gusta alimentarse espiritualmente de los débiles humanos. Ya sea haciendo tratos con ellos, prometiendo riquezas y poder a cambio de sacrificios y otras barbaridades, o inclusive solicitando que les den permiso de vivir como parasitos en el cuerpo de la persona pactante. Las personas que hacen trato con los Djin son conocidos como hechiceros, paganos a los ojos de la peregrinación. Los peregrinos tienen como orden acabar con cualquiera de los dos. Y si es posible, acabarlos de la forma más violenta posible.