Todo y nada
Ojos que se abrieron con una escena que había estado presenciando ya por un tiempo.
Un rostro calmado, mostrando la paz absoluta junto con la tranquilidad que alguien en aquel estado de descanso podría dar.
El rostro dormido de aquella mujer fue algo que siempre recordaba a cada noche, cuando dormía tenía aquella imagen presente, no es que no pudiera dejar de pensar en ella, era simplemente algo que se había convertido en su rutina ya por unos años que no pudo hacer nada más que pensar en aquella expresión suave, aquel rostro exento de molestias o algún signo que diera a entender que ella estaba mal.
Tampoco es que pudiera soportar el hecho de verla en un estado lamentable, no podía pensar en la posibilidad de que ella estuviera en un estado de sufrimiento más allá del que estaba dispuesto a que ella pudiera tomar; no siendo un signo real si no algo acorde a la personalidad de aquella mujer.
Se movió en la cama, extendió su mano y tocó con cuidado la mejilla de la mujer quien no reaccionó ante el tacto. La mejilla de aquella mujer era cálida, suave y de textura fina al mero contacto, desde que él había llegado, desde que ambos habían estado en algo, jamás había dejado aquella sensación de lado, la de querer tocar el rostro de la mujer ante lo que le generó el mero hecho de tocarla, y no solo fue él, lo sabía, sabía como ella amaba ser mimada incluso cuando no lo decía.
Había pasado por mucho e incluso cuando no hubo mucho que hacer en el momento en que llegaba en aquel lugar, no sintió que el tiempo se perdiera, no sintió que el tiempo se desperdiciara, sintió que todo iba acorde a algo, no fue la misma sensación como la que percibía al momento de estar al lado de aquella mujer.
― ¿Shirou? ―una voz suave, una que hizo que cualquier sentimiento de impaciencia se quemara para el nombrado, la mujer de pelo blanco que estaba desnuda en la cama ahora estaba abriendo lentamente los ojos. La mano de Shirou que estaba en el rostro de la mujer ayudó haciendo que el cabello de esta que había caído en donde estaban sus ojos ahora fuese posible de moverlos con un ligero movimiento del pulgar.
―Buenos días, Caren ―Sonrió, siempre al lado de aquella mujer le dolían las mejillas. ¿Cómo no cuando siempre estaba sonriendo?
― ¿Qué pasa con esa expresión tan tonta a tan temprana hora? ―Caren no se molestó en moverse, al contrario, decidió acercarse y abrazar a Shirou, aquel hombre ahora con el pelo blanco y tez morena estaba siendo sostenido gentilmente por aquella mujer de tez pálida y pelo blanco―. ¿Es un viaje importante una vez más?
―No quería despertarte…
―Lo hubieras hecho de todas formas, no puedes contener tus impuros deseos cuando me ves ―una sonrisa estaba oculta cuando Caren dijo aquello, para Shirou, quien siempre veía el rostro inexpresivo de la mujer fue eso, un juego más del montón para Caren.
Una forma de burlarse de Shirou, ella apreciaba demasiado aquellas pequeñas reacciones inocentes del hombre el cual ahora estaba abrazando. Ambos estaban desnudos, habían pasado una última noche antes de que Shirou tuviera que ir a una misión, o algo así, Caren ya no estaba tan al consciente de lo que pasaba tanto en la iglesia como en el mundo iluminado.
Shirou de alguna forma había logrado que fuese exonerada de muchos de sus antiguos trabajos, incluso si ella quisiera trabajar, podía confirmar que Shirou vendría a detenerla, siempre fue así cuando ella estaba en peligro, cuando ella estaba en alguna situación imprevista, la trató como porcelana fina; no fue algo que Caren tomara como “malo” dado el hecho que se sintió protegida, pero su propia habilidad le jugaba en contra.
Se preocupaba que fue lo que Shirou había hecho en los tres lados para que ella gozara de la libertad que tenía en aquel momento.
―Ah, supongo que perder el control contigo no es malo, ¿no es algo que has dicho muchas veces? ―Shirou siguió la broma, abrazando con mayor fuerza a la mujer quien le dio ligeras palmadas en la espalda como si estuviera intentando consolarlo.
―Está bien, no tienes que preocuparte ―Caren cerró nuevamente los ojos tras aquellas palabras, el abrazo solo se intensificó con el tacto d Shirou sobre ella, era más que evidente las ganas de este a la hora de mostrare tan atento. No es algo que no pudiera evitar, si ella decía que no, Shirou probablemente haría caso de inmediato.
― ¿Podemos ir hoy? ―la pregunta de Shirou sorprendió a Caren. La mujer intentó recordar la fecha y que era el día de hoy, un breve lapso de tiempo en silencio pasó hasta que un simple susurro saliera de Caren.
―Siempre que quieras, iré contigo.
Palabras para ayudar a Shirou, después de tantos años juntos, ¿cómo es que ella no había podido darse cuenta de la naturaleza de este?, pudo entender porque en el pasado su padre había dejado tantas notas en un diario sobre los “Emiya”, que fue la familia de Shirou, pero la intriga en persona fue mayor cuando la interacción primaria se había desarrollado.
No hubo agresión u odio, ni siquiera desprecio o algún signo de molestia ante el hecho de quien fue su padre o quien era, Caren recordó la sonrisa enorme de Shirou antes de agacharse. De todas las cosas que Caren esperó escuchar de aquel hombre un “lo siento” con varios “perdón” no fueron algo que creyó que pudiese darse, no con la primera idea que tuvo de que podrían ser los Emiya o como era aquella familia.
Shirou fue algo que no comprendió, no pudo descifrar en su momento, pero eso solo significaba en aquel momento, más ahora podría ser quizá la persona que mejor comprendía al hombre al cual estaba abrazando.
―Gracias… ―un susurro igualitario por parte de Shirou antes que este cerrara los ojos una vez más. Caren suspiró antes de alzar una mano y tocar la cabeza de Shirou, unos leves toques junto con suaves caricias.
―Está bien, todo está bien, estoy aquí ―palabras que Caren sabía que calmaban a Shirou, especialmente las de “estoy aquí” fue algo que no pudo decir que era lo que contenían que lograba que aquella persona pudiera relajarse con solo saber que alguien estaba a su lado.
Comprender en su mayor parte a Shirou no significaba tener una idea exacta de todo, incluso aquella mujer, Tohsaka, probablemente no tenía el nivel de comprensión que ella tenía, a pesar de haber llegado a la vida del hombre un tiempo después, fue a su lado que pudo ver más a Shirou que a aquella persona idealizada que la mayoría tenía una idea que era.
Nunca vio a Shirou como algo más, quizá al principio tenía una visión distorsionada de este debido a lo que había aprendido, pero rápidamente todo se fue a un lado cuando conoció al hombre de forma apropiada; aquello en el pasado, ahora sin que lo supiera, estaba en aquel estado, con una vida que podía decirse que era “compartida” entre ambos. Tohsaka siempre fue alguien que la marginó por alguna razón, quizá fue por culpa de su padre, en ese caso no podía hacer nada para culparla, pero Caren lo sabía, el que ella recibiera burlas y el título de “juguete” de forma despectiva debido a la naturaleza que manejaban.
