MAGNÍFICA TENTACIÓN

Summary

Todo comienza en una fiesta… Verónica Castro, una famosa conductora, actriz y cantante, se ve inmersa en la atmósfera electrizante de una noche llena de fama, seducción y secretos. En medio de las luces y las miradas, se cruza con Morticia Skeleton Dévil, una médica/empresaria cuya belleza es capaz de atrapar a cualquiera. Lo que parecía ser una noche cualquiera, se convierte en el inicio de una pasión inesperada, donde la tentación y el deseo se entrelazan en un juego peligroso. Advertencia: Este fanfic contiene elementos de narración erótica y coital en algunos capítulos, los cuales serán señalados adecuadamente.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: Una noche de copas

Un terrible día. Eso era poco para describir lo mal que lo estaba pasando Verónica. La fatiga y el estrés se reflejaban en su rostro pálido y ojeroso. Las ojeras eran tan profundas que parecían haber sido talladas en su rostro. La falta de sueño y la mala alimentación durante el viaje de regreso a México habían dejado su marca en ella. Su cabello, normalmente brillante y saludable, ahora parecía opaco y despeinado. Sus ojos, que normalmente brillaban con una luz intensa, ahora parecían apagados y cansados.

Salió del aeropuerto, las calles oscuras apenas alumbradas por las lámparas peatonales. La ciudad parecía dormir, y el silencio era solo interrumpido por el sonido de los coches que pasaban por la carretera. Verónica se estremeció, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Era como si la ciudad misma estuviera observándola, esperando a que ella hiciera su próximo movimiento. El aire estaba fresco y húmedo, con un olor a lluvia que parecía impregnar todo.

Como ya se lo esperaba, no había nadie esperándola. Era muy extraño, pero sentía una enorme necesidad de llorar.

-No... Verónica, controla tus emociones-, se repetía a sí misma. -Tú eres Verónica Castro, eres una actriz y así es tu vida. Aguanta-. Su voz interior era firme y decidida, pero su corazón estaba lleno de dolor y tristeza.

Pero no podía evitar pensar en su familia. Cristian ya era un joven de 22 años, Michell acababa de cumplir 17 años, su madre ya casi no podía verla... y peor aún, su “relación” con Ana se había desmoronado. La comunicación se había acabado, Ana había dejado de responder sus llamadas... y la última vez que había llamado a Ana había terminado con ella.

*Flasback*

- Anilla, yo quería saber si todo está bien-, preguntó Verónica con cierta angustia. Su voz temblaba ligeramente, y su corazón latía con ansiedad.

- Si, Verónica... pero estoy cansada de ocultarnos, ya no puedo seguir así... termino... terminamos esta relación, Verónica-, respondió Ana, dejando a Verónica en shock. Su voz era firme y decidida, pero Verónica podía escuchar un ligero temblor en su voz.

- ¡Anita, mi vida! Ya está la comida, ven, te estamos esperando-, habló la voz de una mujer que Verónica escuchó muy claramente. Por alguna razón, esa voz la hizo temblar...

- Entonces es por eso, Anilla? Vete a la chingada-, respondió Verónica, y colgó la llamada con rabia, dejando a Ana con la palabra en la boca...

_Fin del Flashback_

Pero eso, Verónica lo comprendía. Ella llevaba casi 4 años y 8 meses de no verlos... Era demasiado tiempo, y tal vez eso afectó a Ana... pero en fin, podría empezar de nuevo...

Verónica tomó el único taxi que encontró, metió sus maletas en la cajuela del taxi, y le dio la dirección de su casa al taxista.

- ¿Dónde va, señorita?-, preguntó el taxista, mirándola por el espejo retrovisor.

- A la colonia Monte Real... número 25-, respondió Verónica, mientras el cansancio le cerraba los ojos...

Tanto que se quedó dormida, y solo despertó hasta que le tocaron el hombro... Verónica se despertó lentamente, y miró quién le tocaba el hombro. Era su mamá...

- Mamá-, preguntó Verónica, adormilada. Su voz era suave y débil, y su cuerpo se estremeció ligeramente al sentir el contacto de su madre.

- Mírate nada más, Verónica Judith. Esas ojeras de mapache hasta te ven pálida, mija-, respondió Doña Socorro, con una mirada matadora a Verónica. Su voz era firme y decidida, pero también había un tono de preocupación y cariño en su voz.

