Capítulo I
Mi nombre es Joshep Valthorne, hijo del rey Alexander Valthorne y de la reina Amelia, sin embargo, desde mi infancia nunca he querido subir al trono, el hecho de tomar las decisiones de un reino entero sabiendo los conflictos que puedo causar me hace querer no ser rey, por lo que siempre intento huir del castillo o meterme en un montón de problemas para poder perder mi título en la nobleza.
Era una fría tarde de verano, el viento resoplaba en las paredes del castillo mientras me encontraba en el balcón de mí habitación, era mi lugar favorito podía mirar la entrada que separa el castillo con el mundo exterior. Veía a todo tipo de personas entrar y salir del castillo, tenía una vista perfecta al patio de entrenamiento de los caballeros. El choque de las espadas de los caballeros mientras practicaban me hacían divagar a través de mi mente, ver sus técnicas y la disciplina que demostraban para ser precisos en combate, muchas veces quisiera ser un caballero para poder explorar cada rincón del reino sin restricciones y no tener que pasar horas recibiendo entrenamiento para ocupar el puesto de mi padre cuando ceda la corona.
Entre los caballeros destacaba la figura de Edric, por ser alto y musculoso comparado con otros, su técnica era precisa, poseía una concentración inalterable y hacía que las prácticas se vieran impecables. No podía negar que era uno de los mejores, incluso, superando al capitán de los caballeros, mi padre decidió que él cuidaría de mi para evitar que saliera del castillo o que sufriera daño alguno desde hace ya algunos años. Ambos odiábamos eso, la idea de ir a cualquier sitio con él a mi lado era impensable y claramente podría percibir que era inimaginable para el pasar de un caballero talentoso a un simple guardaespaldas.
A pesar de ello, hacia las cosas sin reclamos sin importar lo molesto que estuviera. El sonido de alguien gritando desde abajo interrumpió mis pensamientos, era Edric quien noto que me encontraba en el balcón, solo lo miré de reojo y seguí mirando al exterior.
-Príncipe Joshep, debería volver adentro, es tarde -dijo en un tono serio.
-Estoy dentro de mi habitación -respondí sarcásticamente.
-Está a punto de anochecer, deberías estar dentro de tu habitación, no en un balcón
-respondió con una voz firme y demandante pero también preocupado por la temperatura.
Entre a mi habitación y cerré las puertas que daban acceso al balcón, Edric, se encontraba aún en el patio terminando su práctica con los demás caballeros, quien seguramente en unos minutos vendría hacia mi habitación.
Después de ello, me recosté sobre mi cama mientras soltaba un gran suspiro. Un par de minutos después alguien golpeó mi puerta un par de veces.
-Príncipe Joshep, debería prepararse para dormir, el rey quiere que tenga una sesión de entrenamiento por la mañana -dijo Edric.
Sin levantarme de la cama y algo confundido respondí:
-¿Una sesión de entrenamiento?
-Si, entrenamiento de combate -respondió Edric, en un tono serio.
Internamente me encontraba feliz, era la primera vez que entrenaría con los caballeros, sin duda quería practicar arquería y no con la espada. Después de un rato de silencio dónde no respondía por sumergirme en mis pensamientos, golpea nuevamente la puerta.
-Príncipe, necesito que responda, ¿quiere prepararse para cenar?
Mientras me levantaba de mi cama y trataba de acomodar mi cabello con mis manos:
-Si, quiero ir a cenar-
-Muy bien, te esperó en el salón- dijo mientras oía como se alejaba lentamente.
Al escuchar cómo se alejaba lentamente, decidí salir de mi habitación y empezar a caminar directamente hacia el salón para la cena. Mientras caminaba por los pasillos, Edric aún está caminando por el pasillo en la misma dirección, hasta que nota mi presencia y se detiene al escuchar mis pasos. Él gira su cuerpo y se gira para quedarse frente a mí. Su expresión aún está seria y distante, pero no puede evitar fijarse en como acomodaba mi cabello.