Shirou siempre venía a ella tras alguna misión, siempre volvió a ella cuando terminaba de hacer algo relacionado con su ideal o como este quisiera llamarlo, no pasó mucho tiempo hasta que se diera cuenta que él la buscaba, al principio Caren pensó que no fue nada más que la búsqueda del tacto de alguien, pero eventualmente notó cierto patrón que fue mermando conforme Shirou se acercaba a ella.
De un momento a otro pasó a pedir perdón, en otro momento simplemente la abrazaba sin decir una palabra, no había saludo o algo parecido, ella solo se quedó ahí de pie, correspondiendo el gesto como si no fuese nada, como si todo el tiempo en que ambos estaban distanciados o sin saber del otro no importase.
Como si al momento en que se vieron supieran que tenían un lugar al cual siempre podrían volver.
― ¡Felicidades!
Una exclamación seguida de aplausos. Shirou estaba vestido en algo que no reconoció como suyo, un traje caro, una bebida cara en mano y las personas felicitándolo tras una nueva misión completa. Trabajar para la torre le dio la posibilidad y el margen de maniobra que quiso para poder recabar datos u obtener experiencia que requería para poder cumplir con aquel ideal que se le había otorgado a llevar a cabo.
No. Shirou negó para sí internamente, decir que aquel ideal se le había impuesto fue una mentira, él lo sabía, lo mucho que él había sido parte para no decir que fue su total decisión el tomar aquel sendero que se abrió. Un héroe de la justicia, aquello fue lo que quiso alcanzar, lo que aspiró y lo que idealizó, pero ahora estaba ahí, de pie junto con un montón de personas que se reían y disfrutaban de lujos exuberantes sin la necesidad de pensar en otros, la felicidad del momento y el logro por algo que no fue el bien para nada más que para ellos.
Shirou se dijo internamente y de forma constante que todo lo que logró fue por un motivo, por una acción, por algo mayor, que quizá ahora no tuvieran sentidos sus acciones, pero eventualmente podría llegar el momento en que mirase atrás y diera una sonrisa ante el camino que había recorrido. Solo que después de varios años y al voltearse, Shirou solo sintió que el camino que había dejado fue más rojo que azul.
No puso un sendero para los demás, en todo este tiempo buscando lo “justo” o algo que pudiera llegar a cristalizar su ideal se encontró con las manos manchadas de una forma en la que no pudo hacer nada más que usar vendas o guantes debido no solo a la sangre de sus heridas, si no de aquellos a quienes había dejado fuera del punto “salvar” que había anhelado.
Quiso salvar a todos, sin importar quien fuese, no podía tomar las palabras de que alguien no podría cambiar, pero incluso si su corazón le dictó que siempre hubo una oportunidad para cualquiera que la buscase, algo dentro de él le gritó que no podía dejar que aquella idea tan idealista se materializara.
Salvar a todos.
¿No significaba evitar la muerte de todo aquel con quien podía cruzarse?
Ya no supo donde vivía, o donde pararse. Pensó en sus acciones, como de joven había leído tantas historias de los héroes que en algún punto podían derrotar a sus villanos y dejarlos fuera sin la necesidad de matarlos, pero no encontró ese mismo mundo ideal de las historias reflejado en la realidad que estaba materializada ante él. No hubo salvación para todos, solo algo que Shirou pudo decir como la base a lo que estaba intentando comprender.
Justicia.
¿Qué fue lo que hacía justo a una acción?
La mayoría de las personas que estaban en aquel salón merecían ser “juzgados” por acciones que Shirou consideró que no iban acorde a lo que interpretó como “bueno”, pero ahí se quedó de todos modos, con aquella venda en los ojos invisible, pero esa venda tenía huecos por donde había estado cortando siempre de manera selectiva.
La doncella que representaba a la justicia siempre se mostró imparcial, ciega ante la idea de inclinar la balanza hacia un lado que pudiera tener algún sentido personal, pero no fue lo mismo para él. Shirou estaba de pie al lado de personas que podían juzgar a otros según estos, ¿más no ser juzgados?
― ¡Un brindis por el desempeño de nuestro querido contratista! ―Shirou se giró y vio en lo que parecía ser un escenario como aquel “contratante” se mostró feliz, mucho más que feliz por la situación actual, era obvio que estaba risueño, al borde de reír ante la mínima noticia de lo alegre que se encontraba.
Shirou había sido contratado para acabar con una familia que tomó acciones contra la torre, pero solo fue una excusa de un lado para tomar ventaja y eliminar a quien no le agradó con pruebas sin fundamento. Lo que hizo que Shirou sintiera más todo lo que pasaba era que estaba al consciente de sus acciones, no fue ahí para hacer “justicia” como había querido inicialmente, había ido a aquel lugar para ser nada más que la fuerza de la dama.
Shirou no fue nada más que la espada de la doncella de la justicia. Y aquella doncella por la cual estaba blandiendo la espada no se tapó los ojos para indicar donde debía caer la espada.
No deseó si quiera que la espada que portaba cayera para terminar con la sentencia que se le había dado a quien se suponía había sido juzgado. Nunca deseó que los pasos de Kiritsugu se repitieran, no había algo así como un sentimiento de llenado conforme más avanzaba, mientras más las personas empezaban a reconocer que estaba haciendo “justicia” más sentía que se estaba alejando de la luna que alguna vez había observado con Kiritsugu, la luz de aquella estrella reflejada.
Shirou abrió los ojos en comprensión, pero no dijo nada, no hizo ningún comentario o algo que hiciera que delatara que acababa de llegar a la comprensión de su situación actual. No hubo nada más que una sonrisa naciente que estaba practicando últimamente, había un momento en el día cada cierto tiempo que sin importar el motivo debía estar sonriendo.
…
Cuentas sin pagar, deudas aumentando y una tarifa que sin importar las acciones que tomara no podía llegar, aquella había sido su situación desde hace un par de años, pero todo eso valió la pena, incluso si su propio nombre había sido puesto bajo sospecha a la hora de pagar, no importó, el dinero era algo que para él fue sencillo de adquirir, algo que podía obtener sin importar el momento, pero no significaba que estuviera bajo la misma luz de gastos e ingresos.
Incluso alguien como él tenía un límite para cuando podía invertir, y en este momento solo tenía una única inversión, una costosa y que parecía que no podría bajar en números, al contrario, parecía que todo lo que Shirou intentara llegaría a un límite debido a los gastos generados.
―El cuerpo es incapaz de seguir el nuevo tratamiento, se degenera a una velocidad la cual no podría dejar, y el alma sigue aferrándose al cuerpo debido a los múltiples circuitos que recorren su cuerpo, es como si fuese una prisión para ella, encerrada a la espera de que llegue el momento.
―Entiendo… ―no hubo mayores comentarios por parte Shirou. Estaba caminando por un corredor que parecía ir hasta que perdiese la vista, todas las paredes y puertas blancas, no había ventanas y lo único que podía decir que diferenciaba una puerta de otra era el número en el cual estaba en cada puerta, señalando que se estaba moviendo. Aquel no era un hospital, si fuese algo tan simple no hubiera tenido problemas de dinero.
Necesitó lo mejor de lo mejor para poder mantener a Illya con vida y en la mejor condición posible.
―Ahora mismo se encuentra durmiendo, podrías despertarla si desea.
― ¿La ponen a dormir la mayor parte del tiempo?