Verónica sonrió débilmente y se estiró, intentando sacudirse el cansancio. Su cuerpo se estremeció ligeramente al sentir el contacto de su madre, y su corazón se sintió un poco más ligero al saber que estaba en casa, rodeada de personas que la amaban.

- Lo siento, mamá. Estoy muy cansada. El viaje fue terrible-, dijo Verónica, intentando explicar su estado.

Doña Socorro asintió con la cabeza y la abrazó fuertemente. -No te preocupes, mija. Estás en casa ahora. Puedes descansar y olvidarte de todo-, dijo, mientras la llevaba hacia la casa.

Verónica se sintió un poco más relajada al estar en casa, rodeada de la calidez y el amor de su familia. Pero todavía había una sensación de tristeza y vacío en su corazón, una sensación que no podía sacudirse tan fácilmente...

Pasaron al interior de la casa, pero no había nadie más. Sus hijos no estaban, y quién popularmente la estaría esperando ya no estaba a su lado. La casa estaba en silencio.

- Hija... tus amigos te han estado marcando, y por esa miradita que traes, te puedo decir que mis nietos salieron... tranquila, van juntos - le habló Doña Socorro, colocando su mano sobre el hombro de Verónica. Su voz era suave y cálida, y su mirada era llena de amor y preocupación.

Verónica sonrió nostálgica, y su mirada se perdió en el pasado. Se acordó de cuando sus hijos eran pequeños y corrían por la casa, riendo y jugando. Se acordó de cuando su relación con Ana era fuerte y apasionada. Pero ahora, todo eso parecía estar en el pasado.

Tomó sus maletas y subió a su habitación. Al entrar en esta, solo se tiró sobre la cama y tomó una larga siesta... que fue muy reparadora. Tanto que cuando volvió a abrir los ojos, eran casi las 7:45 de la noche.

La habitación estaba en silencio, solo se escuchaba el sonido del reloj de pared que marcaba el tiempo con su tic-tac constante. La luz del sol ya no entraba por la ventana, y la habitación estaba iluminada solo por la luz suave de la lámpara de noche.

Verónica se estiró y se sentó en la cama, mirando alrededor de la habitación. Todo parecía estar en su lugar, pero algo parecía diferente. Tal vez era la ausencia de sus hijos, o tal vez era la ausencia de Ana. Pero algo parecía diferente.

Estaba a punto de levantarse cuando el teléfono de su buró comenzó a sonar.

Verónica se levantó y tomo el teléfono para contestarlo. - Bueno, ¿quién habla? - preguntó Verónica con un leve bostezo.

- No me reconoce Doña Socorro, siempre le marco y no me reconoce! Soy Juan - respondió la animada voz de Juan a través del teléfono.

- Tal vez es por qué no soy mi mamá? Soy Verónica, Juan, cuánto tiempo sin escuchar tu voz! - respondió Verónica con una sonrisa y una carcajada.

- Vero? Aaaah mi Vero! ¡Nombre mija te desapareciste mucho tiempo! ¿Qué cuentas de las europas? ¿Algun europeo te quitó lo amargada? - respondió Juan con su voz alegre.

- Una buena experiencia, pero na muy guapos, pero yo fui a trabajar, no a buscar galanes. Además, ni me fui por tanto tiempo, fue bien poquito - respondió Verónica bromeando.

- Poquito? Te fuiste casi 5 años!! Pero en fin... ahora que lo recuerdo, yo quería saber si usted está disponible para que la invite yo a una fiestita - preguntó Juan sin rodeos.

- Hay Juan, pues... pues no estoy de humor, pero como es viernes y mañana no tengo trabajo... pues sí, acepto ir - respondió Verónica con un tono burlón.

- Está bien, tienes dónde anotar - preguntó Juan emocionado.

- Sí, Juan, anda, dicta lo que vayas a dictar... pero rápido, que me retracto - respondió Verónica mientras tomaba un papel y una pluma.

- Bueno, anota. 413, residencial Quetzal, avenida de las joyas, y por último el código... _Tentación_. La fiesta es a las 10: 30 así que apúrate. Besos, bye - dijo Juan, y Verónica se apresuró a anotar la dirección,al colgar la llamada...

Verónica se levantó de su cama y se dirigió al baño, donde se dio una ducha larga y relajante. El agua caliente la envolvió, y ella se sintió renovada y lista para la noche. Se secó el cabello y se cepilló los dientes, y luego se dirigió a su clóset para elegir su outfit para la noche.