-¿Pasa algo? -pregunte confundido.
-No, no pasa nada -dijo en calma.
-¿Estarán mis padres en la cena? -dije con curiosidad.
Edric, arqueando una ceja ante mi pregunta:
-Si, tanto el rey y la reina, asistirán a la cena.
Nuevamente retomo el paso y sigo hasta llegar al salón para cenar donde mi padre y mi madre ya se encontraban sentados en sus respectivos lugares.
-Gracias Edric, ya puedes irte -dije esperando que se marchara.
Edric, levantó una ceja, sorprendido un poco por la sugerencia de que se marchara, pero aun así mantuvo la calma. Les ofreció una pequeña reverencia a mis padres, y luego se dio la vuelta para despedirse de mí.
-Como desees, Príncipe -Dijo con neutralidad antes de darse vuelta y caminar
unos pocos pasos lejos del salón, sin embargo, se quedó a una distancia cercana para vigilarme.
Después de que Edric, se marchará, hice una pequeña reverencia hacia mis padres antes de poder incorporarme a la cena. Mis padres devolvieron una reverencia hacia mí con una sonrisa llena de orgullo. Observaban cómo me incorporaba en la mesa para poder cenar con ellos. Luego de un breve momento de silencio, mi padre tomó la palabra.
-Mi hijo, me alegra ver que por fin te dignas a comer con nosotros -Dijo con
un ligero toque de ironía en su voz.
-Gracias padre, agradezco el que me haya dejado incorporarme a los entrenamientos junto a los caballeros -sonreí levemente.
Mi padre soltó una suave carcajada ante mi respuesta. Sabía perfectamente que no tenía otra opción que acceder a entrenar junto a los caballeros, y que no era un favor del que debería agradecerle.
-No hay de qué, hijo mío. Aunque sabes perfectamente que esto no ha sido un
gesto de benevolencia de mi parte -dijo con una sonrisa sarcástica.
Antes de tomar un bocado de mi cena murmuré suavemente:
-Prefiero luchar junto a los caballeros antes que gobernar al reino
Mi padre soltó una carcajada aún más sonora. Estaba acostumbrado a mis expresiones de desdén hacia la tarea de gobernar.
-Oh, estoy completamente seguro de ello -dijo con un pequeño toque de burla- pero el deber de un príncipe es gobernar, no luchar en una guerra – añadió con una sonrisa maliciosa.
Su comentario me hizo enfadar un poco, así que seguí la cena sin realizar algún tipo de comentario y desviando mi mirada para evitar tener algún contacto visual directo con mis padres. Al terminar la cena, decido levantarme de la mesa.
-Qué tengan un buen provecho -dije mientras hacía una reverencia hacia mis padres.
Mi padre fruncía ligeramente el ceño, aún un poco molesto por mi comportamiento, pero no estaba dispuesto a hacer una escena en frente de mi madre. Mi madre, por otro lado, mantuvo la mirada con orgullo y amor hacia mí.
-Que tengas buenas noches, mi pequeño -añadió con una sonrisa.
Salgo del salón aún molesto por los comentarios de mi padre y decido desviarme a caminar por el castillo antes de regresar a mi habitación, no podía mentir, la noche era mi momento favorito del día, las personas que se encargaban del castillo habían terminado sus deberes por lo que ya no estaban más ahí, solo unos cuantos guardias que cuidaban el castillo pero era muy fácil para mí burlarlos, por lo que decido salir del castillo y dirigirme al patio central. Desde ahí, podía ver mi habitación que se encontraba ligeramente iluminada, el aire era fresco pero a la vez frío, por lo que frote mis manos contra mis brazos para tratar de ganar un poco de calor.