―Solo seguimos lo que nos indicó, quiere que no siente, ¿verdad?, ella sufre con solo despertar.
―…
― ¿No se lo ha dicho la señorita Illyasviel?, comentó que se lo diría ni bien se reunirían nuevamente.
―Creo que tenía otras cosas que hablar, no noté tampoco ningún deje de dolor…
―Entonces…
―Solo déjela descansar.
―No creo que sea lo que ella quisiera, ni bien llegó comenzó el proceso de despertarla, sabe que un proceso como ese no se daría en un par de segundos, desde que pisó y preguntó para la visita hemos comenzado, una vez que llegue, encontrará a la joven despierta.
―La próxima vez me gustaría que me preguntasen.
―Se lo haré saber a la oficina.
―Sobre aquello que hablamos…
―Sigue en proceso de aprobación, lo que pide es algo que no está al público o incluso a quienes están afiliados, es algo interno, lo que pide es el equivalente a venderle algo que es propiedad de Atlas, por mucho dinero que pueda ofrecer sigue siendo insignificante cuando no tiene la aprobación.
―…
―No se lo tome a mal, el mero hecho que esté en proceso de consideración es una buena señal, ha servido a los señores de la torre y ha aportado mucho a Atlas con misiones secundarias y algunas necesarias, una vez que haya algo más se lo haremos saber.
― ¿Cuánto más resistirá?
―No lo sabemos aun con certeza, su cuerpo se degenera de vez en cuando a una velocidad mayor al igual que hay momentos en que no hay signos de evolución o cambios en su condición. Solo queda esperar que pase cierto umbral y-.
Algo quebrarse, la mano de Shirou más próxima a la pared había reaccionado, los cambios en su cuerpo habían sido algo que aun no podía controlar, los nervios convertidos en extensiones a veces reaccionaban a sus emociones, algo que Shirou usualmente controlaba, pero al escuchar que simplemente dejaran ir a Illya al punto crítico para una mejor evaluación hizo que reaccionara.
―Lo lamento ―la mano de Shirou que había estado sobre la puerta la cual se había apoyado una vez escuchó la noticia de la situación de Illya ahora se encontraba con signos de que el metal de esta parecía haber sido abollada, el guante en la mano de Shirou se quebró y hubo algo de sangre ante el esfuerzo.
―Lo descontaremos de su próximo cobro, por favor, póngase en condiciones, la habitación de la señorita Illyasviel está a un par de más.
Ella se veía como en aquella primera noche que se conocieron, a pesar de los años no había cambiado nada de lo que recordaba, fue como si el tiempo se hubiera detenido para ella, como si no hubieran ya pasado años desde que se encontraron, todo este tiempo, todo lo que había pasado y viviendo, parecía que retrocedía y que ahora estaba en aquella primera noche en a que se encontraron.
― ¡Shirou! ―Ilya sonrió conforme vio a Shirou pasar adelante cuando la puerta se abrió. El hombre la vio, como los ojos de Illya se iluminaron al momento en que dio un paso al frente y este entró en la habitación, la persona que lo había guiado hasta la habitación se quedó afuera y no interfirió.
―Ha pasado un tiempo Illya.
― ¡Y que lo digas! ―la sonrisa y alegría que mostró al joven al momento de ver Shirou fue la misma de siempre, a pesar que ahora ya no podía saltar para recibirlo, Shirou lo intentó y lo hizo, sonrió para Illya quien al ver a su hermano darle aquel gesto, que, si bien para cualquier no sería mucho, para ella quien lo conocía sabía la importancia de la sonrisa dada por Shirou.
―Es bueno verte igual de animada como siempre ―Shirou caminó y vio los regalos que había dejado la última vez, la consola y los juegos que en algún momento ella había pedido ahora estaban en una esquina de la habitación siendo nada más que un cúmulo que crecía. Illya había dejado de jugar hace mucho tiempo, y Shirou ahora sabía que fue porque no es que no tuviera ánimos para hacerlo, si no que fue porque no estaba consciente para poder hacerlo.
―Por supuesto, siempre tengo que mostrar mi mejor cara cuando Shirou viene ―Illya llevó una mano al pecho e hizo un leve gesto como si aquella mención fuese un logro―. Pensé que ya vendrías a visitar a tu querida hermanita por el tiempo que pasó.
Illya se abrazó a sí misma e hizo un leve gesto de burla, como si le doliera, aquello fue solo un gesto, Shirou sabía que Illya estaba bromeando, pero dentro suyo podía decirlo, el leve deje de realidad en las palabras de Illya, al momento de darlas, era obvio que la joven se sintió perdida y con desánimo por pasar dentro.
―Jamás dejaría de visitarte ―una confirmación que hizo que Illya asintiera, como si la respuesta fuese algo que supiera―. Lo sé, al igual que siempre visitas a Caren, a pesar de pasar tanto tiempo con la Tohsaka es notorio quien se lleva la preferencia, por un momento pensé que no veías a verme porque te habías quedado enganchado por aquella mujer.
Aquellas palabras de Illya fueron una risa, una risa que llegó a Shirou quien se relajó, sintió que su cuerpo tenso se liberó y logró acercarse para llegar hasta donde estaba Illya y sentarse a su lado, la escuchó divagar y contar la historia de todo lo que había jugado hasta ahora, nunca fue un fan de los videojuegos, pero con la forma animada con la que hablaba Illya ante cada juego no pudo hacer nada más que escucharla, no pudo hacer nada más que verla y estar con los ojos entrecerrados y la mente atenta.
Como si quisiera guardar cada pequeño gesto o reacción de la joven la cual estaba a su lado hablando de forma tan enérgica. Quizá no fuese una salvación real hasta ahora, pero el cómo pudo mantener a Illya a su lado fue lo más cercano al ideal que Kiritsugu le había señalado. Sin distinción entre las personas, solo la justicia misma y la salvación ante la vida que se presentó como un cambio al héroe que se le acercó, una muestra que dio el hecho que sin importar lo que pasara el cambio podía estar ahí y sin importar el momento no había nada como “la falta” o el acabar con todo lo que luchó.
Simplemente podía ir con un ideal, podía lograrlo e Illya era la prueba viva de aquel hecho debido a la forma en la que había comenzado todo, como habían pasado de quienes ahora para ser lo que fueron, como su relación se desenvolvió, como su yo del pasado logró algo que su yo del presente buscó. Shirou vio algo en Illya, más allá de la joven, más allá de la hermana que se proclamó.
Vio aquel signo de que su ideal no era incorrecto, de que era posible, de que podía lograrlo. Shirou vio en Illya el punto a alcanzar en la justicia que quería impartir.
Mientras que ella viviera, podía decir que había logrado al menos salvar por completo a una persona, y no se rendiría, no podría, jamás lo haría.
No con ella, ni con nadie.
―Bienvenido de vuelta ―Caren abrió la puerta de la casa en la cual había estado viviendo. Se había tenido que mover por varias partes del mundo en el tiempo desde que recordó, pero ahora tenía mucho tiempo libre, había pasado de ser alguien activo en la iglesia a ser una hermana más, no supo como fue que Shirou consiguió su libertad, pero no se quejó, el dinero siempre llegó a su mano sin que ella supiera, al final tampoco importaba si Shirou enviaba dinero a su cuenta o no, ella tenía acceso total a las cuentas de Shirou y la tarjeta, a palabras de este “no puedo gastar dinero cuando voy en una misión, no puedo dejar pistas”.