Dónde cuidadosamente examinó cada prenda, pero decidió utilizar un hermoso vestido de seda color vino, que parecía haber sido diseñado específicamente para ella. El vestido se ajustaba a su cuerpo de manera perfecta, realzando sus curvas y haciendo que se sintiera como una verdadera diosa.

Se maquilló con cuidado, aplicando sombras, labial, delineador e iluminador para crear un look que era a la vez sofisticado y seductor. Se miró al espejo y se sintió satisfecha con su reflejo. La oji verde pudo contemplar que en esa ocasión ya no quedaba rastro de su tristeza ni siquiera de sus ojeras.

Así que salió con mucho cuidado de la casa, subió a su coche y manejó hasta la dirección que Juan le dio. Una mansión... si eso era, una enorme y muy elegante mansión, que ante todas las demás del residencial resaltaba por su imponente diseño y ubicación.

La mansión parecía ser un palacio, con columnas altas y ventanas grandes que parecían ser joyas brillantes en la oscuridad. El jardín era un oasis de verde y flores, con un estanque que parecía ser un espejo de agua tranquila.

Verónica se sintió impresionada por la belleza de la mansión, y se preguntó quién podría ser el dueño de semejante lugar. Se bajó del coche y se dirigió hacia la entrada de la mansión.

Pero como ya lo esperaba, no era “una pequeña fiesta” como le dijo Juan, era una fiesta gigante, con muchos invitados, la música retumbaba en la mansión, el aroma de las bebidas alcohólicas, y las luces a todo lo que daban... sin duda Juan no sabía hacer fiestas pequeñas. La mansión estaba llena de gente, todos riendo y bailando, y el aire estaba lleno de la energía de la fiesta.

Verónica pasó entre los invitados, sonriendo y saludando a algunos de ellos, pero solo se detuvo hasta que visualizó a sus amigos... o eso eran antes de que ella se fuera. Estaban en la barra, rodeados de botellas de licor y vasos vacíos. Juan estaba en el centro, con una sonrisa amplia en su rostro.

- Vero !!! Dichosos los ojos que te ven ! - le gritó Juan, abriendo los brazos para abrazarla.

Verónica sonrió y se acercó a sus amigos, abrazándolos y besándolos en la mejilla. - Verito ya te desconocía la cara pero con esos ojazos verdes te reconozco!- le saludó Rocio de beso en la mejilla.

- Hombre que me desconoces mujer ? Hace casi un lustro no te vemos - le respondió Isabel y le dio un abrazo.

- Juan,!!! Te extrañe tanto canijo !!- le respondió Verónica cuando lo abrazó. - Dani, Rocio, Tina, Isa... Ana... Hace cuánto no nos vemos ! Que paso en mi ausencia !- habló Verónica animadamente, mirando a sus amigas.

- ¿Vero, sabes ? Te quiero un chingo pero mi consentida es Isa, ¿Sabes dónde está mi...mi...mujer? - le respondió Daniela que ya estaba un poco pasada de copas... Tina solo la saludó de mano y se llevó a Daniela al baño para bajarle un poco la borrachera.

Ana se mantuvo alejada, evadiendo el saludo de Verónica. - Es bueno verte Verónica, si me disculpan voy con Daniela y Tina, ya saben la fiera no puede andar suelta !- dijo Ana, y salió detrás de Daniela y Tina...

- Bueno, yo voy a buscar a mi amiga, te dije que te la iba a presentar y la condenada no anda cerca, ahorita regreso Vero- anunció Juan y se fue perdiendo entre los invitados...

Verónica se quedó sola en la barra, mirando alrededor de la fiesta. La música seguía sonando, y la gente seguía bailando y riendo. Pero Verónica se sentía un poco fuera de lugar. Había pasado mucho tiempo desde que había visto a sus amigos, y todo parecía haber cambiado.

Pidió un whisky en la barra, y se lo bebió de un trago. Luego pidió otro, y otro más. La bebida la ayudaba a relajarse, y a olvidar sus problemas. Pero también la hacía sentir un poco más sola...

Así hasta que estaba tan borracha que terminó quebrando un vaso...

Verónica miró el vaso roto, así que se alejó de la barra y salió al balcón convencida de que solo necesitaba aire fresco y una fumada... El aire de la noche era fresco y limpio, y Verónica lo inhaló profundamente, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba. La luna estaba llena en el cielo, y su luz plateada iluminaba el jardín de la mansión, haciendo que los árboles y las flores parecieran tener una vida propia.

