Teatro de los Susurros: Danza de Mariposas y Polil

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Summary

Teatro de los Susurros es más que una novela, es una invitación a explorar el lado oscuro de las ambiciones humanas. En la ciudad de Celestial Isle, donde el poder se oculta tras sonrisas falsas y los secretos más oscuros bailan en la penumbra, Azalea Seraphia Noctelida regresa con un propósito claro: conquistar. Con una belleza hipnotizante y una mente afilada como un bisturí, Azalea no tiene límites ni escrúpulos. Pero, ¿hasta dónde puede llegar una mujer cuando la moral no es un obstáculo? En un mundo donde las máscaras se desmoronan al caer la noche, la verdadera cara de la maldad se revela en formas inesperadas. Teatro de los Susurros es una historia de intriga, manipulación y poder que desafiará tus conceptos de lo correcto y lo incorrecto. Sumérgete en esta obra donde cada capítulo es un movimiento en un juego mortal de engaños. Descubre a Azalea. Admírala. Témela.

Status
Ongoing
Chapters
26
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo e introducción

Lyralithia no tenía corazón, solo árboles que susurraban secretos y sombras que devoraban lo no dicho.

El aire olía a tierra húmeda y miedo. Los pies de la niña apenas tocaban el suelo mientras corría entre los árboles, descalza, con la piel de sus tobillos marcada por los bordes afilados de las zarzas. Sus pequeños pulmones ardían, pero no se detenía. No podía. Cada paso era un latido desbocado, cada respiro, una súplica. A lo lejos, las voces de los adultos retumbaban como un eco de pesadilla:

—¡Busquen por allá! ¡Los perros la encontrarán!

Giró la cabeza por un instante. Las luces de linternas brillaban entre los troncos como ojos de bestias cazadoras. La niña tragó saliva y apretó el pequeño colgante en forma de estrella que llevaba al cuello. "Corre, corre, corre", le repetía una voz en su cabeza.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que escapó. Los días en la mansión se confundían con las noches. Todo era mármol frío, vestidos incómodos y risas falsas de monstruos vestidos de oro. "Son solo juegos", decían ellos, pero los juegos dolían, y su risa, vacía, la hacía llorar por las noches.

Tropezó y cayó, raspándose las rodillas. Quiso llorar, pero se mordió los labios. "No me van a atrapar", se prometió. Mientras se levantaba, el ulular de un búho resonó entre las copas de los árboles, helándole la sangre. No mires atrás, no mires atrás.

El bosque parecía vivo, respirando a su alrededor. Cada rama parecía un brazo extendido para atraparla, cada sombra, una grieta que podría tragarla entera. Y entonces, de la nada, la vio: una figura alta, inmóvil, en la penumbra.

La mujer estaba de pie, medio envuelta en la niebla nocturna, con un sombrero blanco tan grande que parecía devorar la luz de la luna. Su silueta era desgarbada, pero había algo en ella que la hacía parecer inmensa, casi irreal.

—¿Tienes miedo, pequeña? —dijo la mujer con una voz áspera pero cargada de una extraña dulzura.

La niña retrocedió un paso, dudando. Las luces y ladridos de los perseguidores se acercaban cada vez más. Su instinto le decía que no confiara en esa figura, pero su miedo a ser atrapada la empujó hacia adelante.

—Ayúdeme... por favor.

La mujer inclinó la cabeza, como si estuviera considerando algo. Luego extendió una mano grande, de dedos huesudos, y dijo con un tono quebrado:

—Ven. Mami te protegerá... de los monstruos de esta ciudad podrida.

La niña vaciló, pero los ladridos se acercaban. Tragó saliva y tomó la mano de la mujer. Era fría, como la piedra.

—¿De dónde eres, niña? —preguntó la mujer mientras comenzaban a caminar entre los árboles.

—Soy de la isla Caelum —respondió la niña, evitando la mirada.

La mujer se detuvo en seco y la miró, o al menos eso creyó la niña; su rostro seguía oculto bajo el sombrero.