La luz de la puerta que iluminó la calle a penas con una tenue luz alrededor del marco fue casi cegadora para la persona recién llegada.
Shirou del otro lado, vio como Caren abrió la puerta, la luz iluminándola como si fuese algo superior, algo más angelical o un llamado fuera de lo mortal, la luz como un halo ante sus ojos y la sonrisa que a pesar de no estar siempre presente, se le presentó hicieron que el agarre de sus maletas se fuese y soltara lo que cargaba en manos antes de avanzar y caminar hacia una Caren desconcertada por las acciones de Shirou, pero un abrazo fue lo que hizo que la mujer reaccionara antes de dar un suspiro y corresponder.
―Estoy de vuelta.
Palabras que más que ser una afirmación era algo que buscaba respuestas, sonó más a una pregunta.
―Sí, estás de vuelta, estás aquí ―Caren tenía los ojos cerrados mientras que decía aquello, fue algo obvio, siendo que estaba algo acostumbrada a lo que pasaba con Shirou, cada momento fue algo que no podía olvidar.
Incluso si en el pasado ella quiso rehuir de sus sentimientos, ¿cómo podría no dejarse llevar cuando escuchaba una voz como esa que clamaba solo por ella?, no hubo otra, no hubo alguien más que pudiera ocupar su lugar.
Algo genuino.
La voz de Caren hizo que el silencio volviera a los oídos de Shirou. En el momento en que veía a Caren aquellas voces llegaban, las voces que le gritaban en el oído que sin importar lo mucho que hiciera, jamás compensaría lo que había hecho en el pasado, como había dejado que aquellas almas se quemaran en al barro para no ser más que un vano recuerdo con una deformada presencia. La corrupción a la cual estaba destinado pero que se salvó a costa de los demás.
No se merecía la felicidad, no se merecía reír o gritar de emoción algo como sonreír incluso estaba fuera de discusión.
Un regalo como este, el que alguien le diera un abrazo no lo hizo sentir mejor, algo como un afecto tan incondicional como era lo que le presentó Caren no fue nada de lo que se mereciera, si quiera él se merecía algo en primer lugar, no había nada que pudiera compensar lo que había hecho aquella noche en la que caminó sobre todos aquellos que le pidieron ayuda. Probablemente habría ayudado a más de los que alguna vez había dejado atrás, pero no significó nada.
Por mucho que salvara a los demás no hubo una sensación de logro o una pisca de felicidad real de la que Kiritsugu habló por tanto tiempo, al final no pudo sonreír como aquel hombre sin importar cuanto intentara, no sintió el tirón en las mejillas a pesar de lo mucho que intentó hacer que estas se curvaran. De los pocos momentos que podía decir que su “sonrisa” no se veía afectada o las voces llegaban era cuando Caren lo abrazaba, fue como si estuviera cubriendo sus oídos, en ese momento a pesar de que la consciencia le decía que no podía estar en donde estaba, no había mayores problemas para ignorar aquellas voces que le gritaban que estaba mal.
Una luz arriba del foso en donde estaba, una luz que lo iluminó lo suficiente como para incluso secar el barro que estaba en sus pies y hacer que se resquebraja para que no pudiera seguir subiendo.
Seguir avanzando.
¿No se supone que era lo que todos debían hacer?, cada uno debía seguir atravesando todo lo que vendría en frente, sin importar lo que pasara el seguir avanzando era la prioridad para la renovación de uno mismo, Shirou lo supo, pero para él seguir avanzando no fue el mismo equivalente al cambio que debía ser, fue diferente, para él seguir avanzando le recordó aquella vez, y entre todo el camino recorrido y su punto de partida no pudo decir que por mucho que haya corrido o avanzado que no pudiera ver aquella bandera de inicio.
Por más que hubiera tratado de ir más allá, a otro lugar o mostrarse diferente por una sola vez, no hubo nada, siempre aquella imagen del barro y el sol naciente que consumió todo al expedir la corrupción que causó que su forja se diera ante el calor que fue avivado por todas aquellas vidas que no pudo salvar.
¿Cómo fue que aquel tacto que buscó de forma desesperada podía darle la paz que no creyó que pudiera alcanzar?, al lado de aquella mujer que siempre parecía intentar bromear o causar problemas, sintió que no hubo nada que pudiera hacer que la felicidad que estaba sintiendo en aquel momento se fuera, era como si al lado de Caren…
Se le permitiera ser feliz.
Caren sabía que cada noche con Shirou era algo que la agotaría, ella siempre sintió que su mente se iba a cierto punto, el hombre jamás la soltó, no hubo momento, era como si Shirou quisiera quemar su ser en ella para que no pudiera olvidarlo jamás; sin sentido, eso fue lo que Caren pudo decir, que Shirou quisiera plasmar con mayor fuerza su existencia en ella no tenía sentido, no cuando ya lo había entregado todo, no cuando ya había abierto todo y dado todo. Fue ella la que quería asegurarse que Shirou la recordarse, tenía un temor que no podía evitar, pero cada vez que veía a Shirou podía decir que sus dudas se iban.
Él no se olvidaría de ella.
Aquel sentimiento fue lo que transmitió el como al sujetaba, como la llevaba a cada lugar para divertirse, salir a una cena costosa no era algo que Shirou haría, Caren estaba más que consciente de ello, fue ella la que había señalado que le gustaba algo como eso, fue solo un juego en aquel momento, pero eventualmente fue una realidad. La mujer no sabía como tomar las acciones de Shirou con los años, ella había sido dejada de lado por la iglesia, en el buen sentido, Shirou había llegado de alguna forma a un acuerdo y ella no era llamada a misiones, el dinero entrante en las cuentas publicas de Shirou era manejado por ella de igual forma.
Fue como si la confianza puesta sobre ella lo fuese todo, no es que no tuviera ningún medio para conseguir dinero, pero este llegaba a su mano sin que ella lo esperase, al principio se emocionó, ¿y como no?, con todo el dinero que llegaba frente a ella no había forma en la que no sintiera que estaba más que feliz por el obsequio y el tiempo que se le había otorgado.
Era como si ya no hubiera la necesidad de ir más allá de lo que alguna necesitó, que solo tenía que ayudar a aquel hombre roto a que lo entendiera al menos una sola vez.
Quería hacer que Shirou se sintiera humano.
¿No fue algo gracioso?, para Caren lo fue, el hecho que intentase tanto por aquel hombre fue una cosa, algo que supo que sin importar la situación debía mostrar, pero no hubo un sentimiento de deuda o algo similar, no hubo nada como eso, nada que la “restringiera” a dar algo por otros sin más o por intercambio de nada.
Ella solo quería ayudar a Shirou forma genuina, no hubo dinero que valiera aquella risa que jamás pudo escuchar, incluso verlo sonreír era una rareza, por mucho que Shirou pusiera aquella mueca, Caren sabía que no era una sonrisa, no era nada como aquel gesto o muestra verdadera, no cuando no hubo nada en los ojos, ojos que seguían siendo bronce. La historia de lo que pasaría en un futuro le fue contada por la heredera Tohsaka, si bien no pudo saber mucho debido a su llegada tardía, después de la guerra, aprendió algunos detalles.