Cuando llegó al balcón que estaba muy solitario, se recargó en la baranda de vidrio y buscó en su bolso sus cigarros, pero para su mala suerte, solo estaba su encendedor. La baranda del balcón era fría y lisa bajo sus manos, y Verónica se sintió atraída por la sensación de frescura que emanaba.

- Chingada madre... ahora no puedo ni fumar - dijo Verónica enojada, y cuando estaba dispuesta a irse, una fuerte y sensual voz detuvo su caminar... una voz que le parecía familiar. La voz era profunda y ronca, y parecía vibrar en el aire, haciendo que Verónica se sintiera estremecida.

- ¿Necesitas un cigarro? - preguntó una figura saliendo de entre las sombras del balcón. Verónica se volvió hacia dónde estaba la voz, y sus ojos verdes brillaron de deseo al conectar su mirada con la de la mujer que salía de las sombras...

Una mujer alta, de piel pálida y cabellos blancos como la leche cayendo como cascada sobre sus hombros, unos divinos y muy brillantes ojos rojos, sus labios color carmesí, que a la vista de Verónica se volvieron tan malditamente deseables y aún más con la pipa que se posaba en ellos, su figura esbelta, una silueta perfecta, que llevaba un vestido de terciopelo rojo que resaltaba todos sus atributos, jodidamente sexy, demasiado perfecto, una belleza inhumana que hipnotizó a Verónica...

- ¿O prefiere que le invite de mi pipa? - volvió a preguntar la mujer, sonriendo coquetamente. La pipa que sostenía en su mano era larga y delgada, y el humo que salía de ella era denso y aromático.

- Si, por favor, los cigarros... - respondió Verónica, mientras tomaba la cajetilla de la mano de la mujer frente a ella. La mujer se unió a Verónica en el balcón, y comenzaron a charlar...

- Usted es... - preguntó la mujer con una sonrisa coqueta, mientras fumaba su pipa. La pipa parecía ser una extensión de su cuerpo, y la mujer la manejaba con una elegancia y una gracia que Verónica no había visto antes.

- Vero... Verónica Castro, y tú... - respondió Verónica, mientras soltaba el humo de su cigarro. La mujer se rió, y su risa fue como música para los oídos de Verónica.

- Soy Morticia, Morticia Skeleton Dévil, a sus órdenes - respondió Morticia, y tomó la mano de Verónica, depositando un beso en su dorso... haciendo a Verónica sonrojarse. El beso fue suave y ligero, pero Verónica sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

- Ummm, y una mujer tan bella está tan sola, o solo es mi suerte... - le preguntó Verónica a Morticia, con una sonrisa seductora, estaba segura de que si no fuera por el alcohol que le soltaba la lengua, nunca hubiera dicho eso...

- Gracias por el cumplido... y creo que es la suerte por qué la fiera nunca me deja sola, menos con una mujer tan hermosa como usted... - respondió Morticia, con un tono sexy que hizo temblar el cuerpo de Verónica...

Estaba tan cerca del rostro de Verónica que, por impulso del alcohol, Verónica le robó un beso largo a Morticia, un beso desesperado...El beso fue intenso y apasionado, y Verónica sintió como si su cuerpo estuviera en llamas. Morticia respondió al beso con igual pasión, y sus lenguas se entrelazaron en un baile sensual.

- Y si te presto mis besos... - le preguntó Verónica a Morticia, su voz apenas audible sobre el sonido de su propia respiración.

- Te los devuelvo con intereses... - respondió Morticia, siguiendo el beso de Verónica. Su voz era baja y sensual, y Verónica sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

Entonces, sin decir una palabra más, Morticia tomó la mano de Verónica y la llevó hacia una escalera oculta en la sombra del balcón. La escalera era estrecha y sinuosa, y Verónica se sintió como si estuviera siendo llevada a un mundo secreto.

Al llegar arriba, Morticia abrió una puerta y llevó a Verónica a una habitación. La habitación era oscura y misteriosa, y Verónica se sintió como si estuviera en un sueño.

Morticia se acercó a Verónica y la besó de nuevo, esta vez con más pasión e intensidad. Verónica respondió al beso con igual pasión, y sus cuerpos se fundieron en un abrazo apasionado.

Y en ese momento, Verónica supo que no había vuelta atrás. Estaba atrapada en un mundo de pasión y deseo, y no sabía si podría escapar...así que se sometió a ella....

Al final¿Que podría pasar ? Si solo sería una noche.