Lentamente me acercaba hacia la puerta principal tratando de que nadie se diera cuenta que salí del castillo. Me quedé mirando fijamente hacia la puerta principal, sin evitar que mi cabeza se llenará de pensamientos en los cuales quería salir del castillo y conocer cada rincón del reino. Caminé hacia el patio de entrenamiento y encontré un arco descuidado por uno de los caballeros, lo tome con cuidado y trate de imitar la posición que los caballeros adoptaban cuando apuntaban con el arco. Sentía una sensación de libertad al poder sostener el arco en tus manos, era algo nuevo y me sentía atraído por ello. Tome una flecha, la coloque en el arco, tense la cuerda y la solté, la flecha no recorrió más que unos pocos centímetros a lo que solté un suspiro de frustración, fui hasta donde se encontraba la flecha para intentarlo nuevamente tratando de concentrarme más antes de volver a lanzar la flecha. Al lanzar, la flecha nuevamente cayó a unos escasos centímetros por lo que dejé el arco en el piso y sostenía una gran frustración. Un frío viento soplo nuevamente, esta vez haciendo que un pequeño escalofrío recorriera todo mi cuerpo, decidí regresar al castillo rápidamente con los brazos cruzados para recuperar calor.
Entré por una puerta de servicio intentando ser visto por nadie, y me dirijo nuevamente a mi habitación para poder descansar, los pasillos del castillos estaban inundados por una profunda obscuridad, las luces eran muy tenues y el silencio que se sentía era abrumador, subí las escaleras con cuidado pero era imposible no resbalar o tropezar, lo cual no fue muy sigiloso de mi parte.
Una vez llegando a mi habitación me dejo caer sobre mi cama, pensando en lo mucho que quería practicar con aquellos caballeros y ser tan bueno como ellos, dentro de aquellos pensamientos me viene la imagen de Edric, el cual no había visto desde que pedí que me dejara solo, por lo que decidí levantarme sigilosamente y abrir la puerta para ver si estaba cerca vigilando o habría regresado a dormir con los demás guardias. Abro la puerta lentamente y asome mi cabeza con cuidado, buscando a Edric, entre la oscuridad del pasillo. En silencio, podía escuchar los leves sonidos de los caballeros patrullando fuera, pero no había rastro de Edric, a la vista, al voltear, me encontré con Edric, de pie directamente detrás de mí.
El susto fue tal que sentí como mi corazón se detuvo por un momento, sin esperarlo allí en absoluto. Edric, levantó una mano, pidiéndome silencio para que no fuera a alertar a
alguien.
- ¿Qué haces aquí? -pregunte susurrando.
-Observándote -manteniendo el tono bajo.
-Te pedí que te fueras -dije en un tono irritado.
Edric, soltó un suave suspiro, sin afectarse por mi tono irritado. Él cruzó los brazos y se apoyó contra el marco de la puerta.
- ¿Y crees que te voy a hacer caso? - respondió, retándome con la mirada.
-Soy el príncipe, deberías obedecer mis ordenes- dije cruzando los brazos.
Edric levantó una ceja, ligeramente divertido por mi respuesta, él se irguió un poco más, aun manteniendo su actitud relajada.
-Claro, alteza -respondió, en un tono un poco sarcástico-. Olvidé que soy tu
humilde sirviente.
-Sé que mi padre te dio órdenes de cuidarme, pero retírate por favor- respondí suspirando.
Edric frunció ligeramente el ceño ante mi petición, pero mantuvo la calma, mantuvo la distancia y me miro durante unos momentos con expresión seria.
-Sus órdenes fueron clara -respondió-, debía vigilarte.
- ¿Y te quedaras parado afuera de mi habitación toda la noche? - pregunté en un tono burlón.
Edric, cruzó los brazos frente a su pecho y mantuvo su expresión seria, mirándome fijamente, sin intimidarse por mi tono burlón.
-Si es necesario -respondió simplemente- estaré aquí toda la noche, vigilándote.
-Buenas noches- respondí mientras cerraba la puerta de un golpe.
Volví a mi cama, un poco irritado por no haber seguido mis ordenes, una vez encuentro la comodidad en mi cama, cierro los ojos intentando dormir.