La tez oscura ya estaba presente, lo que aun podía decir que no se presentó en su total fue el cabello, que si bien estaba casi al borde del blanco puro aun había remanentes de pequeños destellos color rojo.
Mientras que no haya un cambio total, la cosa estaba bien, ¿no?
Caren quería creer que todo lo que había luchado o avanzado hasta ahora fue por una razón, al menos su camino recorrido al lado de Shirou le mostró una nueva cara del mundo, una cara que ella sabía que no deseaba ver por lo que significaba, ¿pero como dejarla de lado cuando quien venía a buscarla llegaba de aquel extremo?
No rechistó la lengua o se mostró molesta, no como lo haría Tohsaka, pero con todos los años al lado de Shirou, ¿cómo no conocer lo que este deseaba?, ¿cómo no saber cuál era su ideal?, por sobre todo lo demás…
¿Cómo no saber como aquel ideal estaba destruyendo a Shirou?
Deseó que nada de eso viniera, que nada de aquello se presentara, lo que en su momento fue indiferencia con tintes de interés había sido remplazado por una emoción que se mostró sin poder alejarla, al principio el intentar negarlo fue un hecho, a la larga no hizo nada más que mal tal acción. En la actualidad y después de tantos años, podía decirlo, podía decir con certeza que ella tenía más que un afecto normal por Shirou.
Después de tantos años podía decir con confianza que ella amaba Shirou Emiya incluso con sus defectos, y en esos mismos defectos fue lo que generó que no pudiera decirle aquellas palabras de forma directa, sabia lo importante que era la misión que se autoimpuso, ¿Quién era ella para negarle su todo por un capricho?
Dolor.
Un dolor llegó al pecho Caren cuando pensó en aquello, pero no pudo hacer nada, usualmente el dolor tenía una sensación completamente distinta, pero cuando se trataba de Shirou nunca le dolió físicamente estar a su lado.
Siempre hubo aquel dolor interno.
¿Por qué aquello hizo que se sintiera agitada cuando incluso una herida profunda no caló tanto con ella?, no podía decir que las emociones fuera lo suyo o que pudiera comprender lo que pasaba, Caren quería una cosa, con los años ella lo sabía y entendió que por mucho que quisiera, no fue lo mismo si es que no estaba al lado de Shirou, que lo que buscó no fue solo una simple distracción, compañía o alguien que le de lo que quisiera.
A palabras de Shirou ella quería salvarlo, ella quería estar a su lado.
Ella quería verlo sonreír.
―La torre sigue en conflicto en que hacer contigo.
―Los señores dieron su voto a favor, pero no es suficiente ―una segunda voz continuó a la primera.
Una habitación oscura. No había luz más allá de la que se encontraba en el centro, una única luz iluminó a Shirou quien estaba esposado mientras que las sombras que parecían alzarse en la oscuridad eran quienes daban el juicio.
¿Por qué estaba siendo juzgado nuevamente?
―El voto de confianza de la torre de astrología viene un pedido especial, también El Melloi II intercedió para que no se encontrara nada.
― ¿Aun así no es mejor ver sus acciones pasadas?
―Ha solucionado muchos problemas de la torre en los últimos años.
―Al mismo tiempo que nos puso en problemas con sus misiones en solitario.
― ¿No es su aporte mayor a los perjuicios que trae?, los señores que lo han contratado dieron su voto de confianza que no será una molestia a futuro.
― ¿De verdad crees algo como eso?, solo no desean perder a alguien que tiene valor para ellos a la hora de tomar misiones que nadie usualmente cuerdo las tomaría.
―Ha seguido bien los pasos de su padre.
― ¿Crees eso?, gracias a la piedad que mostró en unas misiones la situación escaló bastante a posterior.
― ¿No eres tú quien cree que la torre es débil para caer por unos pocos idiotas?
―Creo en la eficacia, y la eficacia que mostró el cabeza de la familia Emiya ha ido mermando con el pasar de los meses, se ha negado a tomar últimamente las misiones y cuando lo hace, él las cumple de una forma media.
―Bien, si vamos por eficacia, ¿acaso no ha ayudado a que tú plan se adelante por varios años?, ha cumplido con todas las misiones pasadas con la perfección que deseabas, este juicio se abrió porque perdiste una disputa con algunos de los que dejó con vida.
― ¡No tiene nada que ver el conflicto de mi familia con el juicio a un potencial peligro! ―la voz de una mujer sonó con fuerza, el escritorio en el que estaba fue azotado con fuerza en muestra de enojo ante aquella acusación―. Es un peligro, un peligro que dejamos por mucho tiempo, ¿qué lo detiene que en algún momento no seas tú quien esté a la merced de una misión?, no está afiliado con nadie, tiene un mero contrato con un señor y un par de nobles, pero eso no te asegura nada.
―Lo que sea, al final no hay nada más que las pruebas pasadas, ¿no?, en este momento no ha fallado, tampoco hemos perdido nada como clamas, solo tú familia ha sido afectada, la torre en general ha recibido más ayuda que perjuicio, ¿no deberías ser tú quien se encuentre abajo siendo visto por el pasado?
―Tú…
―Si eso es todo deberíamos levantar las restricciones, que incluso un solo señor se mueva por un común del montón es un signo, ¿no es así?, mejor olvídalo y levantemos esto.
―…
― ¿No hay objeción?, no puedo creer que nos hayas llamado y puesto una restricción a un miembro solo por especulaciones, te tomé como alguien más inteligente.
―…
― ¿No hay respuestas?, bien, eso es mejor, levantemos las sanciones a Shirou Emiya, cabeza de la familia Emiya, pero… ―hubo una pausa antes de que la decisión se tomara―, esto irá al registro de Emiya, una falta, dos más y quedará como enemigo, ¿es eso suficiente para ti?
Shirou quien había estado con los ojos cerrados viendo el suelo supo que las cosas no iban a ir tan bien, una sanción posiblemente era peor que una detención o interrogatorio, una falta podía sumarse como se viera el caso a posterior, no fue una libertad ahora, fue un collar para que supiera que estaba bajo la mira, era como decir “si haces algo más todo terminó”, pero solo para una persona.
Era también una oportunidad.
Decidir quedarse como un servidor de la torre o dejar el trabajo de misiones.
Algo que sabían que no podría afrontar debido a todo lo que había hecho en el pasado, algo que no podía hacer como deseara por el tiempo transcurrido y por sobre todo algo que no podría dejar de lado, no con la situación que se había presentado, ante la constante negativa que se dio por parte Atlas llegó al punto de la deuda que no podría ser cubierta a menos que siguiera operando de la forma en la que lo hacía. Incluso si con la administración de Caren con el dinero en sus cuentas no hubo un resultado que pudiera decir que podría cubrirlo todo.
La situación que le dio no fue una oportunidad para seguir.
Solo habían atado al perro con otro collar con la esperanza que este ahorque al perro en caso de que intentara ir más allá de lo que el dueño le hubiera gustado.
―No te ves bien el día de hoy.
Shirou estaba con los ojos cerrados, Caren estaba hablando por encima de él, fue la posición, ella había dicho que quería probar algo para hacerlo sentir mejor, al principio pensó que sería alguna de las cosas pervertidas que Caren regularmente pensaba, pero terminó con Shirou reposando la cabeza en el regazo de Caren. El hombre estaba siendo tratado como un niño, pero no le importó, no cuando el ruido se detuvo, no cuando todo aquel mar de gritos se detenía gracia a ella.