—¿Caelum? —repitió con una mezcla de sorpresa y emoción. Su voz adquirió un tono casi frenético—. ¿Cómo llegaste hasta aquí, al bosque de Lyralithia?

La niña bajó la mirada. El miedo y el dolor se mezclaban en su pecho como un nudo insoportable.

—No quiero hablar de eso —susurró. Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Solo quiero alejarme de esos monstruos vestidos de oro.

La mujer soltó una risa baja, ronca, que no tenía nada de maternal.

—Conmigo estarás a salvo, pequeña.

La niña no dijo nada, pero sintió cómo el agarre de la mujer se hacía más firme. A lo lejos, las luces y los ladridos comenzaban a desvanecerse.

Pronto llegaron a un claro iluminado por la luna. Allí, un grupo de niños los esperaba en silencio. Había pequeños de todas las edades, todos con miradas vacías y ropas desaliñadas. Algunos llevaban marcas de labial en las mejillas, en los brazos, incluso en el cuello, como si alguien los hubiera besado con demasiada fuerza. Otros tenían marcas rojizas en la piel, formas de dedos apretados que no dejaban lugar a dudas.

La niña sintió que algo estaba terriblemente mal.

Y entonces, una voz resonó en su memoria, como un eco de advertencia: "Ven temprano a casa, han habido desapariciones de niños en el bosque de Lyralithia. Se dice que una mujer se los lleva..."

—¿Qué pasa, pequeña? —preguntó la mujer al notar su resistencia—. No te preocupes. Aquí no hay monstruos. Yo los cuido. Yo adoro a los niños.

La mujer le apretó la mano con fuerza, demasiado para ser reconfortante.

—Qué grosera soy... —dijo de pronto, inclinándose hacia ella—. No nos hemos presentado. ¿Cómo te llamas, niña?

—M-mirabel... —murmuró ella.

La mujer se rió, un sonido bajo y vibrante que parecía rebotar en las sombras.

—Yo soy Lumina, y adoro a los niños.

Y mientras la mujer la arrastraba hacia el grupo, las luces de la ciudad de Celestial Isle brillaban a lo lejos. Lumina levantó la vista hacia ellas y murmuró, más para sí misma que para la niña:

—Donde hay luz, siempre hay sombras. Y en las sombras, los monstruos florecen.

La niña quiso gritar, pero el bosque se lo tragó.













Introducción


Crónicas de Celestial Isle: Entre la Luz y las Sombras

En un rincón oculto del mundo, rodeado de brumas y leyendas, se alza Celestial Isle, un archipiélago donde la belleza de la naturaleza se entrelaza con los secretos más oscuros. Descubiertas por el Reino de Legacia, estas islas maravillaron a los exploradores por sus paisajes encantados y la sabiduría ancestral de los nativos, quienes hablaban de Lyralithia, un bosque sagrado donde los árboles susurran y las mariposas luminis iluminan la noche.

Lo que comenzó como un encuentro entre culturas pronto floreció en una nación única. Aeondria, la isla del medio, se convirtió en el corazón de este nuevo mundo, eclipsando a Zenith como la cúpula del poder y el comercio. Pero con el progreso llegó también la oscuridad: los susurros del pasado y la codicia de los hombres transformaron a Lyralithia de un refugio a una trampa mortal."

De día, Celestial Isle deslumbra con su perfección: calles vibrantes, paisajes majestuosos y un aura de esperanza. Pero al caer la noche, las máscaras desaparecen y la verdadera naturaleza de sus habitantes sale a la luz. Aquí, la bondad y la maldad se confunden, y cada sombra oculta un secreto.


"No dejes que tus ojos te engañen ni que tu corazón se pierda en la ilusión de este paraíso. Las bestias aquí no rugen ni gruñen; se mueven en silencio, envueltas en sedas y sonrisas, esperando el momento de atacar. Mantén tus sentidos alerta, pues en Celestial Isle, la maldad adopta tantas formas como hay estrellas en el cielo. Y recuerda, donde hay luz, siempre habrá sombras... esperando".