Se sintió bien el silencio que se daba al lado de Caren.
―Han pasado un par de semanas desde que la torre me dio la orden de decidir de seguir como agente, afiliarme a una sección o dejar los encargos de forma autónoma.
― ¿Illya ha estado empeorando?
―… ―al principio Shirou no respondió, dio un suspiro final antes de abrir la boca para hablar―. Ha llegado a lo que llaman un estado irreversible, incluso con toda la tecnología de Atlas, con todo el dinero que puedo ofrecer, con todo el trabajo sucio que he hecho por ellos en los últimos años, ¿por qué se niegan tanto?, tienen la habilidad para tratar a Illya, tienen la habilidad para salvarla, pero…
―Creen que sería como ir contra todo lo que han construido, la base o la afiliación que tienen, el estatus o la forma de tomar las cosas.
―Que llegue al extremo de tomar algo como eso parece que no es lo correcto, al final, sienten que dar algo tan “interno” a alguien que ni siquiera está afiliado es como condenarlos.
―… ―Caren no respondió, solo pasó con cuidado la mano por el cabello de Shirou, los mechones rojos de antes ahora casi ya estaban desaparecidos en su totalidad, ya no quedaba casi ningún remanente del color original del cabello de Shirou―. ¿Me odiarías por decir algo?
Shirou no comprendió una pregunta como esa.
¿Él odiar a Caren?, no era una posibilidad, no había forma. Caren también era alguien que se presentó ante Shirou como alguien racional en cuanto a lo que deseaba o se mostraba, Shirou lo sabía, conocía a Caren mejor que nadie.
No había forma que ella dijera algo sin más por el mero hecho de molestarlo.
―Jamás podría molestarme contigo, en todos estos años… siento que he logrado pasar un umbral gracias a que has estado a mi lado ―una respuesta con una ligera sonrisa, una sonrisa que Caren identificó como un intento de sonreír más genuino de lo usual, no fue para rellenar o para mostrarse diferente, aquella sonrisa fue lo más cercano a lo genuino que alguna vez pudo ver por parte de Shirou.
―Entonces… ―la voz de Caren dudó, ella no era así, usualmente estaría jugando con Shirou, molestándolo o haciendo bromas, no dudando en que decir o pensando detenidamente en que hacer antes de hablar, usualmente fue aquello, palabras que salían de la boca de Caren sin pensar en las consecuencias posteriores, es por ello que sabía que no iba consigo misma y que Shirou no comprendía porque estaba actuando así―. Si ella no logra conseguir la autorización de Atlas, por favor, déjala descansar.
Silencio.
No hubo palabras de Shirou quien se quedó viendo a Caren a los ojos esperando algo, alguna señal que se retractara de sus palabras, pero aquello fue lo más meditado que Caren había dicho en mucho tiempo, tanto que ahora ya podía entender porque ese golpe en el corazón que sintió fue algo que dolió.
La sinceridad de Caren no era usual, no se mostró con la misma sutiliza que sus palabras o acciones, incluso ahora, con la mano sobre el cabello de Shirou, fue evidente que Caren estaba nerviosa.
―Dejarla ir… ―Shirou repitió las palabras dadas por Caren, fue casi cómico para el hombre―. No es la primera vez que me lo dicen, supongo que incluso tú sabes que ella sufre por su condición.
―…
―Lo sé, sé que es egoísta de mi parte querer mantenerla a mi lado, que ella siga viva a pesar del dolor que siente, que ella no pueda hacer nada más que desear el sueño eterno para no soportar como su propio cuerpo la mata en una agonía interminable.
No hubo lágrimas, pero Caren supo que no era necesario que alguien llorase para expresar la tristeza genuina y las palabras que Shirou dio fueron el mayor ejemplo, aquel hombre roto que no supo que era lo que sentía o que si quiera podía sentir algo se mostró al borde de la fractura por aquel pensamiento.
―No es tú culpa, la has salvado, la has salvado todo este tiempo ―Caren habló haciendo que Shirou abriera los ojos, la palabra “salvar” fue algo clave que Caren sabía de Shirou.
―Ella es…
― ¿Acaso no me has salvado también?
Caren preguntó haciendo que Shirou se detuviera.
―Pero…
―Has salvado a mucha gente, a tanta gente que no puedes recordar, cada rostro, cada expresión, ¿recuerdas el tiempo que viajamos juntos? ―Caren habló sobre un pasado ya distante―. Preguntaste que sería que sentían aquellas personas tras haber logrado disipar sus problemas, mi respuesta fue “gratitud”, pero lo que de verdad hiciste por ellos fue salvarlos, un futuro o un presente, ¿acaso importa en que punto sea?, si deseas el final feliz de todos a pesar de darlo, ¿acaso no ves lo que te haces a ti mismo?
― ¿Caren…? ―Shirou vio como el rostro de la mujer que siempre fue una sonrisa, un rostro plano o una mirada burla ahora estaba deformado, las cejas curvadas y el labio fruncido.
― ¿No entiendes que no todo depende de ti?, lo que idealizas no es solo ser un aliado de la justicia, ni siquiera la justicia misma, idealizas un mundo perfecto, un mundo hecho para ti, pero en ese mundo como ha sido hasta ahora, es un mundo donde una sola persona no puede ver la expresión que tiene.
Algo tibio cayó en el rostro de Shirou, fue ahí que entendió porque Tohsaka siempre lo regañaba sobre su actuar con Caren, clamó que si fuese otra mujer esta hace mucho tiempo habría desistido de estar al lado de ella, pero esa fidelidad, esa devoción y esa mirada que presentó.
―Yo-.
―Soy egoísta, materialista, usaría algún medio para lograr lo que quiero, no me gustan las cosas molestas, pero todo eso se va cuando te veo, ¿es tan difícil de entender? ―Shirou sintió que su corazón se estrujó, no hubo cambio en su rostro, pero al ver el rostro de Caren con lágrimas y un rostro que jamás vio fue que entendió.
Él estaba ahogando a Caren en el barro en vez de seguir ayudándola, hacía que no había logrado hacer algo por ella y por ello es que terminó como estaban, ya no se trataba de que era lo correcto o no cuando ayudaba a los demás.
―No deseo que salves a todo el mundo, es tu sueño, es lo que has perseguido, es lo que has intentando ya por casi una década sin descanso, mira tu cuerpo, ¿cuántas noches has estado sufriendo por un cuerpo que ruega el descanso?, ¿Cuánto más debes pasar con los otros para aprender que no hay solo otros, si no también tú?
―…
―Si tu sueño es salvar a todos, mi sueño ha cambiado con el tiempo, antes no lo hubiera dicho, pensé que jamás tendría que, pero incluso si es egoísta ya algo que hará que te arrepientas, quiero que vivas ―Caren ahora estaba sonriendo, una sonrisa desplegada a pesar de las lágrimas que seguían cayendo de sus ojos―. Si sueñas con salvar a todos, entonces sueño con salvar a una sola persona, deseo que tan solo por una vez, pueda decir que has sonreído… quiero salvar a Shirou Emiya, la persona que amo tanto del infierno el cual está caminando.
Shirou lo sabía, cualquier que lo conociera y su relación Caren se lo había dicho, que todo lo que Caren había soportado no fue por alguien que simplemente tenga sentimientos vagos, quizá fue una parte suya que al igual que la confesión de Caren, quiso guardarla para no arrastrar el otro extremo. Amor, algo como eso que se presentó de manera tan incondicional, algo como eso por parte de quien en su momento fue uno de sus mayores enemigos, ¿acaso no era tan hilarante?
La mano de Shirou se extendió y tocó la mejilla de Caren en un intento de limpiar las lágrimas, pero la mujer movió la cabeza, se deslizó e intentó salir de la habitación. Un comportamiento tan alejado de la Caren que conocía, una cara que ella no deseó mostrarle, una cara que mostró lo realmente vulnerable que ella era, alguien que Shirou creyó como una luz no fue nada más que una mujer sosteniendo un farol frente a él con la esperanza que no se perdiera, pero…
¿Quién guió entonces a la mujer por el camino oscuro en el cual caminaba?
Shirou se levantó y tomó a Caren del brazo y la abrazó por la espalda, sosteniéndola para que no se vaya.
― ¿Cuánto tiempo?
― ¿Importa ahora? ―la voz de Caren sonó como siempre, la respuesta vaga volvió, pero el temblor en las manos de la mujer ahora se presentó. Shirou tomó con cuidado una de las manos de Caren antes de hacer que se diera la vuelta.
―Antes…
―Antes creí que alguien como yo no debía ser la persona responsable de detenerte, que, si alguna vez alguien lograba hacer algo por ti, entonces debería ser alguien merecedora, además… ―Caren que ahora estaba frente a Shirou no se atrevió a mirarlo a los ojos―. ¿En aquel entonces cuando mencionaste de quedarte a mi lado no estabas en tu momento más bajo?
―… ―Shirou analizó la situación y no pudo evitar decirlo―. Es lo mismo ahora si lo pones de como estaba en aquel momento.
―Estás caminando hacia el infierno.
―Lo sé.
―Un infierno en el cual no puedo seguirte, no puedo ayudarte un infierno en el cual… ―Caren hizo una pausa antes de mirar una vez más a Shirou a los ojos―. Un infierno del cual no puedo salvarte, incluso si el paraíso que te muestro no es el cielo que has estado buscando, ahora… ahora ya no importa, simplemente quiero que vivas, quiero que sigas con vida.
―…
― ¿Es tan difícil aceptar que hay quienes te desean ver feliz?
Aquel remate de Caren hizo que Shirou simplemente cayera, cayó de rodillas sin saber como seguir, la mujer frente a él no se movió, tampoco podría por como el hombre estaba sujetando su mano.
― ¿Qué debería hacer? ―cuando Shirou alzó la cabeza y vio a Caren a los ojos mostró una nueva expresión que jamás había dado frente a Caren―. No puedo, no puedo seguir, ella está muriendo, ella fue la prueba, la primera entonces… todos, todos los que salvé tampoco pueden seguir, ¿qué debería dejarlos vivir?, entonces perecen, es como si fuese una maldición, ¿por qué?, ¿por qué todo aquel quien salve debe morir?
―Shirou…
―No importa como lo intente, incluso cuando voy contra mi ideal, todo se vuelve humo sin que pueda sujetar nada, tantos años ayudando para que al final, cualquiera que se cruce conmigo comparte el mismo destino, no puedo salvar a nadie, no puedo ayudar a nadie, yo… ―Shirou no pudo seguir, fue como si algo se hubiera metido en su garganta y le impidiera hablar, un dolor junto con una opresión, sintió que le dolía su cuerpo a pesar de estar en estado optimo―. Yo solo quiero ver a quienes he ayudado sonreír.
Caren se agachó y lo abrazó, un abrazo desesperado, uno que llevó todo lo que sintió, lo acumulado con los años. Un abrazo que se dio por parte de Caren porque sintió que, si soltaba a Shirou por un solo momento, entonces todo terminaría.
―Me has salvado, ¿no es así? ―Caren preguntó haciendo que Shirou temblase―. Sientes lo mismo, siempre ha sido así, lo han dicho, si fuese otro hombre no hubiera prestado o mantenido la fidelidad que has mostrado hasta ahora, incluso sin ser nada al mismo tiempo lo somos todo.
―Yo no deseo-.
―Ambos queremos vernos sonreír, ambos deseamos que el otro cumpla con el sueño del otro entonces, ¿por qué no lo aceptamos? ―Caren preguntó con los ojos cerrados―, ¿por qué no hacemos el deseo de cada uno realidad?, ¿no lo has olvidado?, una vez bromee sobre cuantos hijos me hubiera gustado tener contigo.
―…
― ¿No sería hermoso tener nuestro propio coro para la iglesia?, la voz de cada uno de ellos, cantando, otros riendo o alguno quebrandose, todo… todos juntos…
Al igual que Shirou, Caren tampoco soportó mucho de la situación actual, fue algo que no se pudo evitar, ella misma sabía de sus pensamientos y su forma de ser al igual como se abría ante los demás.
Ella no se mostró como siempre ante Shirou en esta ocasión debido a que no pudo mantener su expresión al ver como este llegó con aquella mueca manchada con total desesperación.
―Caren… ―la voz de Shirou llamó y Caren sintió como las manos en sus hombros, Shirou intentando separarla de él hizo que el miedo llegara, la respuesta iba a darse y ella temió, temió de lo que Shirou fuera a decir, pero incluso si no era lo que ella le hubiera gustado escuchar.
Incluso si todo lo que sintió fue en vano entonces no tenía más remedio que aceptarlo, porque ella amaba a Shirou Emiya de la forma más genuina posible.
― ¿Has decido?
―Eres cruel como siempre ―una risa salió de Caren, un bufido de diversión, y cuando Shirou la separó y ambos se vieron el uno frente al otro es que este la besó, un beso que duró bastante hasta que ambos cedieron y se miraron―. ¿Es correcto que en esa crueldad pueda crecer lo que siento?
―Solo dilo idiota.
―Te amo.
Aceptación.
Caren tomó aquella aceptación como resignación por parte de Shirou por la situación que le planteó, pero rápidamente se sorprendió al ver algo que Shirou le había presentado aquella vez en su peor momento.
El mismo anillo.
― ¿Por qué cargas con eso? ―Caren sonrió cuando Shirou tomó su mano y la extendió para juntarla con el anillo―. Oh, pobre de mí, este hombre que peca llevando un anillo por todos lados, ¿acaso no ha sido una ofensa a todas las mujeres con las que has estado?, debería rezar y que Dios perdone lo que-.
―Jamás podría deshacerme de algo como esto.
―… ―Caren no respondió, no dijo nada ante la burla y solo vio su dedo que fue envuelto por aquel anillo que nunca creyó ser capaz de portar.
―Te amo.
Caren no respondió de inmediato, se quedó allí viendo el rostro de Shirou, uno el cual parecía que todo peso se le había levantado, lo que alguna vez fue un gesto en taparse los oídos ahora era una mano que sujetó la suya con fuerza, ahí estaba Shirou, liberado, a pesar de todo lo que habían hablado no mostró el rostro de resignación que Caren había pensado, fue como si alguien le hubiera quitado un peso de encima y por primera vez para los ojos de Caren ella lo vio.
Shirou sonreír de forma genuina hacia ella en respuesta a su amor genuino.
Tomó aire y no pudo evitar sonreír de igual forma, ambos mostraron muchas expresiones y reacciones que usualmente no lo harían, pero ninguno pensó en ello, ambos sonrieron y se vieron. Caren se preparó y al igual que Shirou, sintió que un peso se levantó de sus hombros al ver como el hombre parecía haber sido liberado ante el reconocimiento de aquella emoción que ambos habían estado negando.
―Yo también te amo.
La residencia Emiya había sido un foco de interés para mucha gente después de varios años, de un día para otro se extendió que había una oferta de trabajo para aquella mansión que alguna vez se había mantenido en silencio. Por años se extendió aquellas ofertas llenando cupos para poder manejar aquel enorme lugar. Entre quienes buscaron trabajo pensaron que la casa por fin había cambiado de dueño pero fue diferente a lo pensado, aquella persona que había estado contratando fue el dueño original, fue curioso, como a pesar del tiempo trascurrido y aquel hombre viviendo solo jamás hubo algo así como una oferta de trabajo para aquella mansión, pero de un día para el otro todo cambió.
Tampoco es que fuese realmente difícil ver porque las cosas habían cambiado, una nueva pareja de recién casados quienes habían regresado de un descanso llegó para sentar cabeza en aquella casa.
―Papá se enojará cuando descubra que has tocado sus cosas.
― ¿No fue la hermana mayor la primera en abrir en secreto la oficina de papá?
―Tendría más miedo de que mamá lo descubra…
― ¿Por qué ella debería enterarse?, ha estado cuidando a nuestro nuevo hermano, dudo que se dé cuenta de momento.
―Ella siempre lo descubre todo… aquella vez que la hermana mayor tomó la identificación de mamá para hacerse pasar por ella no resultó en nada bueno.
―Fue un plan perfecto, papá fue quien atrapó esa vez.
― ¿Y cómo no lo haría ahora?
―Olvídalo, además logramos conseguir lo que queríamos aquella vez, ¿no?
―Solo porque mamá se ve casi igual que la hermana mayor no significa que funcionaría.
―Oh vamos, ¿cuántos hermanos somos?, ella sigue con la misma figura, estoy seguro que papá hace algo, no puede ser que ella siga igual tras tantos embarazos y los años pasando, ¿puedes creer que hay quienes creen que ella sigue en sus primeros años de los veinte?, es injusto, mamá tiene mejor piel y cabello que todos, papá fue un místico en el pasado, o lo que sea que fuese, debe tener algo para hacer que mamá se vea perfecta siempre.
― ¿Por qué no escuchas a papá y haces ejercicio con él?, si es tú peso lo que te preocupa entonces-.
Un golpe fue dado a una de las voces que habló.
Fueron cuatro voces distintas las que sonaron de la nada, la discusión se extendió hasta que una de las voces tocó un tema que le dolió a la mayor de las hijas de Caren y Shirou.
― ¡No estoy subida de peso!
―Pero-.
― ¿No están haciendo algo interesante frente a la oficina de onii-chan? ―la pregunta sonó a espaldas del grupo de los jóvenes quienes se voltearon y vieron a la otra anomalía que conocían.
La tía, la media hermana de su padre, Illyasviel Von Einzbern o desde que había llegado en aquella casa a quedare, Illyasviel Emiya meramente.
Al igual que Caren, ella se mantuvo en una condición en la que podía hacerse pasar por alguien joven.
―No tú…
La mayor prefería escuchar los reclamos de su madre o los sermones de su padre, pero cuando se trataba de la tía Illya la cosa cambiaba.
―Eh, y yo que pensé que podías ayudarme en algo~.
Condenados.
Los hermanos y hermanas sabían que estaban condenados cuando fue aquella mujer quien los encontró.
Hubieran preferido ser descubiertos por sus padres antes de aquella mujer que aprovechaba la mínima para jugarles cualquier tipo de broma.
―Siempre parecen animados haciendo algo en este lugar ―Shirou estaba sentado al lado de Caren, ambos estaban en el sofá grande de una de las habitaciones, estaban juntos y Caren cargando a un bebé en brazos.
―Bueno, ¿no eras exageradamente curioso en aquel tiempo?
―Bueno…
―No puedes culparme de las malas costumbres, todo lo malo deberían haberlo quitado de ti.
―Es en serio tú… ―Shirou sonrió a Caren y la vista que tenía de la mujer cargando a aquel niño―. No es algo que siquiera vaya a intentar.
―Bien, pediré a Dios piedad por tu alma pecadora.
―Dices que soy la parte mala pero aun deseas más hijos… ―Shirou comentó a modo de burla y vio a Caren sonreír por aquel comentario.
―Me prometiste un coro.
― ¿No vamos por ello?
―Eso es bueno, además…
― ¿Sí?
―No podría estar separada de mi querido esposo mucho tiempo, me has arruinado por completo, convertir a una sirva de Dios en una pecadora en búsqueda de la lujuria ha, esta irremediable moza a pecado sin parar por estos últimos veinte años.
― ¿Es un indicio que me detenga? ―Shirou siguió el juego acercando su rostro al de Caren.
― ¿Cómo podría el diablo alejarse de Eva tras haberla hecho caer ante sus engaños?
― ¿Ahora soy el diablo?
―Eres quien me condenó y quien me dio el fruto prohibido, por eso te harás responsable ahora y por siempre ―Caren terminó de acercar su rostro para besar a Shirou.
Ambos vivieron una vida casi alejada del mundo iluminado, la recuperación de Illya se dio cuando Shirou decidió tomar la opción de dejar de ser un agente activo y esa pequeña acción de salir del control total de la torre es que hizo que la otra organización abriera las puertas para restaurar a Illya.
Ya no buscó un mundo en el que todos sonrían, ahora solo deseaba una cosa, y era un mundo en el cual la gente que él conocía sonriera.
Estaba bien, era lo que deseó era lo que quiso y lo que le gustó, Caren podría no ser la mejor, pero le mostró que incluso él podría ser un humano más.
Amaba a su esposa y su esposa lo amaba a él. Su hermana había logrado sobrevivir y ahora estaban todos viviendo la utopía y felicidad que por tanto tiempo se negó a tomar.
―Caren.
― ¿Sí?
―Gracias.
― ¿De la nada?
―Gracias por amarme.
―Idiota ―Caren sonrió y vio algo nuevo, lágrimas en los ojos de Shirou ante la visión de la mujer que amaba con aquel niño en brazos, a pesar de no ser la primera que veía aquello no pudo evitarlo, jamás podría negarlo, el amor que sintió y todo lo que se le dio, la felicidad que recibió, Shirou fue feliz, de verdad feliz, las voces, por fin habían callado, todo estaba hecho para su vida y Caren lo sabía―. ¿Cómo no amarte cuando eres quien me ha salvado?
Un beso más, un reconocimiento y el aprecio, un amor y una convivencia que jamás pensaron, si hubiera algo similar a un cuento de hadas con “vivieron felices por siempre” entonces Shirou tomó este final como este.
Fue el fin de la historia de aquel que intentó ser el aliado de la justicia, pero no de Shirou Emiya.
Fue el final feliz de Caren Hortensia y Shirou Emiya.
Rey de picas fuera.